Ilustrísimo maestro pingüino

Dragón con helado de la Puerta de Ramos de la Catedral Nueva de Salamanca

El diablo del rechupeteo. ¿O es el emperador de los helados?

Espero que me disculpen el abandono al que les tengo sometidos, pero es que estoy muy agobiado porque tengo varias cosas distintas que hacer y como los hombres (varones) somos mononoséqué, al contrario que las mujeres (debería ser «varonesas», pero no) que son pluriopolialgo, pues me aturrullo y ya no doy pie con bola, que además siempre se me dio mal el football (pie-bola). No es que sean cosas malas, entiéndanme, sino que son varias casi simultáneas en vez de primero una, luego otra, etc. Así que he decidido (aviso) suspender la periodicidad de estos escritos y publicarlos cuando buenamente me venga en gana hasta que me desagobie.

Parte de la culpa de este agobio la han tenido los famosos talleres de traducción. O quizás fuera al revés y sufrieran por culpa de mis líos mentales. De todas formas salí muy orgulloso, porque con una sola pregunta logré cabrear a un montón de gente sin proponérmelo. Parafraseándola bastante, la pregunta era: «¿Qué quieren hacer ustedes?» e iba dirigida más o menos a la organización, aunque no sólo a ellos sino también a nosotros mismos, los traductores presentes. Pero antes de seguir con esto, me van a permitir una explicación un tanto prolija en el sentido más castellano y, a juzgar por Mafalda, menos porteño. ¿Se acuerdan de lo que nos reímos los españoles de los italianos con sus títulos? ¿Todos esos  illustrissimo-dottore-professore que tanta risa nos dan? Pues aquí en Turquía, siempre y cuando sean títulos académicos, les privan. De doctor pabajo no te comes un rosco (metafórico), pero de Dr. parriba ¡Virgen Santa del Perpetuo Socorro! (exclamación hiperbólica, no hiperbórea). ¡Qué respeto más respetuoso! ¡Cuánto sombrerazo limpiando el polvo del suelo (antaño), cuánta chaqueta abrochada (hogaño)! Cuánto pelotilleo y chupeterreo de salvas sean las partes, en suma.

En Turquía, sin embargo, no se produce esa multiplicación titular que tan graciosa resulta en italiano (es de suponer que no para ellos), sino que todo se basa en la voz «hoca» (pronúnciese más o menos como «joya» y suéltese como quien no quiere la cosa a ver si cuela) que significa «maestro», pero no el de enseñanza primaria o «maeztto» (el femenino es irregular: «seño») o el de torería y menesteres similares o «Maehtrooo». La verdad es que tiene algo de este último en frases como «Estás hecho un maehtro», pero nunca en contextos como «Desde luego, es que estás hecho un maehtro» que, como todos sabemos es negativo. En turco la palabra «hoca» tiene un origen religioso, de esos maestros de «el Corán, con sangre entra» y varazo o estacazo y tente tieso, que vi un documental que también a los budistas zen les dan unos palos que da grima, pobrecillos, tan calvorotas como están con el frío que pasan allí en el extranjero. Me acuerdo yo (no iba a ser otro) de que en mi primer cole los hermanos (los curas, vaya, no hermanos de sangre ni nada así) tenían un curioso instrumento llamado «chasca» que técnicamente servía para producir unos ruiditos que llamaban al recogimiento silencioso, pero que, como contaba con una bola de madera dura como ella sola, también servía de rompecabezas amateur. Y como en internet se encuentran todo tipo de cosas raras, pues les pongo un enlace. Bueno, pues de ese tipo de «hocas» viene el término y el caso es que se usa para hablarle a cualquier profesor en plan desde «seño» hasta «don X» pasando por «profe». Señor Hoca pacá, señor Hoca pallá; mirusté, Hoca mío, yo es que tenía una preguntilla; Hoca, Hoca, yo prímen; Hoca, no acabo de entender cómo cree que he copiado la tesis; etc. A mí me da mucho coraje que me lo llamen porque me parece que soy un torero, pero me aguanto desde que una exalumna a la que le tengo mucho aprecio me dijo que a ella le resultaba más cómodo así. Como a mí también me resultaba más cómodo hablarles de usted a muchos profesores de la facultad porque nunca me gustó el tuteo universal falangista, me callo y sufro en silencio.

