La primavera ha venido

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Aquí tienen un algarrobo loco de Cracovia porque no tenía ninguna foto buena de Estambul. En el hospital alemán (dois-ches krankenjaus) de cerca de casa hay otro, lo juro

¡Mil rayos! ¡Y truenos! ¡Y centellas! Tenía preparada una entrada de chuparse los dedos y ha venido la cruda realidad a fastidiármela. ¡No hay derecho, hombre! ¡A ver de qué escribo yo ahora que pueda traer por los pelos el dichoso tema de la traducción! Bueno, aprovechemos lo de primavera y ya se me ocurrirá algo. Por cierto (conector que, como les explico a mis alumnos se usa para hablar de otra cosa y no para indicar que algo es seguro: “por”+”cierto”), en turco es curioso cómo le llaman a la primavera. Resulta que “primavera” es “ilkbahar” (“primera bahar”) y “otoño”, “sonbahar” (“última bahar”). Acabo de mirar en el diccionario etimológico y dice que “bahar” viene del persa “primavera” y ésta del indoeuropeo “flor”. O sea, que primavera es “primera flor” y otoño “se acabaron las flores”. Un poco como el mofeto de Bambi. Interesante, ¿verdad? Ya saben qué contarle a la chica que se sienta al lado en la barra (aunque sin muchas posibilidades de éxito).

Andan los árboles como locos porque oficialmente la primavera llega el 21 de marzo, pero que si quieres arroz, que hemos tenido un inviernito de ya, ya. Que si echo brotes, que si me hielan, que si vuelvo a echar brotes, que si me pudren… En fin, que hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo. O, mejor dicho, marzo ventoso y abril lluvioso hacen a mayo florido y hermoso, que vistos el marzo y el abril que hemos pasado esto va a parecer Interflora de puro florido. Como dicen por aquí, y así lo relacionamos una miaja con lo del turco y lo de traducir, “marzo se hace mirar desde la puerta y te hace quemar [hasta] el mango de la pala”; uséase, marzo pásalo en casita y ten madera a mano porque te vas a pelar de frío (la pala supongo que la tienes para las nieves de febrero). Pero es que en abril también andamos con el chaquetón, mire usted.

Por aquí hay unos árboles muy bonitos, y con eso no estoy diciendo que en otras partes, por ejemplo, el Amazonas, no los haya, que no tengo ni idea de cómo se llaman, que me oye mi padre y me mata. El único consuelo (de tontos) es que tampoco tengo ni idea de cómo se llaman en español. Podría darme igual, pero lo malo es que los autores que traduzco y otros que sólo leo suelen tener la manía de los arbolitos. Ayer, sin ir más lejos, estaba leyendo una frase que decía más o menos: “Pasaron un robledal hasta que llegaron a unas hayas apartando unos brezales”. Traducido a mi lengua quiere decir: “Pasaron unos árboles hasta que llegaron a otros árboles apartando unas plantas (de cuya madera se hacen muy buenas cazoletas de pipa)”. Total, que no me queda más remedio que mirar en un libro que tengo cómo se llaman en latín y luego miro en otro libro que me regaló mi amigo Paco cómo se dice en español ese nombre latino. Lo malo es que suelen tener varios nombres y a mí ni fú ni fa. Un poner, el otro día me salió un árbol muy chulo que aquí llaman “erguvan”, pues bueno, en español puede ser “árbol de Judas”, que suena muy mal porque parece muy traicionero aunque venga bien para el Viernes Santo, “árbol de Judea”, que sólo cambian un par de letras pero que suena más a Navidad, o, ¡oh, sorpresa!, “ciclamor”, que suena muchísimo más bonito, un pelín exótico y tiene la palabra “amor” y, si nos apuramos, también “ciclo” (dicen que también le llaman “algarrobo loco”, pero eso sí que queda fatal, pero fatal, en una novela: “Nos poseyó el amor al tiempo que embriagaba nuestros sentidos el perfume de las flores del algarrobo loco”. ¿Qué me dicen? Horroroso, ¿eh?). En suma, que me parece que lo dejo “ciclamor” para siempre jamás.

Luego están las flores. Aquí, no sé por qué, podría mirarlo pero no tengo ganas, le tienen mucho afecto a los tulipanes desde el Imperio Otomano y por eso los vasitos de té tienen la forma que tienen. El caso es que al empezar la primavera al ayuntamiento le posee una furia plantadora de tulipanes de agárrate y no te menees. A  veces te regalan cebollas (de tulipán, no de las de comer) para que las plantes tú y luego hacen un concurso a ver a quién le ha salido más bonico. A nosotros (“nosotros” quiere decir Mª Jesús) uno nos quedó la mar de chulo. ¿Qué decía? Ah, sí, que los plantan por todos lados, incluida la parada de tranvía de abajo. Les hice una foto que a ver si soy capaz de pasarla del teléfono al ordenador con el blutuz y la ven porque incluye un bonito detalle de retórica contrastiva. En Turquía, señores y señoras, los carteles de prohibido no se conforman con el prohibido a secas, sino que en todos reza (me hace mucha gracia lo de que los carteles recen) que lo que sea “es peligroso y está prohibido”. Es decir, la lengua turca, en este caso el sistema retórico turco, como fruto del genio del pueblo, es consciente de a) que prohíban algo indica que ese algo es interesante y que la prohibición va con los demás pero no conmigo y b) que si algo es peligroso debe de ser emocionantísimo y sólo los cobardes se arredran ante el peligro y yo no lo soy (cobarde).

