Talleres de traducción turco-español pandémicos 2022

Los participantes en el taller turco-español. De izquierda a derecha: Seniz, Gamze, Gülsevim, Miguel, Pepa, mi-mismo-yo y Olcay. Falta Gaizka. Hay quien tiene mascarilla, hay quien sostiene una taza, pero todos llevamos el multipase.

A ver si me acuerdo de cómo era esto del guorpres… Ay, caramba, que me han cambiado la interfaz… Total, tampoco me acuerdo de cómo era la de antes… Mejor lo escribo en el guor normal y luego lo pego.

Ejem, decíamos ayer… Por motivos no ajenos a mi voluntad llevo una temporadilla alejado de estos lares blogueros, pero es que estaba haciendo unos mandados. Hoy regreso momentáneamente sacando renovadas fuerzas de flaqueza para contarles y para ilustración de la juventud que he estado en unos talleres de traducción desos (que dirían mis sobrinos almerienses).

Todo empezó un día en que miraba mi correo electrónico, como todos los días, por otra parte, y vi que las autoridades competentes me mandaban la convocatoria de los talleres de traducción que organiza regularmente la dirección general de publicaciones y bibliotecas [sic, es decir, «así», es decir, que aquí en Turquía se llama así]. Luego supe que tampoco han sido tan regulares porque dejaron de convocarlos unos años, no me enteré bien de por qué, supongo que se hartaron. De todas formas, le hice el mismo caso (a la convocatoria) del que suelo hacerle siempre y mandé el mensaje a la papelera (virtual) junto a los del amable señor nigeriano que quiere compartir su herencia conmigo.

Mi falta de interés por tan grato acontecimiento se debía a que participé como coordinador o algo así los dos primeros años y acabé tarifando una miaja con la organización del segundo (año), como supongo que ya he contado. Nuestro desacuerdo venía de la ambigüedad conceptual de los talleres (por llamarlo de alguna manera que no se entienda muy bien lo que quiero decir) por parte de los supremos capitostes. Me explico: consistían en encerrarnos una semana en un hotel muy bonico de la isla Príncipe (Büyükada) a que tradujéramos a tutiplén (Mª Jesús diría a go-go, lo que me recuerda aquel magnífico disco de las Supremes). Se organizaba el mayor número posible de talleres de todos los idiomas que cupieran en la isla, sin llegar a incluir el klingon y el élfico en sus diversas variantes porque no daba tiempo. Luego nos llevaban a la feria del libro a dar una vuelta, y a escupir a la calle (en el sentido de que cada uno a su casa cuando acababa la semana, no se lo tomen literalmente). A lo largo de aquellos siete días la organización buscaba una fusión sinérgica y empática (es que en la facultad nos obligan a hacer cursillos de formación en línea de ese tipo de cosas, por eso hablo así) entre profesionales curtidos, jóvenes promesas y académicos teorizadores de altura.

Mi distanciamiento con los organizadores era, digamos, ideológico. Primero por eso de la fusión de traductores de distintas procedencias. En mi experiencia, no es una buena idea reunir a profesionales de la traducción de libros con académicos desos (je, je) de la teoría, porque (a) muchos de los mencionados profesionales huyen como el proverbial gato escaldado de los teóricos y están convencidos de que los otros no han traducido en su vida ni un billete de metro; (b) muchos de los académicos piensan que los profesionales son un poco burros y que habría que desasnarlos una miajilla, para lo cual les dan la tabarra con que si el escopo, las normas y la deconstrucción poscolonial; (c) bastantes de los traductores que conozco son ambas cosas a la vez y la esquizofrenia que tienen no se puede ni aguantar. Yo mismo no me soporto cuando por las mañanas (que es cuando traduzco) se me viene a la cabeza algún pensamiento de S. Jerónimo como no sea para rezarle que me quite de encima a ese pesado que me susurra al oído. Tampoco me aguanto en la ducha o fregando la taza del café (que es cuando pienso, poco) cuando se me ocurre un problema de traducción que resuelvo de forma puramente intuitiva sin ninguna referencia bibliográfica. A las jóvenes promesas ambas partes las soportan los demás a condición de que se les caiga la baba con tan sublimes maestros y que vayan escoltándoles cuando salen de paseo y les abaniquen con palmas y ramitas de olivo, hosanna hey, hosanna ho.

