¿Estoy escuchando o escucho? ¿Estambul o a Estambul?

Los Garipçiler. He sacado la foto de la Wikipedia y no ponía referencia, así que gracias al autor/propietario. Orhan Veli es el de la izquierda.

Otra vez por aquí. Qué pequeño es el mundo. Bueno, pues vamos a seguir con lo de los talleres de traducción de este año. Se me había olvidado contarles que el miércoles empezó a caernos una nevada intermitente de aquí te espero, que nos va a dar agua para una temporada. Como con la última se lió una buena, a las autoridades correspondientes les entró el canguelo y suspendieron las clases por si acaso, con lo que no me sirvió de mucho haber pedido una comisión de servicio porque las clases presenciales las tengo esos días. Con lo feliz que me hacía escaquearme… Evidentemente, esto no tiene que ver con la traducción ni suspendieron los talleres, pero resulta que nuestro colega/compañero Miguel es sevillano y no había visto nevar nunca, según él, y le hizo muchísima ilusión. Es decir, sabía lo que era la nieve y tiene nevera y eso, pero lo de caer copitos del cielo, como algodoncitos, no. La verdad es que si tienes donde tomarte un café calentito y tal siempre es bonito. Lo de pasarte luego una semana chapoteando como si desembarcaras en Omaha Beach no tanto.

Volvamos a lo de la poesía. En los últimos años me dio por escribir (no teman, no es poesía) unos articulillos relacionando la retórica clásica con la traducción por aquello de los peipers, los puntos y demás. No parece que le haya interesado a nadie, lo que, por otra parte, tampoco me extraña, pero con tan fausto motivo me dio por analizar un poco alguna traducción de algún poema y es bastante entretenido, dentro de lo que cabe. Además, me metieron en un compromiso y me vi obligado so pena de eterna vergüenza a traducir una antología/selección de un señor cuyo nombre no voy a desvelar por si acaso. En suma, que llevo unos años con ese rollo, aparte de que llevo muchos más dando clase de análisis de textos poéticos porque ninguno de mis compañeros quiere meterse en follones de métrica, figuras retóricas y ese tipo de torturas medievales. Gracias a ello he llegado a varias conclusiones bastante inútiles.

La primera es que para traducir poesía tienes que divertirte porque desde luego no es que vayas a cobrar mucho (o nada) y hacerte rico con eso. Lo de divertirse hay que tomárselo en un sentido amplio porque si el poema es de mucho sufrir, como aquel de la perrita Armelinda, pues lo suyo es que sufras, pero si eres un poco masoquista, que tienes que serlo para traducir lo de la perrita Armelinda, pues si sufres te diviertes y miel sobre hojuelas. Lo mismo cabe decir de sutilezas métrico-rítmico-fonéticas; es como hacer un sudoku y hay a quien le divierte mucho hacerlos. O, por lo menos, le entretiene. Bueno, pues para divertirse, mejor hacer una traducción colectiva, que, siempre y cuando no acaben sacándose las navajas, es como jugar al Dungeons & Dragons, que con la compañía adecuada te ríes una jartá.

Volvamos a la traducción de «İstanbul’u dinliyorum, gözlerim kapalı». Pero antes unas palabras de nuestro patrocinador para darles un poco de contexto por si no saben quien fue Orhan Veli. La gracia revolucionaria del amigo, y sus otros dos colegas «garipçi» Melih Cevdet Anday y Oktay Rifat, era que escribían sus poemas con el lenguaje de la calle y trataban temas a veces muy cutre-lumpen. También hay que explicar que el amigo Orhan Veli era una miajilla putero y un muy borrachuzo porque conozco a más de un aborigen a quien le sienta muy mal que tan excelso lírico hable de esas guarradas y barbaridades y no para de dar la tabarra con que hay que interpretarlo alegóricamente. Se ve que yo soy muy pedestre. Bueno, con esto vale de contexto histórico-sociológico.

El primer problema / que tiene el poema (me han salido dos hexasílabos con rima consonante) es el título, que es un verso que se repite más que el pepino. O, para ser más exactos, tiene dos problemas. El primero es «dinliyorum» que generalmente se ha traducido por «estoy escuchando» y nosotros, más chulos que un ocho, tradujimos por «escucho». Ya estoy oyendo a un montón de estudiantes y exestudiantes (que ahora llaman alumni, como si por estar en latín ya se entendiera el «ex-» por aquello de lo antiguo) recordándome que en turco hay un presente-presente (este) y otro presente-amplio (que sería «dinlerim» y no «dinliyorum»). Que ya lo sé, pero todo tiene que ver con el contexto, padre mío. Vamos a ver, a mí me gusta más «escucho» porque precisamente no es ahora mismo y en cuanto suene una bocina dejo de escuchar, sino que estoy sentado como un Buda feliz, con las manos sobre la barriga llena y medio durmiendo la siesta, abro orejas y presto oídos y escucho lo que me rodea. No es que esté escuchando lo que le dice el abuelo de al lado al guardia de seguridad mientras espero mi turno en el banco porque se me ha olvidado llevarme un libro. Inspiro profundamente y escucho a ver qué suena en la ciudad a mi alrededor. Se habrán dado cuenta de que no me he metido en zarandajas de términos gramaticales, ¿eh? De nada. Por cierto, el verbo turco es «escuchar» y no «oír», que no participo yo de la manía moderna universal de odiar tan simpático verbo («oír»).

