Nasrudín y el juego de la oca

Nasreddin bukhara

¡Hola, hola, niños y niñas del mundo y más allá! ¡Ay, que me LOL!

Bueno, pues a ver si hago una última entrada de los talleres antes de que se me olvide todo con el turrón y tal, que aunque aquí no tenemos vacaciones de Navidad, ni el Gordo, ni Reyes, ni nada de eso porque son paganos, o herejes, o lo que sea, nos lo traemos de España y bien rico que nos sabe. Mucho mejor estamos que en los EE.UU., que hay que comprar el vino español con receta en farmacias, desde luego hay que ver, que menudo trajín para brindar y encima no se han enterado de que existen los cedés y los emepétres y siguen con gramófonos.

¡Hala, a lo nuestro! Una de las cosas que hicimos en la célula que formamos Gülsevim, Zekine, su hijo Keko, que andaba por allí y que espero que se escriba con ca porque a lo mejor es con ku, y su seguro servidor de ustedes para mayor gloria de no me acuerdo qué, fue traducir algunos cuentos, chistes o anécdotas de Nasrettin Hoca. Y aquí topamos enseguida con la iglesia y nos damos con la primera en la frente porque a) en el mundo hispanoparlante (no sé en otros ámbitos ni en otros mundos aunque estén en éste), nadie tiene ni puñetera idea de quién es Nasrettin, al que además se suele llamar Nasrudín y no Nasrettin, mal que le pese a la wikipedia; b) hace ya años İnci Kut se temía, con razón, que habida cuenta de nuestro incomparable don de lenguas, los hispanos pronunciáramos «hoca», como «oca», es decir, como el ave del juego ése en el que se escenifican los diversos avatares de la vida para que los niños se vayan habituando a sus sinsabores, juego que nada tiene que ver con las enseñanzas de Nasrettin/Nasrudín, aunque ciertas teorías (¿?) lo atribuyen a que los griegos se aburrían sobremanera en el cerco a Troya, sita en la actual Turquía, como demuestra el disco de Festos aunque la verdad es que yo ahí no veo ningún pato, no digamos ya una oca. ¿Por dónde iba? Ah, sí, que la palabra «hoca», que significa «maestro», y no de primera enseñanza sino del tipo del cieguito que tenía el Pequeño Saltamontes, que como era maestro ni cupones ni nada, aunque la verdad es que aquí en cuanto das dos clases todo el mundo te lo llama a pesar de mi insistencia de que me parece de torero eso de «maestro» para arriba y para abajo… Ejem, bueno, pues que «hoca» habría que pronunciarlo más bien como «joya» en mi tierra y por eso los franceses lo transcriben con una «dj» («hodja») aunque tampoco les luce mucho el pelo porque ellos no pronuncian la hache ni amarrados y suena igual de pestoso y petardo decir «oya» que decir «oca».

Resulta que la versión que tenía Zekine de los cuentos de como-quieran-llamarle-ustedes es una de Orhan Veli, poeta que a menda le gusta mucho y que se murió porque iba borracho, se cayó en un hoyo y debió de quedarse tocado porque no pasó del día siguiente. Fíjense si era borrachuzo que tiene un verso en el que dice «No me farta má que ser pez en una botella de anís», porque aquí el anís es la bebida nacional, como en Rute y Chinchón. Sobrio o borracho, la verdad es que escribía que daba gloria leerlo y, entre otras cosas, pues hizo versiones de los cuentos/chistes/anécdotas de Nasrudín. Tradujimos uno de la siguiente manera:

Para que le gustes

En cierto momento el maestro Nasrudín se puso muy enfermo. No podía mover brazos ni piernas y tenía los párpados tan hinchados que ni era capaz de abrir los ojos. Llevaba días atado a la cama. Entonces le entró un miedo tremendo y llamó a su mujer:

—¡Mujer, ven acá! Mira que la Muerte nos llama a la puerta. Ponte guapa como Dios manda. Ponte lo que tengas, pendientes, collares… Y luego ven a sentarte a mi lado.

La mujer se quedó de una pieza:

—Pero, ¿qué me dices? ¿Cómo me voy a poner guapa mientras mi marido está luchando con la muerte?

Y respondió Nasrudín:

—Escucha, mujer, que como no me hagas caso te juro que te acordarás de mí. ¿Pues no vamos a recibir a la Muerte? Así, si le gustas, que te lleve a ti.

