La tumba negra/Patasana

La historia de la traducción de La tumba negra es un ejemplo típico, o no típico, pero sí ejemplar, si me permiten el pleonasmo del ejemplo ejemplar, de la suerte de la literatura turca allende sus fronteras. Conocíamos de antes a Ahmet Ümit, el autor, porque su mujer, Vildan, era estudiante de un colega nuestro, y debió de aprender español tan bien que estuvo una temporadilla trabajando de ayudante de biblioteca en el Instituto Cervantes local. El caso es que, entre unas cosas y otras, andaba Ahmet emperrado en que quería que le tradujeran al español. Y yo, como soy un paternalista de tomo y lomo, le aconsejaba que primero se hiciera una traducción al inglés, aunque no fuera muy allá, que pudiera enviar a editores del uno al otro confín. Pero él insistió e insistió como el lobo de los tres cerditos soplaba y soplaba hasta que a través de amigos y conocidos encontró editores hispanos que quizás estuvieran interesados en alguna de sus novelas. Primera conclusión de la literatura turca: Como no forme parte de la Santísima Trinidad (Yaşar Kemal, Nazım Hikmet, Orhan Pamuk), autor que se duerme no se lo lleva la corriente y no mama. No es el primer autor turco, ni será el último, que se busca las lentejas él solito en esto de que le traduzcan porque aquí lo de las agencias literarias no está muy desarrollado, que digamos.

Hay que decir que Ahmet Ümit es un autor conocidísimo en Turquía, que vende y se lee (como hay gente que dice que Pamuk vende pero nadie le lee…). Pero, claro, como es un escritor de género (policiaco) y no le da por partirse la cabeza con “¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos?” y tal, pues no pega con el cine turco actual que se presenta en Cannes ni nada de eso. Encima, evidentemente, no es sueco. La historia de cómo le dio por la literatura (policiaca) contada por él tiene su gracia. En tiempos era de profesión sus revoluciones. Creo que es la única persona que he conocido nunca que fuera de verdad un comunista liberado de los que se van a Moscú con pasaporte falso a recibir formación. Comunista del partido ilegal, por supuesto. Además, todas las historias que cuenta de su época de agitador son que te partes de la risa. Eso sí, si no lo piensas (¿Ven cómo pensar es malo?). En fin, que se fue a Moscú y lo que vio en el Paraíso del Proletariado no le hizo demasiada gracia. Para más inri, lo digo porque no estoy seguro de que se hayan enterado, tanto la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (en castellano “ce, ce, ce, pe”) como el Pacto de Varsovia sufrieron una pequeña crisis que condujo a su desaparición. Claro, eso dejaba a gente como el amigo Ümit en una situación un tanto embarazosa. No es que les gustara mucho lo que había, pero encima es que no lo había ya. Total, que decidió dedicarse a la literatura. Un amigo le aconsejó que se escribiera novela policiaca, que para eso le gustaba y además, como él dice, se había pasado media vida (entonces) huyendo de los cuerpos represivos del estado. ¿Quién mejor que él para saber su funcionamiento? Como en Turquía casi nadie (o sea, nadie) se dedicaba al género y Ümit escribe bien, sus libros son siempre un éxito. Ahora hay más autores de novela polar negra policial, pero sigue siendo el referente a quien siempre sacan en la tele. Además me descubrió que el corazón de Drácula está enterrado en Estambul. ¿O era la cabeza?

