¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?

British Museum Room 10 cuneiform

En un lugar de Mesopotamia de cuyo nombre no quiero acordarme…

Parece ser que con lo de la feria del libro de la capitás andan algunos ánimos alteraos con eso de los libros letrónicos. Sin ir más lejos el amigo Robert Falcó tuvo a bien enseñarnos (virtualmente) una noticia en la que se hacía una encendida defensa del libro tradicional en papel como si el letrónico fuera el bute de Rute. Para echarle más leña al fuego de la encendida defensa ésa, David Paradela nos mandó un enlace al reglamento de la feria donde se incluye entre los excluidos (¿les gusta lo de incluir entre los excluidos?):

(iv) Los libreros, editores, distribuidores y servicios de publicaciones de organismos oficiales e instituciones públicas que se dediquen únicamente a la venta, edición y distribución, respectivamente, de libros en edición digital  publicados en Internet o mediante cualquier otro soporte distinto de la tradicional edición impresa en papel.

Por éstas que son cruces, los editores que no publiquen en el soporte tradicional del papel no entran en la feria. ¡Qué miedo, el coco! Menos mal que por lo menos se acepta que son libros y no rayos láser o algo así. Total, que como andamos de exámenes y una de las asignaturas que doy es composición (argumentaciones), me dije: “¡Hombre!, les voy a pedir a mis estudiantes que me argumenten sobre el futuro del libro en esta era de tabletas, tablillas, tabloides y teléfonos tontos e inteligentes (el mío, muy listo no es), a ver qué me dicen”. Algunos cogieron la otra pregunta y no sé que piensan, pero la gran masa de los que sí argumentaron al respecto se dividen en dos grupos:

1) Los que aman los libros electrónicos.

2) Los que odian los libros electrónicos.

Y nada entre medias, como me parece que pasa en la sociedad en general. De hecho, una de las ventajas de poner redacciones es que te enteras de lo que piensa la juventud. La desventaja, claro, es que te las tienes que leer (en formato papel). Bueno, vamos a hablar primero de los primeros porque es más fácil. La juventud que ama los libros electrónicos lo hace porque pueden llevar muchos libros encima (mis estudiantes precisan que en el bolso, bolsillo o bolsa) y yastá. Éso es lo mejor que le ven, que tampoco está mal. La verdad es que también hablan de que los libros les salen de gañote, pero no se lo digan a nadie no les vayan a acusar de fomento de la piratería. La juventud baila es además multiformato y les da igual leer en el ordenador, que en una tableta, que en el teléfono. A mí no, y es una de las ventajas que les veo a los libros letrónicos. Yo en la pantalla de un teléfono, por ejemplo, no veo tres en un burro y miren que he probado. Cosas de la presbicia. Leer en un ordenador tampoco me gusta, la verdad, porque tengo el síndrome ése de los niños que se distraen y me pongo a mirar el correo electrónico a ver qué noticias nuevas hay del heredero de Nigeria. Las tabletas no las he probado, pero como sean como las tablillas cuneiformes del museo arqueológico me iba a pasar lo mismo que con el teléfono. Otra ventaja que le ven mis estudiantes es que, aunque puedes llevar muchos libros, no pesan más por eso. Es decir, en vez de ir deslomao con la Larousse en la mochila, llevas solo el aparatico. La desventaja de esto es que nadie te va a robar una enciclopedia en el tranvía, pero una tableta es más golosa. No obstante, la columna lo agradece.

Yo para leer uso un ingenioso e-aparato de e-tinta con el que te puedes tumbar en el sofá tranquilamente, cosa que, si la haces con el ordenador, se te cae (habla la voz de la experiencia) e igual se efarata. Mi ingenioso e-artilugio te da la posibilidad de ampliar las letras hasta un tamaño razonable lo que, sin duda, facilita más la lectura que algunas ediciones de bolsillo que tengo, que las letras parecen patitas de hormiga a tamaño natural. No te digo yo que hagas como Mª Jesús, que las pone de grandes que casi sólo le cabe una palabra en la pantalla, pero te las puedes poner que las veas. Por eso se llama formato letrónico, porque le puedes ampliar la letra. Además, nuestras e-cosas tienen la pantalla de ésas que la frotas con el dedo y te cambia la página, que es muy cómodo pero que si tienes los dedos pringaos de polo de limón es un poco problemático. También es problemático leer un libro en papel comiéndose un polo, de todas formas. Resumiendo, ventajas del formato letrónico: que puedes tener muchos libros en un solo volumen y que puedes ampliar la letra.