A mí me gustaba más la idea de una reunión de profesionales, porque para ir dando clases ya tengo las de la facultad, que además son de otras cosas, y también por aquello de que quien mucho abarca poco aprieta. Sin embargo, la mayoría de los otros talleres lo hacían así, un señor mayor en una punta de una mesa pontificando y los demás, más jóvenes, apuntando todo lo que salía de su boca no se les fuera a escapar algo. Perdí la paciencia cuando en la reunión final de puesta en común evaluadora los coordinadores de otros talleres empezaron a hablar de «los chicos» (y chicas, obviamente, miren si no lo que cantaban los Bravos en otra época y otro siglo). Hasta ahí habíamos llegado. Entonces pregunté algo que no me granjeó la simpatía de los organizadores: que para qué nos tenían allí; que qué querían de nosotros. Porque si era una reunión de profesionales, con un par de días bastaba y lo demás era lucro cesante; si era nivel académico lo que querían, que montaran un congreso; y si lo que pretendían era formar nuevos traductores, que abrieran las puertas a los estudiantes y no exigieran tropecientas obras traducidas. Además, y aquí tenemos el segundo desacuerdo problemático, que me parecía una gilipollez estar traduciendo como posesos (véase El exorcista) si luego aquello no se iba a publicar (que nosotros sí lo hicimos). Total, que decidí no volver y por eso ni miré la convocatoria de este año.

Pero luego me llamaron para convencerme de que volviera a participar y piqué. No crean que me llamaron por mi cara bonita, no, sino porque no se presentaba casi nadie y alguien en el Cervantes les chivó que igual yo tenía contactos. Me juraron y perjuraron que los nuevos talleres eran/iban a ser muy distintos a los anteriores y me enredaron. No entro en los procedimientos que siguieron porque mejor no decir ni el pecado ni los pecadores, pero, por expresarlo de una manera muy fina, visto lo que veía, aposté por reunir un equipo de veteranos de los talleres y personas de confianza para que nuestra sinergia fuera óptima. Total, íbamos a ser cuatro gatos. Luego fuimos ocho en el turco-español porque a las cinco plazas añadieron a la suplente (seis) y como había una coordinadora y un moderador por taller para darle más nivela académico (según ellos), pues ocho, cuatro españoles (de ambos sexos, uno por persona) y cuatro turcas (de uno solo) y casi todos conocidos de todos. Olcay Öztunalı, Seniz Coşkun, Gülsevim Erhan y Gamze Demet por la parte turca y Pepa Baamonde, Gaizka Etxeberría, Miguel Ángel Romero y s.s.s. de Vds. por la española.

Como sigo con la perra de que traducir lo que no has de publicar no es traducir (vid. el tío o el abuelo de Bioy Casares), propuse que hiciéramos las Cartas de la ciudad de Ahmet Rasim porque alguna editorial me había sugerido en tiempos que hiciera una selección antológica por aquello de que Pamuk las cita en Estambul, ciudad y recuerdos. Pero, pensándolo bien, aquello era un poco plasta y mucho mejor lo que sugirió Gülsevim Erhan (creo recordar) de traducir relatos de Sabahattin Ali ya que el pobre es de derecho público porque lo mataron malamente en 1948 y yo había traducido su Madona con abrigo de piel (-es). También pensé que estaría bien y sería útil para la Humanidad que hiciéramos parejas para traducir ya que estábamos a pares y no sería la primera vez que se hacía (así se ahorra en diccionarios) y que las parejas fuéramos rotando para más risa como cantaba Stephen Stills en «Change Partners», pero a lo decente. Bien, la sesión de la mañana averiguá, como dicen en mi tierra.

