Otros colores/Öteki Renkler

Otros colores

Otros colores es un libro de ensayos de diverso pelaje y con él me pasó algo rarísimo. En Turquía se publicó en 1999, poco después de que Pamuk escribiera Me llamo Rojo y la idea era recoger escritos que habían ido saliendo por ahí. De hecho, uno de los discursos de La maleta de mi padre (“El autor implícito”) es el prólogo de la edición turca de Otros colores, aunque bastante modificado. Se trata de un libro que he usado y uso bastante para mis quehaceres académico-pamukianos porque así no tengo que ponerme a buscar una revista desaparecida hace mil años para localizar qué dijo exactamente sobre cualquier cosa.

En su esforzada labor de publicar todo lo de Pamuk, pronto le llegará el turno a los post-it de la nevera, Mondadori (benditos sean) me encargó ponerme manos a la obra. Así que me busqué un ejemplar nuevo porque el mío lo tenía llenito de anotaciones y luego me lío, me remangué y a teclear como loco. Y andaba tan contento por la página tropecientos diecimuchas cuando me encuentro que ha salido la traducción inglesa de Maureen Freely.

(Aquí me veo obligado a hacer un paréntesis. Hay, no sé si traductores, pero sí mucha gente del cine, por ejemplo, que asegura no ver o mirar nunca otras versiones de la obra que están haciendo. Permítanme que eleve la ceja izquierda con cierta suspicacia. Para mí, leer otras traducciones del libro en el que estoy trabajando es algo fundamental, sean al español o a otra lengua con la que me apañe. Sobre todo porque te aseguras no tropezar con la misma piedra con la que han tropezado otros. Pero eso no vale, me dirán ustedes, es copiar. No, si no copias ni intertextualizas. Más bien todo lo contrario, te aseguras de no repetir lo mismo.)

Así que me procuro la edición de Faber and Faber (que no creo que sean los de los lápices), la abro y me encuentro con que ¡lo han cambiado todo! ¡Un montón de ensayos de la versión turca han desaparecido y otros han surgido de la nada! ¡Además le han dado un repaso a las partes y nada está en orden! Total, que llamo rápidamente a Mondadori y ellos, tras pensárselo un poco, deciden que la edición que vale es la “internacional” y que me olvide de la turca. Desde luego, les honra que se ofrecieran a pagarme lo que había traducido ya y que no iba a salir en la edición española, pero preferí declinar la amabilidad porque así no tendría que corregirlo y porque, quién sabe, igual podía usarlo para algo.

El caso es que aquello me provocó un follón de mil demonios porque uno es muy cuadriculado cuando se pone a traducir un libro. De hecho, uso una hoja cuadriculada para hacer una gráfica con sus ordenadas y sus abscisas (nunca sé cuál es cuál) para calcular cuánto tiempo me va a llevar y voy haciendo unas flechitas y las miro… En fin, que a la mierda la gráfica y la numeración de las páginas y todo. Porque encima me mandan cada ensayo de la nueva versión en archivos por separado y ni sabía cuánto me quedaba ni nada. ¡Ay, qué sofoco, mare mía! ¡Qué de vicisitudes sentado en mi sillón! Pero bueno, si tienen ustedes el libro en sus manos (eso espero, y que se lo regalen a sus familiares y amigos, que está la cosa muy achuchá), es porque al final todo salió bien.

Y casi mejor, porque me dio por mirar qué se había quitado y qué se había añadido y saqué bastante material para un articulillo que todavía no he escrito porque no sé por dónde empezar. Así que les voy a contar en rigurosa exclusiva algunas conclusiones que saqué (no se lo cuenten a nadie que hay mucho aprovechado por ahí).

La primera evidencia importante es que en la nueva versión de Otros colores se incluyeron ensayos escritos después de 1999. Y no sólo eso, yo aún diría más, para hacerles sitio quitaron otros de la versión original. Entre los que se incluyen están los discursos de La maleta de mi padre, libro que no existe en inglés porque para qué, si tienes el discurso del Nobel en inglés en internés. Dichos discursos ensayísticos no están en la edición española, claro, porque a ver quién se compra el librito fino si tienes más en el gordo. A cambio, en español tenemos lo que escribió en la edición original turca sobre La casa del silencio, libro que no había sido traducido al inglés pero sí al román paladino (por menda). Como pueden comprobar, estas observaciones no requieren mucha perspicacia, pero no dejan de ser curiosas.

