Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda

¿Qué estarán mirando allá arriba? ¿Irá a llover? Hay un par de ellos que se han caído de morros, y el monje está llamando un taxi

Que creo que es un heptadecasílabo dactílico, nada menos (me parece que un hexámetro, si me hacen el favor de contar los pies). Eso lo sé ahora, porque de chico ni lo que era “ínclitas”, ni “ubérrimas”, ni, o eso me temo, “fecunda”. Es lo malo que tienen las canciones y los poemas, que te los aprendes como un loro y luego pasa lo que pasa, con lo bien que se entendía lo de “Esto era un rey que tenía / un palacio de diamantes” . Por cierto, que me dijo mi amiga Montse que ahora no se dice “raza” sino “etnia”. Todo esto viene por el día de la raza, o la etnia, o de la Hispanidad, o de la Virgen del Pilar, o del Columbus, o, como se dice vulgarmente, el doce de octubre (12 del X), o 12-O.

En suma, que con motivo de la fiesta nacional de España celebróse una recepción en la residencia en Estambul del embajador de España, acompañado por la señora embajatriz (puesto que el embajador es él), a la que acudieron diversas personalidades financieras, políticas y culturales, así como cierta morralla gorrona entre la cual se encontraba este cronista.

A la gente que no vive en el extranjero, o que vive en un extranjero donde hay muchos españoles, todo esto de las recepciones en la embajada les parece muy romántico, como si fuera lo del gobernador de Kenya en Memorias de África y en cualquier momento te fuera a salir Robert Redford con su sombrero mientras que los demás llevamos salacot y todos vamos de smoking. La realidad es más prosaica: nadie lleva ya smoking, aparte de algunos cantantes a la Frank Sinatra, y en muchos países no hace tanto calor a mediados de octubre como para llevar salacot. Aparte de que en la África Oriental Británica no creo que celebraran el doce de octubre. Eso sí, no nos habría venido mal un salacot para cada uno con el chaparrón que nos cayó.

La prosa de todo este asunto es que este tipo de recepciones consiste en agrupar a una serie de gente que no te interesa lo más mínimo con algunos conocidos que ves de año en año (si frecuentas las recepciones, precisamente el día de la fiesta nacional y por eso vas), que tienes que ir de traje al quinto pino (aunque en Estambul nadie se asusta de ver a gente de tiros largos en los microbuses que hacen de taxis colectivos) y que lo normal es que te aburras un sí es no es. Este año, sin embargo, el evento estuvo gracioso porque, como llovía, habían puesto una especie de carpa/caseta y además habían contratado a un grupo flamenco (de ésos que existen en todas las partes del mundo, de hecho, en Kenya, en la época de Isak Dinesen parece ser que había un grupo de un tal Juan Palmas que hacía fusión con la música de allí; no sale en la peli). O sea, que parecía talmente la feria de mayo (en Córdoba) o de abril (en Sevilla). Visto el ambiente y como las invitaciones estaban numeradas, creí que al final rifarían un jamón, pero no.

No obstante, en esos sitios a veces conoces a gente nueva e interesante. Estaba yo atiborrándome de canapés porque no íbamos a llegar a casa a horas de ponerse hacer cena y porque también había paella y a mí el arroz ni fú ni fá, cuando me reclamaron para presentarme a alguien. Se trataba de una joven que estaba (está) terminando la carrera de traducción e interpretación y como yo soy el traductor de PAMUK… Esto también tiene su historia: al principio, yo era variaciones de “el tío ése”; luego empecé a traducir libros y me convertí en el traductor (el en cursiva) porque no había otro, no se vayan a creer; por fin le dieron el Nobel ése al amigo Pamuk y me quedé en “el traductor de PAMUK (en mayúsculas)” y a los demás que he traducido que les den morcilla, aunque también son hijos de Dios.

