¡Pipa, parapipa! ¡Pom, pororom, pom, pom!

Mi hermana Sole y su hija mi sobrina Sole vestidas de faralaes. Si miran muy atenta y cuidadosamente, podrán intuir que no es Semana Santa, sino otra festividad también muy costumbrista.

Supongo que se habrán dado cuenta por las trompetas y atambores del título de la entrada que estamos en Semana Santa, así que aprovecho que hoy es Viernes Ídem para felicitar por su onomástica a mi hermana Sole, gran formicóloga, como saben, cuyos estudios no (repito, no) me han servido de mucho para comprender mejor la teoría de los polisistemas de Itamar Even-Zohar, que tan amplio eco han tenido en círculos académicos, pero que sí (repito, sí) me han proporcionado largas horas de entretenimiento veraniego al pie de un árbol pensando cómo podría aplicar dicha teoría a la amenaza de las hormigas argentinas. Igualmente, vayan desde aquí mis mejores deseos para su hija, curiosamente mi sobrina y nieta de mi madre, del mismo nombre; es decir, Sole (-dad).

¿Y qué tiene esto que ver con la traducción? Directamente no mucho, pero tiene que ver con problemas culturales que sí se relacionan con la traducción y sus problemas. Y no estoy hablando de los nombres, que de por sí dan más de un disgusto. Todavía me acuerdo de mi pobre hermana cuando le tenía que explicar a los irlandeses que Soledad, por muy bien que sonara y lorquiano que fuera, significaba “loneliness”, y los irlandeses ponían una cara que ya, ya. Cuando uno vive en tierra extraña como la de la copla, sobre todo si tienen otra religión (evidentemente errónea), el verdadero lío es explicar en qué consiste el día del santo. Listo de mí, le dije a mi profesor de turco que a partir de ciertas edades en mi tierra se celebraba más el santo que el cumpleaños. Se pueden imaginar la debacle. Es que cada día tiene un santo (¿?). Sí, y antiguamente te ponían el nombre del santo del día en que nacías y por eso tenemos abuelos con nombres tan lindos como Desiderio, Felicidad, Fructuoso o Ebelio. Sí, claro, los católicos. No, no vamos toda la familia a misa ese día, es algo más como una tradición. Sí, por supuesto que tiene un origen religioso, pero… Y acabas berreando “Estas son las mañanitas que cantaba el Rey David” para ver si dejan de hacer preguntas impertinentes. Al fin y al cabo, es una forma de celebrar el cumpleaños sin que sea tu cumpleaños y que así nadie te pregunte por la edad. Déjenme tranquilo de una vez. A ver, ¿quién es el guapo que traduce como es debido lo del santo a, por ejemplo, el turco? Por cierto, quienes sientan curiosidad por esto de los santos deberían consultar la santopedia, que les juro que existe.

Pero si lo de los santos es malo, peor es lo de la Semana Santa. Hace unos años (bastantes) pusieron en el festival de cine de Estambul Flamenco de Saura. Como era cortita, en el paquete metieron una especie de documental de Gutiérrez Aragón sobre la Semana Santa de Sevilla. Los pobres turcos, a quienes les había gustado mucho Flamenco (especialmente a las chicas un descamisado Joaquín Cortés, que silbaban, ellas, como si fueran los Beatles, él), salían con los ojos que les echaban chiribitas. Pero, pero, ¿esto qué es? Ah, mire, es que en Semana Santa, o sea, antes de Pascua (que aquí sí les suena por los ortodoxos), celebramos la muerte de Jesucristo. ¿Celebran la muerte? No, no, mejor dicho, conmemoramos la muerte y celebramos la resurección. Para eso hacemos una especie de desfiles, que se llaman procesiones, en los que unos tipos enmascarados, bueno, no exactamente enmascarados, sino que llevan una cosa así larga en la cabeza como… ¿Cómo te diría yo? ¿Has visto a los del Ku-Klux-Klan? Claro, angelitos, los turcos se horrorizan. ¿El Ku-Klux-Klan? No exactamente, pero la forma de vestir es parecida. ¿Y queman negros? No, bueno, antes la Inquisición quemaba herejes, pero ahora está prohibido por la U.E. incluso en las fiestas locales. Y todo esto con enorme ruido de pitos y tambores, que mi perro (d.e.p.), que era un manifiesto anticlerical, se ponía de los nervios y no paraba de ladrar.

¿Y los pasos? Hay una especie de carrozas que son como enormes altares llenos de velas que llevan encima imágenes religiosas vestidas con capas y tocadas con coronas que cuestan una millonada. Pues para tirar de eso hará falta un camión, nos dice el turco ingenuo. Ni hablar, debajo van unos tipos fuertotes que son los que lo levantan y lo llevan. ¿Y lo hacen como condena, como los galeotes de antaño? No, lo hacen por devoción (¿?). Con lo cual sigue sin quedar nada claro el asunto. Encapuchados y galeotes, vaya forma de celebrar nada. ¿Se dan cuenta del problema cultural? ¿Cómo explicar o, peor aún, traducir estas cosas?