Vamos ahora a los que los odian. En general los odian porque están seguros de que la aparición de los formatos electrónicos significan la desaparición del libro en general y no sólo de la “tradicional edición impresa en papel”. Aquí podemos ver dos tipos. Los primeros son los que confunden un libro con un limón salvaje del Caribe y con la señora que se hace la toilette con jabones aromatizados con los susodichos limones. Es decir, sus argumentos son algo así como “¿Qué se hizo del perfume a rancio abolengo que emana de las páginas del libro amado? ¿Qué se hizo de la tersura del papel de sus páginas? ¿Do las caricias que le regalamos al libro en el lecho rozando su delicado lomo y sus exquisitas cubiertas?” (Sobre esto del olor a libro Raquel Vallés y Alfredo Álamo publicaron unas divertidas entradas en Lecturalia que pueden leer si pinchan en sus nombres). La gente que dice lo del olor y la tersura debe de tener unas ediciones que paqué, porque el olor de las que yo tengo en casa no es precisamente a Chanel. Los libros viejos sí me gusta como huelen, pero no estoy seguro de que sea precisamente un buen olor porque es como una mezcla de polvo y moho que más bien me recuerda al Dungeons & Dragons por la parte de los dungeons porque, la verdad, no sé cómo huele un dragón aunque seguro que no muy bien. Pa mí que es como el olor a santidad de cuando desentierran a un santo. Desde luego, mis libros no derraman lisura ni a su paso dejan aromas de mixtura que en el pecho llevan.

Volvemos a los que odian el formato electrónico, en concreto al segundo tipo. Éstos no se te cortan y te dicen que un libro electrónico no es un libro y yastá. La verdad es que no les falta razón si nos atenemos a la primera acepción del DRAE y nos la cogemos con papel de fumar (la acepción), vean si no: “Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen”. Si usamos otra acepción, no vale (un poner, aquélla de “Tercera de las cuatro cavidades en que se divide el estómago de los rumiantes”). Es decir, si no hay papel o material semejante, no hay libro. Esto, desde luego, se basa en una de las principales ventajas del libro en su soporte tradicional porque, como dice mi amigo Juan Caballero, si estás en el campo y te da un apretón, no vas a usar el e-book. De todas formas, me parece a mí que se confunden un poco las cosas. Por ejemplo, anda por el feisbu una ilustración del Forges (no me atrevo a llamarla chiste) en que un niño le dice a otro más o menos: “¡Qué consola más chula” y el otro le responde que se llama libro. Pues no, señores y señoras, una consola no es un libro, son cosas distintas, la una sirve para matar monstruos y gente de forma virtual (es decir, no es de verdad) y la otra para leer. Yo, por lo menos, no me confundo. Ahora que lo pienso, tampoco se me ocurriría ponerme a leer un libro en la PSP. Por favor, que un cuervo y un escritorio no son lo mismo. Es como si yo le pregunto a alguien: “¡Qué lanzadera espacial más chula! ¿Cómo se llama?” y el otro me responde “Es un vaso de Mirinda”. De esto pueden ustedes deducir que me reafirmo en que los teléfonos no son buenos para leer, pues sí. Pero los niños saben diferenciar entre una consola y un libro, palabrita.

¿De dónde viene, pues, el odio si estamos hablando de cosas distintas? Pues de que creen que el libro va a desaparecer en la segunda acepción del diccionario (“Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte”), de lo cual no tiene la culpa la Real Academia porque bien que se han curado en salud poniendo lo de “o en otro soporte”. Lo que dice esta gente es más o menos lo siguiente: como ahora el personal usa el Twitter (qué manía le tengo, por cierto) y los SMS, pues ya no se va a escribir con la “extensión suficiente para formar volumen”. Volvemos al cuervo y al escritorio, ¿qué tendrá que ver que yo le mande un mensaje a mi mujer para ver si compro pan con que escriba o no un librote sobre el uso de la “a” palatal en el valle de los Pedroches (obra científica), una novela sobre un templario enamorado de una vampiresa (obra literaria) o un manual de autoayuda para los que les da dentera cortarse las uñas (obra de otra índole)? Pues no, según ellos, como leas lo que sea en internet ya no vas a tener la paciencia como para leerte cualquiera de los libros propuestos como ejemplo. De todas formas, ¿quién la tendría?