Bueno, pues lo suyo es que no sólo te lo llamen tus estudiantes, sino también los demás profesores, y esperan que tú hagas lo mismo, especialmente si están por encima de ti en el escalafón. En cuanto nos juntamos tres o cuatro me da la impresión de estar viendo un documental de pingüinos emperadores asintiendo violentamente y todos haciéndose la pelota mutuamente. Maestro, Maestro, Maestro… Me pone de una mala uva… Y todavía me lo pone más si está fuera de lugar, que fue lo que pasó en los famosos talleres. Resulta que de tropecientos mil moderadores, sólo dos no eran (o habían sido) profesores universitarios y la inmensa mayoría del resto tenía un currículum muy discutible como profesionales de la traducción. O sea, igual tenían un montón de publicaciones del tipo «Traducciones alternativas a un dístico de Sta. Teresita en el ámbito de los estudios poscoloniales transmodernos globalizados» de la Lead and Plumbeing Studies of Futilities Review con muchos «referees» y que aparece en todas las bases de datos norteamericanas, pero traducir libros de los que la gente se compra pagando dinero incluso y luego las mujeres se leen en el metro (los hombres leen el Marca), de eso muy poquito.

Y todo porque a la organización le gustaría tener simultáneamente dos tipos de entes que en la vida real son tan incompatibles como la teta y la sopa o la asistencia a los sagrados oficios de la santa misa y estar dando la tabarra con la campana de la torre (campanario): profesionales batidos en el fuego de las trincheras editoriales y, por otra parte, un elevadísimo rigor académico para que nadie entienda de qué se habla. De hecho, la representante de la subdirección general correspondiente pretendía convencernos de que los informes que enviamos los moderadores serían de gran utilidad futura para los departamentos de lingüística. O bien no ha hecho un informe en su vida, o bien no sabe de qué van los departamentos de lingüística (esto último es más probable). Lo cierto es que, y lo sabrán si han acudido a un par de saraos de éstos, existe una palabra que levanta ampollas de terror y rencor entre los profesionales cuando la pronuncia un «hoca» y esa palabra es… Lo han adivinado: «teoría». Y eso era lo que pedían muchos de los moderadores: más teoría. Y, claro, los profesionales como mi colega Irfan en ese momento te preguntan: «¿Y para qué vulva sirven entonces las facultades?» y tú no sabes qué responderle. O lo sabes y te callas.

Y ésa era, y sigue siendo, la cruz de la galleta (que diría el colega Zappa) de mi pregunta. Teniendo en cuenta que los traductores de (no «al») turco no somos ni cuatro gatos (por lo menos al español), ¿qué quieren de nosotros las autoridades correspondientes? ¿Que traductores veteranos se reúnan a hablar de problemas profesionales? Antonse deberíamos dejar de lado los temas académicos y las teorías (por mucho que me gusten). ¿Formar nuevos traductores (que, en mi opinión, tendría que ser lo principal)? Antonse habría que extender la convocatoria a estudiantes y recién licenciados de lo que sea en lugar de montarse un concurso-oposición y exigir no sé cuántas traducciones publicadas. ¿Una reunión de alto nivel académico? Antonse que se limite a universitarios y no se haga perder el tiempo a profesionales que están dejando de trabajar y, por lo tanto, dejando de ganar dinero. Y, en este último caso, que se exija vestir frac para que ya nos parezcamos del todo a los pingüinos: «Maestro, Maestro, Maestro» (siempre con mayúsculas).

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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6 respuestas a Ilustrísimo maestro pingüino

  1. Pepe Zafra dijo:

    Estimado Maestro (con perdón): no se sulfure tanto por lo del pelotilleo, que pierde Vd. la compostura. En cuanto a la esencial heterogeneidad del ser (que diría Juan de Mairena) de los pingüinos que asisten a esos talleres, le recomiendo la soporte con el mismo estoicismo con que aguanta uno unas almorranas. Desde luego, todo lo que cuenta Vd. suena terrible, particularmente lo referido al dístico de Santa Teresita.

    Respecto a los artículos que hallan cobijo en la detestable Lead and Plumbeing Studies… le envío a su correo particular de Vd. un documento que espero le emocione (o así), el cual fue redactado -entre otros- por un Rafael Carpintero de 17 años, y cuya versión manuscrita conservo entre mis papeles.

    P.D.: Trato de imaginar las perplejidades que encontrará alguno de sus alumnos cuando busque en el diccionario términos como “antonse” o “mirusté”.

