Algunas consideraciones sobre los diccionarios

Hans Christian Andersen, 1863

"Papá, papá, mira a ver cómo se dice 'pedo'". "Qué basta eres, hija"

En su momento ya escribí una entrada sobre diccionarios, pero, curiosamente, es uno de esos temas recurrentes en el mundo de los traductores. Todo viene porque ayer (con respecto a hoy, que es cuando escribo pero no cuando lo publicaré) estuve en la presentación del diccionario turco-español y viceversa de mi excompañera de lectorado Carmen Uriarte (ella estaba en Ankara) y otras dos compañeras (suyas), Sonsoles Taltavull y Bilge Cerah. Se trata de un tocho de tres kilos y ochocientos gramos, según nos explicaron las responsables y que viene a medir unos tres metros por dos (ésta es una apreciación mía a ojo).

A mí me gustan los diccionarios gordos porque dan una cierta sensación de solidez. Además, en caso de apuro, sirven para calzar esa puerta que da unos golpecitos tan molestos cuando abrimos el balcón. Los diccionarios gordos suelen tener una letra más grande también y de esa forma me evito el tener que comprarme una prolongación mecánica del brazo, que con la presbicia no me da de sí, gafas o no gafas. Los diccionarios chiquitillos los vas perdiendo por ahí siempre, pero te pueden proporcionar una amena lectura cuando la revista del avión viene petarda (porque no es recomendable llevarse un diccionario muy gordo en el equipaje de mano).

En la presentación del diccionario se insistió, sobre todo, en la de tiempo y esfuerzo que lleva hacer una obra como ésta (cosa de la que no me cabe la menor duda) y en la escasez de diccionarios de turco (y español o castellano) porque ¿qué van a decir? ¿Que es otro más de los cincuenta mil que ya existen? Encima es verdad. De momento sólo hay el pionero de los Kut (İnci y Güngör) en sus diversos tamaños, el de Fono (de un tal “anónimo”) y éste de ahora. Del de Fono, mejor no hablar. Nosotros le tenemos un especial cariño al de los Kut, porque son amigos nuestros, nos citan en los agradecimientos y está bastante bien. Claro, depende del tamaño. Me acuerdo de una tipa que me decía que los Kut debían de ser una pareja de lo más conservadora porque en su diccionario no venían tacos, barbaridades ni palabrotas. Acto seguido, en cuanto llegué a casa, me puse a mirar y sí que vienen, sí, pero si buscas en el diccionario liliput pues no, claro. De todas maneras, hay que ver cómo es la naturaleza humana, en cuanto llegas a casa con tu flamante diccionario español-sánscrito, lo primero que haces es ver cómo se dicen “caca”, “culo” y otras ordinarieces semejantes.

Lo malo que tienen los diccionarios bilingües es que te dan las palabras fuera de contexto y, claro, pasa lo que pasa. A lo mejor va uno al proctólogo porque le pica y no usa el término médico correcto y queda como un grosero (por ejemplo, el Corominas nos avisa de que “el nombre honesto” del sieso es “asentaderas”, que es lo que debemos decirle al médico. También dice que el tabaco lo cita Plinio en su Natural Historia y que lo descubrió el Demonio, pero tengo mis dudas de esto último). Y es que no se puede uno fiar de que la equivalencia siempre sea totalmente exacta y menos la primera. Mis estudiantes tienen un sistema para esto: en primer lugar usan siempre la primera acepción y, si no vale, la segunda y así sucesivamente. Así, otro ejemplo, te pueden decir que hicieron “una excursión en palangana”; como se lo pones en rojo porque no acabas de creértelo, lo convierten en “paseo en bañera”, etc., hasta que acaba en “viaje en barco”, que es mucho más verosímil. En fin, ensayo y error hasta que le das con la tecla o el profesor se harta. Yo les digo que comprueben la palabra de la que dudan con la otra parte del diccionario (en este caso la de español-turco) no vaya a ser que no sea exactamente lo que quieren decir. El problema es que no dudan, por supuesto.

