Teóricamente, la teoría no sirve para nada

Vitruvian

¿Qué hago? ¿Me dedico a la teoría, a la práctica, o me meto de asesor de algo y me forro? ¿Por qué la teoría no servirá para nada con lo entretenida que es?


Porque es teoría, si sirviera sería práctica. Así de sencillo: la teoría es lo que no sirve, la práctica lo que sí (la pragmática es otra cosa, al menos desde mi punto de vista). Y digo esta bobada del Sr. D. Pero Grullo porque hace nada he leído en un blog  un interesante análisis de unos másteres, creo recordar que eran másteres, de traducción audiovisual. En la entrada, nuestra amiga Ana (¿Ramírez?) afirma lo siguiente de una de las asignaturas:

Teoría de la traducción audiovisual: si lo anterior era la repanocha, esto es la muerte y la destrucción. Unas horas preciosas en las que podríamos haber aprendido a perfeccionar nuestro conocimiento de, no sé, TRADOS, Déjà Vu… de traducción en general. Sin duda, como su nombre indica, el módulo menos práctico de todos. Por mucho que lo intento, no le veo sentido a nada. Yo quiero traducir mil palabras por hora, no saber cuál sería la traducción maravillosa e ideal según tal o cual teórico. Eso no existe, espabila, estamos dominados por el mercado y el tiempo, supéralo.

Muchos de mis compañeros se consuelan con que es un módulo “interesante”. No, oiga, no quiero un módulo interesante, quiero algo que yo el día de mañana, cuando esté compitiendo por ganarme la vida, pueda aprovechar. Hatim y Mason no van a venir a ayudarme cuando vaya mal de tiempo.
Podría hacer una tesis doctoral sobre mis reflexiones acerca de la teoría de la traducción, pero quizás me reservo estos pensamientos para otra entrada del blog.

Bueno, pues Ana no quiere módulos interesantes. Ni siquiera aunque hablen de Hatim y Mason, que me caen muy bien y me gusta mucho su libro pero que tampoco los metería yo en el mismo saco que a, qué sé yo, Nida, o García-Landa, o Vermeer y gente así que me parecen mucho más teóricos. A mí, al contrario que a Ana, casi me me gusta más una teoría que un lápiz, pero eso no indica mucho sobre mi capacidad intelectual. La verdad es que tiene razón; mucho, si no la mayor parte, de lo que se enseña en la universidad no es muy útil para la vida profesional. Con lo que volvemos a mi afirmación de una entrada anterior:

La universidad no sirve para nada.

No obstante, como soy profesor de universidad (en una), me veo obligado a barrer para casa y precisar un poco la frasecita para no tirar piedras sobre mi tejado:

La universidad no sirve para nada, pero nadie dice que tenga que servir para algo.

Aunque les ruego que no me pregunten más porque no lo tengo nada claro. Una de mis pesadillas recurrentes es que estoy en una mesa redonda sobre “El papel de la universidad en la sociedad actual” y pretenden que diga algo. ¿Yo? ¿Por qué? Que hable ese otro señor, que parece muy listo…

En cierto momento se me ocurrió escribir un articulillo titulado, miren ustedes por dónde, “¿Para qué sirve la teoría de la traducción?” y me las vi y me las deseé para que se me ocurriera algo. Con la mano en el corazón y con toda sinceridad tendremos que confesar que la teoría (de cualquier cosa) sólo sirve para justificar nuestra existencia como profesores y para que podamos publicar artículos como el mencionado y que nos den los tan ansiados puntos para que en nuestra vejez, en vez de comer tortilla de patatas todos los días, podamos degustar algún filete los domingos. Ésa es la primera utilidad. Pero, ¿en la vida profesional? Les pongo un ejemplo, en mi familia hay varios traumatólogos, ¿les sirve la historia de la medicina (en la facultad no hay una asignatura de “Teoría de la medicina”) para arreglar una pierna rota o pegarla o lo que hagan con ella? No, señores, no. No nos engañemos. Fuera de la academia (y no todas, véase la CCC), la teoría no es de mucha utilidad.

