Un seis y un cuatro, la cara de tu retrato

¿Nunca han oído la bonita y siguiente frase?: “Pa mí que eso no se dice así”. O por lo menos yo no lo digo así, que viene a ser lo mismo. Todo esto es por un misterioso titular que leí en la revista Tiempo (de hoy). Es el siguiente:

Encuesta: el 2% de los ejecutivos ha tenido sexo con el personal de un hotel.

Cuando lo leí me dije: “Pa mí que eso no se dice así”. Me resultaba misterioso, aparte de que me importa un bledo lo que haga el 2% de los ejecutivos, porque creía que todos teníamos sexo y no hacía falta que nos ayudara nadie, y menos el personal tan agradable de ese hotel que mencionan, que supongo que habrá colas para alojarse (lo dice bien claro: “el personal de un hotel”, y el subrayado es mío, que anda que no tenemos todos ganas de poner eso). Vamos, que yo pensaba que lo de tener sexo es de nacimiento y no como el constructo cultural ése del género que te lo colocan luego como un sambenito. Por cierto, los anglosajones, como son tan suyos, ¿qué ponen en los formularios? ¿Sexo o género? Seguro que escriben “género” porque la palabra “sexo” les parecerá pecado o algo así que para eso son calvinistas. A mí, si me lo preguntaran, me gustaría responder “epiceno”, que es una palabra que siempre me ha dado mucha risa, pero no sé qué pensarían los policías de pasaportes de Nueva Zelanda, por ejemplo. Además acabo de mirar “epiceno” en el Wordreference y me pregunta si no querré decir “epicentro”, “epíteto” o “etileno”. Pues no, señores, epiceno.

Volviendo a lo de los ejecutivos. Me da a mí que eso es una mala traducción del inglés que se nos ha quedado gracias al doblaje de las pelis. Es como lo de “hacer sexo”. Yo me pasé muchísimos años creyendo que lo de “hacer (un) sexo” era una guarrería que hacíamos (aquí sí está bien el verbo “hacer”) en el cole para reírnos como imbéciles. ¿Se acuerdan de lo de “un seis y un cuatro, la cara de tu retrato”? Por si no se acuerdan, les pongo un enlace a un blog que va de eso. Madre mía, hay gente pa tó, que decía el Guerra, el torero. En el cole, en lugar de un cuatro, usábamos un siete y un tres, y otra rima. Vamos a ver, pinten un siete sin el palito que se le pone en medio no sé por qué. ¿Ya está? Debajo del siete, tocándolo, añaden un tres. Trazan una línea hacia la izquierda que supere la barrita horizontal del siete y la cierran con un semicírculo. Si les ha salido bien, ¿ven qué gráfico y qué bonito? Incluso se puede decorar. Para mí eso es hacer (un) sexo, y no lo otro. Lo otro es algo que se nos ha pegado de las chapuzas de los doblajes, que no creo, vamos, seguro que no, que tengan que ver (las chapuzas) con las traducciones que se hacen antes de y para el doblaje en sí.

Y es que lo de la traducción para los doblajes es muy complicado, como decía alguien en un blog que no soy capaz de encontrar. Nuestro anónimo autor (no es que no tenga nombre, pero como no lo encuentro…) explicaba que traducir para que luego lo doblen es un vivir sin vivir en sí y un morir por no morir, porque ya puedes hacer la mejor traducción del mundo que luego llegan los de las corbatas con que eso no se adapta a los labios de los actores y la defecaste. Claro, así dicen en las películas las gilipolleces que dicen, aunque tampoco en el original son mancos. Estaba un día viendo El señor de los anillos (que creo que hay libro de la peli) y me preguntaba por qué el señor ése de la varita y vestido de blanco diría tantas tonterías. Lo cambié al inglés y tampoco ganó mucho, la verdad, así que no era culpa de la traducción. De todas formas, si ven el siguiente vídeo, comprobarán que es muy difícil que el movimiento de los labios de los caballeros de las Indias (occidentales) que persiguen a los buenos cuadre con lo que realmente exclaman en el original (que traducido libremente al castellaspañol es: “Oigausté, ¿aúnde se cree que va? Venga acá pacá. ¡Arto ahí, hágamer favol! “), pero la verdad es que da igual (da igual del todo, lo he metido porque me gusta la escena y de paso pruebo cómo se ponen vídeos en el blog éste):

Lo de la falta de sincronización con el movimiento de los labios es algo de lo que ya eran conscientes los egipcios antiguos según ciertos libros de historia de Roma y las Galias (en especial Astérix y Cleopatra, pueden mirar aquí si no me creen).

