Costumbrismos veraniegos: aquellos ramadanes de antaño

Lige for Lige

«Como lo oyes, oyes. Abre la puerta y me da un caramelito» «Sería un pederasta» «No, es que era la fiesta de fin de Ramadán, pero yo habría preferido cien euros» «Toma, y yo»

Como este blog me permite la posibilidad de programar la publicación de las entradas, para cuando ustedes lean esto hará ya unos días que pasamos nuestra primera pascua de los confites en nuestro nuevo barrio. ¿Que no saben qué fiesta es esa? Natural, teniendo en cuenta que le he traducido el nombre como me ha dado la gana… A la fiesta que celebra el final del mes de ramadán (como los meses en español van con minúscula, he pensado que es lo correcto también con el calendario musulmán) se la llama en Turquía de dos formas distintas: «fiesta de ramadán» («Ramazan Bayramı») si tocan ustedes el palo más religioso-conservador, o «pascua de los confites» («Şeker Bayramı») si van más del rollo laico-republicano. Lo de «pascua» por «bayram» lo he puesto porque el DRAE afirma que la palabra alude a la terminación del ayuno, así que, en este caso, miel sobre hojuelas. Por otro lado, la palabra «şeker» significa «azúcar», pero se aplica también a los caramelos y demás, así que he decidido traducirla por «confites», en plural, porque me aburría y no tenía nada mejor que hacer y porque el DRAE dice de confite: «Pasta hecha de azúcar y algún otro ingrediente, ordinariamente en forma de bolillas de varios tamaños», que es una definición que me viene al pelo y me cae como un guante, como anillo al dedo, aunque no estoy del todo de acuerdo con lo de las bolillas porque me recuerdan a las pelotillas.

No estoy del todo de acuerdo además porque los auténticos caramelos que en turco (en realidad en árabe) llaman «akide» son de ésos pseudo-piramidales de colores chillones que puedes estar chuperreteando una semana. Como dice el diccionario (ahora el TDK): «confite hecho de azúcar cocida y endurecida, de (¿intensos/diversos?) colores y aromas y que se deshace con dificultad en la boca». La traducción me ha salido bastante manga por hombro, entre otras cosas porque el turco a veces no pone adjetivos donde a mí me pega que en español tendría que haberlos. ¿Qué quiere decir, así tal cual, «de colores y aromas» («renkli ve kokulu»)? Bah, mejor lo dejamos.

La fiesta se llama así porque es tradicional que los niños vayan dando el coñazo felicitando alegres la pascua a los vecinos, que les ofrecen confites aunque a ellos les gustaría más y respectivamente un buen aguinaldo (opinión de los niños) o acogotarlos (opinión de los vecinos sobre los niños). ¡Ah, aquellas fiestas de antaño cuando los niños eran niños y no monstruitos cegados por el vil metal y aún existía el concepto de buena vecindad y la gente se interesaba por las entradas y salidas de su prójimo con la única intención de ponerles verdes o de robarles la ropa puesta a tender! Como dicen en turco: «Ey (Hey) gidi günler», que quiere decir: «¿Que se hizo de aquellos días de antaño que ya no volverán en los que todavía existían unos valores hoy perdidos y del todo irrecuperables, cuando el calor humano reconfortaba el alma en los malos momentos y permitía la alegría de compartir los buenos y no como ahora por culpa de ……………………… (rellénese con lo que proceda; por ejemplo, la tele, internet o las drogas)». Es una traducción libre, claro.

Los árabes llaman a esta fiesta «eid al-fitr». Como antiguo estudiante de árabe, me fastidia bastante que la ‘ayn se transcriba como una «e», pero qué le vamos a hacer, como a la angla lo escriben así en vez de «‘id», pues ajo y agua. ¿Qué estaba contando yo? Ah, sí, que «eid/ ‘id» significa «fiesta» y lo otro no tiene nada que ver con el azúcar ni los caramelos sino con la ruptura del ayuno. Según el diccionario de Corriente, la raíz significa «romper», «rasgar» y tal y seguro que a ustedes les entran ganas de traducirlo por «fiesta de rompe y rasga», pero no, yo les voy a proponer algo munchísimo mejón como es «pascua del des-ayuno», así, con guión entre «des» y «ayuno» por si algún despistado todavía no se ha enterado del chiste. Además se puede traducir al inglés «break-fast» y al francés «de-generado», ay, no, «de-jeûner», ahora sí, y no sé si a otras lenguas, aunque desde luego al turco no porque en turco «desayuno» se dice «kahvaltı» que según el diccionario etimológico que tengo es una deformación de «café au lait», que, como todos sabemos, se dice «olé» y no tiene nada que ver con el ayuno y me temo que me he perdido con las comas.