Otro de los motivos que le veo yo a que se siga dando la paliza con los estudios teóricos es que, a pesar de las buenas intenciones del proceso de Bolonia, es físicamente imposible, en el sentido newtoniano (de “Física”, no de “imposible”), hacer unos planes de estudios a la carta para todos y cada uno de los estudiantes. Así que das teoría y esperas que aprendan la práctica en la calle, donde se supone que se aprenden otras cosas prácticas también. Total, que carne picada y tomate para todos (por lo de Bolonia). Por ejemplo, en nuestro caso, aunque no es traducción sino filología, una de las salidas típicas de nuestros alumnos es el turismo. Los estudiantes que quieren ser guías siempre te están dando la lata con que les deberíamos enseñar a usar vocabulario como “chiringuito” o “la dolorosa” (para la cuenta) o expresiones como “de puta madre” en vez de tanta literatura y tanta lingüística. No les falta razón, aunque la verdad es que te lo dicen para ver si les apruebas (los ejemplos están sacados de la vida real, por cierto). Yo siempre les respondo diciendo que el título que les van a dar es de filología y que tal y que cual y que siempre podrían ponerse a dar clases con ese papelillo y que si bla, bla, bla. Lo malo es que las pobres que sí que se estudian la teoría y en el futuro quieren dar clases (como profesoras)  se encuentran con que tienen compañeras con unas notas para llorar que se colocan sin problemas en cualquier centro de enseñanza porque son rubias (o primas de alguien) mientras que ellas se las ven y se las desean para que las contraten (este ejemplo también está tomado de la vida real). Obsérvese que he usado el masculino para los que quieren ser guías de turismo y el femenino para quienes pretenden ser profesoras, no es casual. Pero, en fin, a lo que íbamos, no puedes enseñarle a cada uno lo que quiere.

También podríamos alegar como excusa que de la teoría se deriva la práctica (casos Nida o Vermeer), o que la teoría sirve para entender la práctica  y que no seamos unos catetos (casos Toury o Steiner), pero con nada de eso vas a traducir mil palabras por hora (sic). Observen cómo he aprovechado la situación para incluir astutamente unos nombres de unos señores para así parecer muy listo y muy culto. Es otra de las ventajas de la teoría, sobre todo si aspiras a impresionar almas cándidas que se queden boquiabiertas oyendo a un tipo recitar la guía telefónica, pero me parece que de ésas (almas) quedan pocas.

Además, existe la posibilidad de que los teóricos escribieran su teoría sentados tan ricamente debajo de un árbol sin pensar en que luego iba a servir para que unos profesores llenaran unas horas. Es una posible justificación de la teoría, pero no de la enseñanza de la teoría, la verdad, aunque gracias a esa idea se me ocurren unas posibles soluciones para resolver el dilema. Es decir, A) los teóricos menos cínicos sueltan sus rollos sin esperar que nadie les haga mucho caso; y B) las clases teóricas sobre teoría no son muy del agrado de los estudiantes y la verdad es que lo podrían leer en los libros que tan amablemente publican los señores de antes una vez que dejan la sombra del árbol. Teniendo esto en cuenta, me he inventado una salida facilísima del atolladero que se apañaría con un par de decretos (o tres):

1) Inmediata supresión de los títulos universitarios.

2) Que se hagan cargo de las universidades las asociaciones profesionales, tanto de los programas como del profesorado.

A lo mejor les parece a ustedes un tanto radical, pero puedo justificarlo con los ejemplos que he dado. Un título de filología no te sirve para nada si quieres ser guía de turismo y tampoco si no eres rubia, así que los títulos son engañosos. Lo mismo puede decirse de lo segundo, puedo tener un título de medicina y no haber visto un enfermo en mi vida si he estudiado mucho o si he copiado sin que me pillen, pero eso se evitaría si se encargara de la formación el Colegio de Médicos (supongo). En el caso que nos ocupa, lo malo sería como a la asociación correspondiente de traductores, intérpretes y trujamanes varios le diera por decidir que hay que dar clases de teoría en Traducción e Interpretación, pero ahí no me meto.

De esa forma, la gente a la que le gusta la teoría podría leerla o producirla después de su jornada de trabajo en vez de ver la tele o mientras ve la tele. De nain tu faif, curro, luego teorizo. Así no se perpetuaría el círculo vicioso de “aprendo teoría para después de licenciarme enseñar la misma teoría”, porque no sería obligatoria en los planes de estudios y sí algo mucho más vocacional. Con lo que llegamos al último punto de mi propuesta:

3) Que las universidades se llamen a partir de ahora “Escuelas de formación profesional”.

Ah, ¿que ya existen? Oye, pues es un problemazo esto.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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10 respuestas a Teóricamente, la teoría no sirve para nada

  1. María Jesús dijo:

    Bueno, no todas las cosas son “formación profesional” en esta vida… Y no sé si está tan claro para qué sirven cosas tan bonitas como la egiptología, por poner un ejemplo, que digo yo que Tebas también existe (o, para ser más exactos, existió)… Nadie va a conocer a un faraón hoy en día; entonces, ¿para qué ir a la universidad (o a la formación profesional) si no hay posibiidad de “practicar” con un egipcio antiguo redivivo? O con un romano de la República ésa del SPQR, sin ir más lejos. Pero, ¿deberíamos olvidarnos entonces de esos temas, como pretenden los que quieren convertir la universidad en una escuela práctica de trabajos útiles para la sociedad (léase, una especie de escuelilla de oficinistas variados)?

  2. Si mis compañeros hubieran leído este texto hace tres meses, todos habrían dejado de estudiar.Porque tendrían una excusa para no trabajar. Ahora la situación sería horrible, habría muchísimos estudiantes en los exámenes de recuperación.

