Habas cocidas: plato de mal gusto

Paul in prison by Rembrandt

La verdad es que mejon quisiera estar muerto que tener que hacer un guión desta novela porque me van a caer por todos lados

Lo bueno que tiene leer deprisa y en la cama es que la mitad de las veces te puedes releer tan ricamente lo del día anterior porque muy probablemente no te hayas enterado de nada con el sueño y tanta rapidez. De hecho, no creo que en realidad me hagan falta ni la cama ni el sueño puesto que a menudo me sorprendo preguntándome: “¿Qué repámpanos estoy leyendo?” y tengo que volver atrás unos párrafos o páginas para ver de qué iba aquello. Claro que lo peor es cuando en la página setecientos veintiocho aparece un personaje que no te suena de nada porque salió por allá por las primeras cien y tienes que hojearte y ojearte todo lo de antes a ver si lo encuentras.

En suma, lo que quiero decir es que a veces no me entero de lo que leo porque debo de estar pensando en los peces de colores y suelo atribuirlo a que el libro no es todo lo entretenido que debiera. Y con entretenido no quiero decir que dé risa ja, ja, sino que te absorba tanto que lo observes como si necesitaras que te absolviera (esta frase la he escrito recordando un ejercicio de ortografía del cole). Eso me pasó un poco cuando me leí de adolescente El exorcista, que luego la peli me pareció la mar de petarda y soft, que casi me cagaba de miedo literalmente porque me lo leía de noche y a ver quién era el guapo que se levantaba para desafiar el pasillo e ir hasta el baño a oscuras. Podría haber encendido la luz del pasillo, pero no ez lo mizmo y no tiene ningún mérito.

Bien, el ejemplo de ese exorcista leído antes que visto, visualizado diría un tipo a quien le tuve que referenciar un artículo y se agarró un rebote que pa qué, nos viene al pelo. Hace unos días me leí (la) Celda 211, de Francisco Pérez Gandul (que no parece nada gandul sino que trabaja mucho y por eso lo menciono) porque me constaba que en España la película había dado mucho de qué hablar. Es una especie de proceso inverso que me pasa de vez en cuando. Es decir, las personas normales, en el mejor de los sentidos, a) van al cine y si les gusta la peli puede que consideren leerse el libro, o b) se leen un libro y, si les gusta, puede que consideren ir a ver la peli para luego criticar lo mala que es y cómo faltan muchas cosas del libro (por ejemplo Tom Bombadil). En este (mi) caso, como oí que la película era buena, lo primero que se me ocurrió fue leerme el libro. La verdad es que últimamente las pelis son tan petardas, incluyendo Barbie mariposa y las de superhéroes, que cuando veo una con un buen guión, enseguida me lanzo a por el libro. De ahí mi sorpresa cuando busqué el libro de Origen/Inception y me enteré de que era un guión original (de Christopher Nolan, ante quien me quito el cráneo por haber hecho también Memento) y de que, evidentemente, no había novela.

(Paréntesis escrito con posterioridad. Voy en las escaleras mecánicas del metro y veo un cartel que me deja patidifuso: ¡Resulta que Rizzoli @ Isles son las protas de una serie de novelas! Pues bien, por mucho que me entretenga ver la serie de televisión no pienso leerme los libros porque tampoco es que me fascine tanto sino que no ponen nada igual de o más interesante a esas horas en otras cadenas. Ésta es una producción audiovisual que no me induce a la lectura, por lo que no puedo juzgar si se produciría el caso vicevérsico. ¿Vería la serie de haber leído las novelas? Ni lo sé ni me importa. Distinto sería si se tratara de The Closer, que, por cierto, plantea un interesante problema de traducción al español que los productores han preferido evitar. ¿Ustedes como titularían la serie? Puntilla & Descabello  La remataora?)