Otro que viene a pedir al empezar la fiesta es el terrible tío del tambor, casi tan pesado como el de las famosas sevillanas pero no tanto como las famosas sevillanas en sí mismas. Como ustedes sabrán, el ayuno de ramadán consiste en abstenerse (en este caso ayuno y abstinencia son lo mismo) de comer, beber, fumar, mantener relaciones sexuales y no me acuerdo de si alguna cosa más desde la salida hasta la puesta del sol. Aquí en Turquía es tradicional celebrar la comida de la puesta del sol («iftar») como nosotros celebramos la Nochebuena en España, es decir comiendo hasta casi reventar. De hecho, las celebraciones de ramadán, como fiestas familiares, tienen muchos puntos en común con las navidades, incluidos los anuncios de la Coca-Cola, que la pela no entiende de religiones. Pues bien, esperar a la puesta del sol con el estómago rugiente es fácil porque se está sediento y hambriento, pero ¿cómo despertarnos antes de la salida del sol para tomar un refrigerio que nos permita afrontar el día con las debidas energías? Porque, se lo advierto, dormir de día y velar de noche es trampa y no está bien visto (algunos turcos lo llaman «dejar que ayune el sueño» y, como digo, puede que valga pero no tiene ningún mérito). Lo más fácil sería ponerse el despertador, pero todas las fiestas tienen un importante componente tradicional, así que ¿por qué no hacerlo como viene haciéndose desde hace siglos? Que consiste en que un señor pase tocando el tambor por la calle a las tantas de la mañana despertando a todo perro pichichi, creyente o descreído, musulmán, ateo, cristiano o lo que sea. Como podrán intuir, la práctica no es del gusto de todos y cuando nuestro buen tamborilero (otro punto en común con las navidades: el tamborilero, uno u otro) llama a las puertas para pedir su aguinaldo, no siempre se encuentra con buenas caras. Como la mía.

Lo de las relaciones sexuales me trae a las mientes otra cosa que seguro que no había en los ramadanes de antaño: los programas de televisión religiosos que se emiten en tan sagrado mes. Lo bueno de estos programas es que también da igual la religión porque todos tienen una estética bastante kitsch, con flores y arroyos (no sé a qué viene tanta agua). Cuando yo era muy, muy chico había un programa en la tele con un cura que tenía unas macetas, pero no sé si tendrá algo que ver. A lo que íbamos. En estos programas los espectadores llaman para preguntarle a algún señor, normalmente catedrático de teología, profundas cuestiones del tipo: «Si me pinto los labios y me entra pintura en el interior de la boca pero la escupo y entonces aspiro el hilillo, ¿rompo el ayuno?» Normalmente los catedráticos éstos son la mar de educados (porque también está feo ponerse de mal humor por ayunar) y responden muy pacientemente a las preguntas («Y si los bastoncillos de limpiarse los oídos me meten el cerumen pa dentro, ¿rompo el ayuno?» «No, querido teleespectador, porque no se come/bebe por las orejas»), pero recuerdo que a uno le dio la risa cuando alguien le hizo una pregunta sobre las relaciones sexuales como forma de romper el ayuno. Su respuesta vino a ser: «Si después de pasarse usted el día sin echarse al coleto un miserable vasito de agua lo primero que se le ocurre es echar un polvete, por mí adelante, pero no me parece lo más aconsejable». Porque yo también creo que no todo es igual de difícil: es decir, ¿para qué quieres mantener relaciones sexuales si luego no te puedes fumar un cigarrito? ¿Cómo vas a fumar si no puedes comer (te puedes marear)? ¿Cómo vas a comer con la boca seca (se te haría una bola)? Así que lo más importante es beber, creo yo, y ésa sí que es una abstinencia difícil. Porque, como dice mi madre, que no se te permita comer pollo de supermercado pero sí una ración de langostinos ni es abstinencia ni es ná.

Veo que no he hablado mucho de los ramadanes de antaño y que el título de la entrada puede llamar a engaño (horrorosa cacofonía «antaño-engaño», qué le vamos a hacer), pero, la verdad y por lo que cuentan de otros países e incluso ciudades, en Estambul (Turquía), o por lo menos en los barrios por los que me muevo, tampoco se nota tantísimo. Casi ningún establecimiento cierra (la verdad es que me parece feo que cierren, es como «dejar que ayune el sueño») y la mayoría de la gente con la que me relaciono no ayuna o, si lo hace, lo hace de aquella manera cuando, como, y si les viene bien. Alguno hay que decide no beber alcohol o dejar de fumar como forma de ayuno porque, al fin y al cabo, también es un sacrificio. Como les digo, los ramadanes de hogaño son más bien del tipo reunión familiar, cuando se suelta a la chiquillería a la calle a ver si les pilla un coche o se los lleva algún pervertido. Pena que esa concuñada ya sea tan talludita y no se la pueda mandar a pedir caramelos. A juzgar por las redacciones de mis estudiantes (como comprenderán, en mi casa no se celebraba mucho, a lo mejor por lo de ser católicos), todo sigue más o menos igual:

Los padres van a la mezquita para rezar los rezos de la mañana de la fiesta por la mañana con los chicos (algunos van en serio, otros para escaquearse porque…). Las madres limpian la casa y cocinan comidas deliciosas (o sea, se pasan una semana preparando dolmas y börek para que luego la suegra diga «No está mal»). Todos visten sus vestidos mejores y más nuevísimos (se endomingany van a visitar a sus parientes y relativos. Los chicos besan las manos de sus ancianos para les pedir dinero (sin disimulo ninguno).La familia toda come las comidas deliciosas y se desean buenos deseos unos con otros (hasta la próxima tregua familiar).

Como ven en este ejemplo que me he sacado de la manga en un periquete gracias a la experiencia (madre de la Ciencia) pero que podría ser auténtico, mucho panta rei, pero en el fondo siempre es lo mismo. Felices fiestas a toro pasado. Ojo con los dulces.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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