(Debería estar) Prohibido fijar carteles

“Mira que le dije que se secara los pies, pues nada, ni caso. Te voy a dar pa que tengas de qué llorar de verdad”. “Ay, Manolo, no seas burro, ¿no ves que el niño se ha hecho daño?”

Les juro que al teclear el título de esta entrada sin querer he escrito “Prohibido fumar carteles”, que no sé en qué estaría pensando. Bueno, en lo mismo en lo que me he pasado pensando el santo verano, en el dichoso tabaco, que ha sido un sinvivir y un sufrimiento. Menos mal que decidió alegrarnos el mes el administrador, o alguien así, del edificio en el que tiene el pisito mi madre en una localidad costera de cuyo nombre no quiero acordarme, localidad en la que habita habitualmente una de mis hermanas y pisito en el que nos metemos todos los demás cual si fuera jaima tribal en plena ceremonia de afianzamiento de lazos no-hay-nada-más-lindo-que-la-familia-unida, ceremonia también llamada “Chencho, Chencho, ¿dónde estás?”. Como en la susonodicha localidad no hay mucho que hacer, nos dedicaríamos a matar moscas con el rabo si fuéramos el diablo, pero como no lo somos, nos hemos entretenido leyendo los letreros que pegaba la administración del edificio e intentando comprender (nosotros) con grandes algazara y albórbola la algarabía en que estaban escritos (tres palabras con “al-” seguidas, cuatrocientos puntos) .

Se ve que en la torre de mi madre y en la otra que forman el complejo que comparte las zonas llamadas comunes porque son compartidas y no porque sean vulgares, los residentes son una especie de salvajes que no demuestran el más mínimo respeto al prójimo ni sentido del orden, así que el buen administrador (o administradora) se ve obligado a hacer públicas todo tipo de advertencias y admoniciones (ad, ad, ad) cual miembro del gobierno ante manifestación popular. Además, caramba, es que da coraje que la gente sea tan burra y no se dé cuenta de que con su actitud asnal puede hacerse daño y todo (estúpidos según la terminología de Cipolla). Por ejemplo, en el siguiente cartel la idea está bastante clara, por mucho que no lo esté la forma de la expresión y no me refiero a la parte de “cierre la puerta”:

Lo que se pretende es que no entres mojado al portal porque igual te resbalas y te pegas un  batacazo, pero se ve que decirlo así sería demasiado vulgar (observen que el cartel se dirige a los “señores propietarios” y no a inquilinos ni transeúntes, ésos que se fastidien y se dejen las narices en el suelo) y la junta ha decidido complicarlo para asombro y diversión del personal, perdón, de los señores propietarios. Así que lo que se ruega consiste en permanecer seco después de bañarse en la piscina, habilidad dificilísima donde las haya. Porque si fuera permanecer seco después de usar la piscina para tomar el sol, bueno. O secarse bien después de bañarse, pues bueno también. Pero no, se trata de estar seco, bañarse (en el agua de la piscina, no baños de sol) y seguir tan seco como antes. ¿Cómo? A mí no me pregunten porque no había manera de que lo lograra. No sé, es un poco misterioso, como lo de las “posibles caídas debido al suelo mojado”, que está más claro pero también suena raro. Porque, digo yo, la caída (posible) será debida a un resbalón y éste sí debido al suelo mojado, ¿no?, y de ahí que en algunos sitios cuando los friegan pongan esos artilugios amarillos tan feos en los que se ve a un señor volando por los aires (¿No había un disco de alguien que se llamaba algo así?).

Y es que lo de la piscina en el bloque de mi madre es un peligro en todos los órdenes. Tanto desde el punto de vista médico, si te caes y te rompes la crisma, como sanitario en general, porque hay cada guarro de aquí te espero, que si no a cuento de qué el siguiente aviso:

