Es que el original es feo…

Quentin Matsys - A Grotesque old woman

Más feo es el original éste que pegarle a un padre

Afortunadamente el rientro no ha sido sólo a las clases sino también a la traducción. Curso nuevo, libro nuevo; no está mal, que los traductores somos como los fontaneros, que si a nadie se le rompe una tubería no tenemos nada que hacer y lo malo de estar mano sobre mano es que te mueres de hambre. Menos mal que tengo otro oficio paralelo, que si no iba a pasar más hambre quel perro un maestro…

En fin, que les decía que libro nuevo, pues sí. La agente que lleva los derechos del difunto autor me llamó muy animada porque a cierto editor español le había encantado la obra y estaba deseando publicarla. Hasta aquí todo bien, aunque supuse (acertadamente) que la habría leído en inglés y eso me mosquea sobremanera porque los editores, críticos, académicos, porteros, carpinteros, neurocirujanos y quiosqueros tienen la maldita manía de creer que todos los originales están en inglés, como ya mencionamos en cierto momento. Y quien dice inglés, dice francés, que a un amigo mío le dejaron en la mitad las tropecientas páginas de la novela que había traducido porque la versión francesa (la que había encantado al editor) era una especie de versión a la Selecciones del Readers’ Digest, con aquellos resúmenes tan prácticos. Ahora que lo pienso, visto el formato y el anuncio, estoy seguro de que lo que aparento leer en la foto que adorna mi perfil feisbuquero es un Selecciones (que les mandaban a mis padres por médicos, con su publicidad específica para la profesión, como, por ejemplo, el Minilip para adelgazar, que eran anfetaminas y que con el tiempo resultaron ser drogas malísimas más propias de facineroso que de mocita preocupada por el sobrepeso).

Pues bueno, lo malo que tiene que el editor se lea una traducción al anglofrancés de un librote cuya versión castellana va a encargarte a ti es que en muchas ocasiones cualquier semejanza con el original (turco, en el caso que nos ocupa) puede ser mera coincidencia e igual luego una traducción más ajustada al original no le gusta y la hemos fastidiado. ¿Que por qué hacen eso los (algunos) traductores anglofranceses? Pues qué sé yo, aunque tengo mis teorías, claro. En fin que la mencionada agente tuvo a bien enviarme la versión inglesa de la novela por si me servía de ayuda y fui lo bastante tonto como para ni echarle una ojeada en aquel momento.

Me permito hacer una digresión para los legos: usar una traducción a otra lengua no es hacer trampa ni copiar. O, si es hacer trampa, lo es tanto como si el neurocirujano de antes le operara a usted el cerebro verle bueno mirando un libro que detalla el procedimiento. ¿O preferiría usted que no copiara? Pues usar una traducción previa nos permite evitar meteduras de pata, bien porque el otro las evitó previamente, bien porque vemos las que ha cometido y las evitamos solitos. Y eso sin innecesarias pérdidas de tiempo. ¿Ven qué práctico?

¡Uf! Como escribo esto a ratillos, en «las colillas del tiempo» como los llamaba mi profe de lengua D. Jose Mª Peñuelas, se me va la olla cantidá. ¿Por dónde íbamos? Por la parte en que la primera vez que miro la traducción al inglés es cuando me dispongo a empezar a traducir la española y, como se pueden imaginar, me encuentro con que el laureadísimo traductor (aunque sólo haya traducido dos o tres libros en su vida) ha hecho de su capa un sayo y, muy a la Venutti, ha dejado el original como le ha dado la real gana, reescribiéndolo en un inglés que para sí querría cualquier mal imitador gongorino de Antonio Gala (observen que he dicho «mal imitador de»; y si he puesto como ejemplo a D. Antonio es porque me he acordado de una conocida que me decía que le encantaba El manuscrito carmesí porque era «pura poesía», por lo que me permití sugerirle que leyera directamente poesía en vez de novelas larguísimas; ahora creo que fui bastante grosero). Pensándolo bien, igual los laureles se los han dado al traductor en cuestión precisamente por eso. Es decir, el crítico medio anglosajón no sabe turco ni falta que le hace, ¿no?, y si ve una traducción supone que es fiel al original, ¿no?, antonse creerá que si la traducción está escrita en un lenguaje muy alambicado es porque el original será la Bianca Castafiore de las novelas y será complicadísimo traducirla, ¿no? ¿Me siguen?

