El Largo, servicios de traducción (propietario: Juan Plata, caballero de fortuna)

Pg 174 - The Pirate's Christmas

¿Quién nos mandaría encargar una traducción standard? Esto nos pasa por ahorrar

El amigo Malapartiano ha tenido la bondad de compartir con nosotros la página web de una agencia de traducciones con una oferta que a él le parece curiosísima y a mí la mar de lógica. Él lo ha compartido, pero a mí no me da la gana (con el permiso de ustedes) para no hacerles publicidad indebida. La oferta en cuestión consiste, simplemente, en que si quieres una traducción mala te sale más barata que si la quieres buena. Como les digo, a mí me parece perfectamente lógico.

Tienen tres posibilidades de precios. La traducción “standard” es la más barata y la peor (con lo cual, no sé si suponen que la traducción “standard” en general es chunga, así que tampoco sé si sentirme insultado). ¿Y para qué puedo querer yo una traducción mala?, se preguntarán. Ellos mismos nos responden: “Para usos cotidianos”. Desde luego, yo, que vivo en el extranjero, tengo mucha necesidad de usar cotidianamente la traducción, pero si ustedes viven en su país, no sé yo. A lo mejor es para casos como el de mi suegra, que el médico que tienen en el seguro es sirio, pero se supone que los médicos del seguro hablan español. O a lo mejor es para el buen sirio cuando le llegue alguien y le diga que cree que tiene un cólico frenético complicao con una culebrilla. En caso de que tengan sus sospechas sobre la aplicación práctica de dichas traducciones, la agencia se guarda un as en la manga: “hechas por hablantes nativos”. ¡Ajá! ¿Que se creían? ¿Que se las iban a pasar a mis estudiantes? No, no, no estarán muy bien hechas (puesto que también precisan que son “traducciones raudas”), pero siguen conteniendo el genio de la lengua y, lo mejor, son idiomáticas. Serán de la antología del disparate, pero nadie se podrá quejar de que reflejan un profundo desconocimiento de la lengua materna. Nada de “duele mi cabeza”, ni “hay no cervezas en la cocina”. Más bien por el lado del “juego de lágrimas” o el “los chicos de la tienda de Pet”.

La traducción “pro” es la mediana. Así asá. Sirve “para publicaciones”, por ejemplo. Es decir, si lo que sea te lo vas a leer solito en casa, te vale con una “standard”, pero si lo vas a publicar, digamos, en el New York Times, con la “pro” te da de sí. Les voy a poner un ejemplo, supongamos que soy una celebridad (la palabra “celebridad” entra en la categoría “standard”) y voy y me divorcio. Si sólo quiero traducir los papeles para el juez, con una traducción “standard” va que chuta, porque para los jueces eso de los divorcios ya es algo cotidiano. Pero, ¿acaso podría filtrar esos papeles al Pronto? Quita, quita, para ser el cachondeo de peluquerías y salas de espera… Me rasco el bolsillo y me pago una “pro”. La “pro” es también para “usos de carácter formal”. A mí eso del carácter formal me recuerda a las novias. Había casos (no sé si sigue habiéndolos) en que decías “Paquillo sa echao novia” (lo que no quería decir que la novia y él se echaran) y ahí se destacaba el carácter informal de la relación. En otros la expresión a usar era “Paco tiene novia formal” (observen la diferencia entre “echarse novia” y “tener novia” y entre “Paquillo” y “Paco”). Una novia formal era cosa seria, tú. Tanto, que si la novia era extranjera, necesitabas claramente una traducción “pro”.