    • ¡Dios me libre de dar excusas para no estudiar! Por desgracia, la verdad es que parece que sólo importa conseguir un título y aprender sólo cosas que tengan una utilidad inmediata. Luego viene la vida y te demuestra que lo que creías útil no lo es y viceversa. Pero la pregunta es la misma: ¿Para qué sirve la universidad? ¿Para preparar para un oficio determinado? ¿Para dar una formación superior? ¿Y eso qué es? ¿Para qué sirve la tecla de scroll lock?

      • Mi padre siempre dice que el abismo entre lo que tendría que existir y lo que existe es muy profundo y amplio, por lo cual no deberíamos tratar de saltarlo ni superarlo.Algunas veces pienso que tiene razon.

  3. La teoría existe para, en vez conformarnos con traducir mil palabras por hora y además dar gracias porque tenemos trabajo, preguntarnos por qué no le pegamos un tiro en la frente a quien impone ritmos inhumanos de trabajo. Sea el mercado o su mamá.

  4. Ay, la teoría, con lo bonita que es. Yo dejé el doctorado colgado en 1999. Después de 15 años en la profesión, he vuelto a la investigación… porque me gusta reflexionar sobre lo que hacemos, especialmente analizar cómo se hacen las cosas y por qué. De otro modo, seríamos robots -y no digo que no sea lo que quieren los clientes. Tal vez incluso crean que lo somos. Y aparte del mero placer de preguntarte cosas como por qué en Europa creemos que la traducción es un proceso o un producto y en otros sitios, como en Asia o en Estados Unidos, es un acto cultural, etc., sirve para para reflexionar sobre cómo se enseña la traducción. Creo que es determinante para que un programa de grado o posgrado en traducción sea un éxito. Aunque a efectos prácticos, yo creo que hay teoría porque es obligatorio que haya créditos teóricos y prácticos, para seguir formando traductores “de carrera”, por oposición a los han aprendido con la práctica y no saben nada de Nida, ni del Skopos ni de los estudios descriptivos. En la profesión convivimos ambos tipos de traductor, y hoy por hoy, gana el más barato, con o sin teoría. Pero oye, cuando te dicen: “¿Cómo se traduce del japonés? Se perderá mucha cosa, ¿no?”, siempre puedes hablar de la teoría del polisistema y quedas como un señor. Puede incluso que la expliques sin darte cuenta.

    • ¡Ah, los polisistemas! ¡Cuánto me gustan! Estimada María Ferrer: pone usted muy adecuadamente el dedo en la llaga (¡qué daño!). La misión de la teoría es “reflexionar sobre […] cómo se hacen las cosas y por qué”. Ahora bien, ¿es necesaria para la vida? Supongo que tanto como el fútbol, y permítame que me explique. El fútbol me aburre soberanamente y, por lo tanto, no sé nada sobre tan curioso deporte. Eso me priva de poder iniciar y seguir muchas conversaciones. ¿Pierdo algo? Por supuesto. ¿Reflexionar sobre mi profesión de traductor me sirve para traducir de una forma más eficiente? Tengo mis dudas. Pero sí estoy convencido de que pensar sobre la traducción, o leer lo que otros han pensado, me proporciona cierto placer intelectual nada despreciable y me hace sentirme más completo como primate. Ojalá supiera también de fútbol.

  5. Soy solo un estudiante, así que aún me queda mucho por saber en el tema, puede que me equivoque. Pero la verdad es que acabo de acabar primero de grado (que es como se dice ahora con lo de Bolonia y tal) y tengo claro que la carrera se va a servir para tener un papelito que pone que soy graduado en TeI. Porque cuando salga a la calle parece que a los posibles clientes/jefes que pueda llegar a tener les va a dar casi igual. Pero bueno, también he de decir que parece que (algunos) profesores quieren darle un sentido mucho más práctico a la carrera. Repito, algunos. O eso veo en la Universidad de Alicante. Y volviendo a Bolonia, que también has mencionado, no me convence el TeI a la boloñesa. Que ahora esta carrera vaya camino de ser más práctica puede que tenga relación con el modelo Bolonia, pero aquello de homogeneizar y todo ese rollo ha hecho que te veas obligado a renunciar a especialidades interesantes que antes en el plan de estudios anterior podías compaginar perfectamente. Pues eso, que aprender se aprenderá en la carrera, por supuesto, pero al final vamos camino de que la universidad sirva para tener un papelito que airear por ahí.

    • Estimado Vicent: No tiene por qué equivocarse. Eso de “sólo soy un estudiante” suena demasiado a captatio benevolentiae. Hace ya muchos años que la universidad sirve, fundamentalmente, para conseguir un papelito, no es nada nuevo. El truco está en a) qué hacemos nosotros durante esos dos, tres, cuatro, cinco o seis años; y b) en que ahora tienden a desaparecer los estudios teóricos porque “no sirven para nada”, lo que es una estupidez porque para eso son teóricos.

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