Tulipanes y cartel en la parada del tranvía

 Así que, por si las moscas, los carteles lo dejan bien clarito: “Es peligroso está prohibido” (yo añadiría: “¡so tonto!”); o sea, “Si usted quiere hacer (complemento directo correspondiente), allá usted, pero si se hace pupa luego no nos llore porque además le podemos meter un puro”. En español somos más secos y sólo ponemos “prohibido”, qué pena. Ahora bien, como decía alguien, el premio a lo ahorrativo se lo llevan los ingleses, que para decir “tenga cuidado de no introducir el pie entre coche y andén”, dicen “mind the gap” y se quedan tan anchos.

Un tercer elemento primaveral (hay otros mucho más bonitos, como las garzas o cuando las cigüeñas se reúnen para cruzar el Bósforo, que es un espectáculo digno de ver, oiga) son los malditos  gatos. Como aquí viven como reyes, tienen el celo permanente, pero cuando llega la primavera es que es un sinvivir (en mí). ¿Han oído alguna vez a un gato en celo? Pues miren, suena igual que si estuvieran torturando con hierros al rojo a un niño (chico) de pecho que encima tuviera una enfermedad horrible. Como además suelen deleitarte con sus conciertos a altas horas de la noche, te pegas unos sustos que pa qué. Y luego el rollo macabeo que se tiene la gente con todo esto: “Mamá, ¿de dónde vienen los gatitos”, “Pues mira, hijo, resulta que la mamá gato y el papá gato se quieren mucho y…”. ¿Que se quieren mucho? Permítanme que me carcajee. Ya, es que ustedes no me oyen, pero me he reído. La imagen del amor de los gatos que yo tengo es una gata subida a un árbol tirándole zarpazos a un puñado de gatos (de género masculino) que rondan debajo como tiburones que esperan al prisionero sobre la plancha de los filibusteros del Caribe. ¡Unas palizas que se pegan, madre mía! Es una violación en grupo en toda regla. Pobres gatas.

Gata en la facultad tomando precauciones para evitar un destino peor que la muerte

En fin, que la primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido (yo sí, tiene no sé qué que ver  con el equinoccio) y también tiene sus ventajas. Por ejemplo, ahora podemos salir al patio de la facultad a fumar sin riesgo de convertirnos en un polo como aquél que se encontraba en medio del campo Jeremías Johnson. ¡Qué pena que aquí no sepan celebrar el mes de mayo como en España!  “Venid y vaaamos todos/ con flores a porfíiia”, etc., y a ver quién es el guapo que le traduce la cancioncita a un musulmán manteniendo todas las connotaciones culturales. Que tengan ustedes una feliz primavera.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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8 respuestas a La primavera ha venido

  1. MJ dijo:

    Podría enviarte la fotos de mis (nuestros) tulipanes, pero creo que la guardas también (amablemente) en tu móvil.
    A mí también me gustan las flores de los magnolios desnudos (o sea, de hoja caduca)…

  2. Por mi barrio barcelonés, entre plátanos falsos o ese árbol que puede vivir en puro CO2, hay unos cuantos arbolitos como ese de la primera foto… Ni idea de cómo se (los) llaman (llamamos) por aquí, pero a partir de ahora les saludaré como algarrobos locos, decidido. A ver si le hago una foto al más bonito, para hacerle la competencia a este suyo.
    PD: la primera vez que escuché un concierto de gatos en celo, los primeros tres chillidos pensé q eran de alguna critatura humana que sufría mucho :S

    • Sí que sufren, sí. El árbol de la foto no es de aquí, la saqué de wikicommons. Creía que tenía alguna, pero no. Eso sí, en la plaza de Sultanahmet hay uno precioso pero lo veo al pasar con el tranvía y nunca me acuerdo de inmortalizarlo.

  3. julian bluff dijo:

    Yo creo que el algorrobo loco de Cracovia es lo que en Anadalucia llaman “jacaranda” ¡qué mira que es un nombre bonito!. Así que ya lo sabes, Rafa… nombre turco de especie de árbol cuya traducción se ponga complicada, pues nada ¡jacaranda! al canto, que rezuma Bósforo y Topkappi por todas las yemas de sus ramas. Un abrazo 😉

  4. Y en Polonia tenemos la primavera también, pero ayer fue…8 grados sobre cero. 😦 sólo 8.

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