Navega, velero mío, sin temor

"Pissst, guapetona, ¿tienes e-books piratas?" "¡Colegui, que te vas a arrepentir!"

Anda el panorama editorial hispano la mar de alborotao con eso de que Lucía Etxebarría va a dejar de publicar porque se han descargado ilegalmente más libros suyos de los que ha vendido (legalmente, no sé si alguien habrá ido vendiendo ejemplares justificativos). A mí su gravísima decisión para la literatura patria me plantea además una serie de problemas de índole tanto metafísica como matemática (¿Cómo sabe cuántos se han bajado ilegalmente si se ha hecho ídem? ¿Está al tanto el estado de diversos delitos y le importa a todos un pimiento excepto al Instituto Nacional de Estadística? ¿Cómo sabe que los que han descargado sus libros tenían la intención de comprarlos?). Pero también morales, sí, sí, no se crean, que uno tiene su corazoncito.

Así que, en fin, voy a abrir la caja de los truenos y a hacer una confesión pública que puede acarrearme algunas consecuencias (no sé si buenas o malas, pero no creo que buenas): soy el orgulloso poseedor de un aparatejo electrónico que sirve para leer libros en formato asimismo electrónico y me descargo libros piratas de internés. No se crean que no me da cargo de conciencia, no señor, me pesa de todo corazón ofender a autores y editoriales. ¿Que por qué lo hago? Pues podría darles mil y una excusas, aunque no la chorrada de que la cultura debería ser gratis. ¿Y por qué no el fútbol? Todavía no he visto a nadie que no pague una entrada o el canal digital, por mucho que refunfuñen. O la vivienda, o la alimentación, o el vestuario, eso sí que tendría que ser gratis. Pero no quiero divagar. Me descargo libros piratas porque, aparte de gratis, es facilísimo.

¿Ustedes saben la que tengo que liar para pagar por internet? Entra en el pop-up ése del banco, acuérdate de la clave, busca la tarjeta de las claves (otras), espera que te salga una página indicándote algún tipo de error, vuelve a empezar, etc. Y luego, que resulta que el libro viene protegido con un DRM y tienes que cargar un programa especial y tal y cual. En cambio, con una página pirata, entras, como mucho te registras, pinchas donde tengas que hacerlo esperas medio minuto o así y, ¡ale hop!, en pocos segundos tienes tu libro.

¿Que cómo es que no me da por robar en las tiendas? Porque, como rezaba la oración que he mencionado antes, también me pesa que puedan castigarme con las penas del infierno, es decir, que me pillen, cosa que no me da miedo con lo de los libros piratas. Pero está usted robando una propiedad, ¿o no? Hummm, robar, robar, pues no. Estoy impidiendo unas posibles o presuntas ganancias y no estoy absolutamente seguro de que sea lo mismo. Pero estoy dispuesto a invitar a un café a los propietarios de los derechos, total, les corresponden unos cinco duros, así que me sale más caro el café incluso. Bueno, no lo sé, estoy hecho un lío; es como esos pecados que el pudor me impide mencionar y que nos causan graves problemas de conciencia (no en vano fui a un colegio del Opus), pero que como la carne es más fuerte que el espíritu, pues… ¿O era al revés? En fin, también me produce problemas de conciencia lanzarle patadas al gato de la escalera (y acertar, si no acierto, no), pero es que se mea en el felpudo y rompe las bolsas de basura, así que no pienso dejar de hacerlo.

(El de la izquierda es un lindo gatito que duerme acurrucadito en su mamá y en la calle que es su medio natural [¿?]; el de la derecha es un gato malo que se merece una patada, por mearse donde no debe.)

Me acuerdo de que cuando abrieron el Simago en mi pueblo, como era de la cadena Prisunic, y, por lo tanto, se llamaba Simago-Prisunic, la gente le decía “Si mango, presumo”, porque el personal entraba allí pesando cincuenta kilos y salía con ochenta, todos los bolsillos del abrigo llenos de cosas y demás, con el calor que hace en mi tierra, que le daba a uno el sarampión menudito de ver a la gente tan abrigada porque iba al Simago a ver qué caía. Luego leí por ahí que las grandes cadenas ya tienen en cuenta un porcentaje equis de lo que les van a levantar y te lo cobran cuando compras cualquier cosa, no te vayas a creer, de manera que no se arruinan porque el que manga cinco, acaba comprando siete.