¿Y por la tarde? Pues no me acuerdo de quién lo propuso (creo que yo), pero decidimos traducir colectivamente ―tampoco éramos tantos― poemas de Orhan Veli, que también es de derecho público porque se cayó en una zanja ―probablemente, ¿cómo dicen en las series?, «bajo la influencia», o sea, con una trompa como la copa de un pino― y al día siguiente se murió de un derrame o algo así, pobretico. Lo de «pobretico» viene porque era uno de los fundadores del grupo de los «garip», que lo mismo te lo traducen «los pobrecillos» que «los raros», que es bastante discutible, por mucho que algunos se empeñen. En fin, en estas sesiones vespertinas de horario europeo o de la siesta del horario español (de 14:00 a 17:00) nos acompañaron algunos compañeros de fatigas del taller español-turco cuando libraban. Cuantos más, mejor.

Ya les contaré más detalles, pero veo que me enrollo en exceso y solo quería compartir con ustedes la versión que nos salió de «İstanbul’u dinliyorum» de Orhan Veli porque se lo prometí a Ertuğrul Önalp. Como es una traducción colectiva, a ninguno acabó de gustarnos del todo, pero nos fastidiamos en pro de la concordia y la tolerancia, para que aprendan otros en estos tiempos. Existen otras versiones en internet para que las comparen y se entretengan si no tienen nada mejor que hacer, que igual sí. Ya hablaremos un poco más de ella en la próxima entrada (Virgencita, dame fuerzas). Me habría gustado poner a dos columnas la versión traducida y la original, pero no sé cómo hacerlo. Aquí las tienen, una debajo de otra:

Escucho Estambul

Escucho Estambul, cerrados los ojos;
primero sopla una brisa suave;
En los árboles, las hojas
se mecen despacio;
a lo lejos, muy a lo lejos,
el campanilleo incesante de los aguadores;
escucho Estambul, cerrados los ojos.

Escucho Estambul, cerrados los ojos;
mientras, pasan los pájaros
en lo alto, en bandadas, graznando.
Recogen las redes de pesca;
rozan el agua los pies de una mujer;
escucho Estambul, cerrados los ojos

Escucho Estambul, cerrados los ojos;
fresco Gran Bazar
bullicioso Mahmutpaşa;
patios llenos de palomas.
suenan martillazos en los muelles;
olor a sudor en la dulce brisa primaveral;
Escucho Estambul, cerrados los ojos.

Escucho Estambul, cerrados los ojos;
en la cabeza la embriaguez de juergas pasadas;
una mansión con su embarcadero en penumbra;
en el susurro del poniente amainando
escucho Estambul, cerrados los ojos.

Escucho Estambul, cerrados los ojos;
pasa por la acera un bombón;
obscenidades, coplas, piropos.
Algo se le cae de la mano,
será una rosa;
escucho Estambul, cerrados los ojos.

Escucho Estambul, cerrados los ojos;
un pájaro revolotea a sus faldas;
Sé si tienes la frente caliente o no.
Sé si tienes los labios húmedos o no.
Una luna blanca nace tras los pinos,
lo noto por el latir de tu corazón;
escucho Estambul.



İstanbul’u Dinliyorum

İstanbul`u dinliyorum, gözlerim kapalı
Önce hafiften bir rüzgar esiyor;
Yavaş yavaş sallanıyor
Yapraklar, ağaçlarda;
Uzaklarda, çok uzaklarda,
Sucuların hiç durmayan çıngırakları
İstanbul`u dinliyorum, gözlerim kapalı.

İstanbul`u dinliyorum, gözlerim kapalı;
Kuşlar geçiyor, derken;
Yükseklerden, sürü sürü, çığlık çığlık.
Ağlar çekiliyor dalyanlarda;
Bir kadının suya değiyor ayakları;
İstanbul`u dinliyorum, gözlerim kapalı.

İstanbul`u dinliyorum, gözlerim kapalı;
Serin serin Kapalıçarşı
Cıvıl cıvıl Mahmutpaşa
Güvercin dolu avlular
Çekiç sesleri geliyor doklardan
Güzelim bahar rüzgarında ter kokuları;
İstanbul`u dinliyorum, gözlerim kapalı.

İstanbul`u dinliyorum, gözlerim kapalı;
Başımda eski alemlerin sarhoşluğu
Loş kayıkhaneleriyle bir yalı;
Dinmiş lodosların uğultusu içinde
İstanbul`u dinliyorum, gözlerim kapalı.

