En el paro

Procession of Match Workers

Traductores sin un libro que echarse a la boca protestan por el precio de los diccionarios (observen la cara de triste del tipo de la chistera)

Como lo oyen, estoy técnicamente en el paro. Técnicamente, porque tengo otro trabajo, menos mal. O sea, que ahora, no ahora mismo sino en general, no estoy traduciendo nada. Hacía tiempo que no me pasaba, pero se ve que con eso de la crisis… Supongo que será algo bastante común entre los del gremio y supongo también que como sea tu modus vivendi principal, te debe de entrar una angustia de agárrate y no te menees. Ya te entra bastante tontuna cuando acabas un libro con el que has estado unos pocos meses, así que si tus lentejas dependen de seguir traduciendo como loco, no veas.

Yo, como privilegiado pluriempleado, casi estaba contento. Lo de casi es por si acaso, no vayan a pensar que soy un irresponsable. Lo de contento es porque, no sé mis colegas, pero cuando yo estoy con un libro ni güiquenes, ni domingos, ni fiestas nacionales y de guardar, todos los días dale que te pego. No se crean que es porque me siento tan inmerso en el mundo de la obra que estoy traduciendo que no salgo de él (el mundo) o ella (la obra), sino por pura pereza: como un día no traduzca, luego no hay quien me vuelva a poner en marcha.

Así que me las prometía muy felices con que ahora iba a poder hacer un montonazo de cosas (aparte de la famosa ponencia de la que he hablado en otra entrada). Por ejemplo, dedicar un poco de tiempo a algún trabajo que me dé unos puntillos para el otro oficio. Pero, iluso de mí, no contaba con todos esos asuntos que se meten de por medio y te inhabilitan mentalmente. No me refiero a este blog, porque lo escribo por las tardes mientras no atiendo demasiado a las noticias de la tele (total, si hablaran de mí…) y además me llena de gozo y entusiasmo comunicarme con ustedes (nunca sabe uno quién leerá esto). Me refiero a las amenísimas reuniones de departamento, a las siempre entretenidas tareas que hay que corregir y, sobre todo, a las apasionantes tesis y tesinas que hay que leerse y que apenas puedes dejar de lado llevado por la emoción.

(Voy a escribir un paréntesis que me parece curioso y divertido. Como el turco es una lengua aglutinante, todo se apaña con sufijos. Un poner, “sürükleyici” viene de la raíz “sür”, que significa “guiar” o “conducir”; tiene el sufijo “-ük” que, según G. L. Lewis “makes adjectives, mostly with passive meaning, and nouns, mostly denoting the result of action”, así que tenemos “conducido” o “conducto”; también lleva el sufijo “-le”, que sirve para formar verbos, en este caso “sürüklemek”, “arrastrar” por aquello de que te guían o conducen de un lado para otro; el último sufijo es “-ci”, que lo mismo te sirve para una profesión que para “the object, person, or quality denoted by the basic word”. Uséase: que la palabra “sürükleyici” se usa para las cosas apasionantes porque te arrastran y no te dejan escapar. Conclusión: en sus redacciones mis estudiantes dicen “este verano he leído un libro muy arrastrado” y se quedan tan panchos. No cabe duda de que las tesis siempre son arrastradas. Fin del educativo paréntesis.)

En suma, que mi situación actual me recuerda a aquello que decía Mafalda de que “lo urgente no deja tiempo para lo importante”. Como tuviera tiempo, me marcaba un tocho sobre los aspectos semasiológicos de las referencias interpluriculturales en el proceso de la traducción poética en prosa que se iba a defecar el guacamayo. Pero, qué quieren que les diga, echo de menos lo de traducir un libro gordo, con lo que te ríes cuando se te cae y pierdes la página, o cuando vas a abrir el archivo y te sale “the file or directory is corrupt”. Y con ese vivir sin vivir en ti… Ahora que caigo, eso sí que es chuli para describir la traducción: Translation is an escribir sin escribir en ti. Pero, no, por muy místico que me ponga, por ahora no tengo nada y tampoco me voy a poner a traducir cualquier cosa por si acaso. Para los no entendidos, aquí por “si acaso” quiere decir ponerte a traducir ese libro que tanto te gusta por si, milagro, algún bondadoso editor decidiera publicarlo confiando ciegamente en tu criterio. Eso es peor que la libélula vaga de una vaga ilusión.

