Oig, por Dios (¿?)

Robespierre

¿Que cómo se escribe «Ser supremo»? Pues con ese, digo yo

En los famosos talleres de la traducción ésa de los libros literarios, mi amigo Miguel y yo protagonizamos un intenso y tenso debate que duró quizás unos diez segundos y que tuvo su miga aunque, bueno, no fue tenso ni intenso como habrán podido juzgar por la duración, pero es que así suena más emocionante, que tampoco los asuntos de los traductores son como los de Indiana Jones (ni lo son los de los arqueólogos, ya puestos). Un debate que sólo podría haber sido resuelto acudiendo a la sacrosanta autoridad de la ACADEMIA, pero que tampoco hizo falta de poco que duró, miren ustedes, pero que he aprovechado para usarlo en clase como ejemplo de no sé qué, que no tendrá tanta importancia si se me ha olvidado, digo yo.

La situación era la siguiente: Yo tenía a mi amigo Miguel a babor, a barlovento, para ser más precisos, y yo era el Keyboard Master, el «Amo del teclado», uséase, el que escribía lo que íbamos traduciendo y podía hacer trampas si quería. Entonces en no se qué frase, pongamos «Vaya por Dios», mecanografié «Dios» tal y como acabo de hacerlo, con mayúscula. Miguel me hizo notar que quizás debería ir con minúscula y yo le respondí que me parecía un nombre propio y que si no de poco nos valen las blasfemias y ahí quedó la cosa (pues vaya mierda de debate, dirán ustedes, y yo les contestó que por eso le di un poco de vidilla en el primer párrafo y además les avisé, así que no me sean quejicas). Si hubiéramos acudido al DRAE, éste habría venido a darme la razón más entoavía:

1. m. Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.

ORTOGR. Escr. con may. inicial.

2. m. Deidad a que dan o han dado culto las diversas religiones.

Es decir, con minúscula la expresión es «Vaya por cualquier deidad en número de una» y con mayúscula «Vaya por el ser supremo o Ser supremo de mi religión» porque «supremo» es adjetivo por mucho que nos empeñemos. Como verán, la fuerza ilocutiva robespierrana de la segunda es muy superior. De todas formas, el debate ocultaba algo, por supuesto. En mi caso que la educación religiosa que recibí en mis colegios (ídem) todavía me pesa (esto se lo pueden tomar como un juego de palabras, la verdad es que tiene su gracia) y me resulta raro lo del dios minúsculo. Por otra parte, como decía antes, ¿qué sentido tendrían nuestras entrañables blasfemias españolas si las dirigiéramos a cualquier Mercurio, Hermes, Osiris o Tutatis? En el caso de Miguel, revelaba una toma de postura en favor del laicismo de una lengua más secularizada. O sea, que la ortografía debería ser imparcial en estos asuntos metafísicos y sobrenaturales.

Yo creo que mi amigo Miguel tiene razón, pero, qué quieren que les diga, escribir dios con minúscula me resulta tan feo como escribir sólo sin acento. «Es que la Academia dice…» Y si la Academia se tira por la ventana, ¿ustedes también se tiran? Mira que forzarme a ejercer de madre a estas alturas… Que yo no les obligo a hacerlo, oigan, pero llevo toda la vida (mía) escribiéndolo con mayúscula. Además hay otra cosilla. Si lo escribo con mayúscula nadie lo verá especialmente raro, pero si lo hago con minúscula siempre habrá algún malpensado, como yo, que se diga: «Cucha tú éste [con acento], dándoselas de progre». La verdad es que he soportado a muchos progres que lo son porque lo dicen (incluido yo mismo) y estoy un poco harto. De esos que no toman Coca-Cola porque es imperialista y tal y que… Oh, esto necesita que me explaye un poco (y otro párrafo).

Que no ven «cine estadounidense». Porque habrán ustedes de saber que lo de escribir dios o Dios lo puede hacer (o no) cualquier hijo de vecino (e irse al infierno, con minúscula según Martínez de Sousa, si lo escribe con minúscula, por pecador), pero sólo los traductores usamos la palabra «estadounidense» y sólo hasta que (figuradamente) nos caemos del caballo en el camino de nuestro Damasco particular o, mucho mejor dicho, de un pino o guindo. Es decir, mientras el resto del mundo dice «cine americano» (será porque lo ven) tan ricamente y no se les caen los anillos, los traductores, cada vez que vemos «americano» en un texto, nos apresuramos a traducirlo por «estadounidense» y no porque nos paguen por caracteres, no me sean malpensados ahora ustedes, sino porque asumimos plenamente la responsabilidad social de enseñar al que no sabe o burro.  Se trata de un tema que ya trató en su momento Maite Gallego, así que no insistiré más.

