Una conferencia solo se da una vez (como es costumbre)

Les voy a dar una charlica que ya he impartido en otros sitios, que no es cosa de ponerme a hacer otro pógüerpoin.

Leía hace unos días un Trujamán de Pablo Ingberg sobre la traducción de citas («La traducción de citas» 7/IX/2022) donde, más que si sí o si no, se comentaba sobre el cómo. El cómo sí, claro, si es el cómo no, no la traduces. Lo del cómo no, por cierto, es bastante habitual en escritos académicos de todo pelaje y yo mismo lo no hago (o no lo hago o lo hago no) cuando son lenguas de las que me entero. Sin embargo, cuando me encuentro una cita en ruso, árabe, élfico o alemán, sin ir más lejos, se me llevan los demonios. Lo cual me recuerda una edición de Freud del año catapún que tenía mi madre y que dejaba en alemán los pasajes más escabrosos. Yo los habría puesto en latín, que queda como más morboso. O igual estaban en latín, no me acuerdo. Otras personas, por ejemplo Mª Jesús, opinan que si el texto está en lo que está, las citas habría que traducirlas y dejarse de pegoletes de ir cambiando de una lengua a otra por aquello de quedar de polígamo, poliédrico, no, políglota (polígloto me suena muy mal, como a primera persona del presente).

Nuestro colega Ingberg se hacía la pregunta en los casos en que estás traduciendo, tralalá, y te encuentras una cita de alguna obra escrita originalmente en la misma lengua que la obra que estás traduciendo. ¿Qué hago? ¿La traduzco yo o busco si está ya traducida? Él no parecía partidario de salir a buscar la traducción de la cita como gallina sin cabeza. Como gallina con cabeza tampoco, o sea, que no parecía muy entusiasmado con la idea de ponerse a rebuscar algo que a saber dónde lo ha guardado tu madre, por ejemplo (en su sitio, seguro, donde siempre) que encima, como es de otro, te fastidia el estilo de la traducción, el tono y todo. Tiene razón, claro, porque es un poco como mis estudiantes cuando se copian en un examen y te das cuenta y les maravilla muchísimo que lo hayas visto. Tampoco es que sirva de mucho porque no nos dejan ponerles un rosco, pero bueno. Un poner, piensen en el párrafo siguiente de un examen de comentario de texto:

El autora de la poema está muy bien en su escribido. Mucho gusto a me. La reflexión que provoca en el lector, que habría sido muy distinta de haber empleado isotopías anacreónticas, es muy bien. También usa adjetivos para explicar bien su idea.

¿Pueden ustedes diferenciar el fragmento copiado (hipotéticamente) del escrito por el estudiante? Pues esa es un poco más o menos la idea de Pablo Ingberg, que si le metes un pegote a tu traducción a lo peor le queda como a un Cristo dos pistolas. Y claro, no es cuestión. Para más inri, ya que estamos con Cristos, puede que seas tú quien deje como una zapatilla cochambrosa al colega que tradujo la cita porque el marco en que se enmarca es mucho más bonito que la cita en sí, dónde vamos a parar.

De todas formas, lo que a mí me suele pasar es que me encuentre citas originalmente en otro idioma, es decir, que no estaban en turco en el original, eso que se pone en las notas de «en español en el original» cuando algún personaje de, por ejemplo, Hemingway dice un taco. Bueno, los tacos sí se traducen y no son citas, aunque son jodidísimos fastidiosísimos de traducir porque mismamente en turco son bastante sosos y, de la misma forma que no estaría bien que tradujeras un «joder» por «cáspita», tampoco es cosa de que te pases, que igual te vas al infierno (por cierto, lo que yo he hecho no es pecado porque lo he puesto entre comillas, «cantar es sin pecado ca va en comillas», que decía el Libro de Alexandre).

¿Por dónde iba? Ah, sí, por las citas en otro idioma. Yo suelo hacer lo que decía Mario Grande en otro Trujamán Traducir citas literarias [y 2]» 7/III/2015), a saber:

Cuando la cita provenga de un texto consagrado, del que exista una sola traducción al español, utilizarla y no retraducir, pues confundiría, pero habría que dejar constancia siempre de la traducción utilizada, bien en los créditos, bien en la introducción o mediante notas.