Y venga siempre con lo mismo: “¡Es que los niñooos no leeen!”. Ay, amigos, los niños no han leído nunca. Antes era la tele la que tenía la culpa, luego las consolas y ahora internet. Antes era jugar al balón en la calle y en el paleolítico que se iban a que se los comieran los tigres dientes de sable. “¡Es que antes se leía muuucho máaas!”. ¿Quién o quiénes? Porque conozco a muchos pre-formato letrónico que nunca han abierto un libro y que no lo harían así les cayeran encima las penas del Infierno. ¿De qué estamos hablando? Entonces es cuando aparecen otros argumentos: es que si los libros electrónicos se empiezan a usar (para leerlos) más que los de papel, desaparecerán las librerías; y si desaparecen las librerías, los distribuidores no tendrán a donde mandar los libros; y si desaparecen los distribuidores, las editoriales se hundirán (no me pregunten cómo porque ese día estuve malito y falté a clase); y sin editores, nadie escribiría y mucho menos traduciría. ¿Lo ven? Es como si el presidente de un club de fútbol de primera división afirmara que sin clubes chorizos (mucho hablar de la crisis, pero habría que investigar por qué tantos presidentes de clubes de fútbol son constructores) los niños no jugarían más al fútbol en la calle. Mire usted, si los niños no juegan al fútbol en la calle la culpa la tienen los coches, que las consolas no van por ahí atropellando a nadie.

Suena a que alguien teme que se le acabe el chiringuito. Pongo a propósito el ejemplo del chiringuito porque me parece que viene al pelo. Cuando sacaron la ley que los prohibía, todo el mundo puso el grito en el cielo. ¿Ha dejado la gente de beber cervezas? Pues no. ¿Se han adaptado a la nueva situación los chiringuitos? Supongo. ¿Se acabó eso de que te cobren un huevo de la cara (expresión que le robo Elvira Lindo agradecido de todo corazón) por una coca-cola y una sardina pestosa? A lo mejor. Eso sí, las industrias del chiringuito y del libro deberían tomar nota de por dónde van los tiros con lo de la música y pensar: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, arrímate a buen árbol que Dios te ayuda si amanece más temprano”.

¿Saben qué les digo? Que mi madre está la mar de contenta con su e-libro-electrónico porque, entre otras cosas, dice que no le parte las gafas cuando se queda dormida leyendo y se le cae en las narices, y ella no es precisamente de la generación de la web 2.0. Como ando de refranes, diré aquello de “algo tendrá el agua cuando la bendicen”; o sea, que no es cuestión de formatos. El lunes nos decía Fernando Iwasaki que La Ilíada había superado sin problemas papiros, tablillas, pergaminos y papeles, y que el verdadero peligro para La Ilíada era Brad Pitt. Ahí me permito discrepar: Brad Pitt es sólo un intérprete que traducía en visajes los sentimientos de Aquiles; el verdadero peligro eran los productores de la película. Así que ojo y oído al parche. Quiero decir “ojo” y “oído al parche” por separado, no “ojo (y oído) al parche” como Moshe Dayan.

P.D. Me dice Mª Jesús que precise que los libros electrónicos ocupan también mucho menos espacio en las estanterías de casa. Dicho queda.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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22 respuestas a ¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?

  1. Celia Filipetto dijo:

    Otra ventaja del letrónico: no junta tanto polvo como los libros de papel. Divertidísima la entrada, Rafael.

  2. Juan Carlos Arellano dijo:

    ¡Bravo, Rafael! Me he reído mucho con tu ironía. Muy buen artículo, inteligente y divertido.

