Soy progre por la gracia de Dios

Le cuirassŽ Potemkine1925real : Sergei EisensteinCOLLECTION CHRISTOPHEL

¿Y si nos dejamos de steak tartar y nos vamos al McDonald’s?

Los que no se dedican a este oficio de traducir libros a veces piensan que los que sí lo hacemos debemos de ser una jartá de intelectuales. En parte no les falta razón porque, como traducimos libros, no nos queda más remedio que leérnoslos. Si además es usted profesor de letras, como yo, puede que obligue al prójimo a leer otros libros distintos que no son los que traduce y muchas veces, aunque sólo sea por no quedar mal, los lee uno mismo también. Encima, como Dios nos cría y nosotros nos juntamos, tendemos a unirnos con personas de la misma o parecida profesión, con lo cual muchas de nuestras conversaciones sociales (es un decir) girarán (no sé por qué las conversaciones giran, es curioso) en torno a los libros. Por último (o puede que no), no es extraño que tengamos esta profesión porque nos gusta leer y acabemos haciendo como un acomodador que conocía mi madre, que en su día libre se iba al cine (a ver las películas que no ponían en el suyo, que del drama de los acomodadores nadie se acuerda), y en nuestro tiempo libre nos pongamos a leer libros.

Como ven, he repetido mucho la palabra «libro». Eso se debe a que puedes ser traductor y que no te guste leer (libros). En ese caso te dedicarás a cosas más técnicas (en un sentido general) y no harás mal porque ganarás bastante mejor. Bueno, dejémonos de tonterías. Les explico lo anterior porque lo de que te tomen, quieras o no, por intelectual y ergo por progre puede ser bastante trágico (casi tanto como lo de los acomodadores) pese a la culturilla que tengas o dejes de tener. Porque, oiga, que te tomen por progre tiene sus obligaciones. No es lo mismo que, por ejemplo, con el padre de Julia Alquézar, que puede permitirse el lujo de citar a Brassens sin nombrarlo porque, a juzgar por el feisbu, es algo mayor que mi hermana Carmen. ¿Y?, se preguntarán ustedes con más razón que unos respectivos santos. Pues que él es de una época en la que saber francés no era únicamente de niñas, como en la mía (en realidad, mi hermana Sole ya estudió inglés, pero no así mi amadísima esposa, de igual edad y condición [femenina]), o de nadie, como en la actual, y que incluso tenía su morbillo saberlo por aquello de que era «la lengua de la diplomacia». Mais, mais… me objetarán ustedes si son de su generación o anteriores… Pues sí, saber francés supone que, a bote pronto, estarían rondando la mayoría de edad (actual) cuando falleció Franco (alias el Caudillo) y ahora podrán presumir de un pasado antifranquista la mar de progre, sea verdad o no, que eso no importa. Así, cuando alguien (más joven) les pregunte por qué escuchan una música tan coñazo y encima en francés, podrán ustedes embarcarse en una disertación tipo abuelo Cebolleta que disuada a los preguntones de repetir semejante osadía nunca jamás.

Los de mi generación, en cambio, siempre lo hemos tenido mucho más crudo. La edad que yo tenía cuando murió el General Superlativo (me refiero a Franco) me impide inventarme un pasado resistente o, lo que es peor, si fuera cierto nadie me creería (les dejo con la duda). La verdad es que de lo único que puedo presumir es de que estuve en Córdoba en mayo del 68, ahí es nada, haciendo la primera comunión. Cuidado, la primera, ¿eh?, no la tercera ni la cuarta. No es moco de pavo, no, aunque no sea comparable al heroico esfuerzo de los estudiantes que, en París, se enfrentaban al capitalismo mundial hiriéndolo de muerte gracias a la luz que proyectaban sobre la clase proletaria que… Perdonen. Decía que por aquel entonces yo estaba haciendo la primera comunión de civil, presagio indiscutible de mi posterior progresía y que, de haber tenido la edad, igual habría estado descubriendo la playa bajo los adoquines (posible) o enfrentándome a los cuerpos represivos (algo más dudoso).

