Notas lingüísticas de una breve estancia en el reino de España

Misterioso cartel. ¿Estaría en clave?

En mis viajes por todo lo largo y ancho de este mundo (aunque puede que exagere) esta vez me ha tocado ir, été oblige, al reino de España a ver a la familia. El intrépido equipo de reporteros de este blog se puso en marcha, cargado como borricos como siempre, y nada más llegar tuvo la impresión de hallarse en la tierra china por lo menos. ¿Que no se saben la canción? Pues la cantaba Joaquín Díaz: “En la tierra china, / qué lindo país, / no todos entienden / lo que se habla allí”. Y la verdad es que a veces nos costó trabajo entender lo que hablaba la rica multiplicidad de las gentes de las tierras castellanas y andaluzas.

Empezamos a sospechar que nos encontrábamos en tierra extraña cuando en el práctico trenecillo que une la terminal cuatro de Barajas con la terminal cuatro de Barajas (es práctico porque echas un ratillo y con el entretenimiento evitas en parte los nervios de la llegada/salida) nos encontramos con una pegatina de aviso en la que se veía un esquemático señor, puesto que carecía de falda, tirando de un “trolley” y llevando en la otra mano la tarjeta de embarque o una revista o qué sé yo y otro señor sentado y que rezaba (la pegatina):

Preference use seats/ Preferencia uso asientos

A ver quién me puede explicar qué puñetas significa eso. ¿Asientos de uso preferencial? ¿Para quiénes? ¿Preferentemente siéntese porque si tiene las manos ocupadas puede quedarse sin piños al menor frenazo? ¿Prefiera usar los asientos para dar un descanso a sus vértebras lumbares? ¿Los asientos tienen preferencia sobre las personas al usar algo? ¿Sólo se pueden sentar los viajeros de preferente? ¿Pero eso no es en el tren? En resumidas cuentas, que estuvimos un rato dándole vueltas al magín para ver qué quería decir y no lo averiguamos. Todavía hoy me quita el sueño. ¿Y si es una clave de la C.I.A.?

Pero el destino nos deparaba otra sorpresa. Al salir de tan encomiable aero-puerto, tomamos un taxi (¿qué se creían? Para eso tengo otro trabajo). El amable taxista iba oyendo una interesante emisora de noticias económicas internacionales o algo así, porque en la pantalla de la radio se veía “intereconomía”, y de repente, ¡oh pasmo, oh maravilla!, un colega suyo (otro taxista, vaya), le habló por radio a través de la radio (espero que me entiendan porque no está muy claro). Le preguntaba por la situación del aeropuerto desde el punto de vista profesional; o sea, la ratio clientes-taxis. La conversación continuó como sigue:

-Está bien, bájate pabajo.

-Muchas gracias, saludos cordiales.

¿Cómo es posible que al tan castizo “bájate pabajo” el otro interfecto le respondiera con una cursilería radiofónica como “saludos cordiales”? Y además es que en la radio lo dicen porque lo han tomado de las cartas de cuando a uno no se le ocurre cómo despedirse (¿Un abrazo? Pero si no le conozco de nada… ¿Atentamente? No, porque es un colega y queda muy frío. ¡Ah! Un saludo. No, un afectuoso saludo. Demasiado formal. Mejor, un saludo cordial. O lo pongo en plural por si tiene familia). O sea, que no sólo la tele influye en la forma de hablar de la gente, la radio también. Pero claro, los taxistas oyen mucho la radio, y mejor que no vean la tele mientras conducen.

Total, que entre una cosa y otra no pegué ojo. Y al día siguiente, paseando en autobús por Madrid y contemplando los preparativos para la llegada del Santo Padre (espiritual, no se vayan a creer), nos encontramos con un cartel de UNICEF que decía, lo juro:

Emergencia nutricional en el Cuerno de África

Vaya por delante que si hay una institución que respeto, es UNICEF. Ésos sí que tienen mérito, y además son muy listos (vean si no el tipo de programas que hacen). Pero lo de la “emergencia nutricional” me parece un despropósito. ¿Por qué no dicen a las claras que la gente se muere de hambre? Puesto así parece un desorden alimenticio. Como que la vecina es anoréxica y necesita comer ipso facto. Esto de los eufemismos es que no me entra en la cabeza. Es como si alguien se muere y decimos que tiene una disfunción cardíaca. Al pan, pan, hombre.

Total, que por fin me encaminé hacia el sur y allí me encontré con una curiosa esquizofrenia lingüística. Por una parte todo el mundo te trata de usted y de “caballero” (en Andalucía es menos frecuente la costumbre falangista del tuteo generalizado. Pocas veces se oyen frases como: “Une tu destino en lo universal, camarada. ¿O eres masón?”). Pero acto seguido, en cuanto abres la boca, ya te pasan al “tesoro”, “cariño” y otros apelativos afectuosos. La siguiente conversación con la de la frutería bien podría haber sido real:

-¿Qué desea, caballero?

