Quintos bebiendo quintos

Odysseus Sirens BM E440 n2

«¡Sacaaarme daquííí!» «¿Mande?» «¿Lo qué?»

Hace un par de semanas les prometí que les iba a hablar de otra cosa que me encontré por el feisbuk y, como lo prometido es deuda, pues aquí estoy, que el que paga descansa y el que cobra, más. Pos resurta de que alguien estaba comentando que se había leído o no las sombras del Grey ése, o los tonos de gris, o lo había empezado y le había gustado o no porque ni me acuerdo, ni importa, ni viene al caso. En realidad, yo no tengo la menor intención de leerme el libro, porque tengo por leer muchos que me interesan más y para eso, como diría mi madre, para eso me pongo a estudiar. En fin, que alguien comentaba que prefería la Ilíada, que es como si dices que prefieres El acorazado Potemkin a Pokémon cuando, en mi opinión, son amores distintos, que diría Gila.

La verdad es que tampoco hay que limitarse a la literatura. Tenía una amiga que decía que la humanidad se divide entre quienes prefieren el muslo y los que optan por la pechuga. Yo, como el califa Harun el-Pussah, creo que la división está más bien entre el ala (mucho hueso y pellejo) y la pechuga (todo lo contrario), pero también entre los amantes de la Ilíada y los de la Odisea. Si es que la humanidad se las ha leído, claro, que tengo mis dudas, como ustedes comprenderán. Yo, y no lo digo por presumir, sí que me las he leído, aunque no en griego y tampoco es que me haga falta como decía el amigo Borges en aquel ensayo de «Las versiones homéricas». Supongo que mi afecto por los héroes griegos se debe en parte a que mis padres me regalaron una antología de mitos adaptados que debería haberse titulado Mitos griegos sanguinarios e inmorales para niños sin dos dedos de frente a una edad en la que la mayoría de los sujetos de mi generación leía, si leía algo, aquello de «Las florecillas del campo/ recogí con alegría./ Mi mamá me hizo un ramo/ para ti, Virgen María». Las oleadas de sangre, rencor y malos sentimientos que desprendía el libro, amores incestuosos no, porque era una adaptación para niños, no lo olviden, se unían a la maravilla cinematográfica de la Sesión de tarde de los sábados, en la que uno podía encontrarse a Errol Flynn de Robin Hood, Gene Kelly de D’Artagnan (lo sé, sé que las generaciones más jóvenes tendrán ciertas dudas sobre su idoneidad, pero es la mejor adaptación de los mosqueteros que se ha hecho nunca; si no me creen, pregúntenselo a Lana Turner), al torero de Tiron-e-póber de cisne negro (un saludo a Maureen O’Hara) o, ¿por qué no?, al Kirk Douglas haciendo nada menos que de Ulises o, si van ustedes de finos, Odiseo. No es que tenga yo nada contra Brad Pitt, pero los pinguitos que pegaba en la película correspondiente no me parecían nada serios, aparte de que Aquiles siempre me resultó un poco bestia y cabrón.

A mí me gusta munchínsimo más La Odisea que La Ilíada, entre otras cosas porque, aunque mis estudiantes no me crean, gran parte de lo que creemos que se cuenta en La Ilíada en realidad lo cuenta Ulises en La Odisea. Es decir, todo el rollo ése del caballo de Troya y demás se lo cuenta Ulises a los feacios en la segunda parte, porque la primera trata sólo del cabreo de Aquiles. Mientras que La Odisea tiene un montón de aventurillas curiosas, La Ilíada es guerra y más guerra, que lo poco gusta pero lo mucho cansa, caramba. Por cierto, de La Odisea hicieron una versión para la tele no sé si el TEU, el TEI o la TIA de Mortadelo y Filemón, la mar de graciosa con los cascos de los guerreros hechos con orinales con un cepillo de barrer. Quedaban la mar de monos.