El segundo problema del título es que si le metemos la preposición «a» como suele hacerse, estamos personificando (a) la ciudad, algo que por aquí gusta mucho precisamente por aquello de que el verbo es «escuchar» y no «oír». Sin embargo, a mí eso de que la ciudad le habla al poeta y bla, bla, bla, me parece un recurso muy de baratillo y kitsch o como coño se escriba y me gusta más la idea del Buda feliz del que hablaba antes. ¿Y por qué tienen ustedes que aceptar eso? Pues porque lo digo yo y es mi traducción y, si no, no les ajunto. También está la cuestión de que si los demás lo han hecho de una forma, yo distinta. Que no me voy a tirar por la ventana porque ellos se tiren. «Escucho Estambul» pues. Además les regalo una aliteración.

Por supuesto, también había problemas culturales (como el nombre del barrio de Mahmutpaşa, que a ustedes no les dirá nada), que no hay otra que arreglarlos con una nota o que el lector lo busque en la güiquipedia. U otros de matiz, en plan ¿viento, brisa, céfiro?, ¿cascabeleo, campanilleo, campanario?, etc., que se resuelven con una buena discusión y, si es posible, acudiendo a los diccionarios de la TDK o la RAE, que las autoridades tienen mucha autoridad, nunca mejor dicho. Siempre es un buen argumento decir: «Ah, ¿sí? Pues toma, que lo dice la RAE y te callas o vienen los académicos a partirte la cara, que saben dónde vives». Lo peligroso con la autoridad de los diccionarios son las diferencias de tono, que no quedan claras y que son casi inevitables cuando no hay nativos de por medio (y de ahí la idea de las parejas mixtas y la traducción colectiva). Si fuera turco, yo mismo podría discutir por qué no se va a decir, qué sé yo, «eres un tío plasta abyecto» si el diccionario de la RAE dice que «abyecto» es «vil en extremo», pero la verdad es que no pega mucho. O, peor, por qué hay palabras que dan risa y quedan fatal en una elegía, por ejemplo «zambomba»: «alimentando lluvias, caracolas / y zambombas mi dolor sin instrumento»; pues no. Pero claro, para notar esas sutilezas tienes que ser aborigen. Además, están las que no vienen en el diccionario y tienes que deducir por el contexto y entonces no te queda más autoridad que la de ser quien grita más o, en caso de apuro, acudir a los sobornos y los puños. Por ejemplo, estoy seguro de que ninguno de nuestros compañeros turcos sabría trasladar la delicadas connotaciones musicales de aquellos inmortales versos que rezaban: «achulipú / apú, apú / achili», cuyos ecos resuenan inmarcesibles y deberían constar en todas las crestomatías escolares (¿?).

Este rollo viene a cuento del gran escollo que planteaba Ertuğrul Önalp, que es la palabra «yosma». Actualmente se usa en el sentido de prostiputa, pero hay dudas sobre si siempre ha sido así porque se dice que antes, o sea, antiguamente, se usaba para las mujeres guapas y yastá. El TDK te lía todavía más la cabeza porque dice (más o menos): «(Mujer joven) alegre, bella, seductora/coqueta». Pues oiga, entre la alegría y la prostitución hay un trecho, ¿eh?, y eso que nosotros mismos decimos eso de «mujer de vida alegre», que no sé dónde le ven la alegría. El problema es otra vez de tono.

La trama es como sigue: una señora (o señorita, digamos «yosma») pasa por la acera y los albañiles (suponemos) la halagan con requiebros (es un decir, ambas cosas), se le cae algo de la mano y el poeta piensa que a lo mejor es una rosa (aunque posiblemente sean los palos del sombrajo con los famosos requiebros). Podemos ver que «pasa por la acera / una bella y jovial señorita / se oyen barbaridades, chiflidos, piropazos», por ejemplo, queda como a un Cristo dos pistolas. Algo que se suele tener en cuenta para la interpretación y traducción de «yosma» es lo que he mencionado de que el lírico poeta era un poco, digamos, yosmero. Sin embargo, que la mujer se gane la vida con esta profesión u otra, para el poema es irrelevante. Bueno, total, que me enrollo, al final dudamos (cada uno de por sí no dudaba de sí mismo) de si decir algo como «hermosura» o «preciosidad»; yo propuse «tía güena», pero hasta yo mismo vi que aquello carecía de aliento poético. Alguien sugirió «bombón» y fue la opción que más le gustó a Mª Jesús, así que lo cambié haciendo uso de mis prerrogativas como amanuense del poema por aquello de que, como decía el de los Luthiers, «donde manda patrón, hay que ir». Y así es como lo hemos dejado, de momento: «pasa por la acera un bombón; / obscenidades, coplas, piropos. / Algo se le cae de la mano, / será una rosa». Espero que se note que lo del bombón es una metáfora y no de esos tan ricos rellenos de licor con una guinda. Ajolá.

Una señorita más contenta que unas pascuas porque le regalan bombones

Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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2 respuestas a ¿Estoy escuchando o escucho? ¿Estambul o a Estambul?

  1. Teresa dijo:

    Gran sentido del humor el suyo, me encantan sus comentarios

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