Es normal, por lo tanto, que las gentes que saben francés (siempre me ha dado risa el plural de «gente») puedan ser tomadas por progres con toda justicia. En cambio, imagínense mi drama, que me veo obligado a llevar chaquetas de pana y botas de suela de tocino, tener unas pipas (recuerden que dejé de fumar), usar gafas y esas cosas. Por el fular y la barba no paso: el fular me ahoga (lo he comprobado con las bufandas) y la barba no sólo me pica, sino que además me sale de rata y me arriesgo a que me den limosna por la calle, que no estaría mal, pero que en estos tiempos de crisis me parecería un poco aprovechado. En realidad tanto libro y tanto pego hace de mí, más que progre, lo que en turco llaman un «entel» que viene de «entelektüel», y no me hagan que se lo traduzca ni me digan que no saben francés porque, padre mío, está más claro que el agua. Por supuesto, no es un término positivo ni pretende serlo porque se refiere, en suma, a quien lee más libros que la media, y no olviden que algo menos de la mitad de los españoles no leen nada, nunca. Por supuesto, cualquiera que se lea algo más de un libro al año, aunque sea por motivos profesionales, es sospechoso de algo, sobre todo de listillo.

Lo que quiero decir es que no me gustaría que pensaran que soy un pretencioso de tomo y lomo simplemente porque he leído y leo. La verdad es que no me queda más remedio. Ya me gustaría ser más burro, ya, y que me apasionara, por ejemplo, el fútbol (Ojo, no sugiero ni de lejos que el gusto por el fútbol sea de burros, no me vayan a dar un estacazo), con la de conversación que da. Imagínense, se suben en un ascensor con un desconocido (que no sea el de Impulso o, en un nivel más físico, de Axe) y en vez de comentar «Vaya paliza le metió el Madrid al Galatasaray, ¿eh?», con tono neutro, eso sí, no se le vaya a escapar al otro un guantazo, sueltan: «A mí es que siempre me ha parecido más entretenida la Odisea que la Ilíada», pues no es cosa, no señor. Anda, anda, que Dios te lo manda…

Para más inri, se supone que ejerces de «entel» y te meten en cada apuro que no veas. Por ejemplo, llega un tío y, para ligar con la morena que tienes a tu izquierda, dice: «El cine de Kiarostami es que hay que verlo en el original iraní o se pierde todo, ¿verdad?». Con ese «¿verdad?» está pidiendo tu apoyo incondicional para sus proyectos de ligue porque eres traductor y se te supone que lees y eres un intelectual y, por lo tanto, estás de acuerdo con él en lugar de pensar que es tonto del culo por ver películas del tío ése y encima en iraní, que la última vez que me llevaron a mí a una monté el numerito por la calle llorando y berreando «no quiero, no quiero», que no me valió de nada pero luego me invitaron a un batido de chocolate. ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Pues como soy un entel, no puedo ir por ahí proclamando que la única película extraña de ésas que soporto en versión original es El acorazado Potemkin porque es muda, aunque también las pelis mudas son para echarles de comer aparte. O te suelta: «Tú habrás leído la versión de Bataillon a las glosas de Madame de Staël a las cartas de Lady Mary Montagu, ¿NO?», con un «no» mayúsculamente amenazador que viene a significar: «Ni se te ocurra contradecirme o ya no te ajunto», que en tiempos habríamos contestado con un firme «pos sí, so listo, toma pastillas de goma» por mentira que fuera y que ahora se limita a un argumentum fistulatorium (o sea, a silbar para disimular y aquí soy consciente de que me he pasado muchísimo de listo pero, como les digo, no puedo impedirlo).

Por seguir con el cine, hay una escena en Pulp Fiction que es la quintaesencia de la progresía entel. Es cuando el uno le habla al otro de un episodio piloto de una serie y el otro le responde al uno: «No veo la tele». Es de ese tipo de cosas que te entran ganas de darle un capón, como si quisiera que le dieras un premio o algo, o que te quedaras con la boca abierta de lo listo que es. Y el uno le dice algo así como: «Pero eres consciente de que existe un invento llamado televisión en el que ponen series», etc. Yo tenía un compañero de facultad que, así, tal cual, no leía traducciones porque en las traducciones «se pierde mucho». Por supuesto, no sabía idiomas.

