El museo de la paciencia

'The Children of Captain Grant' by Édouard Riou 105

¡Virgen santa del amor hermoso! ¡La de cosas tan curiosísimas que hay aquí!

Aprovechando que aquí era el día de la madre y esperábamos que el personal anduviera de reuniones familiares, el domingo quedamos con nuestra amiga Mónica y nos fuimos a ver el Museo de la Inocencia del señor Pamuk. Como “pamuk” significa “algodón” en turco, a mí me gusta llamarle “don Algodón” y perdonen el chiste malo, pero la verdad es que el museo estaba reluciente.

Para el personal que no lo sepa, o le importe un pimiento, tengo que explicar que El museo de la inocencia es una novela pero también un museo. Es decir, la idea de Pamuk era ir haciendo el museo a la vez que escribía la novela para inaugurarlo cuando la publicara (esta frase es de las que traen por la calle de la amargura a mis estudiantes porque, como en turco no hay género gramatical, lo de los pronombres no es que tenga demasiado uso y se pasarían un buen rato hasta descubrir que “lo” de “inaugurarlo” es el museo y “la” de “la publicara” es la novela. Por cierto, como tampoco hay una palabra exacta para género gramatical, no se comen demasiado el tarro con las diferencias entre sexo y género). Lo malo es que si del dicho al hecho hay un gran trecho, en este caso del pensado (el proyecto) al dicho (la novela) y luego al hecho (el museo) hay más distancia que de mi casa a la universidad a la que iba a unos seminarios de Hans Vermeer (d.e.p.) que tenía que coger el tranvía, luego un barco, después un microbús y, para terminar, un taxi.

Lo de la novela ya tuvo su aquél. Allá por septiembre u octubre del 2006 (no me acuerdo exactamente), cuando Mondadori hizo aquí la presentación de Estambul, que dieron muy buen rancho y unos cuadernos, ya andaba con la novela empezada y recolectando piezas para el museo. Entonces le dieron el Nobel (esto es bueno) y con tanta entrevista, tanto discurso y tanto bolo, se ve que al buen hombre se le fue el santo al cielo y no es para menos. Luego vinieron lo del proceso por decir que si tal y que si cual y las amenazas de muerte (esto es muy, muy malo y lo digo totalmente en serio) y el santo ascendió todavía más en la corte celestial. Por fin la terminó en el 2008 y debió de quedarse descansando. La publicación internacional fue un poco precipitada (hay gente en mi pueblo que diría “precipotada”) y procelosa como ya comenté en una entrada anterior, que me la buscan si hacen el favor que para eso este blog tiene un botonico de buscar y si me salgo de esta pantalla me lío. Pos bueno, la novela se publicó, se reseñó, se vendió, etc. Pero, ¿y el museo?

Pues el museo iba a ser un poco como el parto de la burra, que no sé por qué se dice así, que las burras no sé, pero las antílopas, que son más o menos lo mismo, te paren en un pis pas, que lo he visto yo en un montón de documentales. En fin, que iba para largo. Primero hubo problemas con la obra, luego problemas con los operarios, luego le acusaron de que estaba llevándose la pasta de lo de Estambul 2010 (capital europea de la cultura culta) y devolvió la subvención que le habían dado que para eso tenía el pico del Nobel y ya se sabe que la mujer del César… No sería Mesalina, ahora que lo pienso, en fin… Total, que poco menos que tienen que acabar llamándolo Museo Juan Palomo, pero al final se abrió. Hasta dieron (dio, Pamuk) una copichuela la mar de aparente a la que tuvo la delicadeza de invitarnos (nos llamó él personalmente y me pareció un detallazo porque se supone que los Nobeles tienen machacas que se ocupan de eso. Por cierto, ¿se les ocurre qué melodía podía ponerle al móvil para cuando me llame?) y en la que, la verdad, nos aburrimos como ostras porque todo era gente de un relumbrón que no veas y nosotros, tristes cuitados, no conocíamos a nadie (de verlos en la tele, sí). La culpa es nuestra, no se crean.