Me gusta buscar los originales de las citas, que muchas veces son más escurridizas que la anguila que compraba mi suegra y que no me gustaba nada, nada, nada, supongo que por cuestiones culturales porque los ingleses de las series de época bien que se las comen, o igual es una forma de insinuar que los personajes son pobres y solo pueden comer esa asquerosidad (aunque el mero es peor). Lo que decía, tú estás traduciendo algo del español al qwenya, encuentras una cita que dice, veamos, «espectáculo diáfano» y no tienes ni puñetera idea de dónde ha salido y no quieres meter la pata porque igual en Rivendell es muy conocida, pues te pones a buscar y te encuentras que en inglés es «liquid splendour», que en qwenya siempre, pero siempre, siempre, siempre, traducen a lo pedestre por «esplendor líquido». Anda, anda, tira pallá, que si llegas a poner lo del espectáculo diáfano habría quedado más feo que pegarle a un padre. Ojo, esto no quiere decir que una traducción sea la buena y otra la mala, que para todos los gustos hay en la viña de un señor y además depende del contexto, sino que una es ya la forma consagrada y sonaría raro. Véase lo de Juicio y sentimiento de Jane Austen, que nadie sabe de qué película es. Por cierto, la cita que he usado es del Prometeo desatao de Shelley en muy meritoria traducción de Alejandro Valero (lo acabo de buscar). Uso esta cita porque en la traducción al inglés de un libro en turco donde se citaba el verso, lo tradujeron por «exquisite effluvia», que ni el libro (que venía a decir «fluido esplendor») ni, por supuesto, Shelley lo decían.

Algo que me ha pasado últimamente ha sido tener que buscar (infructuosamente) una cita de un poema de Goethe que hacía Ernst E. Hirsch en sus memorias. Este señor fue uno de los académicos alemanes (judíos) que huyeron del nazismo a Turquía y colaboraron en la modernización de la universidad turca. Hisrch era profesor de derecho y fue muy importante en la creación de las facultades de derecho y en la redacción y desarrollo del código mercantil. Pero nosotros, a lo nuestro. Resulta que en una novela dice que Hirsch en sus memorias, traducidas al turco por Fatma Suphi, cita unos versos de Goethe. Como no me fio ni de mi abuela, fui a buscar el original en alemán, pero no tenía manera de encontrarlo teniendo en cuenta el esfuerzo que pensaba dedicarle a la búsqueda (podría haber ido a la biblioteca del centro cultural alemán, que seguro que tienen el libro, pero tendría que haberme levantado del sillón, posiblemente afeitarme, ponerme unos zapatos y una camisa, etc.). Al final encontré los versos en no sé dónde, pero, y aquí está el truco del almendruco, cuando quise comprobarlos en las obras de Goethe, no aparecían ni patrás. O Hirsch se equivocaba o el sitio web donde lo encontré lo citaba mal.

¿Qué hacer? ¿Armarme de valor y salir a la calle con lo malo que hacía? Porque lo que no pensaba era pagar una pequeña fortuna a Amazonas teutona para comprar un libro que no iba a entender. Así que, como se pueden suponer, tiré por la calle de enmedio, como aconseja nuestro amigo Ingberg, y los traduje yo mismo de la versión turca con estas manitas. Espero que no lo lean colegas germanistas y me riñan porque los versitos no son así exactamente o porque ya los había traducido fray Luis de León (que no creo).

En resumen, que a mí, cuando en un libro escrito en turco aparece una cita originalmente en otra lengua, me gusta buscar el texto original y ver si alguien lo ha traducido ya o, si no, que me lo traduzcan bonito porque muy probablemente no tengo ni idea de esa lengua, o muy poca. De hecho, en alemán le he pedido ayuda más de una vez a Isabel García Adánez, que lo hace requetebién. Si no, que le den morcilla a la cita y la traduzco directamente de la versión turca confiando en que sea más o menos fiel y ahí me las den todas. Sobre cómo el traductor al inglés de Shelley citaba cómo es costumbre dar una conferencia solo una vez ya hablé en otro lugar.

Recuerdos a la familia. Al llegar escríbanme.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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