İstanbul`u dinliyorum, gözlerim kapalı;
Bir yosma geçiyor kaldırımdan;
Küfürler, şarkılar, türküler, laf atmalar.
Birşey düşüyor elinden yere;
Bir gül olmalı;
İstanbul`u dinliyorum, gözlerim kapalı.

İstanbul`u dinliyorum, gözlerim kapalı;
Bir kuş çırpınıyor eteklerinde;
Alnın sıcak mı, değil mi, biliyorum;
Dudakların ıslak mı, değil mi, biliyorum;
Beyaz bir ay doğuyor fıstıkların arkasından
Kalbinin vuruşundan anlıyorum;
İstanbul`u dinliyorum.

Lo dicho: multipase
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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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22 respuestas a Talleres de traducción turco-español pandémicos 2022

  1. Ketty dijo:

    Bravo. Echábamos de menos tus escritos. No dejes pasar tanto tiempo.

  2. Roberto dijo:

    Efectivamente, echábamos de menos al carpintero traductor. Después de terminar la Madona con el abrigo de piel(-es) hace unos días volví a visitar el blog para constatar que coincidía con la valoración del libro ( la primera parte es potentísima, luego todo se diluye) y desear que volvieran tus escritos. Deseo concedido.
    Un saludo desde la calima de Sevilla.

    • Gracias por la amabilidad. En cuanto a la Madona, muchos de los que participaron en el pertinente club de lectura estaban de acuerdo. Por supuesto, los personajes y los aficionados a las series turcas prefieren la trama romántica, pero a otros como Inci Kut o muamem nos gusta más la trama marco, el relato primario, el metarrelato o como demonios lo queramos llamar. Salud.

  3. A. Yalvaç dijo:

    Los pájaros me dijeron una vez que algún día el rey volvería. Parece que no mentían. Un saludo…

  4. Sole Carpintero dijo:

    ¡Precioso, Escucho Estambul!

  5. Rubén Araya Asís dijo:

    Debe decir «estoy escuchando a Estambul/ mis ojos están cerrados».
    Göz=ojo; gözler= ojos; gözlerim= mis ojos.
    En «kapali» (sin punto sobre la «i») está implícito el verbo «ser» o «estar», pues si se tratara del adjetivo «cerrados» que estuviese adjetivando a «ojos», estaría puesto antes, y no después de «gözlerim». Al ir puesto después, se trata de un predicado nominal, es decir, se está diciendo que algo «es» o «está» de algún modo. En este caso, «cerrados». Kapali se debe traducir como «cerrados» y no como «cerrado» porque se trata de «mis ojos». En turco muchas veces el verbo «ser» o «estar» va implícito. Si no se quería ponerlo implícito, se habría puesto «kapalidir» (sin punto sobre las ues). En fin, hay mucho paño para cortar en esta traducción, y sería muy largo. Quizá en otra oportunidad.

    • Pero, como decía Lefevere, para el lector que no conoce el original la traducción es el original. Y 《mis ojos están cerrados》no tiene mucho sentido como segundo verso. ¿Está muerto el poeta y por eso tiene los ojos cerrados? Además tampoco es muy idiomático, la mayor parte de los nativos diríamos 《tengo los ojos cerrados 》(recordemos que en turco no existe el verbo tener). En fin, en efecto hay mucho paño para cortar, gracias por el comentario. Salud.

      • Rubén Araya Asís dijo:

        No, el poeta no está muerto, sino que ha decidido cerrar los ojos para centrarse en los sonidos de la ciudad, y solo en ellos. Palpar, percibir, sentir la ciudad desde uno solo de los sentidos: el oído. Tanto es así, que el mismo título del poema lo dice, resumiendo de manera increíblemente sintética «la matriz del poema», para decirlo ya más académicamente. Es esta «matriz («escucho Estambul», o estoy escuchando a Estambul», según) la que se desplegará a lo largo del pena.

        • ¿Ve? Precisamente eso es lo que yo digo.

        • Lo que decidimos todos los participantes del taller, para ser más exactos.