Como digo, no tener nada que traducir no significa que me vaya a morir de hambre, pero pienso en otros compañeros en esa misma situación y me entran sudores fríos, por mucho que sus madres les repitan que en su casa siempre habrá un sitio para ellos y un plato de sopa y tal y cual. Tampoco es cosa de ir más viejo que el Leré a gorronearle a tu madre.

Scriptorium-monk-at-work

En cambio, éste está la mar de contento porque le han encargado una pentalogía de mil páginas cada tomo

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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11 respuestas a En el paro

  1. aidagda dijo:

    Gran entrada (como siempre) y muy valiente por tratar el tema sin dramatizar.

  2. Olaia dijo:

    Nunca habría pensado que podría llegar a afectarte a ti esa sequía traductoril. Espero que vuelvas a traducir pronto y que esas arrastradas reuniones y demás actividades burocráticas no le coman espacio a la traducción (así son ellas, unas tragonas).
    Y…. jo. Yo aún pensaba que existían los editores libélula… 🙂

    • Es que la crisis… Lo más curioso es que hay un programa de apoyo a la traducción aquí en Turquía (se llama TEDA) que lo subvenciona más o menos todo. De todas formas, siempre que te lo puedas permitir, viene bien un respiro.

  3. Como siempre, Rafael, me he reído y he disfrutado con tus escritos. Además, te expresas como mi padre, al que le tengo muchísimo cariño, así que, es como si estuviese leyendo a mi padre explicarme cosas sobre un idioma que no conozco o sobre alguno de los miles de libros que se lee.
    Eso sí te digo: prepárate, porque el Sr. Murphy está siempre al acecho y, ahora que te has “quejado”, te va a caer una de órdago. A mí siempre me ocurre. O eso, o me vendrá todo a mí, por bocas.

  4. juliacgs dijo:

    ¡Míralo, qué contento está él con su pentalogía! Con mil páginas cada tomo, tiene para un buen rato, el muchacho…

    Yo te entiendo perfectamente. Las cosas pintan raras, se avecinan tiempos inciertos, ¿o ya estamos en ellos? Sin embargo, yo también tengo mono de que me caigan seiscientas paginillas encima, ¡y mejor si son mil doscientas! (Ahora mismo, mientras escribo, estoy tocando madera…).

  5. Carolina dijo:

    Me recomendaron este blog hace unos meses y con cada entrada que leo más me gusta…
    La crisis, la crisis… llevo yo dos años para despegar como autónoma y aún estoy en ello.
    Eso sí, cada vez que llega una época de sequía y ya me organizo y hago planes para hacer otras cosas, es cuando me llega el trabajo. Total, “que ni pá lante ni pá tras”.
    Y sí, mi madre, consciente de la situación no deja de repetirme que en su casa siempre me esperará un plato de sopa…

    Un abrazo, y suerte con esas reuniones de departamento.

    Carolina

    • Eso es lo malo de ser autónomo. Mi cuñado, que es dentista, también anda de capa caída porque, a no ser que le duela de verdad una muela, el personal prefiere gastarse el dinero en otras cosas antes que arreglarse la boca. Existiendo el gúgel translaitor, pagar a un traductor es un lujo, ¿no?
      Decía Perich: “Madre no hay más que una (afortunadamente)”. Por supuesto no es una crítica, sino que no podríamos resistir físicamente el amor filial que siempre nos embarga (esta aclaración es para mi madre).

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