Que no es que lo diga yo…

Bla, bla, bla, cada día más plasta la Tostonen Übersetzung Zeytung. No trae ni santos.

El otro día me encontré un artículo sobre la traducción al portugués brasileño de Estambul. Ciudad y recuerdos de Orhan Pamuk que me dio la alegría de ver que no estoy solo en el mundo sin perrito que me ladre. (Stella, Paulo y Daniel Cruz [2022]: “Orhan Pamuk’s Reception in Brazil: A Matter of Translation” en Studies in Humanities Conference Proceedings / Spring 2022. Estambul: Dakam Books) Lo del portugués brasileño es cosa de ellos, que lo dejan bien clarito. No es la edición brasileña de la traducción al portugués, no, sino la traducción al portugués brasileño, hecha en Brasil, es de suponer.

No me voy a meter en el cachondeo de las publicaciones académicas en Turquía, que desde que exigen publicar en revistas internacionales todas lo son, hasta las hojas parroquiales más pestosas. ¿Que te exigen también participar en un libro colectivo? No problemo, te montamos un congresillo (internacional) en línealain sobre todo tipo de dimes y diretes porque no eres el único en esa situación, publicamos como libro lo que de toda la vida habían sido las actas y listo. El congreso puede llamarse fácilmente Estudios internacionales de cosas y sucesos y así lo mismo cabe algo de enología sumillerística que de xenoentomología cultural. Todo publicado en una editorial internacional, que así lo piden las instituciones y que consiste en que la susodicha editorial tenga libros en lengua extranjera disponibles en otros países. Total, mandamos unos ejemplares al colegio de las ursulinas de Andorra y otros al IES (lo que sea eso) del Pozo del Tío Raimundo y averiguao, como dicen en mi tierra.

Volvamos al artículo. Para mí que los autores son un poco rojos porque la tesis subyacente, bueno, bastante en la superficie, es que Brasil está subordinado a los dictados culturales imperialistas de los EE. UU. de A. y como prueba presentan la traducción de este libro, que se hizo a partir de la versión inglesa y no del original turco. Esto en sí mismo no tiene nada de raro, ni siquiera de malo, porque igual es que en Brasil no hay traductores de turco. Y no es de guasa o, si quieren, lo reformulo: igual es que los posibles traductores de turco a portugués brasileño que hubiere (traducturus) prefieren dedicarse a los certificados de penales y no meterse en berenjenales que no les den ni para un disco de Vinicius de Moraes y Tonquinho. Entonces, si no es malo, ¿de qué se quejan los autores del artículo?

Pues se quejan, miren ustedes, de que existiendo una traducción al castellano bien bonica y fielmente adecuada al original, se tome la versión inglesa, que hace de su capa un sayo. es decir, más o menos lo que les da la gana. Y uso el plural porque, más allá de la traductora, clarísimamente han metido mano los publishers. Les cortopego un par de cosillas que dicen los autores del artículo. Una:

This cross-cultural interference is also present in the translation of the book to Brazilian Portuguese as it is based on the American English translation. It is worth mentioning here that Portuguese and Spanish are very close languages. And the Spanish version of Istanbul was translated directly from the Turkish language as we can read in the Spanish copyright. Besides that, Spanish translations are well-known for their extremely good quality. The question that stands here is why not using the Spanish edition as basis for the Brazilian translation? The answer may be simple. It is because a Spanish translation does not add so much value to the book as the American one does.

Y esta otra:

If we consider that the Spanish translation is closer to the original Turkish and as we know Portuguese and Spanish are really close languages, why not using the Spanish translation as the basis for the Portuguese one? We also know that Spanish translations are very well made and so one can really trust them. The answer to this question relies exactly in the expected average Brazilian reader. This reader believes that what comes from the USA should be trusted and is certainly well-made so a translation that is based on the American English can only be good and trustworthy.

Que vamos, que no es porque la traducción sea de s.s.s., es que, según ellos, las traducciones al español son en general como para ponerles un piso. Ergo el preferir la traducción inglesa es únicamente por (a) prejuicios y (b) esnobismo tontorrón. Pero no crean que solo ocurre en Brasil. Ya habré contado cómo en la presentación de Me llamo Rojo en el Cervantes de Estambul, con presencia participativa del autor, una lectora turca dijo con toda su boca que se estaba leyendo el libro en inglés. El autor, of course, le recomendó que se lo leyera en turco. O sea, como diría el amigo Carlos Mayor, para esa lectora la traducción al inglés era más original que el original, por mucho que este estuviera en su lengua materna. Esto también tiene que ver con que muchos lectores turcos opinan que Pamuk escribe fatal y no se le entiende, mientras que en inglés todo está mucho más correcto y claro. A mí me mosquea porque (a) no se explica uno cómo el traductor/-a al inglés sí ha entendido algo que los nativos no entienden y (b) es inevitable sospechar que a lo mejor a la traducción inglesa le han metido un buen planchado que elimine todas las irregularidades, como si de sábana de hilo se tratara, porque si el original es difícil de entender y la traducción no, ahí hay algo raro.