Esta prohibición sí que era fácil cumplirla, porque leíamos el cartel, nos meábamos de la risa fuera de la piscina y ya no teníamos ganas de hacer nuestras necesidades urinarias dentro. Por cierto, en las redes sociales ahora el personal no se mea de la risa sino que se lol, que debe ser una guarrería muy gorda y por eso suena tan mal lo de “echarse unos loles” que dicen los del Humor Absurdo. En fin, que de todas formas el cartel te deja tus dudas porque si lo que está prohibido es hacer las necesidades urinarias, ¿eso significa que está permitido hacer las otras, las del dos? Por cierto, si las del uno son urinarias, ¿cómo se llaman las otras? ¿Fecales? ¿Existen unas necesidades del número tres? ¿Serán fumar, actividad que muchas veces se realiza en los servicios cuando está prohibido en, por ejemplo, la piscina? ¿Dejaré algún día de dar la tabarra con lo del fumeteo? ¿Las palabras “retrete” y “retreta” comparten el mismo origen y será éste el de “retiro” o “retirada” como en lo de “¡Qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruïdo!”? En fin, que todos sabemos que hay marranos que se mean en (el agua de) la piscina y para eso, o al menos era lo que contaban en el colegio, se echaba un liquiducho que provocaba la formación de una delatora mancha de un vivo amarillo en torno al desaprensivo para su vergüenza pública. La verdad es que yo nunca he visto semejante cosa, o sea, que o bien la existencia de dicho líquido milagroso era una trola así de gorda, o bien su poder persuasivo era tal que nadie hacía sus necesidades urinarias en la piscina.

La piscina tenía también otro letrero larguísimo por si se te olvidaba bajarte lectura, en el que destacaba el siguiente aviso:

Si te pones muy tiquismiquis puedes decir que lo que te llama la atención es la falta de concordancia entre “obligatorio” y “utilización”, que, para más INRI, lleva el artículo “la” por si no te habías dado cuenta, pero lo verdaderamente curioso es lo de la inmersión. Y no porque esté mal, que al fin y al cabo es introducirse en un fluido y el agua lo es, como algunas traducciones, sino porque, qué quieren que les diga, me recuerda a lo del Seaview (Sibiu), que va teniendo uno una edad aunque no lo aparente: “Capitán Lee, ¡inmersión!” “A sus órdenes, almirante Nelson”; o a cosas parecidas y más modernas, como el Silent Hunter. Y, claro, siendo el personal de natural burro como lo demuestra el hecho de que no permanezcan secos y hagan sus necesidades urinarias en la piscina, pues se pueden imaginar las imágenes de las inmersiones de bomba de gentes poco preocupadas por la línea (curva) que provoca la palabrita en mentes retorcidas como la de su seguro servidor de ustedes (yo).

Pasamos ahora al último cartel. Había más, muchos más, pero eran menos interesantes. Como habrán podido sospechar con tanto aviso amenazador, en el bloque (los bloques, de hecho) deben de vivir por lo general gentes de las que no conviene fiarse mucho porque se dedican a hacer barbaridades si no se les amonesta de antemano (¿meterán los dedos en los enchufes?). Por cierto, y aunque no tenga nada que ver: como andaluz (occidental) me hace mucha gracia que los catalanoparlantes llamen “finca” a lo que nosotros llamamos “bloque” porque con lo que para nosotros es una “finca” seguro que el padre de Escarlata O’Hara se daba con un canto en los dientes. En fin… Volvamos a las malas gentes. El último cartel o letrero que nos ocupa trata de desalentarlos de (¿”de”? Aquí tienen un ejemplo de duda en el uso de las preposiciones) sus malas y perversas prácticas. No me digan que no resulta misterioso. De no ser por la pista que nos ofrece su ubicación…

Pos resulta que en los bloques los trasteros para los trastos están en el garaje y las luces de dichos trasteros dependen del automático general. La cosa puede resultar un poco molesta si tienes que abrir el trastero y te quedas a oscuras y luego tienes que buscar el automático general y volver corriendo a encender la luz del trastero y entonces se te caen las llaves pero entonces se cierra la puerta y…. Un engorro, vaya. Bien, pues algunos han dado aparentemente con una solución al problema obstruyendo los pulsadores. Lo del pulsador ya tiene su aquél porque es precisamente así como le llaman al mando a distancia que sirve para abrir la puerta del garaje, lo cual puede conducir a ciertas confusiones. Supongamos (acertadamente), pues, que en este caso se refiere al interruptor de la luz (del trastero en cuestión), artefacto o artilugio que, como su nombre indica, sirve para interrumpir, en caso necesario, el flujo eléctrico de forma que se apague la correspondiente bombilla. Se me ha ocurrido introducir la palabra en el apartado de “imágenes” del más conocido de los motores de búsqueda de la malla mundial multimedia y me salen, sobre todo, botones, y algo menos de esas planchitas inclinadas habituales en los actuales interruptores de la luz. (Con “interruptor”, en cambio, me salen imágenes más cercanas, aunque no los del tipo antiguo de retorcer, que parecía que les estabas pegando un pellizco a la pared, de los que aún tenemos un par en casa.) Bien, pues algunos de los residentes los bloquean con esparadrapo o similar en la posición de encendido de forma que cuando encienden el automático general del garaje automáticamente se encienden también las luces de sus trasteros. Suponemos que a esa práctica es a lo que se refiere el cartel con lo de “obtruir” (le falta una ese, pero no me había dado ni cuenta) indicando hasta cierto punto lo contrario de lo que se pretende. Porque, vamos, digo yo, si un interruptor sirve para interrumpir e “impedimos la acción” (al DRAE me remito), ¿no estaremos permitiendo el libre flujo de corriente eléctrica? No sólo eso, lo de que no se obstruyan para que permanezcan encendidos, aparte de la manía con el verbo “permanecer”, también es bastante confuso (¿pretendemos que las luces se queden encendidas o evitarlo?).

