De adjetivos y traductores

Bilibin. Baba Yaga

Ésta no es una traducción oficial ni nada, sino una que corre por internet.

¡Toma! ¡Toma! ¡Muere canalla! ¡Te voy a pegar los sesos al tabique denfrente! ¡Eso es, toas las tripas por el suelo! ¿Eh? ¿Queseso? ¿Ya man matao? ¿Qué? ¿Questoy en el blog ya? Ustedes disculpen. Ejem. Estaba esto… Es que el otro día tuvimos un tribunal de tesis un tanto movidito y andaba relajándome con un pacífico juego de ordenador para pensar en otra cosa. Un tal Call of Duty XXVI: Kitten Killer. Me distrae una barbaridad, oigan.

Pero no iba a hablarles de juegos ni de tesis. Lo de las tesis mejor dejarlo para más adelante o me saldría una entrada muy agresiva y lo de los juegos se lo dejo a Curri Barceló. De todas formas, me gustaría decir que pocas cosas hay más frustrantes que tener un juego en español y encontrar una guía o unas instrucciones en inglés. ¿El “Super combo splash down” (presionar control+alt+delivery) es la “Paliza agresiva paralizadora” o el “Golpe especial desvanecedor”? Y así.

De lo que quería hablarles era de adjetivos. Siempre me llega el día (qué mal suena eso) en que tengo que recordarles a los de segundo o a los de cuarto (por diferentes motivos diferentes) que hay dos tipos de adjetivos: los especificativos, que especifican; y los explicativos, que explican. Un poner: el de “motivos diferentes” es especificativo porque especifica, entre todos los motivos posibles, que sólo son los distintos de los habituales; el de “diferentes motivos” es explicativo porque explica que puede haber motivos de todo tipo y pelaje. Sé que el ejemplo es nefasto pero lo doy para que se den cuenta de que era consciente de haber escrito “diferentes motivos diferentes”, so listos. Bueno, ya saben, lo del “hombre pobre/pobre hombre”, “nieve blanca”, “música callada”, “dulce lamentar” y eso. No olviden que en español los especificativos suelen (¿?) ir después del sustantivo y los explicativos pueden ir antes, pero volveremos sobre eso.

Cuando se publica la traducción de un libro, los críticos suelen usar adjetivos invisibles para el traductor (es decir, pasan soberanamente de él) y profusos para la obra: “Novela inmarcesible e inefable, de aliento a la par épico y lírico con momentos dramáticos y cinematográficos que consigue despertar efectos supercalifragrílisticoespialidosos”. Con la traducción son normalmente más sobrios: “la traducción, buena”. Como ven, son casi todo adjetivos explicativos. No siempre es así, sin embargo. En ocasiones sí que usan adjetivos para la traducción o el traductor y no siempre hay que echarse a temblar. Por lo general, si los adjetivos son negativos se postponen al sustantivo (especificativos): “Traducción nefasta que impide una lectura fluida”, “Traducción perversa que incita al lector al asesinato”. Y si son buenos, se usan explicativos: “Magnífica traducción de Jorgito”, “Sublime traducción de Juanito” (que suelen ser autores de renombre; Jaimito estaba haciendo un mandao). Si se aplican al traductor, casi siempre se anteponen al nombre: “El nefasto traductor” o “El magnífico traductor”, etc. No tienen más que buscarse una traducción que no les guste, o que sí les guste, y probar. No es muy divertido, pero si no tienen nada mejor que hacer…