Los problemas con la traducción eran varios y variados. En primer lugar, but not least, o sea, para qué vamos a decir más, el cuentecico así me resultaba sosísimo. Y algo parecido debía de haber pensado Orhan Veli cuando su versión es en pareados, que no tienen ustedes que ser genios precisamente para darse cuenta de que nuestra traducción no está en verso. Total, que no, que no me gustaba y al amigo Keko tampoco es que le hiciera muy feliz y eso que el muchacho es trilingüe (kurdo-turco-español) y que, como era pequeño, según nuestro compañero Pablo, te lo podías poner bajo el brazo y parecía un diccionario de bolsillo. En fin, que lo dejamos, porque estas cosas mejor dejarlas para que reposen, y su madre (la de Keko) nos puso unos vídeos de una película (creo) de música folklórica de Turquía del que me quedó la impresión de las viejas del Mar Negro que salen en el vídeo que, Dios, WordPress y Youtube mediante, podrán ver ustedes en este blog suyo y mío si le dan a la tecla correspondiente y no les asusta la especie de Baba Yaga (recuerden, acento en la «a») que aparece en la imagen:

Las señoras cantoras éstas de la cuarta o quinta edad (incluida la soplona, que parece la apuntadora) la verdad es que no son muy distintas a las que existen en nuestros lugares de origen, sean ustedes de donde sean, sólo hay que rebuscar un poco. Sus melodiosas voces me recordaban a ciertas canciones de Joaquín Díaz, miren ustedes por dónde también folklóricas, en las que primero se oye a algún viejo presumiblemente rural entonándola (es un decir) con la supuesta intención por parte del Sr. Díaz de demostrarnos que no se la ha inventado él. Como muchas de estas cancioncillas son romances (y a estas alturas se habrán dado cuenta de que le tengo cierto apego a tan hispana forma poético-coplera) y durante los talleres estuve durmiendo la mar de mal (expresión que me agrada mucho porque se puede pronunciar «la mal de mal» o «la mar de mar» a poco que se descuiden), me pasé la noche dándole vueltas a que con el cuento de Nasrudín se podría hacer un romance, si no heroico ni lírico, sí, al menos, ligero. Antes de desayunar (tengan en cuenta que me encontraba en un hotel y está feo bajar al comedor en pijama y sin peinarse, si no habría desayunado antes) ya tenía pergeñado un borrador. Como por los mismos motivos anteriormente expuestos desayunaba tempranísimo, siempre me daba tiempo a bajar al centro de la cuidad (esto es un chiste privado) a tomarme un café como Dios manda (o sea, con más café del que normalmente le ponen) a la cafetería imperialista y allí, con las neuronas echando chispas por las sinapsis a causa de la cafeína del café, pude al fin acabar de parir (metafóricamente) mi engendro, que decidí que se cantara con la música del romance de la doncella guerrera hija del sevillano. Antes de someterlo al juicio público lo consulté con el previamente mencionado Pablo, como asesor musical, que me sugirió algunas mejoras (como la de la expresión «un pelín» mejor que «sin fin») por lo que lo bueno debe atribuirse a él y lo malo a mí, que a veces soy de un modesto que reviento. Para que me lo hagan ustedes bien, primero les voy a poner otro vídeo para que se me hagan a la música:

Y ahora la versión en romance del cuentecito. Ya sé que una de las estancias, por llamarlas de alguna manera, rima de forma distinta, pero no es fácil encontrar rimas en «í» aguda (de ahí el desplazamiento del acento en «Mardín»). Observen que «voy a» se convierte en «vi a» y recuerden que «hoca» tendrán que pronunciarlo «joya». No olviden tampoco que está pensada para ser cantada mal y a voz en cuello (a Keko le gustó bastante, quizás por eso):

Romance de Nasrudín y la muerte

Un día, cerca de Konya
el pobre de Nasrudín
enfermó tan malamente
que creyó que iba a morir.

De la cama el pobrecillo
no se me podía salir
quieto, sin poder moverse
porque le dio un paralís.

La muerte llamó a su puerta
y el hombre se me asustó
pensando que era su hora
miren qué se le ocurrió:

«Óyeme, mi mujercita,
mira qué te vi a decir;
ésta que llama es la muerte
que no se te ocurra abrir.

»Vete a tu cuarto de aseo
y allí te vas a vestir.
Ponte el anillo y las perlas
y maquíllate un pelín.

»Mírate en aquel espejo
que te traje de Mardín
y cuando te pongas guapa
te vienes corriendo aquí.»

La mujer horrorizada
a Hoca le dijo así:
«¿Cómo, maridito mío,
voy a decirte que sí?

»Está la muerte llamando,
guapa no me vi a poner.
Llantos, gemidos y lloros,
eso es lo que voy a hacer.»

«Mira, mujercita mía
que la muerte viene a mí,
pero si te ve muy guapa
igual se te lleva a ti.»


 

Molla Nasreddin, No. 3

A veces soy Oca y a veces soy Molla

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
Esta entrada fue publicada en Adaptaciones, Costumbres, Cultura, Orhan Veli, Poesía, Ponencias y demás. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Nasrudín y el juego de la oca

  1. Salia Dulitel dijo:

    Niquelado os quedó, Carpintero. Salia Dulítel.

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