Todo esto viene porque parece que Amazon ha sacado a la venta en España su aparatico y el amigo Robert Falcó lo saludó con muy mala uva con un “El fin del mundo”. ¿Qué por qué el fin del mundo? No es porque hayamos entrado en el 2012, que a lo mejor también, sino porque con esto de los libros electrónicos andan las editoriales como un jesuita antiguo en unos ejercicios espirituales: “¡Esto se va a acabaaaarrrr! ¡Si se sigue pecando así, todos al carajo al infierrrnooo!”. O bien aprovechan para decir que se van a ir a otro sitio, que llevaban muchos con las ganas un montón de tiempo, pero no se atrevían a decirlo alto y claro. A eso lo llaman deslocalización, que viene del verbo “pirarse”. “Como España es el país del mundo y más allá con mayor índice de piratería, hemos decidido marcharnos a la tierra china, que hemos sabido que allí no hay tanta (y la mano de obra sale bastante más económica, pero eso no nos importa porque la industria cultural nunca mira la pela)”.

¡Qué sé yo! Por una parte me lo paso como un enano leyendo en el cacharro mientras no se me bloquea, por otra me da como reparo. Les pongo un ejemplo, algunos libros de los que me he bajado son clásicos (o no) de la ciencia-ficción que hacía una hartá de tiempo que tenía ganas de leer pero no los encontraba por ninguna parte porque las editoriales se habían ido al garete, o estaban descatalogados, o cualquier otra cosa. Pues me los he bajado, claro. Pero mi conciencia no me deja tranquilo y no sé si ponerme a buscar los teléfonos del autor, del traductor, del editor, del corrector, del impresor, del agente del autor, del ilustrador de la portada, etc. (todo lo anterior puede ir también en femenino, pero si me pongo con lo del “el autor o la autora”, se me va media entrada) y darles algo porque yo (ahora) nunca les doy, o les doy poco. De todas formas, son libros que no tendría más remedio que buscar en alguna librería de viejo (de segunda mano; no, el viejo no, los libros) o en una biblioteca…

Pero… Pero… Pero si voy a una librería de segunda mano y le vendo al viejo un libro y luego él lo vende a otro… ¡Nos estamos saltando la cadena de derechos de autor y copirráis! Pero… Pero… Pero mientras las bibliotecas españolas sigan saltándose la normativa europea ésa, también se pasan por el forro lo de los derechos de autor. ¡Ay, Dios, qué lío! ¡Si además muchos de los que atacan sin piedad la piratería defienden que las bibliotecas no paguen un canon por derechos de autor…! Padre, no sé qué hacer. No es lo mismo, hijo, a las bibliotecas van cuatro gatos y en internet se mete todo el mundo. Pero, padre, lo hacen sobre todo para descargarse guarrerías, pelis del jolivud, juegos de la consola y novelas del Ken Follet y no películas españolas ni libros de la Etxebarría… Pues, hijo mío, yo siempre me bajo nacional. Usted es que es un poco friqui, padre, y no se ofenda. ¡Hala, hala, hijo, tres avemarías y un padrenuestro y a escupir a la calle, so borde!

Y digo yo, ¿y si las personas implicadas hicieran como Lorenzo Silva, de quien tengo y he regalado varias novelas en papel, y pusieran a la venta sus libros en formato electrónico la mar de baratitos y luego le dijeran a las páginas de descargas que les hicieran el favor de no fastidiarles, cosa que él sí hace y le quitan los enlaces? Por no hablar de la propuesta de Paolo Coelho en su blog, que por muy ingenua que pueda parecer no deja de ser generosa. Claro, que con la pasta que debe de ganar, pues le dará igual que le pirateen. ¡Alto ahí! Si es muy popular le piratearán más, ¿o no? Y dejará de ganar mucho dinero, ¿o no? ¡Ay! ¿Me entienden cuando les digo que tengo la cabeza hecha un lío? Voy a ver si encuentro un libro ligerito que me relaje en alguna página… digooo, en Libranda.

P.D. También me confunde la “ley Sinde”. Eso de que haya un organismo estatal que prohíba cosas independientemente de lo que digan los jueces…

Garden2315

¡Ja, ja, ja! ¡Con la bicha que nos hemos buscado nos va a piratear una manzana su abuela! ¡Ataca, ataca, cómete al pajarraco ése!

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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19 respuestas a Navega, velero mío, sin temor

  1. Mtraductora dijo:

    Me parece una barbaridad que patees a un gato. Una total barbaridad. Soy estudiante de traducción y hasta ahora seguía tu blog y lo disfrutaba. Desde hoy no más, soy una fiel defensora de los animales y en especial de los gatos. Si no quieres que se mee y haga trastadas preocúpate por sacarlo de la calle (que no es su medio natural como dices) y dejará de molestarte.