    • Amigo Hozé: Es que lo del pelotilleo me puede… Y lo malo de los pingüinos (incluido moi-même [me gusta más en francés porque no sé]) es su homogeneidad, no lo contrario, me temo.
      Muchas gracias por el documento, que he recibido y leído con salud. Yo lo habría fechado un año más tarde, mirusté (mire usted por dónde en todos los sentidos) aproximadamente cuando el congreso de filósofos jóvenes. ¡Qué cosas guarda vuecencia! Mucho ojo, que la acumulación de trivialidades suele ser motivo de rupturas matrimoniales, con lo que tienen de traumático.
      Respuesta a su pedé: Mis pobres alumnos ya tienen bastantes dificultades en entenderme y entender lo que quiero de ellos como para que les preocupen unas expresiones que no entenderán en un blog que no leen. En cualquier caso, me defiende mi calidad de pingüino y si alguien me pregunta, le responderé que estoy asumiendo el esfuerzo ímprobo de dotar al dialecto andaluz occidental de una expresión escrita acorde con su dignidad lingüística, tanta o más que la de cualquier otro dialecto por muy normativo que sea, etc., etc., etc. No está mal ¿verdad?
      Un abrazo salutífero

  2. Abdullah YALVAÇ dijo:

    Pues, Vd. ya me comentó un poco de esto cuando le pregunté, sin embargo, esperaba leer este articulo también como creo que en escrito están más amplias las cosas. A pesar de haber tenido que consultar al diccionario varias veces, (claro, a lo bueno: Clave ^^) no he perdido el interés y he podido llegar hasta el final (un aplauso pami? ^^). De echo éste me ha resultado muy aprovechable como aparte de aprender nuevas palabras he descubierto algunos locuciones muy curiosos que son increiblemente parecidos con los del turco (no sé como he acabado leyendo los locuciones, es que cuando averiguo algo siempre me voy mirando a otras cosas también).

    Por cierto, sobre la palabra ‘hocam’, tengo un anecdoto de la escuela primaria. Es que como viene de un origen religioso, entonces (o antonse como dice Vd.) algunos profes nos prohibieron utilizarla y obligaron a decir ‘öğretmenim’. Cuando algun estudiante decía ‘hocam’ por falta a uno de estos profes entonces recibía una respuesta como ”¡Hoca está en mezquita!”. Bueno, seguimos diciendo como quisieron pero hasta empezar a la segundaria porque decir ‘öğretmenim’ nos parecía como algo de niñería ya (no sé por qué). Si hoy, en la universidad, oyesemos a algun alumno decirlo seguramente echaríamos una carcajada (lo haría al menos yo).
    Hasta la próxima clase señor.

    • Amigo Abdullah: Si aprende alguna locución, doy por bueno lo que escribo. Tendría que investigarlo, pero estoy casi seguro de que «öğretmen» es una de esas palabras republicanas que también eran una toma de postura política. Yaşar Kemal usa «muallim» en İnce Memed y se queda tan ancho (locución). Y sí, es un poco infantil lo de «öğretmenim, canım benim».
      Salud

  3. Félix G. dijo:

    Soy uno de los que conoció la “chasca” Rafael.
    Son ya varias las veces que he participado en este foro y me permito utilizar tu nombre de pila (en tu caso si es de pila, y soy mayor, en edad, lo que espero que me de derecho a hacerlo)
    Casi lo teníamos como un objeto de museo, pero lo conocí en dos “juniorados” con los HH Maristas hasta que en el 1972 y a mitad de 4º curso de bachillerato, me “hicieron ver” que había perdido la vocación.
    Nunca pensé volver a ver el aparatito en cuestión y … ¡mira por dónde! en este blog que tanto “me ilustra y entretiene”, (sin comparación posible con Petete) vuelve a aparecer mi adolescencia con sus traumas felizmente superados. ¡Cómo ayuda el tiempo!
    Gracias Rafael, sí que he notado el retraso de la última entrada sí…

    • Jo, me parece que somos un poco trogloditas ambos, digo, de la Edad de Piedra. Por supuesto, puede llamarme como mejor le guste, siendo Félix su nombre de pila, tiene todo el derecho. Si además se apellida Gutiérrez, más. Yo me mantengo en el terreno del usteo por escrito por una especie de Santa Cruzada imbécil y personal en contra del tuteo universal, espero que me entienda en su ingente sabiduría. Como diría el beato Marcelino (me ha sorprendido ver que lo han santificado, gratamente, no me malinterprete): «Adelante». No es una cita exacta porque no sé si lo dijo, pero es probable que sí.
      Me alegro, personalmente, de que renunciara a su juniorado.
      Un saludo

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