Pues me leo mi Celda 211 tan contento, bueno, contento no, que tampoco las novelas carcelarias son la alegría de la feria y, si no me creen, miren lo que dice este señor tuerto, que preferiría estar muerto a pesar de que Carmen la de Triana va a cantarles a los presos (o quizás precisamente por eso mismo), y, como me la leo a velocidades supersónicas, de repente me doy cuenta de que hay algo de lo que no me he enterado o no me cuadra: resulta que al final (y no se preocupen, que no destripo nada) uno de los personajes habla de una mentirijilla y yo no la veo por ningún lado; me despejo de repente (recuerden que estaba en la cama medio dormido), retrocedo unas páginas y sigo sin verla, me alarmo y empiezo a pensar que me he vuelto tonto (lo que no tendría nada de raro). No me queda más remedio que mirar en internet a ver si a alguien más le ha pasado lo mismo que a mí. Y, como pueden suponer, prácticamente todos los foros hablan de la peli y no del libro. Como también pueden suponer, lo de mirarlo en internet fue al día siguiente.

Y entonces me llevé la verdadera sorpresa. ¿Se acuerdan de que alguna vez hemos hablado de que a los traductores nos sienta como un tiro cuando algún crítico nos echa la culpa de algo que ha hecho el autor y nosotros nos hemos limitado a transmitir o trasladar? ¿Se acuerdan también de Jakobson, que hablaba de traducción intersemiótica? ¿No? ¿Que no saben de qué hablo? Bueno, da igual. A lo que voy es que me encuentro con que la mayoría de las críticas negativas al guión de la película, se deben a  cosas que están en el libro. O sea, como suele ocurrir en estos casos, las críticas se dividen en dos, a saber, las que opinan que la película en cuestión es una obra cumbre del séptimo arte e incluso de parte del octavo y las que declaran firmemente que es una caca (en gran parte por el hecho de ser española). Pues bien, la mayoría de estas últimas son tal que así: “La peli es una mierda pinchada en un palo pq el guión es una mierda y la historia es una mierda, 🙂 Naide se cree q la gente hace eso. Seguro q el guionista es primo de Zapatero/Rajoy pq la gente de verdad no es así”. Espero que aprecien ustedes el esfuerzo que hago para no reventarles nada del argumento, así que vamos a usar un ejemplo hipotético de otra obra más conocida:

“La película es otra españolada más que se basa en un guión manido que en ocasiones roza lo fantástico. Es de apreciar una historia que se ocupe de la integración de los minusválidos psíquicos en la sociedad, pero lo que resulta imperdonable desde el punto de vista de un guión sólido y verosímil es que el protagonista  se vuelva loco por leer demasiadas novelas y se crea un caballero andante. Y, por si fuera poco, el guionista se empeña en convertir la historia en una buddy movie al introducirnos al adiposo amigo del protagonista. Lástima que el guionista no viera más películas de Stan Laurel y Oliver Hardy en su niñez porque habría aprendido mucho. Mala solución tiene el cine español si se creen que ésta es una de las películas del año.”

Y a uno no le queda más remedio que preguntarse si es que ninguno de los comentaristas se habrá leído la novela en la que se basa la película. Y, como es una pregunta retórica, llega a la conclusión de que sí y no; o sea, sí, no se la ha leído ninguno porque, si no, o sea, si sí, no le estarían echando la culpa al pobre guionista de situaciones y acontecimientos (dedicado a mis estudiantes de tercero) que aparecen en el libro y que, dicho sea de paso, tampoco son tan increíbles en la novela que nos ocupa (Celda 211, no El Quijote).

Me resulta curioso, además, que este tipo de críticas sólo son frecuentes con las películas. Hace poco fuimos a un ballet sobre El Quijote de un tal  Minkus y claramente el buen señor no se había leído del libro más que el fragmento que salía (en alemán y ruso) en su libro de primaria, que cualquier relación con el original era pura coincidencia y encima no tenía ni pies ni cabeza. Bueno, ¿se creen que a alguien se le ocurrió criticar que la historia no tuviera sentido? Pues no, porque iban a ver el baile (y a escuchar la música). Claro que en este caso al personal le consta que el original es un libro, y gordo, y no van a ir por ahí metiendo la pata para que se les note que no se lo han leído. Te callas y quedas como si fueras un intelectual. En el caso de Celda 211, o nadie sabía que la película se basaba en una novela o les importaba un pepino. Así que, total, estamos en las mismas de siempre: críticos que, sin conocer la obra original, se permiten poner de punta de perejil la derivada. Si fuéramos tontos sería un consuelo.

