Cómo no traducir una novela

¡Coño! ¡Qué susto! Pues sí que le ha sentado mal que no le saliera la traducción

30 de septiembre. Querido diario: por fin una editorial ha aceptado mi propuesta de traducir El Quijote al klingon. Estoy muy emocionado y he decidido empezar hoy, festividad de S. Jerónimo, patrón de los traductores. Voy a seguir el camino que abandonó Pierre Menard e imbuirme del espíritu de Cervantes. Sólo siendo él, podré traducir con justicia su magna obra. Para ello, he alquilado un traje de tuno.

3 de octubre. La capa es molesta, la gorguera me pica y paso frío con las medias. Creo que probaré un enfoque más tradicional. Eso sí, voy a prescindir de diccionarios porque sus definiciones y equivalencias son engañosas. Dudas terminológicas del primer día: “astillero” (me huelo que no tiene nada que ver con los barcos); “adarga”; “rocín”; “salpicón” (¿de marisco o de merluza?); “duelos y quebrantos” (¿tendrá alguna relación con la Cuaresma o la Semana Santa?); “palominos” (no parece ser lo que creo y por lo que me reñía mi madre, sino algo de comer). También tengo algunas dudas sobre las connotaciones de “galgo corredor”. ¿Tendrá un valor simbólico, o se refiere al refrán “galgo corredor, poco mordedor”?

15 de octubre. Llevo un tiempo dándole vueltas al título y las implicaciones metafóricas me parecen intraducibles. ¿Cómo traducir “Mancha” sin que se pierdan las referencias al canal y a los recuerdos que te dejan en la ropa los espaguetis con tomate? “Quijote” es absolutamente imposible porque la armadura klingon no tenía esa pieza y porque se pierde la referencia al “hombre que antepone sus ideales a su conveniencia”, etc. (No he podido resistir la tentación y le he echado un ojo al diccionario de la academia.)

21 de octubre. Resolví seguir la dieta del protagonista que se nos explica en las primeras líneas (los palominos eran, en efecto, algo de comer, y los duelos y quebrantos, también). Llevo unos días con molestos problemas intestinales.

10 de noviembre. Acabo de enterarme de que el principio de la novela (“En un lugar de la Mancha”) es un octosílabo del romancero. Por curiosidad he estado midiendo el resto de la frase y resulta que es un endecasílabo. La métrica klingon no es silábica, así que es intraducible. Mejor lo dejo como está y pongo una nota.

15 de noviembre. Me dicen en la editorial que nada de notas. Y de anticipo, tampoco.

25 de noviembre. Me fastidia estar sometido a la esclavitud capitalista del tipo de las gafas. Cambio mi sistema operativo por el Linux y mi procesador de texto por otro de código abierto.

30 de noviembre. Estoy tan obsesionado con la obra que he soñado que me comía un bocadillo de queso, clara referencia a los molinos (el pan) y a la Mancha (el queso). Sigo investigando cómo funciona mi nuevo procesador de textos.

5 de diciembre. Me rindo, vuelvo a usar los programas de antes.

12 de diciembre. Como voy un poco retrasado, he pasado el texto por un traductor automático para tener un borrador. Corregir el borrador es más difícil que traducir el libro original. Mejor vuelvo a hacerlo como siempre.

15 de diciembre. ¡Esto es un rollo! ¡Estoy harto! ¡La novela es mucho más larga que los dibujos animados! ¡Encima resulta que tiene una secuela! ¡Que le den morcilla! ¡Para esto prefiero volver a estudiar la selectividad!

21 de marzo. Escribí una entrada en mi blog sobre la imposibilidad de traducir El Quijote y varias universidades norteamericanas me han invitado a dar charlas. ¡Ya decía yo que lo de ser traductor tenía sus ventajas!

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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11 respuestas a Cómo no traducir una novela

  1. aidagda dijo:

    Me ha encantado, es genial. Gran entrada, felicidades por esa chispa y el cuadro con leyenda insuperable.

  2. juliacgs dijo:

    El quince de noviembre es cuando el muchacho empieza a darse cuenta de qué va la cosa: “Me dicen en la editorial que nada de notas. Y de anticipo, tampoco”.

    Sí, está clarísimo que así NO es como se traduce una novela. Y leyendo esta genial entrada, me alegra comprender que yo, gracias al cielo, sí cuento con el mínimo de capacidad de organización necesaria para meterme en estos berenjenales. 🙂 ¡Aunque nunca me atrevería con una traducción de El Quijote al klingon!

  3. Sole dijo:

    ¿Por qué le has llamado “Cómo no traducir una novela? A mí me parece que ibas bien encarrilado…

    • El muchacho, sin duda, iba bien encarrilado. Poseía la vocación y el entusiasmo necesarios. Pero carecía de constancia. Y, además, tendría que haberse documentado para saber si la obra tenía dos partes o una sola. No se deben traducir libros tan raros.

  4. Rodolf Gimeno dijo:

    Sensacional. Hacía tiempo que no leía algo que valiera la pena sobre traducción. Abundan los blogs de traductores que no tienen nada que decir. Repito: ¡Genial!

    • Muchas gracias. Como yo tampoco sé muy bien qué decir, me huelgo en contar estas niñerías para mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir siendo bajos, y dejarse bajar siendo altos cuánto vicio.

  5. ¡Buenísima entrada! Me encanta la ironía. Me he imaginado al tío que aparece en la foto de tu perfil (sí, esta: http://es.gravatar.com/rafaelcarpintero) vestido con capa y medias (y el turbante), delante de una máquina de escribir, intentando traducir.

  6. Pingback: How not to translate | Rebekka Wellmanns

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