          • Rubén Araya Asís dijo:

            Por otra parte, que «mis ojos están cerrados» no es muy idiomático, o que la mayoría de los nativos diríamos «tengo los ojos cerrados», bueno, eso es en el habla de todos los días, en el habla «ordinaria’, pero el lenguaje poético no es, precisamente el de todos los días, por eso que el poeta puede decir «mis ojos están cerrados» en lugar de «tengo los ojos cerrados». Si bien el verbo tener no existe en turco, sí hay modos de decir «tengo lo s ojos cerrados», pero el poeta decidió no decirlo de ese modo. En fin. Muchas gracias por responder a mis observaciones. Yo llevo pocos años estudiando turco, por mi cuenta. No sé inglés, así que solo he podido acceder a lo poco que hay de turco para hispanoparlantes, pero mis observaciones son, por una parte, a partir de lo poco que sé de gramática turca y, por otra parte, a mis lecturas de poesía, las que me han dado, creo, cierta capacidad de captar lo poético. Quizá me ayuda también la gran tradición poética de mi país: Chile.
            Saludos, y gracias por el gentil intercambio de opiniones.

  6. Rubén Araya Asís dijo:

    Debe decir «a Estambul» porque está en caso acusativo. Dice «Istanbul’u», no dice «Istanbul». Y es caso acusativo porque «Istanbul» es el objeto o complemento directo del verbo. En este caso, del verbo «escuchar».
    «Estoy escuchando a Estambul».
    Tampoco dice «con mis ojos cerrados» como he visto en otras traducciones», sino «mis ojos están cerrados».

  7. Rubén Araya Asís dijo:

    Para explicarme mejor:
    Si dijera «kapali gözlerim» significaría «mis ojos cerrados», pero como dice «gözlerim kapali» entonces significa «mis ojos están cerrados» ( un predicado nominal»)
    «Istanbul’u dinliyorum» está en caso acusativo, pues a Istanbul se le agregó el sufijo de acusativo que, en este caso, por la regla de la armonía de las vocales, es «u».(en otro contexto, con otra vocal en la última sílaba de la palabra, el sufijo podría ser «ü», «i», o bien una i sin punto) Y es acusativo porque ‘Istanbul» es el objeto o complemento directo del verbo. En este caso, del verbo «escuchar. Por eso la traducción al español debe llevar la preposición «a». «A Estambul».

    • Pero en español solo llevan la preposición 《a》los complementos directos de persona, lo que supondría personificar Estambul, un efecto que quisimos evitar pero que traducciones anteriores usaron.

      • Rubén Araya Asís dijo:

        Precisamente, se trata de personificar a la ciudad de Estambul, pues hablamos de un poema. La ciudad «le habla» al poeta, y el poeta la escucha. Se trata de poesía.

  8. Ningún hispanohablante diría 《con mis ojos cerrados 》como no decimos 《duele mi cabeza》.

    • Rubén Araya Asís dijo:

      Por eso dije que debía traducirse cómo «mis ojos están cerrados», y no como «con mis ojos cerrados». Creo que tampoco como «los ojos cerrados» pues, en este caso, se está soslayando el sufijo posesivo «im» de «gözlerim». Si el adjetivo «kapali» estuviese puesto antes de «gözlerim» («kapali gözlerim) significaría «mis ojos cerrados», pero como en el verso se dice «gözlerim kapali», creo que esto significa «mis ojos están cerrados», pues se trata de un predicado nominal, es decir, un predicado en que, de algo, se predica que «es» alguna cosa, o que «está» en algún lugar. En ambos casos se predica un nombre, es decir, un adjetivo o un sustantivo, a través del verbo ser o estar, en este caso, a través de la cópula «están». «Gözlerim kapali»= mis ojos están cerrados. En «los ojos cerrados», implícitamente se está diciendo «están cerrados», lo cual habría que explicitar por razones estético-poéticas. «Los ojos están cerrados», pero está el sufijo posesivo, así que debería traducirse, creo, por «mis ojos están cerrados».

  9. Rubén Araya Asís dijo:

    Precisamente, se trata de personificar a la ciudad de Estambul, pues hablamos de un poema. La ciudad «le habla» al poeta, y el poeta la escucha. Se trata de poesía.

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