Total, que en estos tiempos de indeterminación y desconcierto resulta sumamente loable el esfuerzo de nuestros anónimos redactores de carteles por animarnos los días (por la noche, dormir y callar) incitándonos al noble ejercicio de la lectura. Estoy prácticamente convencido de que los escriben editores para aumentar los índices de lectura porque así niños y jóvenes, convencidos de que leer es una actividad provechosa a la par que divertida (a diferencia de las comidas que sólo pueden ser más o menos nutritivas, por mucho que se empeñen los publicistas de merendillas diversas), se dejarán  de (táchese lo que no proceda) consolas, tele, novias, fútbol y/o porros y demás opios del pueblo y se lanzarán ansiosos sobre los ciento y pico mil títulos que al parecer se editaron el año pasado, aunque, eso sí, con menos tirada por título. ¡Viva el fomento de la lectura!

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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12 respuestas a (Debería estar) Prohibido fijar carteles

  1. Muriel Fantin dijo:

    Descacharrante, Rafael. Salia Dulitel

  2. curribarcelo dijo:

    Ay, la de necesidades urinarias que he hecho con la entrada (no, no he llegado al número dos. Eso es solo por las mañanas). Por suerte, estaba sentada en el sofá y no sumergida en la piscina, no vaya a ser que viniese el/la administrador/a de la finca (yo también lo llamo finca porque soy de Mallorca) y me echase la bronca.

    Veo que en España se sigue creyendo que, cuanto más complicado es el lenguaje que utilizas, más culto y más sabes. Por desgracia, a mí la idea que me da es precisamente la contraria: cuanto más quieres pretender, menos pareces ser.

    Oye, veo que lo del líquido especial para desvelar a guarretes piscineros viene de muy lejos, puesto que a mí también me lo contaban cuando era pequeña. Siempre estuve tentada de probar a ver si funcionaba.

    • El liquidillo de las piscinas es de una eficacia absolutamente demostrada. La prueba es que todos hemos pensado desafiarlo y ninguno nos hemos atrevido. Eso de que escribir difícil es de personas muy cultas siempre me recuerda la escena de El río de la vida en que el padre corrige las redacciones de los niños. Siempre era: “Más corto”. Yo diría también: “Más simple”. Saludos.

  3. Le iba a contar algo de un cartel multilingue visto en Cambrils (Tarragona), en una cooperativa agrícola en la que venden cosas muy ricas de comer, en el que su versión inglesa pedía a los clientes que enseñaran (no sé si matemáticas o lengua) a sus bolsos o portamonedas al pasar por la caja, que debía ser de cartón o plástico, según la asignatura. Creo que no pretendían hablar de enseñanzas exprés, pero en fin…
    El caso es que no le contaré del cartel ese, sino que vengo a darle una (supongo) buena noticia! Parece que o bien me timaron en su día o bien han cambiado de idea, pero ¡las galletas estrelladas no están en peligro de extinción! Qué alivio…

  4. Me encanta el cartel de la piscina! Jejeje

  5. Pilar Cavero dijo:

    Que bien me lo he pasado leyendo tu artículo y que identificada me siento como presidenta de una comunidad. Genial¡¡¡

    • Me alegro mucho. Y respeto profundamente un trabajo tan desagradecido como el de presidenta de una comunidad de vecinos. Creo recordar que había algún tebeo de Ibáñez o de Vázquez al respecto, por cierto. Salud y pesetas.

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