¿Otra vez?

Pues sí estimadísimos lectores, de nuevo me veo obligado a dar un descanso a las entradas de este blog, aunque esta vez de fuerza mayor o vis maior para nosotros. Resulta que van a tirar el edificio donde vivimos como ejemplares inquilinos y nadie había tenido la bondad de informarnos. Así pues, se cumplen las condiciones de inevitabilidad (todavía si el piso fuera nuestro podríamos habernos negado a firmar) e imprevisibilidad, puesto que nos pilló totalmente de sorpresa. De todas formas, y por muy a huevo que lo tenga, me niego a usar la palabra «desahucio» porque no está el horno para bollos en España ni yo de humor para hacer chistes, pero ganas no me faltan.

Como todos sabemos, el varón humano es un ser mono en lugar de estéreo y sólo puede pensar y hacer una cosa a la vez y siempre y cuando ambas sean la misma cosa. Ahora mismo no puedo ponerme a pensar en detalles más o menos curiosos sobre la traducción para comentarlos en este blog puesto que necesito concentrar todas mis fuerzas en lo primordial: agobiarme con la mudanza. Y en el extranjero además.

Supongo que serán tan amables como para concederme  un respiro puesto que no sé cuando tendré las neuronas lo bastante desocupadas como para que puedan llevar a cabo sinapsis que generen textos les entretengan y al mismo tiempo les enseñen cual pepético libro gordo. Hasta ese momento,

Vale

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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21 respuestas a ¿Otra vez?

  1. Muchos ánimos, Rafael. Si te sirve de consuelo, siempre puedes decir eso de «y creíamos que España iba mal». Veo que Turquía aún va peor y se acuerdan de avisarte cuando tienen ya la grúa esa con el bolón a punto de derruir el edificio 🙂

    Seguro que vuelves con mil ideas en la cabeza para ilustrarnos.

    • Gracias, Curri. No te creas, en Turquía no van mal las cosas. La gente se aprovecha de unas subvenciones que dan para reformar tu casa según la nueva normativa de terremotos y se montan una casa nueva gratis. Quedas con un constructor, él hace el edificio dos pisos más alto, se queda con dos o tres viviendas y, a cambio, asume todos los gastos. Eso sí, a los inquilinos, nada. En fin, como dicen aquí “En todo hay algo bueno”; teníamos pensado comprarnos algo, así que es el mejor momento. Gracias de nuevo y hasta pronto.

  2. Ojalá encontréis pronto un sitio sereno y tengáis mucha ayuda para el mudanzón, porque si fue un placer descubrir entradas antiguas cuando se te rompió el ordenador, con la de horas que nos quedan a algunos este mes delante del ordenador, sufre uno por adelantado al saber que no podrá leer por un tiempo al carpintero traductor.

  3. Pablo Bouvier dijo:

    ¡Suerte y mucho ánimo, Rafael! Ya veo que la administración turca no ha cambiado mucho desde que residía en la calle Istiklâl…
    .

    • ¿Viviste en İstiklâl? Eso puede ser bueno o malo. La administración va cambiando lentamente a mejor. Este es un caso de dueños malvados y perversos, me temo que ajo y agua (dicho que nunca comprendí hasta que mi hermana Carmen me lo explico, menos mal).

  4. ¡Ánimo! y que se acabe pronto. Y que el nuevo hogar tenga buenas ventanas (no sé, cuando me tengo que mudar de un sitio es lo que más tristeza me da abandonar…). Y que le vuelvan las sinapsis. Y que las cajas no duren en exceso.
    Un saludo

    • Gracias. Se ve que no conoce Estambul, aquí las ventanas son inmensas y acaban constituyendo un problema para dormir por exceso de luz y encima se tiene uno que comer con patatas los armarios.
      Siempre le he tenido bastante amor a las cajas; sin embargo, mi mujer no tanto, así que supongo que duraran poco una vez que encontremos un lugar donde vivir.

  5. Pepe Zafra dijo:

    Mucha suerte y ánimo en la construcción de tu nuevo nido. Esperaremos con paciencia tu regreso a la blogosfera.

    • ¡Qué bonito lo del nido! Como dijo Mc Arthur: ¡Volveré! También como en su caso lo digo con cierto tono de amenaza. Ahora que lo pienso, no entiendo lo del nido porque hay un dicho que es “pájaro que caga en su propio nido…” y se refiere a algo malo, pero yo siempre hago mis necesidades en casa. Me lo tengo que pensar.

      • Pepe Zafra dijo:

        Su suspicacia de usted raya con lo inverosímil. ¿Podrá usted alguna vez dejar de darle vueltas a las palabras y entender “nido” en la expresión arriba referida en el sentido “recto” que, no le quepa la menor duda, fue el que guió mi pluma? Piénseselo, piénseselo… Sr. Oblicuo.