Pero no son ésos los únicos adjetivos que se le pueden aplicar al traductor. En concreto, hay dos que a mí me hacen mucha gracia: “profesional” y “oficial”. Como uno (quien esto suscribe; o sea, yo) se apunta a un bombardeo si dan de picar (bombardeo metafórico, claro), de vez en cuando acude a diversos (explicativo) tipos de saraos o eventos culturales (especificativo) a hablar de lo suyo. No es raro que en esos casos conste como “traductor profesional”. Si observan la posición y el contenido del adjetivo se darán cuenta de que es especificativo y que, por lo tanto, lo están diferenciando del traductor aficionado o amateur. Me hace gracia porque creía que eso era como el valor del soldado, que se daba por supuesto. Imagínense que quieren ir a un congreso de semasiología semiótica y se encuentran que en el programa pone: “Conferencia: ‘La traducción como puente entre culturas’. Pedro de Urdemalas, traductor aficionado”. No me digan que no les olería a chamusquina. Yo creo que lo de “traductor profesional” ronda más por el epíteto pleonasmático porque, si has traducido, serás un profesional, ¿no? Me explico, contaba Bioy Casares que su abuelo, o un tío, un pariente mayor, en suma, le decía que escribir lo que no había de publicar no era escribir. A mí me pasa lo mismo con la traducción. “Traduzco las tareas de latín ergo (en latín en el original) soy traductor”, pues mire, para mí no lo es. “Traduzco el decimosexto tomo de Copla de calor y de frío para que la puedan leer mis amigos friquis y no les dé el mono”, tampoco lo es. “Traduzco Las supernenas para que otros le pongan subtítulos que puedan leer todos los niños de España y países hispánicos”, ah, éste sí. Lo otro, y ustedes disimulen, son ejercicios de onanismo.

Otro detalle importante es que te paguen. Es decir, el de los subtítulos de Las supernenas es posible que no cobre un duro y a lo mejor a ése sí podríamos llamarlo aficionado, aunque se haya lanzado a la arena. Pero en cuanto cobras por tu trabajo, amigo, se acabó el amateurismo. Por eso me hace gracia lo de “traductor profesional”. Es decir, si has publicado alguna traducción, lo más seguro es que te hayan pagado algo, aunque poco, y, por lo tanto, eres profesional en mi opinión. Eso no quiere decir que seas bueno, pero se usa casi como sinónimo. “Traductor profesional”, será bueno; “traductor aficionado”, malo seguro. No, señores, no, también habrá traductores profesionales malos (observen el futuro hipotético de probabilidad) y aficionados buenos. Lo de la profesionalidad es otra cosa, como arriesgarte a una demanda por incumplimiento de contrato. Ojo, “profesional” tampoco quiere decir “en exclusiva”. Si se toman la molestia de leerse El libro blanco de la traducción editorial en España, verán que no todo quisqui se dedica (porque no puede) únicamente a traducir. Sólo el 37,5 % lo hace (pág. 49), y no todos los libros que traducen les gustan.

El otro adjetivo del que quería hablar es “oficial”. Si traduces doscientos cincuenta mil trescientos veintiocho libros de, pongamos por caso, Marcial Lafuente Estefanía, y te invitan a la apertura de unos juegos florales, serás “traductor, entre otros, de, ejem, Marcial Lafuente Estefanía”. En cambio, en cuanto has traducido dos Hemingways, ya eres “traductor oficial de Hemingway”, como si te hubiera nombrado el consejo de ministros y hubieras salido en el boletín oficial y todo. Entre la friquifauna hay un uso ligeramente distinto del término (del adjetivo, vaya) y se refiere a la traducción publicada por una editorial de verdad y no a las versiones que corren por ahí para consuelo de ansiosos en la malla mundial multimedia (esto es gracioso porque, si le das la vuelta a las tres emes, te sale más o menos www). El proceso es el siguiente: me leo una novela de zombies que me parece preciciosísima, la traduzco porque para eso estudié inglés en la secundaria (yo en B.U.P.) y la cuelgo en internet. Magnífico ejemplo de amateurismo. Por cierto, hay quienes, para combatir la piratería, afirman que todos o casi todos los libros que corren por internet son de ésos, igual que las canciones, que en vez de Alejandro Sanz canta “Corazón partío” un señor que se llama Juan Pérez y tal, pero no, no es siempre verdad. ¿Por dónde iba…? ¡Ah, sí, por la frikitranslation! En los foros correspondientes, estas traducciones no gozan de excesivo prestigio y se pueden leer comentarios del tipo “es una traducción ilegible e impresentable (Adjetivos especificativos que presentan los siguientes problemas: ¿Podría ser presentable siendo ilegible? ¿Puedes presentar una traducción a tus padres, paso previo a la boda?), prefiero esperarme a la traducción oficial”. Lo que, traducido, quiere decir: “En lugar de cabrearme leyendo esta traducción que no sé de quién es, prefiero esperarme a que la publiquen como es debido, con un traductor profesional que haya cobrado un dinero por su trabajo y a quien pueda demandar si lo ha hecho mal”. Quien dice demandar, dice insultar.