Una vez que encontró más o menos quien lo editara en España, llegó el turno de decidir qué novela íbamos a traducir. Así que quedamos los cuatro una noche en el Hacı Baba (Vildan, Mª Jesús, él y yo) y nos pusimos a discutirlo. Como soy un cabeza cuadrada, opinaba que lo lógico sería traducir su primera novela Niebla y noche (Nacht und nebel, pero al revés, que es como lo dicen en turco por si no se han dado cuenta, y a mirarlo a la enciclopedia) o La marioneta, que en España la entenderíamos muy bien por aquello del GAL (no la marca de jabón, precisamente). D. Ahmet estaba más o menos de acuerdo, al fin y al cabo se supone que yo soy el español y algo sabré de nuestros gustos. De repente Vildan y Mª Jesús (que para eso también es española) dieron con una solución en principio genial: ¿Por qué no traducir Patasana que tenía de todo? Crímenes, arqueología, hititas, kurdos, armenios, integristas, chico y chica, amor y sangre, violencia y pasión (este par me ha quedado estupendo)… Así que me puse manos a la obra, el libro se publicó y vendió una miseria. ¿Por qué? Les voy a contar algo que me pasó, a modo de explicación. Como las editoriales son tan rumbosas con los traductores con los ejemplares justificativos, sólo te dan dos, uno pa ti y otro pa tu madre. Pero a mi madre no le di el suyo. Así que ese verano cogí el autocar a Almería (“er coche”, vaya), me planté en una librería estupenda, no lo encontré, lo pedí, y menos mal que tenían un ejemplar en el almacén. El proceso que me contaron me dejó de piedra: a ellos les mandaban un ejemplar, lo ponían en un estante, si al mes no lo había comprado nadie lo pasaban al almacén (si lo compra alguien, piden otro u otros dos), a los tres meses como mucho lo devolvían a la editorial, la editorial lo descataloga y a los tres años se destruyen los ejemplares que quedan.

Bueno, teniendo en cuenta que en España se editan unos setenta mil títulos al año, ¿me puede decir alguien cómo vas a comprar un libro al que no se le ha dado la menor publicidad antes de que pase un mes? ¿Ven qué inteligente es la idea de llevarse de viaje a los libreros? Si no se editara tanto… Luego protestan de que el personal piratea los libros. Vayan ustedes a pedir un libro académico de hace unos años y verán el chasco que se llevan. Y es una pena, porque La tumba negra tiene todo lo que he dicho antes. En fin, esperemos que le vaya mejor a la edición de bolsillo en los estantes del Carrefour.

Y eso que los de la editorial le habían puesto una portada la mar de chula y misteriosa y le habían cambiado el título (no hace falta ser un lince para observar que el original turco se compone de una palabra y el español de tres). Patasana es el nombre de un escriba hitita que…, no les cuento más. El problemilla es que en español no suena demasiado bien, que digamos. Se imagina uno al ansioso lector preguntando al amable librero: “¿Tiene el libro del patamala ése, o patachula o como sea?”. Aunque, quién sabe porque los caminos del Señor son infinitos, a lo mejor con el título de Patasana habría llamado más la atención. Lo que está claro es que los españoles esperamos de un autor turco: a) odaliscas, harenes y sultanes y/o b) un alto grado de onanismo mental. Por cierto, en Turquía la expresión vulgar de tan horrendo pecado es “tirarse un treinta y uno”, no sé por qué, así que espero que me iluminen ustedes (sobre el motivo de la expresión, no sobre cómo hacerlo).

La traducción resultó muy agradable. Por una vez y sin que sirva de precedente, me había leído el libro antes y me había gustado. Claro, traducirlo es un asunto completamente distinto, sobre todo porque en el original el tono del escriba Patasana no era exactamente el que yo habría escogido, pero uno es un mandao. Ya que hablamos del tema, creo que una de las cosas más difíciles de traducir una novela es precisamente eso, el tono, que además es muy difícil de explicar. ¿El registro? No. ¿La jerga? Tampoco. ¿El idiolecto idiosincrático? Tampoco. El tono, el tonillo, la musiquilla o soniquete. ¿Y cómo se nota eso? ¡Ay, hijo, que pesado eres! Se nota y ya está. ¿Nunca le has oído a nadie decir “la traducción era muy plana”? Pues lo contrario.