        • ¿A qué recto se refiere? ¿A ése por el que evacua el pájaro que ensucia el nido?
          No te preocupes (he decidido tutearle), que nos vamos a buscar un nido de rechupete que te invitaremos a visitar en cuanto lo tengamos y te apetezca. Un nido que te cagas, vaya.

  6. Uf uf uf… señores imprevistos estos… muchísimo ánimo con la sorprendente novedad o.o…

    No hay necesidad ninguna de que respondas y tu blog ni acaba de empezar ni necesita más seguidores que le pueda traer yo, pero solo para que te quede constancia, te he nominado a los Best Lovely Blog Awards (que no es más que una cadena pero en versión blog) en mi blog: http://traducinando.com/

    Siéntete libre de leerlo o no y lo dicho. Mucho ánimo con lo que tienes que lidiar y mucha suerte.

  7. María Galera dijo:

    Leyenda: Por qué las mudanzas quitan el sueño.
    Ocurrió hace poquísimo tiempo, allá en la remota Constantinopla, a un lejano descendiente Omeya de la gloriosa Córdoba califal, que habíase asentado en tan extraordinario lugar con el firme propósito de verter a su aljamiada lengua los más ilustres escritos en el idioma en que Ataturk arengaba a su pueblo.
    Estableciose en un avejentado edificio, sustentado sobre los cimientos de una antigua mansión propiedad de un desafortunado bajá. Organizó su vida familiar en torno a sus ensoñados anhelos e ilusiones, los cuales imprimía en su afanado quehacer de traductor, compartido con la enseñanza de su propia lengua a distinguidos jóvenes constantinopolitanos.
    Transcurrió el tiempo, nuestro incansable trujamán seguía poniendo voz a las más célebres plumas otomanas y era renombrado en los más variopintos rincones de habla hispana. Y, ocurrió una noche, en que embebido en la traducción de un extenso volumen, encontró en el centro de la página -en mayúsculas, fuera de contexto y por triplicado- el siguiente mensaje: “ESTE EDIFICIO SERÁ DECLARADO EN RUINAS, TENDRÁS QUE ABANDONARLO”. Parpadeó extrañado, fijó de nuevo la mirada, y comprobó que el aviso permanecía impreso en el mismo lugar. Pasó página, y de nuevo, en el centro de la hoja se repetían las mismas palabras; y así sucedía en las diez páginas siguientes. Se frotó los ojos, enarcó las cejas, evitó la sonrisa y, colocando el marcapáginas, sigilosamente, cerró el libro pensando que el sueño borraría aquellos desconcertantes avisos.
    Venciole pronto el sueño, y mientras dormía, presenció cómo todos los personajes de sus obras traducidas, convocaban a los lectores hasta su puerta. Y, uno a uno, con la precisión y cercanía con que cada letra se engarza a la palabra, colocáronse cual cadena humana, enlazando la entrada de su casa a la puerta de su nueva morada. Y así, de mano en mano, transportaban, casi al vuelo, la impaciencia, el temor y la nostalgia con que cada objeto se enfrentaba a su nuevo destino. Sobre las cosas más insignificantes y pequeñas, giraba un mundo orbitado de estremecedores recuerdos, que hacía estremecer la firmeza de aquellas generosas manos. La resistencia de los zapatos, se hacía manifiesta girando sus puntas en dirección contraria, piafando sobre las palmas y los dedos. El sillón, su sillón, extendía los brazos implorando su quietud, y se hundía bajo la alfombra donde había enraizado sus sentimientos. El espejo, deformaba la realidad; sentía aquél trasiego de imágenes desconocidas, con el temor de haber perdido para siempre la acostumbrada visión de cada instante: los esmerados afectos de una madre, el secuenciado crecimiento de unas niñas y la constancia de un hombre que reflejaba el sueño de otros hombres. Y, en este inquietante traslado, ya próximo a su nuevo destino,el espejo giró el rostro, con tal intensidad, que cayó de las manos. El fuerte estallido de cristales rotos, rompió a su vez, el sueño de nuestro memorable personaje.
    Eran horas de dormir, pero él pasó el resto de la noche en obligada vigilia. Desde entonces, todas las mudanzas quitan el sueño.

    Un afectuoso saludo.

    • ¡Qué bonita leyenda! Afortunadamente no se ajusta demasiado a la realidad real: ni el edificio en que vive el trujamán ha sido declarado ruinoso (todo se debe a la maniobra de unos propietarios que quieren casa nueva una vez que han llenado los ceniceros de la vieja) ni el mushasho tiene un apasionado apego por los objetos materiales en general, incluidos libros, lo que le permite deshacerse de ellos sin demasiado pesar. En cualquier caso, lo del sueño, su falta, sí es cierto. Gracias por todo y salud.

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