    • ¡Es que no se dejaaa! Corre más que una liebre. Esas cosas no pasarían si los vecinos no le dejaran comida en la escalera. Para su consuelo, creo que todavía no le he acertado y parece haberse ido. Sin embargo, sigue aquí otra gata que me cae bien.

      • Por cierto, y aunque me responda a mí mismo, “lanzar una patada” y “patear” son cosas completamente distintas. Ahora sí que podré decir: “Le lancé una patada al gato y me llaman pateagatos”. Has perdido un traductor.

  2. Reyhan dijo:

    Realmente cuando nos bajamos un archivo de internet no lo estamos robando, sino copiando, porque el fichero original sigue existiendo (si lo robásemos significaría que el archivo original ya no está en su sitio, sino en nuestra posesión). Es decir, es un mecanismo parecido a tomarlo prestado de un amigo o conocido, algo que no es delito. De hecho, esto es mejor que prestarlo (recordemos aquello de “libro prestado, perdido o estropeado”)

    Yo tengo el libro electrónico y hago lo mismo porque muchos libros que necesito simplemente no tienen un precio asequible o no están a mi alcance (por una cuestión geográfica, porque están descatalogados, en su día porque alguien se dedicaba a esconderlos en la biblioteca de la UAM, entre otras muchísimas razones).

    No intento justificarme porque sé que cada vez que me descargo un libro me estoy pasando por el arco no sólo el dichoso copyright, sino el trabajo de un montón de personas – algo que me hace sentir un poco culpable -, pero lo cierto es que los libros cuestan una barbaridad y es algo que me permite conocer el contenido del libro de antemano, por lo que sé si me compensa comprarme la copia física o no.

  3. Carmen Anisa dijo:

    Esta entrada es altamente peligrosa. Mi consejo: dejémonos de problemas filosóficos y, sencillamente, disfrutemos. ¡Tres novelas de ciencia ficción me están esperando en mi ebook! Además de otras cosas….¡Ah! Si Cervantes levantara la cabeza se volvería loco…¡de placer!

    • Los libros electrónicos facilitan la respuesta a la típica pregunta de ¿qué libro te llevarías a una isla desierta? Si me dejara de problemas filosóficos no sería yo. Un saludo desde Estambul.

  4. ¿Y porque a nadia le ha parecido delictivo grabar una peli con el video clásico, para uso y disfrute propio, por supuesto, y ahora nos amargan la conciencia con las bajadas de internés? Será por el volumen, como tu dices.

  5. Sarabel Gonzalez dijo:

    Lo admito abiertamente y sin ningún remordimiento de conciencia: pirateo absolutamente todo lo que puedo (películas, música y libros), es más hasta estoy orgullosa de ello. ¿Por qué debo yo de preocuparme de que determinadas industrias no se hagan multimillonarias a mi costa? Han tenido el poder absoluto durante mucho tiempo para imponer los precios que a ellos se les antojaba y les parecía bien, pues ya era hora de que los ciudadanos tuviéramos una herramienta como es el Internet para poder frenar este abuso, porque abuso es que un libro de bolsillo no baje de los 10 euros, y mejor no hablemos de los de tapa dura.
    Ahora en lugar de ser nosotros, españolitos de a pie, los que tenemos que rascarnos el bolsillo, que sean los directivos los que tengan que quebrarse la cabeza para adaptarse a los tiempos del internet y poder seguir teniendo los márgenes de beneficio que generalmente imponen en sus productos.

    P.S. “La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la forma en que son tratados sus animales”
    Gandhi

    • Ajá. En el caso de los libros, el problema aquí es el precio único. Por eso le tienen tanto miedo a Amazon, que ahora vende más libros electrónicos que en papel. Y legales, además. Dicen y cuentan que le propusieron a los autores hacer un fifty-fifty y que esa noche se descorchó mucho champán. En cuanto a Gandhi… Mi respeto por los animales es envidiable, pero si veo un mosquito volando, intento matarlo y si a mis vecinos les da por dejar en la puerta comida para gatos, que se pudre, intento echar el gato a la calle si se deja. Salud.

    • Por cierto, y aprovechando la que se ha liado con el cierre de Megaupload: no parece que los dueños fueran precisamente la Madre Teresa ni que vivieran en la indigencia. Y el personal los está convirtiendo en unos mártires de la libertad de expresión

      • Mi estimado Rafael, con todo el cariño, es que no te enteras. ¿No sabes que está muy feo contribuir a engrosar las arcas del orondo Lara, pero que es superguay inundar de minolles al orondo dueño de Megaupload? Es cool, tío.