Pero me temo que no tengo muy claro lo de esa misión evangelizadora nuestra. Si a todo perro pichichi le han enseñado a escribir «Dios» y dice «americano», ¿a cuento de qué vengo yo a enmendarle la plana y demostrar que soy la mar de listo? Si alguien me suelta dándose mucho pisto: «Estos vaqueros americanos me los trajo de América mi primo el que vive en América y tiene un coche americano y fuma tabaco americano», ¿le voy a preguntar si se refiere al Perú, a la Argentina o a los Estados Unidos de México? ¿No pensaría que soy un poco capullito de alhelí o, más propiamente imbécil? Últimamente me ha dado por decir que una mala traducción es la que me interrumpe la lectura haciéndome ser consciente de que es una traducción (y no, por ejemplo, un original best-seller español cuya trama se sitúa en, digamos, Escocia o Suecia) y, qué quieren, a mí lo de «estadounidense» o «dios» me da la impresión de que el traductor (o el autor, o el editor, o el corrector, o el conserje) está intentando demostrar algo que no tiene mucha relación con quién es el asesino.

Creo que no soy quién para ponerme a darle lecciones al lector, que se apunte a unos cursos CCC si quiere. En fin, no me digan que cuando Escarlata O’Hara (que ésa sí era del sur de «Estados Unidos», región política, y no de América del Sur, subcontinente geográfico) justo antes del intermedio, para que pasemos la vergüenza de tener que salir con el moco colgando, grita «a dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre» lo hace con minúscula, porque si ahí no hay una mayúscula, que venga Dios y lo vea.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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14 respuestas a Oig, por Dios (¿?)

  1. atenea dijo:

    Una perogrullada: quienes no adoramos a deidad alguna escribimos dios sin el menor empacho. Personalmente, siempre me ha causado gracia, por llamarlo de algún modo, la gente que se empeña en escribir Dios para el crucificado u otras figuras de cualquier monoteísmo y dios para las deidades de cualquier pueblo indígena. Otra perogrullada: allende Iberia, no hace falta ser traductor(a) para decir estadounidense (y beber coca-cola… o no).

    Saludos

    • Por supuestísimo. Simplemente me limito a hacer constar unos automatismos de los que no estoy seguro en ningún sentido. Como, por ejemplo, ese plural de “escribimos dios sin el menor empacho” que excluye a personas como yo sin pensar. Tampoco tiene que ver con los pueblos indígenas, sino, supongo, con el hecho de que uno se considera nombre (sustantivo) propio y el otro común como lo demuestra el que sean múltiples y sea ésa su, digamos, profesión.
      En cuanto a lo de los Estados Unidos, no es mi intención entrar en polémica porque a mí tampoco me gusta lo de “América”. Creo que si un personaje en una novela dice que fuma “cigarrillos americanos, Marlboro”, me parecería muy artificial por mi parte, y meterme en camisa de once varas, escribir “estadounidenses”. Es decir, vuelvo a dejarlo todo en el plano de una traducción literaria que suene, se lea, natural.
      Salud

      • Félix G. dijo:

        Estimado Rafael;
        Tienes razón. Soy uno de los dinosaurios que observaban inquietos desde las rocas y con un cigarrillo entre los labios, las evoluciones de Raquel Welch sobre la arena de la playa escasa de pieles.
        Mis repetidas oraciones a San Marcelino se han visto recompensadas en lo respecta al cigarrillo, pero las sucesivas Raqueles siguen inquietándome.
        Aguantas tú también sin echar humo?
        Salud y liras (turcas)

        • ¡Ah, gracias a esa película aprendí la palabra «gachí» en mi más tierna infancia porque un mozuelo en la fila inmediatamente delantera dijo: «Luego salen unas gachises muy buenas»!. Menos mal que mi madre tuvo el detalle de explicármelo. Por supuesto, era una reposición en una de aquellas sesiones infantiles de media tarde, tampoco se vaya a creer.
          Gracias a los dioses (nombre común), por ejemplo, Apolo y Odín (nombres propios) sigo sin echar humo por la boca ni la nariz (como decía la canción y aunque a menudo lo echo de menos).
          Salud

