Cevdet Bey e hijos/Cevdet Bey ve Oğulları

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«Cuchi qué bonico el afoto en colores y tó del puente de Gálata» «¿Esos son los de San Pablo?»

Por fin, hombre, por fin salió la primera novela del Pamuk, traducida por s.s.s. de ustedes que sus manos besa llevándoselas luego a la frente como mandan los cánones turcos para de paso ver si cae alguna perrilla aunque sea en forma de royalties. Y me congratulo tanto porque, oigan, que a los de Mondadori les tengo yo un afecto afectísimo (pelotilleo descarado), pero van, te meten una jartá de bulla para que les tengas la traducción cuanto antes e incluso intentan arañarte unos diíllas cuando redactan el contrato (algo que, por lo menos a mí, me hacen todas las editoriales grandes o pequeñas, dicho sea de paso) y luego tienen el manuscrito en un cajón (según todas las editoriales grandes o pequeñas es culpa de la imprenta) dos años (dato verídico, palabrita del niño Jesús), que me parece a mí una barbaridad, aunque tampoco es que un libro vaya a ponerse malo o pasarse de fecha.

A lo nuestro, a hablar del libro como le habría gustado a Umbral (que, por cierto, tenía más razón que un santo). Cevdet Bey e hijos es la primera novela de Pamuk, de la que luego renegó un sí es no es pero que hizo que su padre le profetizara (supongo que sólo por cariño de padre, que tampoco creo que tuviera poderes sibilinos) que un día acabarían dándole el Nobel (de literatura, no será otro, ¿no?). La presentó al premio Milliyet de novela de 1979 y lo ganó ex aequo (que no tiene nada que ver con caballos) con otro señor que no viene al caso, y quiso la mala suerte que al año siguiente los militares dieran un golpe de estado tremebundo y la novela se quedó sin publicar por aquello de que había problemas más urgentes y porque, no sé el motivo, la verdad, el papel se puso carísimo, tanto que me llamaba mucho la atención los primeros años después de venir que mis amigos turcos cuando veían un libro español lo primero que hacían era manosear las hojas y hacerse lenguas de la calidad del papel y les daba igual que lo de dentro, o sea, lo que decían las letras, fuera bueno o malo. No sé yo si no sería eso un augurio de la fortuna que ha corrido la traducción, pero si lo es, mejor, porque cuando por fin pudo publicarla en 1982 le dieron otro premio, el Orhan Kemal del año siguiente, esta vez para él solito.

Como digo, luego renegó un tanto de esta novela cuando empezó a escribir cosas raras de ésas que naidentiende. Aquí en Turquía lo típico es que si no te gustan las novelas de Pamuk (que no tienen por qué gustarte, vamos, un poquito de personalidad) digas que la mejor que nunca jamás escribió es ésta, la hayas leído o no porque, total, nadie se ha leído las otras y ésta por lo menos es sota, caballo y rey, con su sujeto, su verbo y sus complementos en el orden correspondiente y sus tres partes: inicio/presentación, desarrollo/nudo, final/desenlace, aunque digo yo que tendría que ser desnudaze porque la parte central no es un lazo. Y con todo y con eso no es tampoco en plan «Era de noche y sin embargo llovía», no señor, que hace sus pinitos con el tiempo y tal. Si en realidad lo que pasa es que te cae gordo Pamuk y no te has leído sus novelas ni por el forro o cubierta (lo que hace un importantísimo porcentaje del personal opinador, según mi experiencia), lo que tienes que decir es que las ha copiado/plagiado a alguien, en este caso a Thomas Mann y Los Buddenbrook, como hace un conocido mío (para mi desgracia) y por mucho que la saga familiar de Pamuk sea más o menos descaradamente la de la propia familia Pamuk y no la de Mann: ¿No es una saga familiar? ¿No dice y ha dicho el propio Pamuk a quien quiera preguntarle que se inspiró en el novelón de Mann? Pues eso, copiao y plagiao. Como me copia y me plagia a mí mismo, que uso las cinco vocales al escribir y él también. La verdad es que estas cosas me animan un montón y me hacen recuperar la fe en el ser humano porque me demuestran que en todas partes del universo mundo hay tontos del culo.

Bueno, vamos a hablar una miaja de la traducción. Lo primero es el título, que me trajo un poco por la calle de la amargura (c/ Amargura, 3º izqda., más exactamente) porque a ustedes les parecerá una tontería, oigan (vid. última frase del párrafo anterior), pero ¿Cevdet Bey y sus hijosCevdet Bey e hijos? Al final opté por la segunda opción (óptima) porque es nombre de empresa y es lo que le habría gustado hacer a Cevdet Bey y me acordaba de D. Vito cuando le cuenta sus proyectos frustrados a su hijo Miguelito («juez Corleone, senador Corleone», etc., etc.), aunque no tengan nada que ver la novela y la peli que se me vino a la memoria probablemente fregando o en el tranvía si iba agarrado a la barra. Y la verdad es que poco más hay que hablar de la traducción porque, como habrán podido deducir a estas alturas, la novela es, con diferencia, la más fácil de Pamuk y por eso gusta a cierto tipo de gente que, como está permanentemente cabreada, no tiene tiempo para calentarse la cabeza. Por contarles algo, me acuerdo de que yo sí que me calenté la cabeza viendo a ver cómo traducía de forma distinta los términos que Nusret, el hermano de Cevdet, dice en francés y traduce a la palabra árabe que se usaba en turco. Un poner, «révolution» e «ihtilâl», como verán suenan de forma completamente distinta, pero ningún español se quedaría ojiplático si le descubrieran que «révolution» significa nada menos que… ¡revolución!, como sí se supone que se queda nuestro personaje.

