A Dios pongo por testigo… (© Escarlata O’Hara)

Le Serment du Jeu de paume

¡Alto, alto, un momentico! ¿Están ustedes seguros de que es así como se jura una traducción?

Que no, que no hago traducciones juradas… Sí, sí, ya sé que estoy en la lista, pero es que ahora está todo el mundo… ¿Que por qué? Me parece que han cambiado la normativa y… ¡Ah! Que por qué no las hago… Pues…

Les juro que tenía pensado hacer una entrada sobre lo de las traducciones juradas antes de que Pere Juliá me viniera con el asunto por motivos que ahora no vienen al caso. Sí, soy intérprete jurado de los del Ministerio de Exteriores, pero no ejerzo como tal. Bueno, eso no es del todo cierto, traduzco mis cosas y las de mi mujer (sobre todo los contratos para lo de la Seguridad Social, y, sí, sí puede uno traducirse sus documentos) y las de amigos muy, muy amigos y que además estén en apuros de vida o muerte. ¿Qué por qué no hago más traducciones juradas si ahí hay pasta? Pues porque era un sinvivir, mire usted, y no tenía uno ninguna calidad de vida.

Empecemos por el principio. Me presenté al examen como el burro flautista del pelmazo de Iriarte y sonó la flauta, aunque no exactamente por casualidad, no se crean, hay que saber idiomas. Por cierto, permítanme un consejo las jóvenes generaciones: nunca, nunca, nunca se dejen a la mitad la traducción en un examen (a no ser que sea de esos que te ponen un texto larguísimo a ver hasta dónde llegas). Por aquel entonces presentarse era relativamente barato, seis mil pelas si mal no recuerdo, y con ese dinero no se iba a ninguna parte, bueno, a Almería en autobús puede que sí entonces, ahora no, y, de todas formas tampoco te daba para la ida y vuelta. En fin, que cuando me presenté había más gente que en la guerra (para turco sólo tres o cuatro) y muchos, muchísimos dejaban el examen a medias por si colaba, y no colaba. Otra cosa que me sorprendió fue lo mucho que pensaba el personal. Te daban primero dos horas para traducir dos textos de poco más de medio folio (sin diccionario) y luego hora y media para otro de como un folio (más jodido difícil, con diccionario). No es por presumir, pero a mí me sobró un montón de tiempo. Tanto que me puse a repasar las traducciones y a tachar por aquí y por allá y a corregir por acullá hasta que me dije: “¡Sooo! (por lo del burro flautista) ¡Que lo vas a dar to lleno tachones y no estás haciendo más que meter la pata! ¡Déjalo como está!”. Y no me faltaba razón, sobre todo en las traducciones generales sin diccionario porque, digo yo, o lo sabes o no lo sabes, y, si no lo sabes, no lo vas a saber por muchas vueltas que le des, ¿no? También es que uno ha hecho (sufrido y preparado) muchos exámenes y eso es una ventaja. En cualquier caso, queridos niños de España, en este tipo de pruebas, cuanto menos corrijas, mejor, porque la primera versión suele ser la óptima aunque no sea buena.

En suma, que al final aprobé, me dieron mi carnet (me niego a decir el “carné” de la RAE porque me parece una carne atildada, que diría Gracián, aunque sin ene final), que es enorme y no te cabe en ninguna cartera como no sea la de ir al cole y meter el bocadillo, y me dispuse a ejercer de traductor-intérprete jurado según la nueva denominación. Y la verdad es que enseguida me desanimé porque todos los encargos eran para mañana. Solía ocurrir de la siguiente manera: “Oiga, ¿es usted el jurado? Tenemos unos documentos para traducir. Sí, sí, no es mucho, unos quinientos folios. ¿Sobre qué? Es para un concurso de empresas. Bueno, nos dedicamos a la nanotecnología cuántica. No no corre prisa, conque lo tenga para el jueves, está bien”. Y tú rápidamente a ver si aprendes rápidamente algo de los nanocuantos ésos y dale que te pego a las teclas para ver si lo tenías a tiempo.

Sin embargo, la mayor parte de las traducciones (también con muchas prisas) eran legales. Y, ¡unos dramones, madre mía!  “Oiga, ¿el traductor? Sí, mire, es que estoy en una celda de la Stasi por un delito que no cometí y los torturadores quieren que les entregue un certificado de penales para ver si así tienen un achaque y como soy huérfano no puede tramitármelo nadie y…”. O, “¿No podría tenerme para mañana el certificado médico? Me hace falta para demostrarles a los secuestradores que se tienen que andar con cuidado con el colesterol del abuelito?”. Y, díganme, ¿quién es el guapo que se niega a hacer esas traducciones tan urgentes y trágica? En suma, que primero puse unas tarifas que pensé que serían disuasorias como misiles balísticos norteamericanos o soviéticos, pero sólo disuadía al personal de pagar lo que pedía. “En fin, no tengo más remedio que pagarle lo que pide, pero no hará falta que me presente al concurso porque con esto se hundirá mi empresa. Mala suerte que sea de vacunas contra la malaria para los niños del Tercer Mundo”.