  3. “Y nada entre medias, como me parece que pasa en la sociedad en general.”
    Y con casi todo, lamentablemente. Creo que el gran problema es que hay poca gente que ame los libros así en general, quitando o poniendo cualquier apostilla detrás. Y justo esa gente es la que sigue (y seguirá) sustentando una parte de la industria en papel, porque nadie invierte el dinero que cuesta un ebook si solo va a comprar/leer tres libros al año. A menos que sea un gestor terrible de su dinero y le guste la cacharrería. Y a los que nos gusta de verdad, nos gusta de todas las formas, y este lo compramos así y el otro asá, y no pasa nada. E incluso consumes más literatura porque algunas cosas prefieres descargarlas en lugar de simplemente no leerlas, como hacías antes, porque cuestan dos duros. Así que no veo que peligre ni una cosa ni la otra, ni que haya necesidad de escoger un bando, que es muy de aquí como las tapas.

    A mí me ocurre como a ti, no disfruto nada leyendo en un teléfono (¡mis hogos!) ni en un ordenador, pero hablo de literatura. Creo que cada dispositivo tiene su razón de ser para un lector. La tableta es un invento estupendo para estudiantes, para que desaparezca la milenaria tradición de partirle la espalda a nuestros hijos con esas mochilas tamaño hormigonera que tantos moratones han causado en los autobuses a las ancianitas cuando los susodichos se giran para bajarse. Y para leer “tontás”. El móvil para las noticias a golpe de vista y poco más. El ordenador para lo mismo, versión extendida de 4 discos con comentarios del redactor. El ebook para clásicos y libros que no te apetece comprar en papel por lo que sea. Y el papel, para lo de siempre, y sobre todo los cómics (me resultan incomodísimos en cualquier otro formato). Vamos, en armoniosa convivencia. Por su pan, que no tiemble nadie; por aquello de forrarse haciendo el cómodo trabajo del intermediario, por eso sí. Y es que ya estaba bien…

    Como dices, si los niños no leen, la tecnología poco tiene que ver. Es que no ven a sus malditos padres hacerlo.

    Flanérrima de usted siempre,

    Nieves

    • ¡Qué mala suerte! ¡Qué poco o nada que añadir a tan brillante comentario! Lo de las tabletas y las espaldas de los niños me parece acertadísimo. En lo de los cómics estoy totalmente de acuerdo. Me ha gustado mucho lo de “¡Mis hogos!” porque a) hoy iban en le tranvía dos mozuelas leyendo algo en un teléfono de esos de mora negra y quien esto suscribe no era capaz de ver nada ni con las gafas nuevas de lejos (que para eso no era mi teléfono) y b) por una historia de Guillermo Brown en la que Violeta Isabel (si mal no recuerdo) prepara un crucigrama con tres huecos en vertical y tres en horizontal; las preguntas eran “lo que soy” y “lo que abro y cierro”: soluciones “iga” (hija) y “ogo” (ojo). La traducción de Guillermo López Hipkiss, creo.
      Salud

  4. Carmen abuela dijo:

    Se te ha olvidado mencionar lo bien que se avienen el e-book, el botellín del agua y el bocata en los viajes
    Un besazo.

  5. Sole dijo:

    Estoy de acuerdo con todo. Especialmente con el tema del ahorro del espacio. Aunque seguimos comprando libros en papel, porque nos gustan, es un gustazo poder descargarte muchas de las novelas para el libro electrónico. Sobre todo ahora que les mandan leer un montón a los niños en el cole ¡Ya tenemos la mayoría de las estanterías con varias filas, y el libro electrónico es un gran desahogo! Además, a muchos de los detractores del libro electrónico, que argumentan lo del olor de los libros en papel, su tacto… les preguntas y si se leen un par de libros al año, ya van sobraos ¡por eso ellos no tienen problemas porque se les acumulen los libros!
    Besos

  6. Celia Filipetto dijo:

    Por mi experiencia personal, a veces los niños no leen ni aunque vean a sus padres leyendo a todas horas.

    • Eso lo he visto yo con estos ojos. Por cierto, contaba Rosa Regás que se hartó de pensar en regalos para sus nietos, así que abrió una cuenta en una librería para que compraran lo que quisieran; conclusión, algunos no gastaban una peseta de la cuenta y otros la dejaban tiritando. Como decía aquél: ca uno es ca uno y tiene sus caunás.

