OMG (y 2, espero)

Amphitheatrum sapientiae aeternae - The cosmic rose

No pretendía que la entrada anterior tuviera una segunda parte, pero cierta suspicacia por parte de mi amigo Pepe Zafra me impulsa a escribir estas líneas (frase que siempre me ha parecido un poco chorra, qué quieren que les diga, aunque menos que “estas letras”) puesto que asume, erróneamente, que pretendía lanzarle una pullita (o dos) por decir que, en su opinión y en la mía, escribir «dios» con minúscula supone una «toma de postura ontológica» mientras que, y esto es cosa mía, para las gentes de mi generación etcétera, etcétera, la mayúscula sería el término no marcado. Uséase, que si lo escribo con mayúscula da más o menos igual, mientras que si lo escribo con minúscula (yo, u otros como yo) estamos pretendiendo exponer públicamente una circunstancia que, en parte, nos define. Es decir (explicación sobre la explicación), que puedo escribir «Dios» y ser tremendamente ateazo, pero si escribo «dios» es poco probable que sea creyente de misa y comunión, si no diaria, sí semanal.

A esto habría que añadirle mi acendrada convicción de que cuando escribimos «Dios» con mayúscula estamos usando un nombre propio y por eso la mayúscula. Es decir, una excusa (no vamos a engañarnos) más gramatical que filosófica. Para ello me van a permitir que recurra al turco, que para eso es lo que domino dentro de lo que cabe. En turco dios/Dios es tanrı/Tanrı y el diccionario del ramo nos informa de que la forma minúscula es nombre sustantivo común y la mayúscula nombre propio. Por otra parte, como sabrán, gran parte de la población turca es musulmana. Esto no tendría mayor importancia si no fuera bastante importante para comprender una anécdota que un amigo me contaba de la mili. Al parecer, la costumbre castrense turca impone el término propiamente turco cuando hay que referirse al s/Ser s/Supremo y t/Tal (no se pongan así, que vengo de la última generación que rindió armas ante el Santísimo Sacramento), pero la tropa, es decir los soldados o chorchis (por Mambrú y sucesores) turcos (a los que llaman «Mehmetcito»), decían que cualquier cosa puede ser «T/tanrı» mientras que sólo hay un Alá verdadero, porque ése es el nombre que se le da entre muslimes agarenos. Es decir, interpretaban el sustantivo en su categoría de nombre común (no hará falta que les recuerde que la escritura y, por lo tanto, las mayúsculas, no dejan de ser algo convencional) y mantenían que sólo la palabra árabe tenía dignidad de nombre propio.

El pequeño problema es que en árabe la palabra significa exactamente «el Dios» (lo pongo con mayúscula para no molestar y evitar suspicacias) y los cristianos árabes dicen Alá para referirse a lo suyo, no tanto porque se metan en berenjenales metafísicos sobre la unicidad del ser en-sí para-sí, sino porque es la única palabra que hay para eso. Y, por cierto, se toma como nombre propio. La Wikipedia tiene la amabilidad de informarnos de que está relacionado con el hebreo Elohim, que es más de lo mismo. Y ahí empieza mi argumentación sobre la condición propia del sustantivo (qué mal dicho está esto, si se han dado cuenta no hay quien me entienda). Es decir, si Alá, Elohim, Adonai (que tiene hasta premio de poesía) y tal significan D/dios y son nombres propios, ¿por qué no va a serlo «Dios»? Cierto es que mis estudiantes tienden a identificarla como palabra plural (como en italiano) o le plantan un artículo determinado para que no quepan dudas (variantes: «los Dios/el Dio») pero no les cabe mucha duda de la mayúscula. Si escribimos las versiones árabe y hebrea con mayúscula cuando usamos el alfabeto latino, ¿por qué no la versión latina, mire usted por dónde?