Para quienes no sepan de qué va el asunto (véase el segundo párrafo) la novela de El museo de la inocencia va de un señor que se encoña (y ustedes perdonen, pero no hay forma más exacta de describirlo) de (¿con?) una prima suya (de él, no de ustedes) y le da por ir quedándose recuerdos o mementos de la interfecta hasta el punto de tener material para un museo. Y ahí está el truco de museo de verdad, sito (me hace gracia esta palabra) en la misma casa en que se supone que vivía la famosa prima y que contiene todo tipo de nimiedades y guarrerías (en el buen sentido de la palabra) de los años en que transcurre la novela. Es el lugar perfecto para decir aquello de “¡Cucha! Cuando yo era chico en mi pueblo había talmente lo mismo sólo que un poco más…”. Las vitrinas expositoras siguen los capítulos de la novela hasta llegar al primer piso, donde está el cuarto del protagonista y el manuscrito del libro, para quien sienta curiosidad por esas cosas. Por cierto, Pamuk escribe sus libros a mano, con lo que ser su editor tiene que ser una pesadilla diabólica.

El museo, como todo, tiene sus cosas buenas y malas. Por ejemplo, nada más llegar tienes que apoquinar veinticinco liras de entrada, que me parece una pasada porque son como diez euros, pero si van ustedes con el libro, tienen derecho a un pase gratis, que para eso tiene un lugar para que te lo sellen en no me acuerdo qué página, y además dependería si es de tapa dura o de bolsillo; de todas formas, es cuestión de echar cuentas a ver si te sale mejor pagar la entrada o comprarte el libro.  Otra cosa mala es que si no te has leído la novela puedes quedarte un poco a dos velas como le pasó a nuestra amiga Mónica, pero si te lo has leído puedes pasártelo como un enano. Lo malo de eso es que hay personal que lo va visitando libro en mano como si fuera el muro de las lamentaciones y no te dejan ver bien porque se quedan en la postura delante de las vitrinas y no hay quien vea lo de dentro. Uno de los detalles que más me gustaron fue que no todos los objetos que se exponen son reales de la realidad verdadera. Es decir, un poner, en un sitio donde hay expuestas unas esquelas resulta que son de personajes de las novelas del Pamuk y, claro, si no las has leído, pues no le ves la gracia, pero a mí todo eso me recuerda a lo que decía de Ahmet Işıkçı, y ahora me vuelven a hacer lo del botoncito de buscar si les parece bien. O, por ejemplo, algunas botellas y anuncios de refrescos que son también de la novela, o el cenicero de la empresa del prota, etc. Quizás lo más chungo es que no te dejan hacer fotos y que, para ser un museo donde, según la novela, esta permitido comer chicle y besarse, hay unos fastidiosos bedeles que van chistando al personal para que cierre el pico como si de iglesia-catedral se tratase.

A quien esto suscribe y abajo firmante (yo mismo, por si les quedaba alguna duda) le gustaron sobre todo dos cosas. La primera es la que te recibe según entras a la derecha: un enorme panel donde se exponen las 4.213 (cuatro mil doscientas trece) colillas de la amada que el protagonista conservó, cada una con su letrerito sobre cuándo fue fumado el cigarrillo en cuestión. Siempre me gustó el detalle de las colillas en el libro porque el tipo se monta todo un estudio psicológico de la moza según están apagadas (aplastada=cabreo / a medias=aburrimiento; etc.). Me lo pasé muy bien viéndolo aunque ustedes puede que piensen que me faltan un tornillo o dos. Por cierto, en turco no se dice “estás como una cabra” sino “se te han escapado las cabras”. Qué curioso, ¿eh? Lo segundo, y más chuli, fue que en el museo te parece que estás dentro de la novela, o viendo la novela con tus propios ojos, frase que les digo a mis estudiantes que eviten en los comentarios de textos, pero que esta vez es verdad. Es como si te gustan las películas de Disney y vas a Disneylandia, salvando la distancia de unos tres mil kilómetros que hay entre Estambul y la Disneylandia más próxima. ¡Qué bien me habría venido el museíto cuando traducía el libro! Recuerdo con horror un pulverizador (¿se dice así?) de insecticida que me trajo por la calle de la amargura porque no era capaz de “verlo”. El domingo lo vi.