Hasta que me enteré de que si no mandabas las tarifas a los de Exteriores, te quitaban de la lista. Eso hice, y viví unos años la mar de tranquilo hasta que he vuelto a estar en ella. No aparecen mis datos de contacto, pero como está el gúgel y sí los tengo en la ficha de ACEtt por si aparece algún editor rumboso, pues…

De todas formas, es que encima lo de las traducciones juradas es un lío porque en ninguna parte te dice cómo deben ser. Hay unas normas para el sello y la apostilla que tienes que poner, pero nada más. ¿En folio o en cuartilla? ¿En papel normal o El Galgo? (El papel El Galgo inevitablemente me trae a la memoria el papel El Elefante de mi infancia, que no servía para traducciones pero sí para otros menesteres amén de como depilatorio o para quitar el óxido de las tuberías.) ¿Hay que añadir fotocopia del texto original (en teoría no hace falta)? ¿Hay que poner en todo lo alto que es una traducción jurada? ¿Hay que rellenar las líneas con guiones? ¿Se pueden usar papel de colores y tintas de olor?

Quien esto suscribe es partidario de hacerlo todo (menos lo de la tinta de olor) y llenarlo todo de sellos porque tiene comprobado (realidad científica) que cuantos más sellos y pijadas tiene un documento, más efectivo es. Mi mujer quería que le convalidaran el título de doctora aquí, pero como todavía no se lo habían expedido, le dieron un papelito provisional. ¡Y qué papelito, señores! ¡En cartulina con grecas alrededor y sellos en seco! ¡Nada que ver con aquellas horribles mitades de papel del estado con las que teníamos que apañarnos antes! Y luego hubo que reconocer la firma del rector en el Ministerio de Educación (¡más sellos!) y ponerle la apostilla de la Haya en el de Justicia (¡se agotaron las reservas de tinta del Reino de España!) y qué sé yo qué más. Total, que cuando acabamos, parecía el tratado de paz de Westfalia (que nunca he visto, pero supongo que tendría muchas firmas y sellos). Quedó tan impresionante que los funcionarios turcos seguro que ni miraron la traducción, ya quedan bastante impresionados con lo de que en todo lo alto del título ponga eso de su majestad el rey…

En fin, que le tengo muchísimo respeto a los traductores y las traducciones jurados/juradas, pero que de momento lo voy a dejar para cuando me jubile más o menos, porque tal y como están las cosas igual me quitan el puesto que tenía apalabrado en las escaleras de una iglesia.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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15 respuestas a A Dios pongo por testigo… (© Escarlata O’Hara)

  1. Pere Julià dijo:

    Bueno, yo ya quedé complacido con tus comentarios al respecto, pero con esto los futuros aspirantes a Traductor-Interprete Jurado del MAEC tienen muy pero que muy buenos consejos, en la Red poco hay, la verdad…en mi caso concreto, mi duda no era en cuanto al examen en sí, que eso de dragomán o trajumán tiene mucho intringulis y ya no estoy para esos trotes ni lo he estado, si no en relación a que uno en sus andanzas por la capital del Reino se topa con más de un traductor-interprete jurado y que yo sepa, solo hay uno, quien perpetra tan bien este blog, que pa eso está la lista en la web de Exteriores.
    Pero ya que estamos, las tuvistes que pasar canutas con la traducción inversa, yo he mirado en turco, francés e inglés, y mira lo que te digo, eso de hacerlo sin diccionario,como que no, ¿verdad?
    http://www.maec.es/es/MenuPpal/Ministerio/Tablondeanuncios/InterpretesJurados/Paginas/Convocatoria2010.aspx

    Después de nuestra conversación provechosa, investigué algo más y me encontré con este documento, “Cómo acreditar intérpretes a través de la traducción: análisis crítico de la acreditación profesional de intérpretes jurídicos en España”
    http://www.trans.uma.es/pdf/Trans_15/131-153.pdf
    que seguro habrás leído, y que critica algunos aspectos de la evaluación de las pruebas del MAEC, entre una de ellas, que no examina la capacidad de interpretación, tan solo evalua la capacidad comunicativa oral en la lengua a traducir…pero bueno, desear suerte a los que se presenten, porque el listón está alto, no hay más que mirar los listados de admitidos a las pruebas y los que aprueban.
    Y gracias por el post, trajumán 😉

    • Estimado Sr. Juliá: No había leído el artículo y le doy las gracias por el enlace. Viene a decir lo que todo el mundo opina. No obstante, creo que cualquier examen de cualquier tema es siempre parcial e incompleto (en la enseñanza se considera que un estudiante es apto cuando sabe la mitad de la materia de la parte que se le pregunta). En este caso, a la confusión entre traductor e intérprete (que no es lo mismo) se añade la que hay entre traductor jurado y traductor jurídico (que tampoco lo es). Salud.