La traducción “ultra” es el no va más. Lo dicen ellos mismos: “calidad óptima”, que es el superlativo de “buena” y de ahí para arriba no hay nada. Eso a pesar de mis estudiantes, que insisten en decir/escribir cosas como “He leído una novela muy óptima”. ¿Cómo puede ser óptima una traducción si en todas existe cierto grado de traición? Andaba con la mosca detrás de la oreja, cuando me lo resolvieron: “Servicio profesional + corrección”. ¡Acabáramos! ¿Conque te creías que el servicio “ultra” era amateur como el de la “standard” o la “pro”? Ni hablar. Ahora, ¿en qué consistirá el servicio no profesional de las otras tarifas? ¿No te responden al teléfono? ¿Te chillan si pides factura? ¿Tienes que quedar con ellos en bares o cafeterías? ¿Las traducciones las hace el famoso primo que hizo la mili en Bosnia y ahora trabaja en la zapatería de abajo? Te echas a temblar y te entran unas ganas enormes de pagar la “ultra” aunque sea una pasta. Porque es que, además, la “ultra” incluye “corrección”. Mientras que las otras te las dan llenas de tachones y manchas del bocadillo de atún con tomate, éstas están sin faltas de ortografía ni nada, hasta acentos tienen, seguro. Olvídate de “Deja las llaves hay mismo”,  “Haber si me sale bien”, “Llo tb. t kiero XXX”, “La aya es un árbol”, o “mientras haiga en el mundo primavera, / ¡habrá poesía!” (Para las tres primeras basta con una “standard”, la penúltima es para publicar y requiere una “pro”, mientras que para la última, ¿qué menos que una “ultra” corregida?).

En vista de tan revolucionaria propuesta, he decidido fundar una agencia de traducciones que también tenga distintas tarifas. Se llamará Petartranslations  y podría tener los siguientes servicios:

-Traducciones hechas con el gúgel transleitor (0,10 € por palabra): ¡Rapidez! ¡Entrega inmediata!

-Traducciones hechas por traductor humano (hambriento) (0,20 €): ¡Respondemos a sus exigencias! ¡Trato cordial!

-Traducciones hechas por traductor humano (más allá de las necesidades básicas) (0,50 €): ¡Seriedad! ¡Ideales para presentaciones de empresa! (Nuestros traductores están provistos de corbata y chaqueta).

-Traducciones hechas con pluma de ave sobre papel “el Galgo” (tinta negra, 1, 50 €; dos tintas, 2, 50 €): ¡Sorprenda a amistades y jueces! ¡La alta costura de la traducción! ¡Traducciones exclusivas!

Si me lo monto como los de la agencia del anuncio me puede salir bastante lucrativo, porque avisan a los traductores de lo siguiente: “pagamos cada dos semanas”. Esto está la mar de bien porque así te ahorras el pagar por trabajo entregado y, encima, como los traductores son unos muertos de hambre, estarán tan contentos de cobrar dos veces al mes, más que los pringados con un sueldo fijo. Todos felices. Eso sí, para la traducción “standard” te precisan bien clarito que es sólo “para bilingües” y que “debes dominar con fluidez ambos idiomas”, no vayas a ser un bilingüe poco fluido.

Había algo que me mosqueaba y es que parecía que la agencia perdía dinero con las tarifas. Por ejemplo, la “pro” le cuesta al cliente 0,07 por palabra y al traductor le pagan 0,08. Luego me di cuenta de que los precios para el cliente son en euros y la paga del traductor, en dólares. Así está mejor, un piquito de aquí y un piquito de allá… También te avisan de que su forma de contar palabras puede ser de un diez a un veinte por ciento inferior a la tuya y de que te cobran las transferencias cuando te pagan (dólar y medio, para ser exactos). Gran negocio, lo mires como lo mires. Porque, además, y es una de las frases que más me ha gustado,  “no se nos puede hacer responsables de cualquier daño o consecuencia legal derivada de una traducción errónea”, con lo que todo el mundo se queda mucho más tranquilo.

Pyle pirate murder

Como se te ocurra retrasarte en la entrega de la traducción, ya sabes lo que te espera

Decidido, me voy a montar una agencia de traducciones.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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4 respuestas a El Largo, servicios de traducción (propietario: Juan Plata, caballero de fortuna)

  1. Celia Filipetto dijo:

    ¡Glorioso!

  2. Lo que asusta es que, a pesar de la desfachatez, seguro que hay cola para trabajar con ellos. Incluso puede que tengan clientes…

    • Es que no está tan mal si estás empezando (hay cosas peores, como los que no pagan porque dicen que es parte de la formación o los que te piden que les des el sello de intérprete jurado). Te aseguras cierto volumen de trabajo y pagas más o menos regulares. Tendrán cara, pero lo dejan claro. Lo de los clientes… por lo menos son sinceros. Si quieres un churro, pagas menos. Quien esto suscribe ha visto traducciones de llorar (sobre todo legales), a precio único y como las lentejas. Salud.

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