  7. Ay, confieso que soy de esas que sí les gusta el olor de los libros y el tacto del papel (por poner un ejemplo, la edición de clásicos q hizo el país no puedo leerla, me da tiricia el papel guarriasqueroso que utilizaron), meto las narices en los libros antes de comprarlos (normalmente no tomo decisiones librescas por olfato, pero si me puede acabar de convencer si no tengo claro si dejarme la pasta o no…) y en el cole me hacía ilusión estrenar libro de texto por lo bien que huelen cuando están nuevecitos…
    Pero todo eso no significa que tenga nada en contra de los libros que se enchufan. Excepto eso, quizás, que ya sufro con la batería del troncomóvil, como para tener que esta pendiente de alimentar otro cacharro. Bueno, y también q quizás me daría un poco de cosilla andar leyendo de noche por la calle si llevo un aparatejo de nosecuantos leuros entre manos… además, como arma defensiva, un buen tocharro siempre irá mejor que una pantallita fràgil, ¿no? (más dolores de espalda, más contundencia para espantar cacos, dos por uno)

    Vamos, que por mí que convivan todos, papiros incluidos (lo de las tablillas lo veo más difícil con lo torpe que soy). Pero que le inventen algo al libro electrónico que me haga darme cuenta mejor del paso de las páginas, que eso me agobia un pelín en el mundo no papelero… (leer un libro me tranquiliza, digamos, y no me preocupa el paso del tiempo ni ná, mientras que al leer en un libro electrónico tengo la misma sensación que en intenné de nunca acabar…).

    Hale, me he quedado a gusto 😀

    • ¡Ja! Uno de los mayores argumentos en contra de los libros electrónicos, que te salga un chorizo con una navaja y, además del susto, que te lo quite aunque luego no lo use. Soy un firme partidario de los buenos olores o de los olores madaleno-proustianos. Sin embargo, usted misma no está muy a favor del hedor del papel guarriasqueroso. Pensándolo bien, me gusta mucho leer un libro bueno en papel y más si es una buena encuadernación. Si es una novela de quiosco de estación, me da igual o casi prefiero el formato letrónico. Salud.

      • se nos ha olvidado una cosa. Si hace frío, que quema mejor, ¿una encuadernación rústica, con sus lomos, 1000 papelajos y bichos que hayan anidado en la cola o un aparatejo lleno de cosas que seguro contaminan mogollón si lo quemas?

        vale, ni pa usted ni pa mí, que hagan un libro electrónico que huela a libro de los que huelen bien… entonces estaré a punto de quedarme sin peros 🙂

  8. PD: y sí, yo de media me leo un par de libros… pero a la semana (pronto en mi casa el lema será o los libros o yo, q se me están comiendo, xD).

    • Pues es un problema bien gordo. Intente venderlos o incluso regalarlos y ya verá qué risa. Lo más probable es que se los coma con patatas, por desgracia. Por cierto, había una novela un poco tontuna que se llamaba algo así como Memorias de un bibliófago y era de tipos que comían libros. Sinceramente, prefiero el jamón, sobre todo el bueno.

      • ay, no sería capaz de venderlos… les tengo demasiado cariño (excepto a la dichosa colección del país, q en realidad no es mía). Y tengo otra pequeña manía: me encanta releer (vale, no todo). Si incluso he imaginado cómo hacer para si algún día tengo algo para dejar en herencia ser tan chunga como para obligar a mis herederos a comprometerse a mantener la integridad de mi biblioteca (me da demasiada pena ver libros abandonados en la calle por herederos despiadados… o sin sitio). Lo mío creo que es de enfermedad…

  9. Maria dijo:

    Yo creo que el advenimiento (o la generalización) del libro electrónico servirá para separar a los verdaderos lectores de nuestro tiempo (sin dinero ni espacio para la versión en papel de todos los libros que quieren leer) de los que compran libros porque son bonitos (es decir, para decorar), y quizás los leen), y de los que los compran para regalar (que a lo mejor son los que acabarán salvando a la industria editorial). Supongo que la mayoría tenemos algo de los tres tipos, pero sospecho que los que leen mucho y solo en papel irán envejeciendo sin relevo generacional. A título personal, si alguna editorial me da a elegir si quiero recibir mis ejemplares en papel o en formato electrónico, digo siempre que en papel. Aunque nunca más vaya a abrirlos. Es que así se regalan mejor a tías, abuelas y madres de traductora, y quedan más bonitos en la estantería que enseño a las visitas.

    Me ha encantado la entrada, por cierto.

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