Y no se crean, no, que eso de Dios/Alá puede dar muchos quebraderos de cabeza a los traductores. Si escribes «Dios» te dicen que estás domesticando el texto e ignorando la identidad cultural del otro bla, bla, bla. Si escribes «Alá/Allah» te acusan de presentar una realidad exótica y tener una actitud imperialista que blah, blah, blah (exótico, por eso lleva hache). Total, que hagas lo que hagas, la defecas. De todas formas, qué quieren que les diga, no me gusta lo que hace el amigo del platanus orientalis, que pone en boca de un pordiosero (palabra muy self-explanatory) la frase pedigüeña siguiente: «For the sake of Allah». Iba a decir que a mí ese «Allah» me suena a chino, pero sería poco exacto (e imperialista), así que lo dejo en «poco natural». Cuánto más natural sería un «Daaame argo, harmustél favol, que Dios se lo pague», que tanto en turco como en español podría responderse con un casticísimo: «Pues que Dios te lo dé». Les juro que en turco se dice, aunque no está muy bien visto, eso sí.

Por supuesto, ya es mala suerte que uno se llame como su empleo (yo me apellido como uno que no ejerzo). Imagínense lo mal que quedaría en el carnet de identidad ahora que no hay casilla para la profesión (no la hay, ¿verdad?). Tanto esfuerzo para quitarla y ahora va uno y se llama como lo que es. Pero en el caso que nos ocupa, es que no tenemos mucha información más por falta de interés de la ¿persona? en cuestión. A la documentación disponible me remito:

Moisés contestó a Dios: «Si voy a los hijos de Israel y les digo que el Dios de sus padres me envía a ellos, si me preguntan: ¿Cuál es su nombre?, yo ¿qué les voy a responder?» Dios dijo a Moisés: «Yo soy: YO-SOY.» «Así dirás al pueblo de Israel: YO-SOY me ha enviado a ustedes.Y también les dirás: YAVÉ, el Dios de sus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado. Este será mi nombre para siempre, y con este nombre me invocarán de generación en generación.»

Reconozco que podría haber sido menos ambiguo, pero qué se le va a hacer. Al fin y al cabo no necesita deeneí ni nada como la mayoría de los mortales. Imagínense la conversación:

A) –¡Hola! ¿Qué haces? [No he podido impedirlo]

B) –Yo soy.

A) –¿Y en qué trabajas?

B) –Yo soy.

A) –Y tú, ¿de quién eres?

B) –Yo soy. Mi hijo de la Virgen María y del Espíritu Santo.

Tampoco es que diga que tiene un nombre distinto a lo que es, como los dioses romanos, por ejemplo, que tenían dos, uno para cuando eran romanos y otro para cuando eran griegos. Pero bueno, lo importante es que deja bien claro eso de «Este será mi nombre», así que para qué me voy a liar más la cabeza. Nombre propio al canto. Además, ¿cómo nos íbamos a apañar con las blasfemias si no pudiéramos pecar contra el segundo mandamiento? O, mejor dicho, si pecar contra el segundo mandamiento no fuera pecado, ¿qué gracia tendrían las blasfemias? Bueno, les dejo, que luego me dice mi madre que soy irreverente. Que tengan ustedes unas felices fiestas y cuidado con lo que comen, que luego tienen que traerles pantalones SS. MM. los RR. MM. (¿a que con éstos no hay problemas de mayúsculas?)

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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7 respuestas a OMG (y 2, espero)

  1. Félix G. dijo:

    Feliz navidad, Rafael.
    Tan didáctica como las demás esta entrada.
    ¿Así que los árabes cristianos (por ejemplo los coptos) se encomiendan a «Alá/Allah»?
    ¡Hay que ver la cantidad de cosas que no me explicaron en el “juniorado” marista!
    Quizás abusé del “mirar la lluvia tras los cristales”…
    Por favor, no sigas la moda y dimitas tú también.
    Aunque supongo que tu cargo no da para caer en las corruptelas varias que avanzan cual epidemia por doquier.
    Espero que tu abandono del tabaco no te haga caer en el cambio de talla del pantalón, ni siquiera en estas fechas….
    Salud

  2. Pepe Zafra dijo:

    El DRAE define “nombre propio” como aquel que “sin tener rasgos semánticos inherentes, se aplica a seres animados o inanimados para designarlos”. El nombre propio posee, pues, una función exclusivamente designativa (para Russell el nombre propio por excelencia es “éste” –sí, yo también le pongo tilde al pronombre demostrativo). Es como un dedo índice que señala a un individuo en particular, sin decir nada de él.