-Buenas. ¿Tienen ciruelas claudias?

-Muy buenas.

-Muy buenas. ¿Tienen ciruelas claudias?

-Claro, cariño. ¿Quieres algo más, tesoro?

Y  pongo de ejemplo a la frutera porque está de muy buen ver y a nadie le importa que le tutee de repente, pero me parece un poco raro. Primero más formalidad que un diplomático de los antiguos y luego, amigos de toda la vida y para siempre. Eso sí, al precio que estaban las ciruelas no me extraña que te dore la píldora.

También había una guía turística que decía “confluenciadas”, que debe ser algo finísimo, y luego te soltaba cada “debajo mía” que te quedabas tiritando. ¿Ven a lo que me refiero con lo de la esquizofrenia?

Menos mal que a principios de septiembre pude volver a mi tierra (Córdoba de España, no cualquiera de las otras) y tener el placer de reencontrarme con un uso purísimo de la lengua castellana. Tengo que precisar que los cordobeses somos gente muy seria y muy elegante. Lo juro por mi madre. Más serios que un palo. Y nadie sale a la calle con los rulos y la bata de guatiné. Me había tirado veinte días en pantalones cortos y sandalias y lo primero que hice fue ponerme los pantalones largos y unos zapatos, para que se hagan una idea. La cosa es que me llenó de un inmenso placer ver a una señora joven la mar de puesta que llamaba a su lindo hijo con un sencillo: “¡Nene, ven acá pacá!”. Por supuesto, el nene se llevó una colleja o un capón (no lo vi bien), pero seguro que se lo merecía. ¡Qué alegría llegar a un sitio donde llaman al pan, telera, y al vino, fino! Eso sí, para aviso de viajeros, en Córdoba a una copa de vino la llaman “un medio” y a media “una copa”. Cosas de las lenguas.

En conclusión, que el viaje fue muy ilustrativo y nos pusimos al día en los usos de la lengua. De todas formas, me alegro de que la gente no hable todavía como en las noticias de la tele: “Elportavoz de la… COMARCA, elseñor Frodo… Bolsónhadeclarado que… en la… mañanadeAYER… se iniciaron conversaciones…”. ¿Será cosa del prompter ése?

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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6 respuestas a Notas lingüísticas de una breve estancia en el reino de España

  1. ¡Jajajaja! Me encanta tu resumen de la evolución de la lengua… Y luego dicen que a los que vivimos fuera nos afecta y nos estropea nuestro idioma nativo… Pos vale…
    Para mí, cada vez que vuelvo a mi tierra natal es como ensuciarme de nuevo de laísmos y leísmos por ser mi madre de Salamanca. Y, claro, es oírla y pensar: “¡Hala, lo que ha dichoooo!”, a pesar de que en toda la vida se me había ocurrido a mí que mi madre era laísta: “¡Dila a tu hermana que venga!”

    Lo del letrero me ha dejado a mí de piedra, porque pienso: “A lo mejor el original estaba en inglés y lo tradujo el vecino del tercero del encargado de los trenecitos esos, porque pasó un verano en Londres”. Pero es que lees el inglés y está igual de mal o peor… De todas formas, da igual que esté mal escrito en inglés y en español. Total, en España todo el mundo tiene un nivel de inglés medio-alto, y eso es lo que realmente importa 🙂

    • Se ve que el texto en inglés también lo hizo el primo del que encargó la pegatina. Por cierto, mi madre lleva más años en Andalucía de lo que a todos nos gustaría reconocer y sigue diciendo “la dije que…”. Es que lo que has mamado no se olvida. Salud.

  2. Tu entrada me ha llegado al alma, a lo más hondo; ya no solo por el esmerado análisis de las cuestiones lingüísticas, sino por el hecho de que eres cuasi-paisano mío (nací en Madrid, pero me bajaron pronto a Córdoba y ahí es donde me he criado). Como yo también soy una exiliada (aunque un poco más cerca, en la conocida como “playa de Córdoba”), echo de menos las teleras (en Granada llaman telera a una barra chiclosa y con ínfulas, ¡sacrilegio!), los medios, las avellanas cordobesas, los pegoletes y hasta el “sipote” que no se nos cae de la boca (pronunciado así, faltaría más). También añoro a la gente que sale a la calle hecha un pincel: las cordosiesas siempre tuvimos fama (aunque algunas no es que demos el perfil, pero eso es harina de otro costal).

    Un placer leerte. ¡Saludos (cordiales)! 🙂

    • No importa el origen. Como mi mujer es de Madrid, yo también soy madrileño en parte. Y en cuanto a las cordobesas… “Es morena y cordobesa/ tiene aire de sultana/ y corazón de princesa”. Entre el aire y el corazón, no me extraña que salgan arregladas. Un abrazo (también cordial).

  3. Sole dijo:

    ¡Te puedes creer que, de tanto oirlo, nunca me había planteado lo de la copa y el medio!
    RIB

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