Descanse en paz

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La cubierta clásica de Memed el Flaco, con un diseño de Abidin Dino

Ayer falleció Yaşar Kemal. Tenía unos noventa y dos años (no está muy claro si nació el año que su padre hizo constar en el registro civil) y llevaba unos meses muy malito, pero sigue dando pena que se haya muerto. Descanse en paz.

Yaşar Kemal era, sobre todo, una buena persona. Un ser generoso que se pasó la vida luchando contra lo que no le parecía bien, lo que tiene mucho que ver con su idea del héroe como «hombre obligado». Sus protagonistas, probablemente porque él mismo se viera así, no son de esos luchadores incansables que se mencionan en los discursos, sino tipos normales que se cansan pero a los que no les queda más remedio que seguir luchando (por parafrasear a un personaje de Mafalda, quizás ella misma). Y si uno de los conceptos clave de sus monumentales novelas es ése del «hombre obligado», el otro es Çukurova, la Cilicia clásica. Una tierra que, hasta cierto punto, recuerda a Andalucía porque es un valle fértil dominado por terratenientes y rodeado por montañas que desde siempre han sido refugio de bandoleros. Çukurova (pronúnciese «Chukurova») era para Yaşar Kemal una geografía humana que representaba al mundo entero. Como le gustaba repetir, Çukurova es cualquier lugar.

No pienso escribir una biografía suya ni hablar sobre su obra más conocida (Memed el Flaco) porque para eso tienen ustedes en la línea la excelente tesis doctoral de Mª Jesús Horta (aquí), que tiene una versión en francés traducida por el amigo Pablo Moreno (acá y acá). La tesis estudia estos dos puntos que hemos mencionado, el bandido generoso y Çukurova, a partir de la definición de Hobsbawm del bandido social, que ponía como ejemplo a Memed el Flaco. No en vano ambos, Hobsbawm y Yaşar Kemal, eran comunistas (más el primero que el segundo, en mi opinión) y lo que el uno teorizaba, el otro lo convirtió en material literario. Si todavía están leyendo esta entrada en lugar de la tesis, están perdiendo el tiempo. Tampoco pienso entrar en si tendrían que haberle dado el Nobel (que creo que sí, pero no a pesar del otro) ni en su condición de kurdo, medio kurdo, medio turco o turco (escribía en turco y eso es lo que más me importa). También me parece una pérdida de tiempo dedicarse a esas discusiones bizantinas en lugar de leer sus libros.

Yaşar Kemal fue y es uno de los más grandes novelistas en turco, si no el más importante. Para mí, es como el Galdós de Turquía; les podrá gustar o no, les parecerá más o menos popular (“don Benito el garbancero”, dicen que llamaba Valle-Inclán a Galdós), pero no cabe duda de que  hay pocos como él. Sobre todo, y eso no lo digo sólo yo, Yaşar Kemal fue un gran constructor de mundos. Decía alguien que un autor tenía que ser local para lograr ser universal; pocos lo han conseguido de una forma tan impresionante como Yaşar Kemal.

En español se pueden encontrar algunas de sus obras, el cuarteto de Memed el Flaco; la novela corta al estilo de las epopeyas antiguas La furia del monte Ararat (sobre las cinco escribí en su momento en este blog); otra novela corta, Si aplastaran la serpiente; el libro de relatos Calor amarillo; y puede que algunos poemas (no me consta que estén publicados, pero sí que se han traducido). Nada más. Y podrán encontrarlos si tienen suerte en libreros de ocasión y similares porque, al menos los publicados por Ediciones B, se descatalogaron y ahora estarán más que destruidos. Poca fortuna ha tenido en nuestra tierra un autor tan grande en la suya que ni siquiera necesita apellido.

P.D. Les añado un enlace a la entrada en la que contaba cómo le conocí, por si les interesa.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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8 respuestas a Descanse en paz

  1. Juan Carlos dijo:

    Qué triste noticia! Pero igualmente será eterno; nunca morirá. Su legado es inmortal. Paz en su tumba.