  2. Yo de turco no, pero sí soy TIJ de inglés así que, si te parece, cuando te llamen puedes decirles: “Del turco no, pero tengo una colega en Valencia que se las hace del inglés”, y les pasas mis datos. XD

    Ha sido un relato muy entretenido (y divertido). Gracias por el ratito simpático.

  3. Me ha encantado cómo has descrito a la perfección la suma importancia de la paratextualidad en la traducción jurada. Lo de que los funcionarios turcos se queden tan impresionados por los peritextos verbo-icónicos del texto traducido sin molestarse el leer el contenido, demuestra que la paratraducción es, en este tipo de encargos como en tantos otros, más importante que la propia traducción.
    Enhorabuena por esta excelente entrada tan amena como incisiva.

  4. Leon Hunter dijo:

    “Y la verdad es que enseguida me desanimé porque todos los encargos eran para mañana…”

    Es una pena que no seas jurado porque describes muy bien la realidad y cuentas verdades como un templo 🙂

    Y seguramente no haya jurados de turco suficientes porque mi experiencia es que traducen esos manuales de nanotecnología cuántica a un inglés macarrónico y luego quieren la jurada de inglés a español porque no encuentran a nadie de turco 🙂

    Un saludo y me alegro de haber topado con este artículo por casualidad 🙂
    Leon Hunter

    • ¡Son verdades como puños! Y soy jurado, aunque no me dedique a ello. Por lo que sé, el único en España, y de ahí tanto lío.

      • Leon Hunter dijo:

        A mí me gusta más lo de “una verdad como un templo” que “verdades como puños”. Lo de “verdades como puños” era el título de un programa de Iñaki Gabilondo y le cogí un poco de tirria a la expresión (porque no contaban más que no verdades o medias verdades). En fin, cosas de política, nada que ver con la traducción jurada.
        Tienes razón en que he dicho “verdades como un templo” y es siempre singular pero es una licencia que me he permitido porque me parecía que había más de una verdad como un templo. No se dirá así pero los hablantes también tenemos que tener un mínimo margen de creatividad y uso de la lengua, digo yo 🙂
        Un saludo,
        Leon Hunter

        • ¡Oh, no, no me refería a nada del singular o el plural! Ni siquiera me había dado cuenta (eso quiere decir que sonaba bien). Lo de las verdades como puños se me vino a la cabeza en ese momento y no sabía que había un programa de televisión con ese título. Mis disculpas si parece que me he pasado de listillo.

  5. Félix G. dijo:

    Bir yanlış var! Ama, kim düzeltecek?
    Este blog me entretiene y me ilustra gratuitamente sobremanera.
    Solicito de la extremada bondad y finura que se trasluce a través de sus escritos un favor también gratuito;
    La frasecita del encabezamiento figuraba, escrita a mano y con trazo grueso, en la primera de una fila de farolas recién instaladas en una avenida de reciente construcción en Nevsehir. La cuarta o quinta de la serie había sido doblada por alguna máquina casi hasta el suelo.
    Anoté la frase porque supuse que tenía relación con la farola defectuosa. Los traductores automáticos me dan una aproximación pero…
    Abusando de su amabilidad Don Rafael; ¿Podría darme la versión de un traductor debidamente titulado y con más sellos que azulejos tiene la Sultanahmed Camii? ¿Puede tener alguna connotación misteriosa? ¿Mística?
    Favor que espero recibir de su gracia que Dios guarde muchos años etc, etc…

    • Muy estimado amigo: la frasecita se las puede traer o no y eso la hace interesante y divertida (y, como sabe, nuestro objetivo es educar deleitando. Por cierto, ¿detecto una alusión a Petete?).
      La frase, en sí misma, no tiene problema; la traducción más literal sería «Hay un error, ¿quién lo arreglará?». Pero claro, si se refiere a las farolas (que igual no), mejor sería: «Hay una mal, ¿quién la arreglará?». Aunque igual es un chiste con los exámenes de opción múltiple (aquí son muy populares) e igual habría que decir: «Corríjase la que no proceda». O, de modo más trabalengüístico-filosófico: «la farola está desfarolarizada, ¿quién la refalorizará?». Y, por supuesto, no podemos olvidar la posibilidad conspiratoria: «¡Esto está mal! ¿Es que no lo va a arreglar nadie?» y que se refieran a la situación general.
      Espero haber sido de alguna ayuda. Salú y pejetas.

      • Félix G. dijo:

        No salgo de mi asombro y me quito el sombrero ante usted.
        Nadie lo podría haber hecho tan rápido, tan bien y con tal variedad de opciones.
        Me quedo con el trabalingüistico.
        Al fin y al cabo está usted bajo la jurisdicción del arzobispo de Constantinopla, ese que se quería desarzobispoconstantinopolizar. A ver si es usted el desarzobispoconstantinopolizador que por fin consigue desarzobispoconstantinopolizarlo….

        • Es que fui a un colegio de pago. Tendría que haber visto el certificado que me hicieron en el arzobispado constantinopolitano para convalidarme los cursillos prematrimoniales. Tonto de mí, no me quedé con una copia. Salud

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