Menos claro está lo de los ensayos eliminados. Algunos eran demasiado coyunturales, probablemente hubiera cambiado de opinión en otros, varios eran notas muy cortitas que tampoco daban mucho de sí, entrevistas, etc. Pero se queda uno con la mosca detrás de la oreja con los motivos que llevarían a Pamuk (según el prólogo, él preparó personalmente la nueva edición) a eliminar todos los ensayos sobre literatura turca. Si nos ponemos a pensar mal podríamos concluir que no quería que nadie en el extranjero supiera sus fuentes (en Turquía es inevitable que los lectores las sepan, por supuesto). Para mí mejor, así cualquier rollo que cuente en España se lo tienen que creer.

No obstante, uno tiene su propia teoría. En uno de los ensayos de la nueva versión (“¿Para quién escribe?”), Pamuk dice lo siguiente:

[…] cada día que pasa el autor de nuestros días escribe, más que para una mayoría nacional que no le lee, para una pequeña minoría internacional, para los lectores de novelas literarias.

Y hemos de suponer que esa “minoría internacional” son unos happy few, una band of brothers (no los paracaidistas de la serie) que, o bien saben inglés, o bien son anglosajones. Y, en este último caso, los editores, especialmente norteamericanos, suelen asumir que además son cretinos y no se van a enterar si alguien les habla de unos autores que no pueden leer porque no están traducidos. En parte, no les falta razón (no me refiero a lo de pensar que somos cretinos): ¿A quién le puede interesar un ensayo sobre un tipo que no tengo ni pastelera idea de quién es? Pues igual a mucha gente. Y ahora viene la segunda parte de mi teoría. El cambio de orden en los ensayos que forman Otros colores hace que la nueva versión sea, ¿cómo lo diría yo?, más ordenada que la original, más libro y menos antología. Mi humilde opinión es que la edición moderna de Otros colores pretende ser una especie de explicación y ampliación de Estambul. De cómo el niño que quería ser pintor acabó siendo escritor.

Pero entonces es un error, por lo menos en España, eliminar los ensayos sobre literatura turca porque no se hacen ustedes ni idea de lo que le llamaron la atención al personal autores como Yahya Kemal, Ahmet Rasim y Reşat Ekrem Koçu y habría sido una buena oportunidad para que en España supiéramos la opinión de Pamuk sobre escritores de la talla de Yaşar Kemal, Kemal Tahir, Aziz Nesin y, muy especialmente, Ahmet Hamdi Tanpınar y Oğuz Atay. ¿Qué se le va a hacer? Otra vez será…

De todas maneras, si a ustedes les interesa la cocina de la escritura, les recomiendo que se lean Otros colores. Ya verán como le sacan provecho. Y, como son ensayos, si no les gusta uno, pues se lo saltan.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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2 respuestas a Otros colores/Öteki Renkler

  1. Chileno dijo:

    Estimado: realmente siento que al encontrar este blog me acerqué a un autor que me era del todo inalcanzable: hizo usted un trabajo de nexo tan concreto, como sólo puede hacerlo un real profesional. Muchísimas gracias.
    Porqué digo lo de inalcanzable, porque soy un humilde y ávido lector de Pamuk, pero desde Chile. Cuando leí mi primer libro del “Señor Algodón”, Nieve, sentí esa desolación, miseria y aislamiento de muchos pueblos chilenos. Nunca había leído un autor turco, pero la familiaridad de una realidad tan honestamente local me sobrepasó.
    Hasta ahí no pasaríamos de la anécdota, pero al leer este libro, “Otros colores” algunos ensayos me mostraron que las realidades culturales son idénticamente disímiles. Países en que se confía más en un golpe al televisor que en un técnico, poblaciones habituadas como pocas a los terremotos y, lo que me parece más importante: países con un PIB altísimo, pero con niveles de desigualdad económica brutales. Esto se refleja en el día a día, en esa cotidianidad que sólo un autor como Pamuk logra reflejar.
    Bueno, de fondo, esta familiaridad se la debo también a usted. El mismo Pamuk, en una entrevista realizada en Chile, y a raíz de la felicitación por la edición en español de su obra, al primero que nombra como su nexo insustituible, con los lectores de estos lados es, a usted. Puede leerlo o escucharlo usted mismo:
    http://www.unabellezanueva.org/orhan-pamuk/

    Señor Carpintero, otra vez gracias. Me encanta ahora poder leer sus propias palabras.

    • Le agradezco enormemente tanto elogio. Lo malo es que ahora me muero de vergüenza con las tonterías que escribo. Es agradable y bueno ver que, en el fondo, todos somos iguales. En fin, gracias de nuevo y un saludo desde Estambul.

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