En nuestro país también se da bastante eso. No es demasiado inusual la gente que se lee a los clásicos rusos, o a Pamuk, en las traducciones al inglés (curiosamente, no tanto al francés). La idea general es que las traducciones españolas no son de fiar por el mero hecho de ser españolas y cualquiera sabe si no te están dando gato por liebre. Y ahora vienen unos brasileños y te sueltan que no, que es lo contrario, que las traducciones al español suelen ser «very well made and so one can really trust them» y te quedas con dos palmos de narices y sin saber qué decir. A lo mejor están pagados por el lobby de la industria editorial madridista, cualquiera sabe.

A mí me ha dicho un pajarito (esto es una especie de metáfora, claro, porque si un pajarito tipo Piolín me habla de verdad me voy cagando leches a un psiquiatra) que parece ser costumbre en ciertas editoriales anglosajonas hacer ediciones que ellos llaman pomposamente «internacionales» y que con más propiedad podrían llamarse para burros un poco tontos y vagos. Lo voy a explicar más finamente no vaya a ser que alguien se dé por aludido con lo de tontos y vagos, que nada más lejos de mi intención.

Parece ser, bueno no parece ser, es así, porque no solo me lo ha dicho el avecilla que me cantaba el albor, sino que lo he visto yo mismo con estos mis ojos, que existe alguna editorial anglosajona que opina que sus lectores no se van a enterar cuando lean una obra escrita por un extranjero, por muy traducida que esté, porque los extranjeros, siendo ya de suyo bastante raros, no hacen más que hablar de cosas que nadie ha oído mencionar en su vida y así, claro, te quedas totalmente in albis, te pones a pensar en otra cosa, como, por ejemplo, si tendrá bragueta el traje de Spiderman, se te va el santo al cielo, te pierdes, te aburres, dejas el libro y no compras más ni de la editorial esa ni de autores extranjeros, por no hablar de franceses. Por lo tanto, la editorial, asumiendo su compromiso como agente cultural y decidida a desasnar a sus amados lectores, agarra el original y explica lo que haya que explicar en el mismo texto, porque las notas también distraen una jartá, y, claro, como el libro quedaría muy largo, pues no le queda más remedio que cortar algunos detalles de otros lados, por otra parte perfectamente prescindibles. Un poner, seguro que saben qué libro es (o sería):

Vetusta, palabra que significa «viejuna» y a la que irónicamente podríamos describir como una «heroica ciudad», dormía la siesta, costumbre secular del país consistente en dormir un poco después del almuerzo para hacer la digestión de los platos más habituales de la época: el cocido, a base de garbanzos, o la olla podrida, de frijoles.

Así desde luego está todo mucho más claro. Fíjense además que digo «frijoles» porque el público objetivo es de los EE.UU. y de esa manera lo pueden relacionar culturalmente con la comida tex-mex, como si fueran unos tacos de puchero, de tal forma que la imagen que se hacen en la mente, con tanta siesta y tanto fréjol (que también se dice así, que diría Shin-chan), es como la de una introducción de Speedy Gonzales, que daría yo algo por ver al Magistral en plan ratón Pérez, aunque lo de «arriba, arriba» sí que le pega. ¿Ven? Esto en una traducción al español no pasaría porque somos gente seria y formal y nos atenemos a lo que cuenta el original, por muy pegoso que sea.

Pues eso, que no es que lo diga yo, también unos señores brasileños opinan que las traducciones al español son que te defecas, mientras que las de otros (y no estoy mirando a nadie) son, como diría yo, menos ajustadas a la intención, la redacción, la letra, el espíritu, el estilo, la redacción, la ortotipografía y tal del original. Que tampoco digo que no haya lectores que las prefieran y me parece muy bien (eso no es del todo verdad), que igual son más comprensibles, sobre todo en el caso de cierto premio Nobel y otros compañeros suyos, pero que, como decía el tipo del anuncio «No ez lo mizmo».

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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8 respuestas a Que no es que lo diga yo…

  1. María Teresa Gallego Urrutia dijo:

    Todo lo cual me recuerda lo que hizo Trapiello con El Quijote, que tuvo bemoles, oiga.

  2. Joaquin dijo:

    Genial análisis del onanismo militante que hay con el inglés por parte de muchos académicos. Ahora tenemos la moda de que en cualquier Filología, sea francesa, china o japonesa, la lengua más importante es el inglés, que de lengua útil han convertido en lengua iniciática en la que hay que hacer la profesión de fe para poder entrar en ciertos círculos académicos. Joaquín Rodríguez. Traductor de persa

  3. Joaquín dijo:

    Sí, soy yo. Creo que pocos idiomas hay con tantos nombres: persa, farsi, darí, iraní, tayiko… mejor, así puedo fardar de que sé 5 idiomas

  4. Celia dijo:

    Hay ciertas traducciones al inglés en las que se alejan tanto del texto de partida que deberían publicarse con la advertencia de que cualquier parecido con el original es mera coincidencia. Ah, el traje de Spiderman no lleva bragueta. Lo sé de buena tinta.

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