    Fíjate en la palabra “Juan”. Es un nombre propio (y lleva por eso, según las convenciones del castellano –y, por lo que veo, también del turco–, mayúscula). Sin embargo, hay muchas personas que se llaman “Juan”. El que esto suceda no convierte a “Juan” en un nombre común, pues cada vez que en un contexto determinado decimos “Juan”, estamos refiriéndonos, dentro del conjunto de todas las personas que así se llaman, a un Juan en particular que tanto el emisor como el receptor distinguen claramente. Así pues, aunque hay muchas personas que obedecen al nombre de “Juan”, cada vez que lo pronunciamos designamos a un Juan en particular; “Juan” carece (salvo para el padre de Tristram Shandy) de “rasgos semánticos inherentes”.

    Los nombres comunes, por su parte, y de nuevo según el DRAE, se aplican a “personas, animales o cosas que pertenecen a una misma clase, especie o familia, significando su naturaleza o sus cualidades”. Si decimos “gato”, no nos referimos a un gato en particular (parezco Petete), sino a todos los gatos en cuanto miembros de una clase que poseen una determinada “naturaleza” gatuna.

    ¿Qué sucede con “D/dios”? Que, a diferencia de “Juan” o de “Turquía”, puede funcionar como nombre propio puramente designativo (y lo escribimos con mayúscula) o como nombre común descriptor de la naturaleza de los miembros de una determinada clase (y lo escribimos con minúscula). Sin embargo, desde un punto de vista pragmático, sabemos claramente en qué contexto utilizamos el término como nombre propio y en cuál como nombre común. Dentro de una perspectiva digamos “emic” (desde el punto de vista interno de una determinada religión monoteísta), “Dios” funciona como nombre propio; desde una perspectiva “etic” (desde fuera de cualquier religión) “dios” funciona como nombre común. Escribir “dios” en un contexto en el que hay que escribir “Dios” resulta, así me parece, una “toma de postura ontológica”. Pero hay más.

    Imaginemos que los turcos hubieran decidido llamar a su país “País”. Cada vez que se refiriesen a su país, lo pondrían con mayúscula (“País ha entrado en guerra con Grecia”); pero supongo que si se refiriesen a su país como miembro de la clase de todos los países, lo pondrían en minúscula (“mi país es más chulo que el tuyo”). No creo que esto pueda suceder con D/dios. Pienso que la frase “mi dios es más chulo que el tuyo” no podría ser pronunciada por un monoteísta en el mismo sentido en que el habitante de País diría “mi país es más chulo que el tuyo”. Y no creo que la causa de que esto suceda sea únicamente la de que, desde el punto de vista emic de una religión monoteísta, haya un solo dios (pues es cierto que también hay una sola Turquía o, en mi ejemplo, un solo País), sino porque desde un punto de vista ontológico (sí, ontológico) el Dios monoteísta veta la existencia de otros dioses; sin embargo, el País del país que he imaginado no excluye la existencia de otros países.

    Bueno, creo que he llegado al punto exacto en el que ya no sé lo que digo, así que te dejo y voy a darle de comer a mi gato. AD/diós.

    • amigo pepe: No estoy yo muy seguro de que el ser supremo del antiguo testamento (ahora todo en minúsculas) fuera un dios único y excluyente que vetara la existencia de otros. en la revista el jueves lo explicaban muy bien cuando a los judíos les da por adorar al dios chungo del becerro de oro y el bueno, con razón, se mosquea.
      en cualquier caso, como es verdad todo lo que cuenta, simplemente me gustaría envidiarle que use los términos émico y ético en inglés, porque yo los he leído traducidos y me armo unos líos de agárrate y no te menees. sobre todo si les añadimos noético, que por lo visto no tiene nada que ver. frases como “una consideración ética del contenido noético no sería tan ética como una émica del noema” (creo) sólo consiguen que te entren ganas de responder alto y fuerte: “¡La gallina!”.
      Felices Fiestas Mayúsculas

  3. Félix G. dijo:

    ¡Cómo nos engañaron a todos!
    Aquí está Locomotoro, “conductor de todo menos del codo” que “piensa llegar a los cien años porque se cuidará mucho a los noventa y nueve”

    Salud….os

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