  2. Pepe Zafra dijo:

    Experimento las mismas sensaciones que tú respecto a esa “d” mayúscula. Pero no creo que haya que apelar, para justificar su uso, al hecho de que en las religiones monoteístas haya un solo dios y que por eso el nombre que lo menta sea singular y requiera el empleo de la mayúscula, mientras que en las religiones monoteístas, etc. Sencillamente creo que es una convención, como es una convención que en inglés el nombre de los meses vaya en mayúscula (y en español, por ejemplo, no). Como toda convención, se la puede respetar o no. El dueño de Platero, por ejemplo, jemía y y jimoteaba ante cualquier “g” que se le pusiera por delante; y qué decir (para no salir del tema de las mayúsculas) de e.e .cummings…

    Lo que sucede con esta convención, me parece, es que en este caso el significante trata de reflejar de algún modo el significado que queremos imprimir al término. Escribir “January” con mayúscula resulta tan arbitrario como escribirlo con minúscula; conducir por la derecha tanto como conducir por la izquierda. Pero escribir “Dios” con mayúsculas supone –según la convención- otorgar a esa “d” el valor mayestático que se desea conferir al Ser (otra vez) que dicha palabra menta. De ahí que romper con esta costumbre sea algo mucho más comprometido que, por ejemplo, escribir “cummings” con minúscula o “jitano” al estilo JRJ.

    En suma: escribir “Dios” supone seguir el cauce de una convención (que imprimía en el significante la suprema dignidad del significado), con independencia de lo que pueda uno pensar acerca de la existencia o no de la divinidad; algo así como circular por la derecha. Pero escribir “dios” implica, a mi juicio, una toma de postura ontológica: se está significando que Dios no existe. Si (por sugerir una hipótesis históricamente imposible) estuviésemos saliendo ahora de un mundo ateo para adentrarnos en un mundo monopolizado por un Único Dios, supongo que el juego d/D seguiría un camino completamente inverso.

    • Querido amigo José P.P.: Se me hincha el pecho de orgullo de ver lo que le aprovecharon los años de estudio de la filosofía. Por supuesto, me parece que tiene casi toda la razón. Casi, porque sigo creyendo que Dios con mayúscula es un nombre propio, como trataré de demostrar en su momento. Toda, por lo demás. De hecho, al hablar sobre las convenciones me ha hecho meditar en porqué me dejé llevar por la vehemencia y he llegado a la siguiente conclusión: me molesta la gente que se siente obligada a demostrar algo sobre sí misma. Desde el hipster que se pone unas gafas de pasta con cristales de ventana al progre que usa chaqueta de pana (el primero porque no se da cuenta de que las gafas son una necesidad y el segundo porque desprecia o ignora la profundísima comodidad de esa prenda, reina del mundo del vestir) pasando por cierto amigo cura que tengo que va con alzacuellos y otros que insisten urbi et orbe en su, ¿cómo dice usted?, «toma de postura ontológica». Sin embargo, he podido darme cuenta también de mi profunda incongruencia y estupidez: en el fondo y en la superficie yo hago lo mismo cuando insisto en acentuar la palabra «sólo», por ejemplo. También estoy intentando demostrar algo, en este caso lo inmensamente listillo que soy que no hago caso de los dictámenes de nuestra santa Academia. Así que, entre nosotros, acepte un modesto acto de atrición (puesto que, obviamente, carezco del propósito de enmienda).
      Con Dios/dios y hasta Pronto/pronto

  3. Pepe Zafra dijo:

    Mio caro dottore! ¡Usted y su acendrada costumbre (¡sí, acendrada!) de hacer mofa de todos aquellos que le quieren bien…! Imaginé que no saldría indemne por haber hecho uso de la inofensiva expresión “postura ontológica”. ¡Lo que no esperaba es que iba Vd. a propinarme no uno, sino dos picotazos! Resulta Vd. incorregible. Más que acto de contrición o propósito de la enmienda, requeriría Vd. una dosis, aunque fuera pequeña, de “dolor de los pecados”. En cualquier caso, espero ansioso su próxima entrega de “Dios como nombre propio”, del que aún me quedan muchas cosas por decir, algunas de ellas –no lo dude Vd.- de carácter ontológico

