¡Qué bonico que ma quedao, oyes!

La traducción buena es la señora, la mala el jabalí

Como ya ha empezado el curso, es hora de que teoricemos un poco. A ver, yo es que hay una cosa que no entiendo nada de esto de las traducciones. Cuando tus amigos opinan de tu profesión, siempre dicen que desde luego qué paciencia que tienes y todo eso. O que hay que ver que el libro parece escrito en español y con eso se refieren al original. Nunca te ponen como un trapo porque para eso son tus amigos. A veces es posible que les oigas lo que yo oí este verano: “Que me han dicho que los libros que traduces son un coñazo de aquí te espero”. A lo que tú respondes: “Yo no los he escrito”. Y el otro contesta: “Eso dije yo”. Lo cual no deja de ser (a) un elogio (el lector puede dejar alegremente un libro aburrido, pero al traductor no le queda más remedio que tragárselo entero) y (b) una defensa del tipo “no disparen sobre el pianista”. Por supuesto, el amigo en cuestión no se ha leído los libros que has traducido, pero eso no le impide defenderte. Luego están los sobrinos que te sueltan ocurrencias del tipo: “Como eres traductor se te darán bien los enigmas, ¿no?”. Que no sé si habrá alguna serie policíaca protagonizada por un traductor, pero es una idea.

Podemos, pues, llegar a una primera conclusión teórica:

La familia y los amigos siempre te pondrán bien

Luego está lo que sale en la prensa. La crítica más habitual de las traducciones es la siguiente:

……………………………..

O sea, ni mu. Está también el que no te pone como un trapo: “La acertada traducción de X es muy de agradecer”. Y el que sí: “La absoluta ignorancia de la lengua castellana que pone de manifiesto el traductor impide que disfrutemos de una obra maestra”. Aunque luego, si te acaban conociendo, da igual, porque todos dirán que admiran mucho tu trabajo y tal. Se me ha venido a la cabeza algo que contaba no sé quién sobre la peor crítica de teatro que había leído y que era algo así: “Ayer se perpetró Hamlet en el teatro Tal”. Que, la verdad, como decía aquella señora en La noche americana, tampoco los actores han escrito esa mierda. Lo cierto es que no tengo muy claro qué pretenden los críticos, aunque lo normal es que la novela se lea bien, sea lo que sea eso.

Esto de que se lea bien o mal para mí consiste en que se pueda leer. Me explico, el personal (me refiero a los críticos) suele quejarse porque en la página 456 has puesto “pellejito” en lugar de “padrastro” y tal. Y, bueno, a todos se nos escapan esas cosas. Y cuando se traduce del inglés, pues peor porque estamos acostumbrados a lo de la tele y, sin querer, se te escapan los anglicismos. Sólo una vez, que yo recuerde, he dejado de leer un libro de lo mala que era la traducción. ¿Que cómo lo sabía? Porque estaba más entretenido pensando en lo que aquello querría decir en inglés que en lo que contaba la novela en sí. Al final le eché la culpa a los editores, por poner a la venta semejante engendro. En fin, pasemos a nuestra segunda generalización teórica:

De la crítica no te puedes fiar mucho

El tercer grupo que opina sobre tus traducciones son los colegas. Algunos compaginan este oficio con el de crítico y escriben opiniones que puedes leer por ahí. Además, como sabemos lo agradable que es que te digan que tu traducción es estupenda, pues a veces nos lo decimos mutuamente. Aunque sólo sea: “¡Anda, pues si acabo de leer un libro que has traducido tú. Que sepas que me ha gustado mucho”. Y aunque no dejemos claro si nos ha gustado el libro, la traducción o ambas cosas, nos ponemos tan contentos porque somos así de tontorrones.

Cuando los colegas escriben una crítica sobre tus traducciones, suelen ser así (sobre todo si son amigos además): “La clara prosa de la traducción de X, repleta de descubrimientos y con una intuición lingüística comparable a la de los grandes maestros de la literatura, consigue elevar hasta lo sublime lo que en el original no son sino unos balbuceos incomprensibles escritos por un alumno de primaria a quien repetidamente le suspenden la lengua”. Esto está relacionado con una frase muy graciosa (para los traductores) que corría por el feisbuc: “¿Traduces o enriqueces?”. Y supongo que nos da risa porque es lo que mucha gente espera, que le enmendemos la plana a los autores. Que se la enmienden los editores, que para eso los tiene. Pasamos a la tercera conclusión teórica:

De los colegas siempre te puedes fiar (bueno, casi siempre)

¿Y tú? ¿Qué opina uno mismo? ¿Cómo sabe si su traducción es buena o mala? Porque, mire usted, yo me siento, abro el libro y enciendo el ordenador (o al revés) y, tralaralarita barro mi casita, me pongo a teclear y tiro palante. Luego lo corrijo, eso sí, pero tampoco me hago mucha idea. Lo dejo cuando me parece que está bien y hago como Juan Ramón Jiménez cuando decía: “No lo toques más / que así es la rosa”. Hay veces que eres consciente de que te ha salido un churro, pero para eso lo corriges, precisamente. Con esas traducciones nunca te quedas muy satisfecho, pero, velay.

Sin embargo, hay otras que las coges luego, normalmente después de haberlas entregado a la editorial, porque siempre andan con prisas, y te dices: “Joer, qué bonico que ma quedao, oyes” (aunque no te oyes porque te lo estás diciendo a ti mismo). Y ésas, ésas sí que son buenas traducciones. Y la repera es cuando agarras el libro ya publicado y piensas: “¿Y esto lo he escrito yo? ¡Qué machote!”. Con lo que llegamos a nuestra última conclusión:

Al ser la traducción un trabajo muy intuitivo, la traducción buena es la que intuyes que te ha salido bien.

Así que ya puedes salir a darte un homenaje.

Brooklyn Museum - Pretty Teacher (Linda maestra) - Francisco de Goya y Lucientes

¡Qué chunga que me quedó esta traducción!

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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15 respuestas a ¡Qué bonico que ma quedao, oyes!

  1. Celia Filipetto dijo:

    ¡Qué bonica ta quedao esta entrada del blog!

  2. Sole dijo:

    ¡Pobre jabalí! No creo que sea la traducción mala, a pesar de los colmillos que tiene, le veo cara de bueno. Los monos sí que tienen pinta de traviesos… (preciosa ilustación!) 🙂

  3. María Jesús dijo:

    Poética y realista como la vida misma (y con un toque “almodovariano” además, en el título sobre todo).
    Pero yo no me fiaría tanto de familia and friends, que una cosa es lo que te dicen a la cara y otra lo que chismorrean por ahí con terceros/as… ¿Quién te dice a ti que no te ponen verde en cuanto te vas, cual acostumbran los españolitos de a pìe desde siglos inmemoriales?

  4. carmen abuela dijo:

    A mi tambien me ha gustado mucho pero claro…..

  5. juliacgs dijo:

    Yo me he sentido muy identificada y me he reído mucho.

    • Te identificas porque la problemática expuesta se refiere a los instintos más básicos de los seres humanos, sin atender a raza ni a credo (¿qué querrá decir todo esto?). En fin, que gracias por las risas.

  6. Una entrada que en efecto te ha quedado muy bonica y enriquecida. Me he reído un rato incluso con los dramas realistas de nuestra profesión. Supongo que si tuviera que dar una opinión más en profundidad sería:
    ……..

    ¡Un saludo!

  7. Carmen dijo:

    Por fin he tenido tiempo de leer esta entrada y de reírme un rato. La anterior sobre los usos lingüísticos también era buenísima

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