El diablo está en los detalles

¡No me lo puedo creer! ¿En qué estado de desidia espiritual había caído para que se me olvidara reseñar El diablo está/se oculta en los detalles? ¿Qué habrán pensado ustedes de mí a pesar de que no lo sabían? Además, abúlico y olvidadizo amigo (me estoy hablando a mí mismo, no se den por aludidos, es un retorismo retórico), es un libro que también es resultado de unos talleres de traducción, de los segundos turco-español, para ser precisos, hace nueve años, hay que fastidiarse, y de los cuales supongo que hablé en su momento.

En los primeros había podido darme cuenta de que mis esforzados compañeros españoles en general carecían de una amplia experiencia en cuanto a lo que podríamos llamar traducción comercial. O sea, que sí que podían traducirte lo mismo un prospecto de pomada contra las hemorroides que un poema de, pongamos, Góngora, pero que se me atascaban una miajilla en eso de que una novela aeroportuaria fluyera, que, como todos sabemos es requisito básico para las editoriales.

Es un problema bastante común y que yo veo mucho cuando hablo con estudiantes (no estoy sugiriendo que mis colegas tuvieran nivel de estudiantes, ni mucho menos) y que se manifiesta en dos comentarios modelo: (a) «Pero, pero, es que ahí dice esto (X)», o (b) «Pero, pero, es que ahí no dice eso (Y)», siendo X algo en la lengua del original e Y algo en la lengua de la traducción. Y lo malo es que tienen razón, pero volvemos a lo de la fluidez. Sobre todo fluidez mental y ahora me explico.

La disputa entre el juvenil y heroico traductor menos experto y el retorcido y malsín veterano de mil batallas editoriales con respecto a las ansias líricas de un autor como… Iba a decir algún nombre, pero quedémonos con que tenga ansias líricas y basta. La disputa, decía, se lleva a cabo sobre todo en la palestra del vocabulario. Un poner, pensemos en la siguiente frase u oración: «Poseído de gran sed, el caballero, montado en su brioso corcel, clavó sus ojos verdes como la albahaca en la bella doncella y pidióle un vasito de gazpacho fresquito para calmarla [la sed]». Si yo tuviera que traducir esto al turco para un novelón de quiosco (suelen ser gordos), que espero que no, muy probablemente sustituiría hábilmente el colorido término «gazpacho» por algo más aceptable (vid. Toury) en la cultura terminal (no de autobuses), digamos ayran, que es yogur con agua y un poquito de sal y que viene muy bien para la sed y los desmayos.

Pero, dirá el traductor novel, el ayran no es el gazpacho y en el original dice gazpacho. Toma, claro, ¿y qué vas a hacer? ¿Ponerle un enlace a la güiquipedia al lector medio turco explicándole la receta de tan sabroso almuercillo (vid. merendilla)? Pos no, porque va a llegar el tipo malo y malencarado que tienen en todas las editoriales que se precien y te va a recordar que de notas al pie nada de nada y te hará una oferta que no puedas rechazar, a no ser que un día quieras despertarte con la cabeza de tu gato entre las sábanas.

En fin, que me enrollo. Como lo que quería era la posibilidad de ofrecer a mis colegas textos que fueran comerciales y comercializables (es decir, con posibilidades de publicación), le pedí al amigo Ahmet Ümit, que nunca me ha decepcionado, que por favol, por favol, nos dejara traducir unos cuentos policíacos muy breves que había ido publicando no sé dónde y que luego recopiló en un libro. El protagonista de los relatos es el inspector jefe Nevzat, del que ya había traducido Réquiem por Estambul, publicado en México. Por cierto, ahí había un motivo de discusión porque en el escalafón policial turco el señor Nevzat es comisario, pero corresponde al inspector español. ¿Qué haces? Yo, desde luego, no lo dudo y le planto el inspector (que es un empleo que no existe en Turquía). Sin embargo, leyendo novelas de Rosa Ribas me di cuenta de que su poli Cornelia Weber-Tejedor es también comisaria, de lo que deduje dos cosas: (a) que el escalafón policial alemán es como el turco y (b) como Rosa Ribas es la autora no le importa arriesgarse a que algún pelmazo le diga que Dña. Cornelia manda muy poco para ser comisaria. Si tuviera que traducirla, yo la hacía inspectora y me quedaba tan fresco. ¿Que me arriesgaba a que algún pelmazo me recordara que según la policía alemana debería ser comisaria y no inspectora? Pues no digo que no, pero nadie me lo ha echado en cara de D. Nevzat, igual porque es turco o porque se publicó en México, donde no tengo ni idea de si son inspectores o comisarios.

Aunque eran muy breves, terminamos algún cuento en los talleres de pura chiripa (y porque eran fáciles) porque en esos eventos no es que se corra mucho traduciendo, pero, bueno, los que quedaban nos los repartimos. Y así conseguimos terminar el librito. Yo le preparé un pdf al amigo Ahmet Ümit para que viera que habíamos sido unos niños buenos, pero también con la intención de plantárselo a cuanto editor dispuesto me saliera al paso. Y he aquí que salió.

Pues resulta que Gerardo de la Cruz, que había publicado Réquiem por Estambul en Ediciones B de México, como pueden ver en la correspondiente entrada, dejó la editorial no sé por qué y se metió en un nuevo follón, o, si lo prefieren, se embarcó en un nuevo proyecto editorial, llamado Universo de Libros y se ofreció a publicar algo más de Ahmet Ümit y a que s.s.s. de ustedes escribiera una pequeña introducción explicativa. No voy a entrar en los detalles para no aburrirles, pero el libro se publicó por fin y existe con la única y ligera diferencia de que el título de El diablo se oculta/esconde en los detalles pasó a ser El diablo está en los detalles que, por lo visto, es como se dice en México.

Y no solo se publicó y existe, sino que además alguien se lo leyó en Para qué leer e hizo una vídeocrítica que me gusta tanto que les dejo con ella y no les doy más la tabarra. Hala, no tienen más que presionar aquí.

O aquí: EL DIABLO ESTA EN LOS DETALLES DE AHMET UMIT – YouTube

Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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4 respuestas a El diablo está en los detalles

  1. Renata dijo:

    Hasta para la llamada «literatura gris» el vocabulario suele tener su ‘aquel’, y lo peor es que hay que convencer a alguien – que muchas veces ni siquiera habla castellano – de que apruebe el cambio y deje de darle vueltas a lo mismo.

    Tengo algunas anécdotas que si coincidimos tendré a bien de narrar para deleite de Vuesa Merced.

    Un abrazo y que siga Ud. «posteando» sus aventuras traductoriles con «to su flow».

  2. A. Yalvaç dijo:

    De momento ando un poco liado con las cosas triviales -pero obligatorias, eso sí- del mundo, en cuanto me libere de ellas seguiré leyéndolo…

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