Buena caza, hermanitos

Mowgli asiste a la solemne apertura del curso el primer día de clases. Junto a los profesores titulares hay asociados como Bagheera y Baloo. (Los grabados son de D. José Triadó y espero que sean de dominio público porque falleció en 1929. D.e.p.)

“It is good hunting. And thou, Little Brother?” (Akela a Mowgli)

Bueno, fin de curso. A uno siempre le entra un poco de murria porque los de cuarto se licencian y a la mayoría no los vas a volver a ver. No quiero decir con eso que me gustaría seguir viéndolos a todos, pero lo de que se licencien y se lancen a la vida laboral da un poco de penilla. Al fin y al cabo, los cogiste siendo unos pardillos y los dejas siendo unos catetos, pero, eso sí, conscientes de serlo. Además, este año me ha coincidido con que he terminado el borrador de la traducción de un libro muy gordo, lo cual también marca. Corregir, no sólo exámenes, siempre es más fácil pero infinitamente más tedioso. En fin, sólo me gustaría desearles buena caza ahí fuera.

Últimamente he leído un par de entradas de blog que tienen que ver con esto. La primera es de Álvaro García en [Sé lo que] Traducistes (no hagan caso de la barbaridad, todos sabemos que es “traducites”, ¡estos de Madriz con sus eses!). Bien, pues hablando de los estudios de traducción en Salamanca, el amigo Álvaro dice, entre otras cosas, que son una mala opción “si no tienes una inquietud brutal por saber”. La segunda entrada es de Raimundo Rizo en sus Letras de Sastre, un texto muy bonico (de verdad, palabrita del Niño Jesús) que se titula “La verdadera naturaleza del traductor”. Cuenta que tenían un profe que les decía “Los traductores somos los humanistas del siglo XXI”, lo que me parece una pasada porque a ver si entonces no lo éramos en el siglo XX, o en el XIX, y ve para atrás.  Y, además, digo yo que también habrá otras profesiones que sean humanistas si por humanista entendemos “Persona instruida en letras humanas”, que dice el DRAE, aunque me da un poco de miedo pensar qué serán las “letras no humanas” (La verdad está ahí fuera, ¿verdad, Mulder?). Por ejemplo, los grafólogos tienen que ser grandes entendidos en letras.

Volvamos a nuestros amigos, especialmente Raimundo, que descubre algo importantísimo, y lo digo totalmente en serio: para ser un buen traductor hay que leer porque “La escritura es fiel reflejo de lo que hemos leído”. Un poco más abajo añade otra condición necesaria: hay que ignorar, porque ¿cómo vas a aprender algo si no lo ignorabas previamente? Si acaso, lo recordarías, pero no lo aprenderías. Y aquí viene bien regresar al amigo Álvaro cuando decía que Salamanca no sirve “si no tienes una inquietud brutal por saber”. Una reformulación de la antigua frase de “quod natura non dat, Salmantica non praestat” (“Lo que no te den de natural, no te lo van a prestar ni en Salamanca”, o algo así). La idea, la de que necesitas querer saber (voluntad de vencer) si quieres aprender, yo la suelo expresar de una forma un poco más directa:

La universidad no sirve para nada

Claro, dicho así puede que suene un poco burro (¿Le encargarías un puente a un tío que no haya estudiado ingeniería? ¿Dejarías tu salud en manos de alguien que no haya estudiado medicina? Pues no, pero en lo segundo, bien que le hacemos caso a la vecina cuando nos dice “Pues yo me tomé una tisana de hierbajos y me vino estupendamente para esos dolores”. ¡Hala, a hervir hierbas!), pero en esencia es verdad. Les explico. Uno lleva ya unos años en esto y hace lo que puede, pero no puedes hacer lo que no puedes porque entonces podrías y ya podrías. Vaya, creo que me lío. Lo que quiero decir es que tú intentas enseñar lo que está en tu mano y de la mejor manera que sabes, siempre hay mejores y peores pedagogos, pero si el de enfrente no está por la labor, nada de nada. Al final todos acaban aprobando, claro, porque te agotas, te hartas, y llegas a la siguiente conclusión:

Si a estas alturas no han aprendido nada, o no me explico o no lo aprenderán en su pastelera vida.

Les voy a poner un ejemplo. Lo de leer que decía Raimundo. No puedo estar más de acuerdo con eso de que para ser un traductor medio qué, tienes que leer un montón. Pero no leer como si tal cosa, sino leer, leer, es decir, leer entendiendo. ¡Anda ya —me dirán ustedes—, eso lo hace cualquiera! Pues va a ser que no, como decía el niño tan borde aquél del anuncio (por cierto, me he encontrado en el yutuve, en turco yütüp, un vídeo al respecto de una tal María Isabel, que no tengo el gusto, Deo gratias, tan horroroso que no les pongo el enlace). Cuando me llegan mis estudiantes con sus diecisiete o dieciocho añitos, no me saben leer como es debido. Leen, sí, y se enteran más o menos de lo que dice el texto, pero punto. Como les doy clase de comentario de textos (en plural, tercero y cuarto, distintos tipos de textos) sufro a menudo en los exámenes frases como “El autor usa adjetivos para expresarse mejor”, “Hay muchos rasgos importantes, hay armonía y equilibrio entre las palabras”, “Hay una relación clara y ordenada entre el fondo y la forma del texto”, o “El lenguaje que usa no es difícil, todo el mundo podría entenderlo”, que, si las piensan un poco, tienen en común que no significan nada. Es decir, puede que lean el texto y que lo entiendan (gracias a que el lenguaje usado no es difícil), pero ¿y qué más? ¿Dónde está esa preocupación por lo que el autor quiere decir y por qué lo dice como lo dice? ¿Do ese “caldo de cultivo donde se gesta nuestra competencia” del que habla Raimundo? Porque, si nos ponemos así, para eso tiramos del gúgel explaneitor. En suma, que sería muy feliz si le he podido enseñar a alguien a leer. ¡Para ese viaje no es menester alforjas!, dirán. Pues por eso les comentaba que la universidad no sirve para nada.