        En fin, hablando un poco más en serio, lo mío con Amazon es una relación amor-odio. De odio porque por instinto recelo de cualquier multinacional capaz de manejar, más o menos, el mercado a su antojo. Y de amor porque ofrecen un producto de puta madre por varios motivos: en primer lugar porque es facilísimo comprarles libros digitales. Puedo hacerlo con el navegador, el móvil o el propio Kindle. Y siempre puedo elegir en qué dispositivo lo quiero leer. Y sí, son libros con DRM, pero es menos intrusivo que el de Adobe porque no tienes que andar validándolo con diversos programas. Ah, y puedes descargarte una muestra de cualquier libro antes de comprártelo. Y lo mejor de todo, es que te guarda una copia de seguridad en la nube de todos tus subrayados y notas. Que no soy de los que les gusta pintarrajear todos los libros, pero ahora que me estoy leyendo una biografía de Arthur Conan Doyle me va bien poder consultar mis notas en cualquier aparatejo con conexión a internet.

        • Querido Sr. Falcó: Debo expresarle mi más profundo malestar porque, con la inmediatez de la vida moderna, me ha quitado usted de la boca un posible escrito sobre ése Robin Hood moderno del Megaupload. La prueba de su modernez está en que no robaba a nadie, al parecer pagaba a otros para que lo hicieran, y no lo repartía sino que lo vendía. Así, la intervención neofascista del FBI ha dado como resultado que un pobre dueño de un videoclub sea tachado de usurero en un foro. ¿Qué quiere que le diga? Si tengo que pagar, y observe el “si” condicional, prefiero hacerlo a empresas que pagan sus impuestos. Por suerte, en España, y también en Turquía, nos hemos dado cuenta de la verdad: si pagas impuestos eres imbécil, si no lo haces, envidiable.
          Amazon será lo que sea, pero se han dado cuenta de por dónde va a ir el asunto. Lamentablemente, ni tengo un Kindle ni puedo descargarme archivos de ellos desde aquí, no sé por qué. Por cierto, no sé si estoy seguro de la frase sobre “cualquier multinacional” habida cuenta de que he trabajado un tanto para Random House-Mondadori, que, como todos sabemos, no es catalana al 100%, ni en lo de “manejar el mercado a su antojo” cuando en Amazon se basan, sobre todo, en los comentarios de otros lectores. También he traducido para Alfaguara libros que tenían muy buena crítica en El País. Sin embargo, aquí se sigue con lo del precio único y unos porcentajes de derechos de autor míseros, como muy bien sabrá por su propia experiencia, y pretendiendo que el cliente-lector sea quien haga el esfuerzo de informarse y comprar.
          Por lo demás, y como ya sabe, estoy de acuerdo con usted en todo. Por supuesto, eso no significa que me parezca bien que el gobierno, sin orden judicial, pueda cerrar sitios web basándose en denuncias particulares.

      • Reyhan dijo:

        Mártires de la libertad de expresión no sé, pero los del MegaUpload son de la poca gente en el mundo que se ha forrado a costa de hacer felices a los demás (y especialmente a la gente de la clase media y media-baja, o simplemente a todo aquel con conexión a internet). Incluso la cuenta premium tenía un precio asequible. Y eso en este mundo es raro, raro, raro.

        • Estimada y nunca bien ponderada Reyhan: Por desgracia, el tema de Megaupload ha conseguido empezar a cansarme. Lo único en lo que insisto es que los dueños cometían una serie de actos ilegales (que a todos nos viniera muy bien no tiene nada que ver con el asunto) y eran conscientes de ello. Que sea más o menos justo que cierren el servidor, que exista mucha gente inocente que se ha visto perjudicada, que… Todo eso sigue sin tener nada que ver.

  6. Iñigo dijo:

    Yo, la verdad sea dicha, hasta hace poco sólo acudía a Project Gutenberg y Armiarma (portal variado sobre literatura en euskera) para pertrechar mi Kindle con innumerables libros que nunca tendré tiempo de leer. Al final seguía leyendo en papel.
    Pero mi perdición fue encontrar varios libros de la colección de Benjamins sobre traductología. La elección parecía facil: o 140 € por un libro de 200 páginas o un clic. ¡140 €! Para entonces ya había gastado más de esa cantidad en la editorial holandesa.
    Todavía no he decidido que hacer.
    Por cierto: maravilloso blog.

    • Muchas gracias. Ha puesto el dedo en la llaga, pero no sólo con lo del dinero, sino con lo de “o un clic”. A los piratas por pereza (acabo de darme cuenta de que las siglas son PP), como yo, ahí es donde nos duele.

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