¡Ah, los adjetivos! ¡Qué bonitos son en español, que los podemos poner delante o detrás! Gracias a esa posibilidad podemos combinarlos incluso y construir frases como “El oficial, traductor profesional, tradujo el manual de artillería” y otras tonterías. El problema que tenemos los traductores es que como en la mayoría de las lenguas los adjetivos van delante del sustantivo, en cuanto pones alguno así, enseguida hay alguien que dice “claramente el original swahili lo ha traducido del inglés” sin pensar en que a) a lo mejor en swahili los adjetivos también van antes (no lo sé) y b) que muchas veces no hay quien ponga los adjetivos detrás, especialmente cuando son textos científico-académicos (p. ej. en colourless green ideas sleep furiously, que si pones el colourless y el green detrás de ideas queda fatal). Se lo digo yo, que soy traductor profesional y alférez de infantería.

La Belle Dam Sans Merci

Ven acá pacá, moreno, que yo sí que te voy a hacer una traducción oficial.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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12 respuestas a De adjetivos y traductores

  1. Pilar dijo:

    Vale, que conste que te quería dar cinco estrellitas, pero la pantalla táctil (especificativo) me ha jugado una mala pasada.

  2. Arturo dijo:

    ¡Qué buenos los guiños a tu (él sí, impresentable) crítico mexicano de Nieve! Y sí, por ahí va la cosa… Tenemos suerte de que en nuestra lengua los adjetivos sean tan eróticoflexibles, que nos los podemos poner ¡por delante y por detrás! Un abrazo.

    • Pues no se me había ocurrido estar guiñándole a nadie, maldito subconsciente (¿o será el inconsciente?). Sí que tenemos unos adjetivos la mar de chulos (¿cómo se dice en México?). Salud.

  3. Ay, ¡qué bonitos adjetivos! que es más bonito que decir que adjetivos tan bonitos… ¿o no? Lo que me recuerda a lo poéticas que eran las redacciones de mis americanos de entre Canadá y México que estudiaban español, con todos los adjetivos delante… aunque me hablaran de dolores de muelas o de el “dormitorio” en el que vivían.
    Un saludo
    PD: a base de leerme el blog, me han entrado ganas de leerme a Orham Pamuk… Para poder criticar al traductor, claro.

    • Bonito su blog de usted, por cierto. ¡Cuánta pacencia con tanto papelico doblao! Lo de los adjetivos delante pa que no se espanten es una batalla perdida con los forasteros de la extranjería. Lo mismo que los dormitorios o los parientes y familiares un tanto relativos.
      Por otra parte, la animo a leer traducciones para criticarlas, para eso sirven, ¿no? La gente elegante se lee el original o no lee.
      Salud.

      • Oh, gracias, ahora debería escribir esto con letras coloradas… pero, bueno, ventajas del intennés 😀 Aunque en realidad creo que son los papelillos los que tienen paciencia conmigo, tendré que preguntarles…
        Bueno, yo preferiría leerme las traducciones al inglés, ya sabe, por eso de la elegancia y tal, pero con esto de la crisis tendré que conformarme… Ay, ¡qué ganas de criticar que tengo ya!
        Un saludo

        • Pues algunas traducciones al inglés bien baratitas que son. Eso sí, nunca he podido entender a la gente (hispanoparlante) que prefiere leerse a Pushkin en inglés antes que en español (Why?).

          • ay, aquí en esta ciudad debemos ser muy pijos, tengo la impresión de que los libros en inglés, por lo general, valen bastante más… (bueno, cuestan más, que valer, valen lo mismo, xD).
            Sobre leer a los extranejeros en extranjero tengo una teoría, pero no es cuestión secuestrar la sección de comentarios de aquí su blog de usted… resumiré diciendo que, además de la elegancia de unos cuantos, otros tantos me da a mí que tienen la impresión de que es más creíble que un ruso hable en inglés (ergo, en raro y no en cristiano) que no como nuestro primo de Valladolid…

          • Me refería a los clásicos de Penguin. En cuanto a lo otro, será por eso que los malos rusos de las pelis hablan con acento extranjero incluso cuando se supone que están hablando en ruso

  4. Ejem. En casa del herrero cuchillo de palo… Iré a fustigarme un rato.

  5. Pingback: De los errores (de otros) y otros pequeños vicios… « El repelente niño Vicente

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