Casi se me olvida decir algo importantísimo. Cuando me enviaron las revisiones del libro hechas por una correctora anónima, me quedé boquiabierto. ¡Menudo trabajazo! Aprendí una barbaridad de ella. Un detalle tonto: como en turco no existe el género gramatical, los “dijo ella/dijo él” los tienen que poner “dijo Pepa/dijo Pepe” o “dijo la mujer/dijo el hombre”, y a veces ni te acuerdas de que en español tenemos esas cosas llamadas pronombres personales sujeto. Ella (¿ven qué útil?) me lo recordó, y se lo agradezco. Los traductores tenemos fama de quejarnos de que no se nos reconoce, pero, ¿y los pobres correctores? Desde esta ilustre tribuna me permito enviarles un saludo con todo mi agradecimiento (y a todos los niños de España). Gracias.

También de La tumba negra hicimos una presentación en el Cervantes de aquí y no quedó demasiado mal. Les dejo con un memento del evento (rima consonante).

Vildan, moi, Ahmet Ümit con su nieta en brazos (¡Su nieta! Eso pasa por casarse joven) y su hija (de ellos, no de la nieta).

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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7 respuestas a La tumba negra/Patasana

  1. carmen abuela dijo:

    No me acordabade la historia de las ventas (o de la falta de ventas) de La tumba negra. Yo me lo pasé la mar de bien cuando la lei. La gente se empeña en leer, difundir y por tanto vender los “libros plasta” por aquello de la intelectualidad que diria el amigo Lara. Yo leo para pasármelo bien y si no cojo un libro de medicina que me es mas útil, pero, como decia tu apisano El Guerra, “cauno es cauno y tiene sus caunás. Lo siento por el autor que me cae simpático. Besos.

  2. Pingback: Los árboles de Gezi, por Ahmet Ümit. | رنوستان آزاد

  3. Juan Carlos Jaramillo Cortés dijo:

    Hola Rafael Bey, de nuevo por acá.
    Eso de “la editorial lo descataloga y a los tres años se destruyen los ejemplares que quedan”, aplica hasta para el mejor de la Santísima Trinidad: Yaşar Kemal. Qué difícil es poder leer a los turcos en español, por lo menos en Colombia (bueno, a excepción de Pamuk). Y, de acuerdo con usted: ¿cómo comprar un libro al que no se le ha dado la menor publicidad antes de que pase un mes? Afortunadamente pude encontrar un ejemplar nuevo en mi ciudad y, a disfrutar de la novela se dijo, sobretodo, a ver qué tiene para decir ‘Patasana’ sobre la desaparición del imperio. Kurdos, Armenios, Hititas; esto va a estar bueno.
    Saludos desde Medellín, excelente año 2014 y un gran abrazo.

    • Juan Carlos Jaramillo Cortés dijo:

      Se me olvidaba preguntar por las referencias al Genocidio armenio. ¿No ha sido acusado “de insultar al pueblo turco” como está estipulado en el Código criminal turco al hacer referencia a dicho suceso?.

      • Lo de los insultos al pueblo turco tiene que haber algún fiscal que lo tramite y algún juez que lo acepte, que los hay. Sin embargo, es raro que autores queridos por el público como Ümit acaben en ese lío. Por otro lado, el problema es el uso de la palabra “genocidio” en sí misma, o que se interprete que se defiende la versión de la diáspora armenia. Ümit no hace ni lo uno ni lo otro, así que no hay problema.

    • Pues sí, lo de la destrucción se pone en marcha en cuanto el libro es devuelto de la librería. Al parecer el almacenaje es muy costoso. Es decir, como el librero no tenga sitio y el libro no sea un clásico con visos de venderse en un futuro más o menos próximo, seguro que acaba en la incineradora. Piense que, según dicen, es España se editan casi doscientos títulos al día; eso no hay quien lo guarde ni quien decida qué es bueno y qué no.
      Feliz Año 2014 también para ustedes.

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