Spicy Mystery Stories March 1936

¡Canallas! ¿Qué culpa tengo yo si la novela ya era así?

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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7 respuestas a Habas cocidas: plato de mal gusto

  1. Carmen dijo:

    Aquí Carmen la de Huertas (mi primer barrio en Madrid), que no es Triana pero no está mal: menos mal, me consuela mucho saber que tampoco te enteras de lo que lees. A lo mejor los traductores nos hemos acostumbrado a leer trece veces cada párrafo para entenderlo y con menos no nos enteramos. O será un SADAE galopante…

    • ¿Acaso es Carmencita la buena cocinera (http://lamusaenlamesa.blogspot.com/)? Mon Dieu. Gracias por lo del SADAE, que no sabía lo que era y me parecía algo así como el DOMUND, y no lo es. Lo de no enterarme, a pesar de leerlo trece veces seguidas, me pasa bastante con el periódico, que está lleno de frases enigmáticas y, creo yo, en clave. De todas formas, para casos como el que nos ocupa no habría que enterarse para traducirlo, se traduce y en paz. Saludos y expresiones.

      • Carmen dijo:

        Dejemos lo de “buena” cocinera para otro día. Hoy toca cocina de despensa. Que es justo lo contrario que cocina de mercado: lo que pilles por algún rincón de casa. Y para mensajes en clave en la prensa, Conspiracy Theory, una peli de Richard Donner con Mel GIbson en plan taxista paranoide…. o no.

  2. Pues a mí Celda 211 me encanta, la vi hace poco y me lo pasé pipa. Para mi novia, en cambio, era demasiado sangrienta… 😛

    NI idea tenía de que había salido de un libro, pero mira, para cuando se me acaben las lecturas previstas (en tres o cuatro años), igual es una buena opción.

    ¡Gracias por hacérmelo saber y un saludo!

    • Como la peli no la he visto, pues no sé qué decir, pero no creo que sea peor que Oz o que cualquier peli carcelaria americana desde los tiempos de James Cagney. El libro está bien y vale la pena leerlo, a pesar de que lo de los distintos narradores es un poco irritante. Saludos

  3. Ana Arango dijo:

    estimado sr Carpintero, primero que todo me alegra tenerlo por acá de nuevo, ya lo venía extrañando (estoy hablando completamente en serio)
    y me alegra que haya escrito esta publicación porque me parece que es justa y necesaria; los críticos parece que no tuvieran criterio (sí, ahora incluyo algo de ironía) porque es fácil criticar algo cuando no lo ha hecho uno, es fácil decir que algo está mal cuando no se sabe cuánto ha invertido, sacrificado etc el otro por llevarlo a cabo. según mi concepto, el “crítico” de cine promedio es un incompetente, si se informaran más, sabrían que hay cientas de adaptaciones cinematográficas basadas en novelas, cuentos etc y que si algo en la pelicula no cuadra, es porque seguramente en el libro ya eso estaba así y deben dejar eso así y punto. en fin, me alegro de que usted haya *criticado* y haya expuesto su punto de vista. tampoco estoy de acuerdo con que los críticos ataquen a los traductores cuando una frase de un libro no les sonó bonita (sarcasmo por aquí) como si traducir fuera hacer cualquier cosa… en fin, hurra por los traductores y por los directores de cine que se animan a traducir/interpretar/adaptar obras literarias, aun sabiendo que le caerán encima miles de incompetentes que simplemente no entienden
    saludos desde Colombia!

    • Un saludo también desde Estambul. Hay algo con lo que no estoy de acuerdo: el trabajo invertido, el sacrificio, etc., no tienen por qué ser un criterio para la crítica. Si el resultado es malo, es malo. Lo que no está bien es que paguen justos (guionistas) por pecadores (novelistas) o que la crítica se base en los gustos personales del crítico. Más saludos.

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