¿A cuento de qué viene todo esto? No lo sé, quizás a cuento de que a alguna gente (dos o tres y especialmente estudiantes) le resulta, no sé si decir «curioso», o «sorprendente», o «tonto», que confiese que veía Gossip Girl, por ejemplo. Ahora toca otra confesión: ya no veo la serie. Y una explicación: por la tarde cierro el quiosco a las siete, que es la hora a la que ponen las noticias en la cadena de TV en la que las veo. Luego paso a la CBNC-e, una filial (porque es como hija) de la CBNC con la «e» de «entertainment» porque después de pasarse el día dando la tabarra con información económica, a partir de las seis ponen dibujitos de Bob Esponja (que tampoco veo), de siete a ocho repiten alguna serie (que ya he visto), de ocho a nueve alguna sit-com o algo de menor empaque, de nueve a diez una policiaca o similar y a partir de las diez una peli que nunca acabo de ver porque habitualmente me duermo a las veintitrés y veintitrés. Una de esas series es la famosa cotilla y la veía cuando la ponían un día y a un horario que me venía bien. La verdad sea dicha, nunca fue en exceso santa de mi devoción. Es decir, no me podía entrar en la cabeza cómo supuestamente la tal Serena era la buena (en más de un aspecto) estando allí Blair (que cuando yo la veía era más bien la mala). Pero, desde luego, a los que no podía aguantar eran al tipo ése con ínfulas de escritor (no se preocupen los connoisseurs, palabra francesa, que no voy a espoilear nada, verbo anglicista que me encanta desde que se lo oí al Trío de Punch) ni a su padre (no metafórico), presunto músico, entre otras cosas porque a) eran progres y b) mucho lloriquear y mucha progresía pero luego se llevaban al huerto (éste sí metafórico) a la tía buena ricahona. Me molestaba y me molesta porque yo mismo, como indica el título de la entrada, puedo ser considerado progre y me consta que lo de la serie es más propio de la ciencia-ficción, más por la parte de la ficción que por la de la ciencia. Me da la impresión de que cierto tipo de batallitas ya no impresionan a nadie si es que realmente las (ojo al femenino plural) impresionaron alguna vez, pero resulta duro renunciar al fantasmeo quizás por aquello de que cualquiera tiempo inexistente fue mejor. Desde luego, ahora mismo, si alguien pensara que el personajillo del escritor y yo tenemos algún punto en común porque ambos somos, técnicamente, «entel», me suicido del asco, que decía Miguelito el de Mafalda, y de envidia también, pa qué nos vamos a engañar. Eso sí, me gustaría más ser como Don Draper, aunque eso es algo que hace ya muchos años le venía a decir Antonio Resines a Óscar Ladoire, que también hacía de protoescritor, en Ópera prima, película progre donde las haya.

Potemkin-still6

A ver, sargento, fusíleme usted a estos progres.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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6 respuestas a Soy progre por la gracia de Dios

  1. Pepe Zafra dijo:

    Creo que la equiparación del intelectual con el “progre” ya no es tan automática como lo era en nuestra juventud, cuando la expresión “intelectual de derechas” era considerada con el mismo escepticismo con el que, por ejemplo, se habla ahora de un “político honesto”. Muchos de los intelectuales que pueblan actualmente las páginas de opinión de muchos periódicos españoles se pavonean y hacen alarde de no ser para nada “progres”, y se refieren a la “progresía” con muy malos modos. En muchos casos fluye por ellos la “furia del converso”, pero en otros creo que son sinceros de verdad. Pienso que aquí, en España, salvo en ciertos ambientes de izquierda particularmente cerrados y en las declaraciones al público de algunos actores, la “progrez” (¡vaya por Dios!) ha dejado de ser un reclamo. Con lo que, como diría Nietzsche, podría volver a convertirse en un futuro próximo en algo “”interesante”.