Por otra parte, en La Ilíada me resultaba chocante cierta ambigüedad de Aquiles. Es decir, y no me gustaría que la comunidad o comunidades LGBT  se lo tomaran a mal, a un niño de mi generación le sonaba un poco extraño que a todo un mercenario griego de la antigüedad más antigua, que probablemente jugaba a la pelota con los cráneos de los enemigos y cuya dieta consistía en niños como yo pero crudos, se le cayera la baba de aquella manera por su Patroclito de su alma. Comprenderán que me choque, ¿no?, eran tiempos anteriores a la peli A la caza  del Friedkin y uno no estaba acostumbrado a pensar en homosexuales tan machotes. De hecho, me sorprendió mucho enterarme, bastantes años después, de qué iban los de Village People y todo el rollo ése del YMCA. Imagínense cuando en La Anábasis me leo que aquellos tipos bestias que se liquidan a medio ejército persa y deciden volverse a su pueblo a pata y a tortazos van la mitad con sus efebos para que les escancien. Bueno, por lo menos aprendí que la violencia homicida es independiente de la orientación sexual y que lo de «el hombre y el oso, cuanto más feo más hermoso» no se refiere únicamente al hombre heterosexual. Como les digo, todo muy confuso, como que a Aquiles le llamaran «Pirra», uséase «la rubia».

Dirán ustedes que para qué les cuento todo esto, que, encima, con el escrúpulo de no meter la pata y ser políticamente correcto, no hago más que dar vueltas y marear la perdiz. Pues por lo del primer párrafo, por aquello de que a alguien le guste más La Ilíada que Cincuenta sombras de Grey. Como digo, me parece que no tiene nada que ver, que es perfectamente posible que te guste el libro gris y que, en mi opinión, no es de muy buen gusto presumir en público de lo intelectual que eres. Es decir, imagínense que le pregunto a mi amigo Pedro Alberto Santisteban Peláez de Rosillón que si le gusta más «La gallina Turuleta» o «¡Cómo me pica la nariz!» y me contesta que lo que a él de verdad le gustan son los conciertos de Béla Bartók, que para mí son tortura digna de Darth Vader. Como comprenderán, me dejaría peor que la Mohosa y podría despedirse de que me ajuntara con él nunca más. Bueno, pues la persona que prefería La Ilíada añadía además un hermoso verso como… ¿prueba, demostración? de su buen gusto: «Guerreros de hermosas grebas haciendo libaciones». Hermoso verso o versos (a mí me gusta más pensar que son dos; sé que un octosílabo con un heptasílabo puede ser discutible, pero ¿un pentadecasílabo? ¿Dónde se ha visto? Aunque acabo de encontrarme en la wikipedia que, mira tú por dónde, es muy popular en la poesía griega, el πολιτικὸς στίχος, así que mejor me callo).

Creo yo que la hermosura le viene al verso por un par de detallicos: primero por lo callado de su ritmo, que deja un eco cuando se ha dicho. ¡Qué bien suenan esas aliteraciones de las es y las ges! Parecen mismamente la libélula vaga de una vaga ilusión. Pero, arto ahí, un momento, eso será en español, ¿no? Vaya que sí, por lo que sabemos (yo, que no sé griego), el original puede sonar «kiryealesion, kiryealeison, hipócrates lisístrata». O sea, que la belleza formal del sonido a lo mejor no tiene mucho que ver con el original. Ummm, interesante. Bueno, el verso también es bonito por el vocabulario, es decir, eso de las libaciones y las grebas es tan chuli o más que los ojos glaucos o el tremolante casco, ¿no? Uf, estamos en las mismas: a saber si glauco en griego no les sonaba tan normal como un verde cualquiera; y lo del tremolante casco, porque el Mío Cid no tenía el casco con plumero, que si no, igual no es el que en buena hora ciñó espada. Y además, si todos los cascos griegos tenían plumero, serían más o menos todos tremolantes, digo yo. Lo que quiero decir es que son palabras raras y bonitas en español, pero en lo suyo, cualquiera sabe.