A mi traductor le ha parecido que el original no hacía justicia a su fama (ni la propia del original ni a la suya como traductor) y ha decidido embellecerlo. ¿Que como lo sé? Toma, porque tengo los dos textos delante. Pero no sólo eso, sino que además lo dice con toa su boca en una entrevista. Por ejemplo, no se corta en afirmar: « I tried to embellish the text just like an artisan shaping copper by pushing the limits of the English language» (lo dejo en inglés, no para presumir de que lo sé, sino pa que vean). De la misma forma que confiesa que ha decidido no traducir términos como «terkip» («componente», etc.) o «iklim» («clima») supongo que porque la tiene más grande que el traductor medio. Y claro: «Some readers and critics may find it difficult to understand», que a juzgar por los comentarios en Goodreads ha sido exactamente lo que ha pasado [Una lectora/crítica dice: «I put this aside after I had read 70 or so pages. The language was so overwrought as to be unbearable (and I’ve read Proust’s Rememberance twice, so I have a high tolerance for baroque writing)» y ahora igual me quieren llevar la contraria ustedes con que a lo mejor es el original, pero esperen, esperen.]

Les voy a dar algún ejemplillo para que vean que la culpa no la tiene el original, o no siempre, que tampoco es una obra maestra como Crepúsculo o Nosécuántas sombras del Gris, sino que tiene pretensiones. Usaré ejemplos cortitos para no aburrirles y no cansarme, pero hay todos los que quieran encontrar. Un poner, el original dice «gürültücü çocuk», que significa «niño ruidoso» o «nene follonero» en cordobés, y el colega pone en inglés «boisterous sylph», que no sé en qué siglo se diría eso. En lugar de una palabra más normal para «enfermo» («hasta») me usa «infirm». «Grande» se convierte en «epic proportions», «inquilino» en «bête noire» y, lo mejón de lo mejón, redoble de tambores, prrrrrrrum, «un árbol bastante grande» («büyükçe bir ağaç») se convierte, por arte de birlibirloque, en «a sprawling Platanus orientalis», que no sólo se inventa el tipo de árbol que es porque sí, porque le da la gana, sino que además decide escribir el nombre en latín, pa que veamos… ¿qué? ¿Qué es lo que tenemos que ver? ¿Que los del tranvía lo contrataron a él para en lugar de «beware of pickpockets» decir aquello de «probable incidences of larceny»?

Y así frase tras frase y página tras página. ¿Y eso?, me preguntarán ustedes a mí en vez de a él, que está más lejos. Pues qué sé yo, pero tengo una teoría. Mi teoría es que, en general, pocos hacen tanto daño a la traducción como los traductores académicos. ¿Por qué? Porque además de traducir les gusta teorizar (en realidad no les queda más remedio si quieren publicar artículos que luego les den puntos) y se sacan cada cosa de la manga que más les valdría haberse quedado callados. En este sentido pocos han sido tan dañinos como el mencionado Venutti con su idea de que una traducción debe parecer una traducción (es decir, notarse; es decir, justo lo contrario de lo que pide el lector medio/normal: que no se note). Los traductores académicos no sólo se permiten el lujo de hacer lo que les dé la gana con los originales porque luego afirmarán que ése es el resultado de sus teorías, sino que además  lloriquean, como nuestro amigo:

The time I had to translate the book was very limited because I instructed classes at X University. Classes, book projects and analytical writings consumed most of my time. Lengthy and sophisticated books such as “X” and “X” take a few years to translate. Moreover, novels of writers who are known to use complex and intense language such as X and X require even more effort.

¿Cómo? ¿Unos pocos años para traducir un libro? ¿En qué afortunado mundo vive usted, hombre? (Respuesta: En la Universidad X. A todo esto, ya se habrán dado cuenta de que he cambiado los nombres por X y que no todos son el mismo, no se me líen.) ¡Venga ya! ¡No me sea tan llorica! ¡Esto vir! (En latín viene a significar lo de esta copla)

Y ahora alguno de ustedes alzará una ceja (derecha o izquierda, a su gusto) y me recordará que yo mismo soy académico y traductor y escribo artículos puntuables sobre mis traducciones y que estoy tirando piedras sobre mi propio tejado y que tal y que cual. Pues es verdad, pero no soy traductor y académico a la vez, sino que sufro una curiosa esquizofrenia profesional y soy o una cosa, u otra, según el trabajo que esté haciendo en ese momento (también soy hijo y hermano, pero no es lo mismo). Por otra parte, no me imagino lo que me contestarían los de las editoriales (españolas) si les dijera que para traducir un libro, por difícil y extenso que sea, necesito «a few years». Me parece oír las carcajadas desde aquí.

Sinceramente, no me gusta criticar a los colegas (en público), pero es que hay quien se pasa, caramba. Seguro que, conociendo el original, no tendrían muy buena opinión de mí como traductor si escribiera algo así:

En un diminuto villorrio de aquella pintoresquísima región de Castilla la Nueva denominada con el nombre de «La Mancha», el apelativo habitual del cual no desearía revivir en mi memoria, en tiempos no muy cercanos pero tampoco muy lejanos habitaba un fijodalgo…

Pues eso.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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4 respuestas a Es que el original es feo…

  1. Celia Filipetto dijo:

    Glorioso lo de “Platanus orientalis”. Pa enmarcallo.

  2. Con Venutti ¿te refieres al de la Universidad del Templo filad-élfico o a cualquier otro «venuti» a donde sea…?

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