En letras (y muchos traductores de libros salen de ahí) la segunda parte es escribir. Como pueden suponer, la lengua materna de la práctica totalidad de mis estudiantes es el turco (de Turquía). Como en España (y demás países hispanoparlantes) el turco no es una lengua muy popular, eso significa que muchas veces nuestros licenciados tendrán que hacer traducciones inversas, y para eso no sólo necesitarán saber español, sino también saber cómo se escribe en español. Y yo aún diría más, tendrán que redactar directamente en español muchas veces. Imaginemos que uno de ellos va a trabajar a una empresa de capital español y su jefe (local) le dice: “Oiga, mire, usté que sabe español, escríbale una carta al director general de la central porque la última partida era una mierda”. No, señores, no es tan fácil empezar. ¿Cómo lo hacemos? ¿”Hola, director”? ¿”Estimado señor mío”? ¿”Afectuoso colega”? ¿”Querido mi jefe”? No, no, todo esto tiene sus formas. ¿Y lo de la mierda? ¿”Me es grato informarle de que la calidad de la última partida del producto era inferior a la de unas heces fecales”? Tampoco, hombre. Yo me pasé años viendo que al final de las instancias en turco ponían “rica ederim” o “arz ederim” sin saber cuándo se usaba una fórmula u otra hasta que alguien me explicó que si al destinatario lo tienes por encima, pones “arz ederim” y si está a tu nivel o inferior, “rica ederim” (y con lo de las alturas y los niveles no me refiero a los pisos, claro). Hasta cierto punto, esto también es traducir. Poco punto y muy a lo Lin Shu, pero bueno.

Con lo de la escritura hay otro detalle además. A los diecisiete o dieciocho años lo tienes todo clarísimo, pero a lo mejor los demás no tanto. Mis queridos estudiantes tienen las firmes convicciones de un taxista oyente de la COPE deseoso de pegar la hebra. Todo te lo arreglan en dos patadas. Serían capaces de afirmar “Las coles de Bruselas son malas porque están malas” y se quedarían tan anchos (no sé si lo harían, la verdad, me acabo de inventar el ejemplo, pero es que no me gustan nada las coles de Bruselas). Nosotros, los profes, sufrimos mucho esta seguridad absoluta sobre todo cuando empiezan con la frase “Es que he leído en un libro…”. Malo, cualquier barbaridad, seguro. “Es que he leído en un libro que el vasco viene del turco” (la versión inversa la he oído allá), “Es que he leído en un libro que el español no tiene casi vocabulario porque todo viene del latín”, “Es que he leído en un libro que Perón era un desertor italiano”… Pueden imaginarse lo que puede salir cuando la frase es: “Es que he leído en internet…”. Sufrimos más todavía cuando el libro en cuestión es el diccionario: “Es que en el diccionario pone que…”. Y, si lo pone, es porque es así. Y punto. Un ejemplo más, el otro día se me acercó la manada con un “¿Podemos preguntar una cosa?”. “Malo”, me dije. “Es de la clase de traducción”. Como la clase de traducción la da otra profesora, me vienen a preguntar a mí, ¿no? “Malo”, me dije. El problema estaba en que en el texto a traducir había una frase algo así como “Pepita Pérez se dedicó a hacer unas encuestas” y ellos lo tradujeron (dedicarse) con el verbo turco que significa “dedicarse” en el sentido de “consagrarse”. Como si Pepita Pérez en lugar de hacer unas encuestas hubiera consagrado su vida al Señor haciéndose carmelita descalza, o algo parecido. La profesora, con muy buen juicio, les informó de que andaban muy equivocados, así que decidieron intentar que yo comulgara con ruedas de molino con la cantinela de “Es que en el diccionario pone…”. ¡Que no! ¡Que no seáis pesaos! Pero se quedaron con la mosca detrás de la oreja: “Este tío no tiene ni idea, a ver si no va a poder uno consagrar la vida a unas encuestas si son importantísimas y…”. Como digo, no hay quien les apee del burro. Sería feliz si hubiera logrado enseñarle a alguien a escribir.

En suma, si buenamente he conseguido que sepan que ignoran y que pueden aliviar la ignorancia con la lectura, ya me daría por contento. Porque lo importante, hermanitos, es que uno nunca sabe lo que le espera fuera, como muy bien explica la amiga Nieves Gamonal en “No todos los caminos llevan a Roma”. Así que lo mejor que nos puede dar la universidad es esa “inquietud brutal por saber” del amigo Álvaro.  Será algo absolutamente necesario acabes de bombero, cantante de ópera o traductor. Como no la tengas, no te van a enseñar nada, o no lo vas a aprender.

Así que, hermanitos que termináis la carrera, buena caza y mucha suerte, os hará falta.

“Good hunting!” said Phao […] and then over his bitten shoulder to the others: “Howl, dogs! A Wolf has finished his studies to-night!”

But of all the Pack of two hundred fighting academic programs, whose boast was that all jungles were their Jungle, and that no living thing could stand before them, not one returned to the Dekkan to carry that word.

(N. del T. Carpintero: la cita no es literal).

Mowgli regresa a casa con una toga y un birrete étnicos al terminar sus estudios. Su madre grita entusiasmada: "¡Por fin has acabado la carrera, hijo pródigo!". El hermanito no ha podido ir al jardín de infancia porque tenía anginas.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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