Lo malo del asunto es que, y no precisamente gracias a los traductores, sino a los distribuidores, o los productores o quien sea, se está creando una interlingua más rara que la de Blade Runner porque los niños, angelitos ellos, repiten lo que ven en ese horror llamado Canal Disney y, ¿saben qué?, acaban diciendo monstruos como ese “¿sabes qué?” que acabo de mencionar (dos veces). ¿Cómo que si sé qué? Qué, y cómo, y cuándo. Sabré, no sé, “algo”, o “una cosa”, o, simplemente abre interrogación, sabes, cierra interrogación, coma y lo que sea. Es que me saca de quicio. Con lo bonito que es “Oyes”, o “Mía”, o “Chist”, pues no, toma “¿Sabes qué?”.

¿Saben qué? Esta epidemia no sólo afecta a tiernos infantes, sino también a duros adultos. Sin ir más lejos, ¿qué me dicen de esa epidemia del “jodido”? Además que se ve que en inglés no diferencian entre “joío”, adjetivo explicativo, úsase preferentemente antecediendo al sustantivo como en “el joío niño de la vecina”, y “jodido”, también adjetivo pero cuyo uso más frecuente es el de atributo con el verbo estar, como en “se me olvidó el aniversario de bodas, estoy jodido”. Pues no, ahora todo es y no está “jodido”. Y eso plantea problemas que, no se crean, pueden ser un engorro. Un poner, si le digo a mi amiga Ebru “El jodido programa -aunque sería más correcto ‘pograma’- informático éste de poner las notas” y dejo la frase colgando como si dijera unos puntos suspensivos (siempre tres, no lo olviden), ¿qué debería entender ella? ¿Que es difícil de usar, que lo es? ¿O que cada vez que lo uso siento una incómoda sensación de fastidio? Y no olvidemos los usos ponderativos, que en inglés no creo que le digan a alguien cuando hace algo muy difícil “what a fuck”. Nosotros lo tenemos muy claro gracias a simpáticas expresiones como “Tu madre será una santa, pero tú eres un hijo de puta (o hijoputa, o, simplemente joputa, no confundir con japuta)” para que sea evidente que no se trata de un uso laudatorio como cuando un jugador mete un gol desde muy, muy lejos. Y además no estamos acostumbrados a los insultos anglosajones. A lo mejor usan “bastardo” para algo así como “feo” o “tonto”, pero si a mí alguien me llamara “jodido bastardo”, les juro que saco la Tizona, hago de médico de mi honra y ahí corre la sangre.

Algo de eso nos contaba Eduardo Mendoza en Tarazona, en una conferencia que se publicó en el número 36 de Vasos comunicantes. Vean, vean:

Por ejemplo, hay muchas películas —ahora se hacen menos, desgraciadamente, pero todavía se hacen muchas— de gángsteres. El problema del traductor español es que en España no hay películas de gángsteres. Aquí también hay gángsteres, pero no como los de los de las películas, no como estos hombres honrados que van diciendo: “Soy gángster”. Los gángsteres de las películas se compran una gabardina, un sombrero, una pistola, una petaca de whisky, pegan a una chica para cumplir con su profesión de gángster y aprenden un lenguaje de gángster. Como en España estos gángsteres no existen, hay que crear un sucedáneo del lenguaje del gángster y eso ha obligado a unos traductores geniales a introducir un lenguaje de gángster de película americana. Por ejemplo, llaman a las chicas “muñeca”. Nadie llama a una mujer “muñeca”, nunca, sólo los gángsteres de las películas. De modo que cuando un escritor español o un guionista de cine quieren sacar un gángster en una película, también le hacen decir “muñeca”, aunque sea un gángster de Madrid, o un gallego. Lo hacen para que se vea que es un gángster. Estos son los problemas de la traducción, ¿qué hacer? No sé lo que debe decir en inglés, doll, dolly, honey, es igual. ¿Qué hacer con esto? ¿”Churri”? Cómo va a decir algo así un gángster, no sería digno…

Pues ése es el problema, que entre los labios y lo que tendría que ser digno o no según el tío de márketing de la distribuidora, lo que se han sudado los pobres, pero honrados, traductores se queda hecho unos zorros y luego lo repetimos porque queda como muy fino. Eso por no hablar de los títulos, que se merecen varios libros para ellos solos. Menos Pasión de los fuertes y La legión invencible, claro, que son unos títulos mucho más chulos que My Darling Clementine y She Wore a Yellow Ribbon, respectivamente, que no sabe uno si las pelis tratan de mandarinas o de mercerías.

Total, que yo tan contento porque estaba seguro de que tenía sexo (“por varón en la ingle con un fruto”) y resulta que no me como un rosco (“I like a donut” o “J’ai comme un beignet”).

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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Una respuesta a Un seis y un cuatro, la cara de tu retrato

  1. AnnaBB dijo:

    ¡Hola!
    ¿Has visitado alguna vez la página “ascodevida.com”? Está llena de gente que dice “ayer, teniendo sexo con mi novia…” o “hace años que no tengo sexo”. Siempre pienso que, si es verdad, en realidad son más desgraciados de lo que creen :D.
    ¡Un saludo!

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