Lo tercero y último es la imagen: guerreros jóvenes y fuertes de uniforme bebiendo a la salud de quién sabe qué. ¿Eh? Un momento, piensen que las grebas, con el escudo, eran más o menos lo mínimo que se despachaba en armadura (lo leí por ahí). Es decir, el pecho te lo tapas con el escudo y, en caso de apuro, hasta la cabeza, pero las espinillas son más malas de proteger. Y eso me trae el recuerdo de la mili, que siempre te decían que como mínimo las trinchas y las botas (era mentira, no te dejaban ir en pelota como los griegos antiguos, vean si no me creen a Patroclo en la ilustración de abajo con la pichilla colgando). Es decir, lo que nos presenta el verso, si lo consideramos desde la perspectiva de su época, sólo son unos quintos tomándose unas cervezas. Antes eran guerreros, hasta la desaparición de la mili, quintos; antes eran las grebas, ahora las botas; antes eran libaciones de vino, ahora botellines de cerveza. Antonces, ¿aónde quiere usted llegar? Llegar, lo que se dice llegar, a ninguna parte. Lo que quiero decir es que ese verso en concreto, todo lo que tiene de bonito es por la traducción y porque lo leemos ahora. O sea, que Homero está muy bien y a mí me gusta (no sé si más que las sombras del Gris, ¿Gandalf?) pero, al menos en este caso en concreto, casi todo el mérito lo tiene la traducción. Digo la traducción porque no tengo ni idea de quién puede ser el traductor ni quién se inventó lo de los aqueos de hermosas grebas (pinchen aquí) pero, desde luego, puso el huevo. Chapó.

Akhilleus Patroklos Antikensammlung Berlin F2278

«¡Ay, ay, ay, espera, espera, espera!» «Pero si no te hago daño, no me seas nenaza»

Anuncios

Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Quintos bebiendo quintos

  1. carmen dijo:

    A propósito de diferentes traducciones, echo de menos que menciones a nuestro amigo Guillermo con la de veces que hemos comentado la diferencia que hay entre leerlo traducido por un señor o por otro. De divertidisimo a una sosada. ¿A que si?

  2. Pues sí, me da que existe una tendencia bastante generalizada a mezclar el tocino con la velocidad. Que me da que esto es como quien no entiende que se pueda disfrutar de Harry Potter y del Ulises de Joyce (no a la vez), que si lo pensamos en términos gastronómicos sería como no poder disfrutar de un filete con patatas y también de un micuit de foie gras, por decir algo.
    Le dejo, que me están dando muchas ganas de desayunar…

  3. Alicia dijo:

    Interesante deconstrucción del verso iliádico. Da mucho que pensar. A lo mejor lo que nos gusta no es lo que nos cuenta , sino el tono tan antiguo. Nunca entendí por qué la grebas eran hermosas. ¿No son espinilleras?
    A mí me gustaba eso de “¿Qué palabras se te escaparon del cerco de los dientes!” que repetían los dioses y los itacenses todo el rato. Con más años entendí que probablemente era una mala traducción. Lo entendí cuando traduje en el Fedón.que el alma era como dos montañas unidas por un pie. Resultó que era no sé qué de la dualidad del alma. La verdad es que lo de las cumbres no me quedó muy logrado.

    Ahí descubrí que mi destino no era ser traductora y es cuando el comercio internacional ganó una gran experta.
    Boa Noite, M. Carpintero

    • Como decía el concursante del Gila: “Yo, es que estudio mucho”. Seguro que lo que nos gusta es el tono antiguo, pero lo curioso es que no nos gustaría una traducción antigua, que las hay. Por otro lado, no creo que anduviera Vd. muy desencaminada con el símbolo del pie que une las montañas. Como dijo el ilustre vate: “Caminante, no hay camino, se hace camino con el pie”. Y, como hay dos pies, pues está claro que el alma es dual y viajera (la metempsicosis y esas cosas). Por otra parte, y visto lo visto, es mejor que el comercio internacional tenga expertos como vuecencia.
      Salud y pesetas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s