Encima, por gordo que sea el diccionario, nunca viene todo. Porque, a ver, si yo les digo “Vaya pego que ha dicho el muy fartusco”, a lo mejor no lo encuentran en el diccionario con su sentido exacto y menos uno bilingüe. El DRAE de internet dice de “pego”: “Fullería que consiste en pegar disimuladamente dos naipes para que salgan como uno solo, cuando le convenga al tramposo”, que no es algo que se pueda decir, sino hacer. Y de “fartusco” comenta: “La palabra fartusco no está en el Diccionario”, que es incluir lo definido en la definición y no explica nada. O si ustedes piensan “esta entrada es un rollo”, el Corominas les explica que es “la picota, o horca hecha de piedra en forma redonda”, que a quien esto escribe le parecería una opinión un tanto exagerada (como me temía, no he podido evitarlo y he mirado “caca”: “el estiércol que se vacía del vientre, del verbo caco”). O sea, que no hay diccionario perfecto.

Puede que lo más curioso de la presentación del diccionario (por muy apasionantes que sean, no dejan de resultar previsibles) fue cuando en los ruegos y preguntas un joven les preguntó a las autoras rogándolas que le dijeran cómo habían “creado” las palabras. Así, tal cual, crear palabras, abracadabra. A las autoras-presentadoras se les quedaron los ojos haciendo chiribitas (creación, creo, de “sherry and bitter”, pero a lo mejor me lo estoy inventando). Luego el joven se explicó: lo que quería decir era que cuando un término concreto no tenía una equivalencia exacta, ¿de dónde se sacaban la palabra en la otra lengua? Y en ese momento en concreto el decoro y la exquisita educación de las autoras les impidió responderle: “de la manga”. Pero, por muchas explicaciones que dieran, no deja de ser algo peliagudo. Porque, ¿cómo podemos crear un equivalente en, digamos, francés para, digamos también, “media tostada con sobrasada”? Lo he visto traducido, lo juro, como “un demi pain grillé avec paté rouge”, pero no estoy seguro de que lo del “demi pain grillé” ni lo del “paté rouge” reflejen nuestra realidad nacional.

De todas maneras, aunque los diccionarios bilingües son un instrumento fundamental para los traductores (o, si no fundamental, sí comodísimo para saber cómo se dice eso que tenemos en la punta de la lengua en nuestra propia ídem), tienen muy mala prensa. Yo creo que todo es culpa de Larra, que dijo aquello de “para traducirla mal [una comedia] no se necesita más que atrevimiento y diccionario: por lo regular, el que tiene que servirse del segundo no anda escaso del primero”, que tuvo mejores días, el buen hombre. Es decir, que si necesitas un diccionario es que tienes una cara que espanta. De ahí la opinión general de que para traducir no hay más que tirar de diccionario y ya está. Es una idea que me fastidia enormemente porque con la de años que estuvieron los traductores ocultando la verdad (que estaba ahí fuera) y vino Larra a reventarlo todo. Qué mala follá (a ver si lo encuentran en el Larousse, suerte).

Anker Sonntagnachmittag 1861

¡Jo! ¡Menudo rollo! A este paso no nos acabamos el diccionario esta noche ni patrás

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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11 respuestas a Algunas consideraciones sobre los diccionarios

  1. Loulou dijo:

    Gracias por hacerme reír en esta tarde calurosísima frente al Paraná.

  2. Ginnie dijo:

    ¡¡Jajajaja!!, me parto de risa con los comentarios que siempre pones a pie de foto.

    Estoy deseando tener ese diccionario en mis manos y comprobar que es mejor que el horroroso que que tengo encima de la mesa…y sí, es el pequeño-mediano de los Kut, y lo siento, pero es un poco “shungo”, que los Kut me perdonen.

    • ¡Oh, vamos! El de los Kut no es malo, pero hay que usar los grandes, es una cuestión de espacio. En los pequeños no caben tantas letras y, por lo tanto, hay menos palabras. El ideal del caldo, digo diccionario, no lo consigue ningún lexicógrafo.