Bueno, pues la joven quiere ser traductora de libros de literatura y va y me pide consejo o algo así, A MÍ, que tenía la boca llena de canapés (varios a un tiempo, que si no se te escapa el camarero). Ya saben, en plan: “La verdad es que no sé por dónde empezar”. Y claro, a mí lo único que se me ocurría es “¿Y yo qué sé?”. Porque la verdad es que no lo sé. ¿Cómo empieza uno a traducir libros de repente? ¿Es bueno echarse una novia que trabaje en una editorial? ¿Te anuncias por palabras (SE OFRECE: TRADUCTOR para libros de cualquier tema, preferentemente literatura, absténganse editoriales de manuales de electrodomésticos)? Porque, desde luego, no vas a ir muy lejos preguntándole a tus padres y a los coleguillas. Yo empecé en este oficio porque sabía una lengua rara y me pasaron una traducción (que si la otra persona llega a saber turco, sin libro que me quedo).

En fin, que le dije aquello de que tendría que mandar muchos curriculum (con el consiguiente gasto en sellos), proclamarlo en internet (por ejemplo, en yutuve) y hacer muchísimas pruebas si no tiraban el curriculum a la papelera. Perdí la oportunidad de hacer de padre y soltarle algo así como: “Ten siempre presente que traducir es, ante todo, una vocación que requiere un alto grado de sacrificio. La lealtad al texto y a la intención del autor debe ser tu objetivo y alumbrarte como un faro en la oscuridad de los momentos de desánimo”, y demás. Con lo bien que habría quedado decírselo mientras le escupía (involuntariamente) miguitas de canapé. También podría haberle mentido y haberle contado que tengo un millón de amigos en las editoriales más famosas del mundo, pero no me apetecía. Eso sí, no olvidé recomendarle que mirara la página de ACEtt y los blogs que hay por ahí al respecto (por ejemplo, así a bote pronto, se me vienen a la cabeza los de Aida González y Nieves Gamonal). A ver si me recomiendan ustedes algunos.

Así que termino esta entrada con dos preguntas: 1) ¿Alguien sabe cómo se empieza en esto de la traducción de libros? 2) ¿Por qué hacen cada vez más pequeños los canapés?

Harley4979 f.74 Elephants

una tienda hecha de día / y un rebaño de elefantes, / un kiosko de malaquita, / un gran manto de tisú, / y una gentil princesita, / tan bonita, / Margarita, / tan bonita, como tú.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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7 respuestas a Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda

  1. María Jesús dijo:

    ¡Ay! Mi poema modernista favorito… Cuando era pequeña me lo sabía de memorión y, la verdad, resulta mucho más agradable (de decir y de aprender) que lo de las razas ésas…
    Para mí la pregunta fundamental es: ¿por qué España sigue teniendo un día nacional tan descafeinado y absurdo?

  2. Sole dijo:

    Ayer precisamente estuve en la presentación del último libro de cuentos de mi amigo Ricardo Reques (el de las ranas, ¡que fiera!) y contó que Hemingway, cuando un escritor novel le pidió consejo, le dijo que mejor se ahorcara. No iría yo tan lejos con los pobres traductores (Hemingway se ve que era un borde), pero si alguien me pidiera consejo porque quiere empezar a traducir, le diría que lo primero se hiciera con un buen diccionario, ¿no?

  3. Carmen Anisa dijo:

    No tengo ni idea de cómo se empieza a traducir libros, pero estoy muy contenta porque mi hija ha cambiado de carrera y ahora estudia Derecho y Política. No quería que acabara entre cuatro paredes traduciendo manuales de plancha. En cuanto a los canapés no sé cómo se estila en Estambul. En Lucena abundan los canapés imposibles: con salmorejo y pipirrana, para que no sólo sueltes miguitas, sino para que rebose en tu boca el pan empapado en exceso de aceite. En definitiva: un incordio para conversaciones trascendentes. A partir de ahora te sigo a través de mi petardo-blog

  4. Carmen Anisa dijo:

    Bueno, que me ha dado por esto del blog. Pero no tengo tiempo, así que escribiré entradas de tarde en tarde, por gusto y para los amigos. Eso sí, he puesto el enlace a tu blog. Besos desde este verano inacabable de Lucena.
    http://denadapuedovereltodo.blogspot.com/

    • Querida Carmen: Seguro que sacas tiempo, porque es la mar de entretenido. Total, como puedes guardar los borradores y volver luego a cogerlos… Besos desde este invierno polar repentino de Estambul.

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