Me da la impresión de que ese fragmento tiene una alusión muy bonita a los enormes problemas que se encontraban los revolucionarios o ihtilalciler de entonces al intentar traducir palabras francesas como «libertad» (para lo cual ellos usaron «condición de horro»), «república» (aquí hubo que recurrir a un término cuasi-religioso, como comunidad), o «revolución». Recuerdo haber leído por ahí la aventura del término «libertad» y tenía su miga la cosa; y, para más INRI, ahora tampoco se dice así en turco moderno. Cosas que pasan, oiga.

Repaso mis subrayados del libro y unos folios (tres) que tenía metidos en él con lo que debían de ser las (tres) últimas dudas insolubles y no sé por qué eran tan insolubles, la verdad. Una son unos juegos infantiles, que supongo que le pregunté a algún colega y vuelvo a suponer que me dio igual porque lo malo no es saber cómo se juega, sino si se juega/jugaba en Córdoba y si yo lo jugué alguna vez como para saberme el nombre. Sinceramente, saber cómo se llaman este tipo de cosas en, pongamos, Tegucigalpa me importa un bledo porque me quedaría igual que si me lo dijeran en turco. Otra duda es una especie de chiste sobre una referencia cultural que desconozco porque me faltan datos y no me acuerdo como resolví y no me apetece ponerme a mirarlo (es un fragmento de una conversación, como si oyes sólo el final. Imagínense que un turco lee la siguiente línea: «Y yo le dije: ¿Isabel como Fernando? Ja, ja, ja», ¿a que se queda a dos velas?, pues algo así). El tercero es una duda doble sobre si poner una cosa u otra (un poner: ¿«Ferrocarril» o «vía férrea»? En parte dependía de cómo se llamara la asignatura correspondiente en Ingeniería, si es que existe). Entre los subrayados y notas encuentro una frase (mía) que ahora me resulta sumamente intrigante: «porque era una gilipollez». ¿Que me llevó a semejante conclusión? Misterio. ¿A qué me refería? Otro misterio. A juzgar por la caligrafía, aún peor de lo habitual, debí de escribirlo en mala postura, por ejemplo de pie, y seguro que en ese momento me pareció que quedaba clarísimo. Si alguna vez alguien hace una tesis sobre mis manuscritos, le compadezco desde ya.

Pues bueno, eso es más o menos todo lo que se me ocurre ahora sobre la traducción de la novela. Tengan en cuenta que llevo en planta desde la seis de la mañana y comprenderán que no esté muy ocurrente. Lo más importante es que no olviden recomendar a todos sus amigos y familiares que compren la novela para regalarla a todos sus amigos y familiares. Si ustedes o ellos la quieren leer también, miel sobre hojuelas, pero que no se diga que les estoy obligando.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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11 respuestas a Cevdet Bey e hijos/Cevdet Bey ve Oğulları

  1. Pingback: ¿Cómo escribí “El libro negro”? | رنوستان آزاد

  2. Rusinma dijo:

    Enhorabuena. Prometo comprar el libro, por Pamuk y por ti.

  3. carlos dijo:

    Esperando por el libro acá en Uruguay. Abrazo Rafael.

    • Estamos igual, yo espero que me lleguen los ejemplares justificativos. Aunque, si tuviera que escoger, preferiría que les llegara a ustedes antes. Al fin y al cabo, yo me lo he leído. Salud y gracias.

  4. Carmen dijo:

    Enhorabuena y mucha suerte con las ventas. Lo leeremos con gran interés, comprobaremos si la traducción es correcta y… nos chivaremos si detectamos pirateo. En serio, me alegro mucho. Salud.

    • Co… Caramba, me creía que era mi madre, que para eso es Carmen también. La traducción la he copiado enterita de la versión en arameo, como hizo el autor con el original, que lo copió de un manuscrito del Mar Muerto. ¿Todo bien? He visto en el feisbuh que la prole ya llega al techo, aparte de hacer grandes fotos. Salud, saludos, abrazos, pesetas, recuerdos y expresiones.

  5. Brian Venera Pontón dijo:

    Esperando el libro en Cartagena – Colombia!!, desde hoy salgo a recorrer librerías y hablar con los libreros

  6. Agustín dijo:

    ¡Finalmente! Parece que el momento “propicio” para que Mondadori lo edite llegó. Ahora espero que llegue a Buenos Aires.
    Saludos.

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