      • Ginnie dijo:

        Si un experto dice que no es malo, entonces una se tiene que callar, ¡pero ya!, jajaja. Me tengo que comprar el grande o empezar a mirar a este pequeño con más amor…es como cuando le tienes tirria a alguien y no sabes porqué…mi pobrecilo y sobado diccionario…

        Asi todo estoy deseando ver el nuevo, shhhhhhh, que no se entere el pequeño…es muy sensible…

        • Reyhan dijo:

          Yo tengo el de Inci Kut de bolsillo que puedo meterme en el bolso o tenerlo en la mochila sin que me pese y de momento me ha hecho muy buen servicio :).

          El diccionario de Carmen Uriarte lo vi en la Casa del Libro en agosto de este año y aunque no tuve mucho tiempo para pararme a mirarlo con detenimiento, te puedo decir que está organizado de una forma muy didáctica y la fuente es muy legible – no te dejas los ojos descifrando a ver qué pone en letra enana y apretada -, el problema aparte de las dimensiones es que para bolsillos como el mío todavía no es asequible :(.

          Lo que sería ideal es que los diccionarios vinieran en CD, DVD o similares para instalarlo en el ordenador e introducir las palabras en el buscador y que salgan automáticamente, creo que sería más práctico y ahorraría tiempo.
          Muchas veces por no andar mirando del libro al ordenador y del ordenador al libro – que al rato me levanta dolor de cabeza de tanto mover la vista – acabo mirando el significado en páginas como Tureng cuya calidad es mucho menor que la del diccionario impreso.

  3. Marine R. dijo:

    Hola, Rafael:

    He descubierto este blog hace poco, pero desde entonces no me pierdo ninguna entrada, y hasta me estoy leyendo muchas de las anteriores. Ésta, como las que hasta hoy llevo leídas, me gusta mucho por el estilo que tienes al escribir: no todos pueden hablar de cosas interesantes y serias y que quede a la vez útil y gracioso para los lectores. ¡Gracias por los buenos ratos que paso leyendo tu blog!

    P.D: Por cierto, me hace mucha gracia eso de « demi pain grillé avec pâté rouge », no creo que a ningún francés le aclare lo que es una media tostada con sobrasada.

    • Apreciada lectora:
      Mi corazón se llena de gozo al comprobar que consigo, aunque sólo sea en parte, mi objetivo del utile dolci. Mi agradecimiento más infinito (¿puede algo ser “más infinito”?).
      En respuesta a su nota, le diré que yo tampoco creo que un francés se aclare con muchas de las cosas que se traducen con cualquier artefacto electrónico. O gracias a un primo que estuvo en Nimes en los toros.

  4. Me gusta eso que comenta Ginnie de tenerle tirria a un diccionario. A mí me pasa con el Laura Tam, el bilingüe italiano-castellano. Y eso que hasta viene en CD. Pues ni por ésas: que cada vez que busco lo hago con cara de “yo te pregunto por obligación, pero que conste que no me fío un pelo”. Las cosas como son: luego acierta, claro, pero es lo que tiene la tirria, que es infundada. Como lo de Larra, vamos.

    • Es verdad, a veces le tenemos tirria a lo mejor de lo mejor sólo porque sí. O por razones muy peregrinas. Me acuerdo de un ejemplo que tiene un poco que ver con esta entrada. Por casa andaba un diccionario muy viejo pero muy práctico al que se le habían borrado las letras del lomo (de tela). Cada vez que iba a consultarlo me encontraba con que era Lo que el viento se llevó, que tenía una encuadernación parecida y con el mismo problema. Por supuesto, me llevó muchísimo tiempo decidirme a leer el libro (hablo de décadas) por pura tirria. También se la tengo a que la gente eche papelitos en los ceniceros (de “ceniza”, por si nadie se ha dado cuenta).

  5. Y por eso, you uso diccionarios de Cambridge (inglés-inglés) y PWN-Oxford (inglés-polaco-inglés). No me faltan entonces ni palabras apropiadas ni contexto.

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