  2. Reyhan dijo:

    Me entristecí mucho al enterarme de la muerte de Yaşar Kemal, autor del que tengo pendiente leer muchas cosas (de momento, y para vergüenza mía, sólo he leído Tek Kanatlı Kuş), y aprovecharé para ponerme al día ahora que he parido mi tesis de máster. Mekanı cennet olsun 😦

  3. Nuralshams dijo:

    kak kemal seni ók hosham aueit!
    Yasar Kemal no era turco (aunque eso figurase en su pasaporte por obligación y pobre de él si lo cuestionara) era orgullosamente K U R D O

    • Me limito a seguir sus palabras:
      «A pesar de que Kemal mostró ayer un gran interés por hablar de literatura, el escritor no perdió la oportunidad de defender la causa kurda ante los periodistas de un país en el que poco o nada se conoce sobre su obra literaria y sobre su vida. “Yo no defiendo a los kurdos porque me considere un kurdo. Soy y me siento turco, y todo lo que hago es por respeto a los derechos humanos”, aseguró.» (El subrayado es mío.) (http://elpais.com/diario/1996/05/16/cultura/832197601_850215.html)
      Dice algo parecido en la página 113 de su libro de entrevistas con Alain Bosquet: Yaşar Kemal Kendini Anlatıyor.
      Un saludo

  4. Mateo Cardona dijo:

    Estimado Rafael:

    No sé a los demás, pero a mí me tiene inquieto su silencio. De corazón confío que se deba a insoslayables compromisos de traducción y a la intensa actividad docente, y no a las turbulencias harto conocidas de estos tiempos endemoniados. Me gustaría saber cómo ha estado desde marzo, qué lo ocupa y cuándo volveremos a tener el gusto de leerlo. Por estos días preparo una ponencia sobre derechos de los traductores y otra sobre la traducción como forma de resistencia, de modo que no fue por azar que me acordé de usted. Si quiere y puede, si no le da mucha pereza, estoy disponible en mi correo de siempre o en mcardona@traductorescolombia.com.
    ¡Bueno sería que de vez en cuando la mar trajera botellas con notas, como en los clásicos, y no el encuentro cotidiano con la indiferencia y el horror!
    Va un abrazo.

    Mateo Cardona

    • Estimado Mateo:
      Sí que tengo una intensa actividad docente y otros compromisos de traducción, pero también las turbulencias de los tiempos me quitan un poco las ganas de escribir chorradas, la verdad. En realidad, es la actividad académica la que más me impide escribir en el blog porque me da cargo de conciencia no estar escribiendo cosas más sesudas que podrían ayudarme a conseguir una cátedra y, con ella, un notable aumento en el sueldo.
      Un día de estos volveré a publicar un par de entradas porque tengo unas traducciones a las que aún no les he hecho la preceptiva publicidad.
      Muchísimas gracias por su interés. Un saludo

  5. Lucía Cirianni dijo:

    Estoy leyendo el segundo tomo de “İnce Memed”, el único que fui capaz de encontrar después de recorrer todas las librerías de México (tuve que leer el primer tomo en inglés) y quiero aprovechar para reiterarle mi enorme gratitud por su maravilloso trabajo de traducción. Hoy mismo encontré, después de meses de búsqueda, un ejemplar de “El instituto para la sincronizacióm de los relojes” que sin duda me regalaré para navidad. Un saludo afectuoso desde la capital mexicana. Lucía Cirianni.

    • Estimada Lucía:
      Muchas gracias por sus amables palabras. Por desgracia, los libros de Memed el Flaco (como La furia del Ararat) son imposibles de encontrar. La industria editorial es eso, una industria, y no tiene piedad con los libros que no mantienen unas ventas regulares. En España, por ejemplo, en una librería pequeña y “normal”, el libro va al almacén al mes si no se ha vendido ningún ejemplar; a los tres meses se devuelve a la editorial y a los tres años se destruye la tirada porque los gastos de almacenaje son muy altos. Es decir, un libro cualquiera en su anaquel tiene una vida posible de un mes. Ya ve.
      Por otra parte, el segundo volumen de las aventuras de Memed fue el que me dio más dolores de cabeza porque la editorial hizo y deshizo a su antojo. Era antes de que se hiciera efectiva la ley de propiedad intelectual y los traductores no teníamos control sobre los cambios en el texto final. Eso llevó a a que, por ejemplo, todos los gendarmes (en Turquía son militares) me los convirtieran en policías. En mi opinión, después del primer libro, el mejor es el último, el cuarto, y fue en el que más a gusto trabajé. Tuve una gran editora (editor, no publisher), Roser Ruiz, y fue la primera traducción mía que propusieron para el premio nacional de traducción. Todavía no me lo han dado, pero no pierdo las esperanzas.
      Espero que le guste El instituto, es una sátira muy divertida y muy alocada de la burocracia y el nepotismo, algo muy presente en la vida española también. Por cierto, entonces tendrá que leerse Paz, que es totalmente distinto aunque sea del mismo autor.
      Un saludo desde Estambul,

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