Así que si van ustedes al museo y encuentran alguna pifia en la traducción, sean benévolos porque no es tan fácil como se creen traducir a ciegas. Si quieren leer alguna impresión menos impresionista sobre el museo, no tienen más que buscar en internés, que ha salido en la prensa seria. Incluyo una fotografía de la entrada como prueba irrefutable de que estuve allí (aunque bien podría no ser mía) y para demostrarles a ustedes que se puede entrar sellando el libro.

 
Anuncios

Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
Esta entrada fue publicada en Orhan Pamuk y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a El museo de la paciencia

  1. Guía Carmona Tienda dijo:

    ¡Qué curioso el museo Rafa! Le voy a echar un vistazo al librejo, no vaya a ser que me toque por sorteo un viaje a Estambul y me quede yo sin ir al museo o, peor, yendo al mismo y saliendo con un montón de “spoilers” de esos que me dan todo el coraje del mundo. Es como ver la película antes de leerte el libro. Que ya no me pasa más, ¡vamos!

    Me reí mucho con tu entrada de The Hunger Games, muy gracioso leyendo el /bestseler/ de moda! Pero vaya, que yo también he caído, como que me acabo de terminar el tercero! Jajaja. Ahora para compensar (o no sé yo) me voy a leer El Guardián entre el Centeno en inglés, que dicen que es un clásico coloquial!

    Bueno Rafa, te sigo leyendo desde el lado espacial de la Vía Láctea Granaína!

    Abrazos,

    Guía

    • Lo bueno que tiene esto de dar clases y de traducir libros muy sesudos es que luego en la cama te apetece leer literatura entretenida. No todo tiene que ser pensar y repensar. Un abrazo.

  2. Auxi dijo:

    Excelente análisis del museo A ver todo lo que es todo aquello, y vaya traducción buena de este libro, que has hecho, que se nota y se aprecia, aunque yo no sepa turco. Y lo bien que has resuelto todo lo del libro rojo. Pensamos verlo pronto. Sigue traduciendo, por favor, que no tengamos que leer a Don Algodón desde el inglés, que con todos mis respetos ( debe resultar ya de por sí difícil) no se le acerca. Saludos

  3. Auxi dijo:

    Excusas por lo del libro rojo, así escrito, me es muy, muy familiar.

  4. Ana Arango dijo:

    Señor Carpintero,
    adoro haber tenido la suerte de encontrar esta entrada del blog! el Museo de la Inocencia es definitivamente mi libro favorito de todos los tiempos y lo tengo aqui al lado mio justamente -lo leo por segunda vez- y es ese tipo de libros que te hacen olvidar que tienes edad, nacionalidad, pensamientos etc porque te sumerje completamente en la lectura (probablemente usted no estara del todo de acuerdo conmigo porque usted lo tradujo y su percepcion es distinta de la mia) en fin, Pamuk me hace querer ir a Turquia -Estambul- y aprender mas sobre su historia, su literatura y todo lo relacionado, este libro es como un regalo! quiero ir a ese museo enseguida aunque es ahora solo un sueño debido a que vivo en Latinoamerica 😦 pero el otro semestre empiezo a estudiar literatura en Alemania, espero llegar hasta Turquia y adentrarme mas en este curioso mundo del que el señor Algodón escribe a cada rato… jajaja
    saludos y gracias por las anecdotas sobre el libro y el museo, cuanto lo envidio porque usted conoce a Pamuk en persona y sabe tanto de literatura, yo quiero algún día trabajar en algo similar!

    • Querida Sra. Arango: Me alegra haber podido hacerla feliz aunque sólo fuera un ratito. Si de verdad le gusta tanto la novela, el museo la fascinará. Eso sí, no olvide traer el libro para poder entrar gratis cuando venga desde Alemania (hay muchos vuelos y muy baratos, no olvide que allí hay muchos emigrantes turcos).
      Lo de trabajar en algo similar a lo mío es únicamente cuestión de paciencia, insistir y no tener aspiraciones de hacerse inmensamente rico. Si le gusta, eso, insista.
      Salud

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s