Costumbrismos veraniegos: Si emigras, inmigras (digo yo)

Los niños infieles

Los niños infieles agradecen su atención. No olviden pasar por caja.

Una de las ventajas que, en mi opinión, ha tenido la crisis económica ha sido que ahora vuelve a haber gente que se va a trabajar a Alemania. Como tampoco se van en plan Vente a Alemania, Pepe, espero que a partir de ahora los empleados de la función pública y privada se enteren un poquito más de lo que es la emigración, que hasta la presente, y una vez olvidados los años del antedicho Pepe, parecía que les sonaba todo a chino porque en España atábamos a los perros con longanizas (más hacia la parte de Cataluña, que en mi tierra serían chorizos, llamados “de rosario”, no por los misterios dolorosos y tal, sino porque los chorizos, atados consecutivamente, recordaban las cuentas de tan piadoso adminículo) y «emigrante», quizás por la rima, se tomaba como sinónimo de «currante» en su sentido más proletario, o de «extranjero pobretón» aunque no rime.

La confusión estaba, en primer lugar, en el mismo término «emigrante». Según el DRAE, significa: «Dicho de una persona: Que se traslada de su propio país a otro, generalmente con el fin de trabajar en él de manera estable o temporal», y yastá, que tampoco es pa tanto y parecía que mentaras a la madre cada vez que lo decías. «¿Has visto qué temporada ha hecho el Rayo Vallecano?» «No, es que soy emigrante y no vivo aquí.» «No, hombre, ¿cómo vas a ser tú emigrante?» «Porque me he trasladado a otro país para trabajar (generalmente) de forma estable.» «Pero, ¿no eres profesor?» Y esto era lo más grasioso, que los profesores no podíamos ser emigrantes porque los emigrantes, como todos sabemos, van en expresos nocturnos y llevan boina y maletas de cartón y fuman «Celtas». Pues miren ustedes, conocí a un agregado cultural que hacía que le mandaran los Celtas cortos por valija diplomática y ése sí que no era emigrante porque era diplomático (también era el colmo del pijerío porque, vamos, que te manden los Celtas por valija, con lo buenos que están los Ducados…). Además, quien esto suscribe no sabría ponerse una boina con un mínimo de donoso rumbo y las maletas que tenemos no son de cartón porque ya no las hacen, so listos. A cambio, como buenos emigrantes, para que vean que lo somos, a la vuelta al país en que residimos, las llevamos rebosantes de chorizos y demás embutidos y porque las madalenas y las tortas se harían miguitas, que si no… Todo se basa en eso, en los chorizos y en residir en otro país porque trabajas allí, pero es como si dijéramos: «Las golondrinas son aves migratorias.» «Como las cigüeñas.»  «No, hombre, ¿cómo van a ser migratorias las cigüeñas con esas patas y ese pico tan largos y lo blanquitas que son?» Pues una gilipollez semejante. Todo lo que no sea estar apretando tornillos en una cadena de montaje o, si se usa el término más «in», recolectando pepinos en un invernadero, no es ser emigrante. Me recuerda a eso de que lo que comes a gusto, no engorda.

Otro asunto bastante cansino es que el funcionario medio (público o privado) no acaba de entender que vivas en el extranjero (de manera estable) si no eres ídem, con lo bien que se está Enespaña. A ello colabora un maquiavélico invento, en el caso de los bancos, llamado «pela (euro)-no-residente». Resulta que si quieres tener una cuenta en tu país, como, obviamente, no resides en él, tu dinero tampoco reside en él, algo menos obvio. Totás, que vas de vacaciones a la pedanía donde vive tu hermana (un poner) y quieres sacar pasta del banco en que tienes tus ahorrillos en tu país porque en el chiringuito te dan unos palos de no te menees por una cocacola y una bolsa de patatas (algo en lo que el banco no tiene nada que ver, al menos de forma directa), y se producen diálogos de besugos como el que sigue (caso real): «A las güenas, que quería sacar unos duros de mi cuenta, pero, ojo, ques de norresidente.» «¿Mande?» «De norresidente.» «¿Me permite el permiso residencia, harme ustél favol?» «No tengo, mejón le doy el dení.» «¿El dení? ¿Pero no es usted emigrante?» «Efestiviwonder, emigré a un otro país, pero soy español, casi ná, y por eso tengo dení.» «Pero, pero, usté no es residente.» «Pero soy español.» «Antonse no puede usté tener una cuenta de no residente.» «Sí, porque no resido aquí.» «Pero tiene usté dení.» «Porque soy español.» «Pero, pero, usté no es residente», and so on, y empezamos con el círculo vicioso de por qué tiene usted D.N.I. si no es residente y si no es residente por qué tiene D.N.I. Aquí el lío se monta al confundir «norresidente» con «astranjero» cuando uno sólo es extranjero en su país de acogida y no de origen; y además los extranjeros con cuenta corriente en un país lo más normal es que residan en él. Yo mismo soy nacional de un país en el que no resido (de forma permanente) y resido en un país en el que soy extranjero. Tampoco es para tanto, digo yo, 2+2=4 y tal.