    Respecto al tema de ver o no ver la TV, no puedo evitar el poner aquí, si me lo permites, el link de un artículo que escribí hace ya bastantes primaveras:
    http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/el-bien-mal-y-ruisenor-por-jose-zafra-castro_313199.html

    Un saludo de tu compañero de Primera Comunión (marinero de Primera Clase, aunque no del Potemkin ese)

    • Hola, don Pepito (no he podido resistirme):
      El poblema (sic) que tengo con esto es que el único adjetivo despectivo parecido al «entel» turco que tenemos a mano es «progre». Ni sabihondo, ni sabelotodo, ni pedante y demás me satisfacen porque no contienen ese estupendo desprecio por la lectura (que se podría pensar que es algo bueno) que denota «entel», y «progre» también un poco. No digamos ya una expresión dieciochesca como erudito a la violeta, a pesar de que es la que más se le parece en cuanto al sentido. Sin embargo, estoy seguro de que mis sobrinos creerían que un erudito a la violeta es una especie de marica (dicho sea con todos los respetos). Es curioso, ahora que hablamos del siglo XVIII, pero el término positivo para «intelectual» en turco es «aydın» que, estrictamente, significa «luminoso». ¡Qué cosas!
      Salud y muchas gracias por el enlace al artículo que, como todo lo que vuecencia escribe, está muy entretenido a la par que interesante (utile dolci).

  2. En la caverna mediática del país este peninsular (más sus islas), lo de progre es el peor insulto que te pueden echar. Y con la excusa d eno ser progres, dicen cada barbaridad… que vamos, si algún día me dan a escoger, me pongo progre en la tarjeta de visita 😀
    coñas aparte, le recomiendo encarecidamente que le dé una segunda (o tercera) oportunidad a Bob Esponja. Para pillarle el punto hay que ver al menos dos cpaítulos seguidos (de verdad de la buena, créame, método científicamente testado por mí en unos cuantos sujetos). De verdad que se lo recomiendo.

    • (Viene del anterior) Es triste, sí. Me pasé todo el bachillerato siendo tachado de rojo porque leía y la universidad de facha porque mis padres eran médicos. Sin embargo, desde hace muchos años me muevo en círculos muchas veces intolerantemente progres que acaban por cansar. Puedes tener un chalet como media provincia de Huelva y un yate más grande que el Bismarck, que si llevas una palestina y te gustan los dramones franceses ya puedes ir poniendo verde a todo hijo de vecino.
      A Bob Esponja no lo veo mayormente por problemas de horario. Supongo que si me atrajera mucho, lo vería, pero hay tantas cosas por hacer… Paso al último.

  3. Alicia dijo:

    Pues sí, a mí de pequeña me gustaba leer ¿Y?
    A otra gente le gustaban los Mortadelos, o Carpanta, a mí los libros.
    No sé por qué, pienso que si yo de pequeña hubiera tenido Harry Poters no habría leido tantas veces la Odisea. Era lo que había.
    Eso sí, me dí cuenta de que era rara cuando le dije a mi jefe que, por ejemplo, la peli de “Troya” era un producto horrible de Holliwood y que habían estropeado la historia – error.

    Para mí un intelectual, es el que utiliza su intelecto, normalmente para operaciones más bien de letras, y que asocia ideas conocidas para llegar a otra idea nueva. Por ejemplo, me gusta el uso que hace Ud. en otra entrada de Lope de Vega como escritor fácil, y no de culto. Me gusta que me den ideas nuevas, mejor si están bien escritas.

    Lo del francés, pues quizá no tuvo la suerte de estudiarlo Ud. pero recuerdo su afición a las chaquetas de pana.

    ¿Para cuándo una foto de su Primera Comunión?

    • Uy qué retrasado ando con los comentarios entre mudanzas y revoluciones. A mí me gustaban y me gustan los mortadelos y los libros sin santos al mismo tiempo. Son amores distintos. Afortunadamente, me parece que cada vez hay más gente rara, o es que me ajunto con gentes de mal vivir, que sería posible.

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