    • ¡Oh, se me borró una respuesta magnífica y larguísima! En fin, que no pretendía dar picotazos en absoluto sino que me parece que lo has expresado perfectamente con eso de la “postura ontológica”. ¿Para qué repetir de forma imperfecta lo que otro ha dicho tan bien? Que me quito el cráneo, vaya.
      Por cierto, creo recordar que había varios tipos de dolor de los pecados (uno se refería a la fealdad del pecado en sí) y por eso hacía un acto de atrición y no de contrición. Es bonito el entretenimiento que una educación religiosa puede llegar a proporcionarnos, ¿verdad?
      Me voy a traducir, que ya llevo tres (cuatro) minutos de retraso.

  4. Félix G. dijo:

    Estimado Rafael;
    ¿Cuál es el término para referirse a Dios en turco?
    Los que lo hagan en árabe dirán “Alá”, pero… ¿ y los que lo hacen en turco? ¿es Tan-ri o algo similar?
    Soy de los que emplean la mayúscula. También acentúo “sólo” pero únicamente cuando se puede sustituir por “solamente” Creo recordar que se lo oí a Lázaro Carreter…
    Incluso escribo “septiembre” cuando en mi adolescencia (soy un Dino de 57) hubo serios intentos de que todos escribiéramos “setiembre”…
    Salud y liras

    • Pues sí, en turco-turco es tanrı o Tanrı, pero le he prometido una entrada a mi amigo Pepe Zafra sobre eso.
      Yo escribo carnet y chalet. Gracias a la presión de, entre otros, mi gremio, se pudo volver al whisky en lugar del apestoso güisqui.
      Salud y mantecados

  5. Doy por hecho que a tu proverbial y finísima agudeza no se le habrá escapado que aproveché el trujamán para meterme agriamente con los mascadores de chicle en público, que me ponen de los nervios, y con la CIA. La pulcra objetividad nunca ha sido lo mío y peco de progre varias veces al día, lo reconozco (aunque tomo Coca-Cola con fruición, sobre todo ahora que puedes escoger las latas personalizadas con tu nombre de pila, oyessss)..

    • ¡Bien seguro! (Va por usted) Lo de pecar de progre es como todos los pecados, es importante no presumir de ellos. Supongo. Además sería pecado de soberbia (contra la que está indicada la humildad). Eso sí, por una vez y sirviendo de precedente, yo nunca diría «servicios secretos americanos», ahí sí que pega un «estadounidense». En mi humilde opinión, claro. Por la vía, siempre he pensado que la Pepsi debía de ser de capital soviético.
      ¿Para cuándo una receta de cocletas conjuntas «premio nacional» en el famoso blogo La musa en la mesa? ¿O es que Carmencita la buena cocinera lo tiene ocupado para los Erasmos?
      Felices Pascuas o pascuas del Solsticio de Invierno (¡qué lío de mayúsculas!)

  6. Pues ya ve, yo escribo Dios (y soy ateo militante, de los de R. Dawkins, para que me entienda) por lo mismo que usted: pienso que es un nombre propio como otro cualquiera; digo dioses cuando me refiero a varios o a todos porque a veces las llamadas blasfemias pueden abarcar todo el panteón, tan numeroso. No creo que tenga mayor importancia, más o menos como escribir Pepe o los pepes (no los del Partido: ¡Válgame Dios). En los asuntos de creencias para las mayúsculas y no creencias para las minúsculas no me meto, que cada uno es muy suyo.
    Además, todos los dioses son verdaderos (y excluyentes entre sí).
    Respecto a las nuevas normas de la RAE, tan necesaria en nuestras vidas, también estoy de acuerdo con usted: Sólo pienso si estoy solo, pero allá ellos.
    Salud (no escribo dinero, que me da la risa tonta).

    • Casi no lo entiendo porque no me he leído nada de Dawkins, pero, bueno, me gusta la tetera de Bertrand Russell. Le había prometido a mi amigo Pepe (se llama así, no tiene nada que ver con su comentario) escribir una entrada sobre lo del nombre propio, pero he tardado más de la cuenta porque ando un poco liado con unas traducciones. Parte de ellas no son remuneradas, por desgracia.
      Como me dice que es ateo, aprovecho para desearle unas felices fiestas del solsticio. Saludos y saludes.

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