También están los que confunden el e(x)- con el in-, cuando lo primero indica pafuera y lo segundo paentro. Especialmente en la seguridad social, no sé por qué, o cuando hablas de la seguridad social. Resulta que los e-migrantes teníamos un régimen para cuando veníamos de vacaciones según el cual pagabas los meses que estuvieras. Ahora ha cambiado y constamos como indigentes, lo que tiene bastante relación con lo que hablábamos de la boina y la maleta de cartón, lógico. Bueno, vas a explicar tu complicadísima situación (que estás de vacaciones en tu pueblo pero trabajas en otro sitio) y ya se te hacen un lío porque el país otro no tiene convenio (en general) con el país tuyo (de origen). «¿Turquía es de la Unión Europea?» «No.» «¿Entonces tiene un convenio especial, como Suiza?» «No.» «¿Entonces es como Estados Unidos?» «No.» «Entonces es de la Unión Europea.» «No.» «Pues tendrá un convenio especial, como Suiza.» «No.» A partir de ese momento es cuando deciden que eres idiota y te explican con mucha paciencia lo del convenio de Suiza. Por desgracia, la cruda realidad es que Turquía, y la mayor parte del mundo, no es Suiza ni está en la Unión Europea, lo que no es óbice para que se piensen que eres persona lerda y espesa (en lo que no les falta razón, pero no la tienen en lo otro; insisto: Turquía no es Suiza, creo).

Entonces se pasa a la segunda fase. «Tenga usted en cuenta que aquí en España se puede presentar en urgencias cualquier senegalés y lo atienden.» (No sé qué tiene el personal con los senegaleses, o quizás sea sólo en la famosa pedanía.) «Ya, pero yo no soy senegalés.» «Ya, pero reside usted en el extranjero.» «Ya, pero soy español.» «Ya, pero reside usted en el extranjero y a cualquier senegalés que vaya a urgencias se le atiende.» «Ya, pero no soy senegalés y no quiero ir a urgencias.» «Ya, pero reside usted en el extranjero…», etc., como se pueden ustedes imaginar. Y luego está lo de la pasta: «Es que tiene que entender usted que está muy mal la cosa y que hay que atender a cualquier senegalés que llega a urgencias.» «Pero si yo quiero pagar, oiga… Que estaba mucho mejor pagando que gratis de indigente, de hecho.» «Ya, pero es que tiene que entender que está muy mal la cosa y se mira mucho el euro.» «¡Que quiero pagar porque no indigo, oiga (¿los indigentes indigan?)! ¡Quiero pagar como los demás niños!» «Si yo le entiendo, pero es que con la crisis todo está muy mal y si llega a urgencias cualquier senegalés hay que atenderle y se mira mucho el euro y…». Lo dejo porque me da acidez y no me apetece ir a urgencias a departir con mis amigos senegaleses, que ya nos lo tenemos todo dicho.

La verdad es que cuando Franco y Pepe-Landa todo estaba mucho más claro. En el extranjero: a) pasaban cosas malas; b) eran protestantes (ricos) o infieles (pobres); c) los infieles estaban deseando ver la luz y en el Domund se pedía para mandarles arroz (a los chinitos), arroz (a los negritos) o arroz (a los inditos, tanto de piel roja como cobriza o como se llamara en los álbumes Maga). El hambre de los infieles servía para que te dieran la tabarra cuando no querías tomarte las lentejas y te recordaban lo mal que lo pasaban los chinitos de África o Biafra (me parece que me estoy liando) y cómo disfrutarían ellos las putas lentejas, que te entraban ganas de mandárselas por correo certificado de haber tenido la dirección de alguno.

Y como los españoles no éramos protestantes ni infieles, pues allá donde fuéramos servíamos de luz y guía para la Humanidad y no había confusión alguna y cuando dos coches con la E se cruzaban en el extranjero se pitaban a modo de saludo. De paso, pues los emigrantes servían para los anuncios de Navidad de Nescafé, el Almendro y esas cosas como la canción de Antonio Molina o Juanito Valderrama, pero nadie confundía emigrante con inmigrante. Igual porque de éstos había pocos y más bien éramos los españoles quienes nos pirábamos de forma estable o temporal, oyes.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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6 respuestas a Costumbrismos veraniegos: Si emigras, inmigras (digo yo)

  1. Me encanta el artículo y me identifico tanto. Yo también soy “nacional de un país en el que no resido (de forma permanente) y resido en un país en el que soy extranjero”. En vez de Turquía, Canadá, aunque sigue sin ser Suiza, etc. Me alegro de que Alicia Martorell lo haya recomendado a través de la lista de discusión de “Traducción en España”, ¡realmente no tiene desperdicio!

  2. Carlos Gancedo dijo:

    Estupendo, como siempre. Pero en los coches ponía “E”, no “ES”.

  3. David Dove dijo:

    Hombre, no me va usted a comparar a un emigrante con todo un profesional expatriado.

    • Es que me gusta exagerar. Al fin y al cabo, soy de esos afortunados que llevan veintitantos años disfrutando de la maravillosa oportunidad de formarme en el extranjero según una ministra o algo así (ni sé quién es ni me importa). Pero bueno, soy de los que creen que el hogar está donde uno cuelga el sombrero. Ni que decir tiene que se trata de un sombrero simbólico, oiga, que apenas uso sombreros, son más bien gorritos, sólo en verano y en lo más crudo del invierno y los dejo en percheros, lo que no significa que viva/resida en un perchero.
      Salud, pesetas y divisas de cambio legal

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