Menos mal que vivimos en un mundo globalizado por la Coca-Cola. Aquí tenían un serio dilema religioso-cultural porque en las pelis y las series americanas salían celebrando (ahora sí) la Navidad con arbolitos y papánoeles. Claro, empezaron a hacer lo mismo, ya saben cómo son los niños de pesados: “Mamá, quiero un arbolito con bolas que se rompan. Mamá quiero que Papá Noel me traiga una Barbie”. Pero, pero, pero Turquía no es un país cristiano y no hay Navidad. ¿Qué hacer? Un enteradillo hizo la siguiente sugerencia: Muy fácil, en las pelis y series subtitulamos o doblamos “Navidad” por “Año Nuevo” y santas pascuas (dicho que no existe en turco, por cierto). Y la idea cuajó. Cuajó tanto que mis pobres estudiantes se hacen un lío de no te menees con eso de que aquí también se celebra la Navidad (que no) y que es lo mismo que la Nochevieja (que tampoco). Además, para acabarlo de aclarar, los cristianos que hay por aquí son casi todos ortodoxos y celebran la Navidad cuando nosotros celebramos Reyes, día de la Epifanía del Señor, que, como todos sabemos, significa “manifestación” o, por extensión “nacimiento”, así que debería ser la Natividad y… y supongo que se habrán perdido como yo, así que imagínense ellos.

Afortunadamente para las buenas costumbres, los muy islámicos, recelosos de que la población se estuviera pervirtiendo, ergo cristianizando, se han inventado la “Semana del Santo Nacimiento” para celebrar el nacimiento de Mahoma. Es decir, como son buenos musulmanes, se sacan de la manga una especie de Navidad. O que con una Navidad musulmana hacen una Semana Santa. Supongo que los más radicales estarán que trinan. No sé, la verdad. Algo que relaciono muy íntimamente con la Semana Santa son películas peplum (¿el plural es pepla?) como La túnica sagrada, Quo vadis? y, sobre todo, Ben-Hur en la versión de Charlton Heston con esas cuadrigas que parecían los cohetes del Episod Uan de La guerra de las galaxias. En realidad es al revés, pero lo escribo así para que lo entiendan mejor las generaciones más jóvenes. Me acuerdo de Ben-Hur, entre otras cosas, porque una vez lo vi en un cine con un pantallón de los antiguos, en fila dos y esquinado y todavía me duele el cuello. Bueno, pues las misma películas ponían aquí en los canales más beatos. No olviden que Jesucristo es un profeta para el Islam ni que una película piadosa siempre será menos nociva que cualquier otra aunque sea de una religión distinta. Hablando de Jesucristo, otro follón es que según el Corán, la Santísima Trinidad la forman Dios Padre, la Virgen María y Jesucristo. Es decir, y con bastante lógica, el padre, la madre y el hijo. Si San Agustín, que era santo, se hacía un lío con eso, ¿por qué no los demás?

Es que esto de la religión lo tenemos metido muy dentro. No sólo en fiestas y celebraciones, sino también en la lengua. Fíjense en dichos como “hoy no estoy muy católico” o “se me fue el santo al cielo”. Esto, claro, no hay quien lo traduzca así. Y no sólo porque otras lenguas no diferencien entre “ser” y “estar”. Es de suponer que no estar muy católico en un país protestante sea algo bueno. Y que el santo se vaya al cielo es lo normal. O en turco, a los fallecidos musulmanes se les llama “merhum”, que es uno de los atributos de Dios según el Corán, y a los no musulmanes nada, o “que la tierra le sea leve”, muy a la romana. Una estudiante me criticaba que tradujera “merhum” por “difunto” porque según ella se perdían las connotaciones religiosas. ¿Y cómo lo hago, guapa? La nota me iba a salir más larga que el texto. Aunque, claro, así es como les gustaría traducir a mis estudiantes.

O sea, que sí, que sí tiene todo esto que ver con la traducción y con los problemas culturales. Para relacionarlo con el salmorejo, imagínense una conversación entre ustedes y un turco en la que le explican que en Semana Santa lo típico es tomar torrijas, que son pan empapado en leche (o vino), rebozado en huevo, frito en abundante aceite y al que luego se le echa miel y mucha canela. Por supuesto, el turco replicará: “¿Y tú te quejas de que los dulces turcos son pesados?”. ¿Cómo traducir lo de las torrijas? Yo no me cortaría un pelo y las llamaría “ekmek kadayif”, que es un dulce que no tiene mucho que ver pero también se hace con pan. Pa que vean que a veces nos quejamos de vicio.

Vuelvo a felicitar a mis Soledades, que en turco serían “Yalnızlık” y que suena mucho mejor que en inglés porque parece el título de una canción de arabesk.

Anuncios

Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
Esta entrada fue publicada en Cultura y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a ¡Pipa, parapipa! ¡Pom, pororom, pom, pom!

  1. María Jesús dijo:

    Yo siempre recordaré la primera vez que vi a los antiguos minibuses que hacen trayectos de taxis colectivos en Estambul… Tenían unas cosas puntiagudas en las ruedas lo mismito que las puntas ésas que le salían a las cuádrigas de Ben Hur y, visto como conducían (conducen), una hubiera pensado que se preparaban para las carreras del hipódromo del emperador bizantino…
    Qué bonito el dilema de los santos… Ah, no hay nada como un buen repaso cultural de la cultura de cada cual vista desde otro foco…

  2. carmen abuela dijo:

    Esto si que es divertido!.Añadiré una anécdota que nos contaba nuestra amiga Patricia Sneesbee (creo que se escribe asi) de cuando estaba recien venida a Cordoba. Por lo visto, el dire de la británica tuvo la ocurrencia de organizar una sesión de cante flamenco para los profesores anglos recién llegados. Os podeis imaginar lo que pasó cuando el cantaor de turno se arrancó con el consabido “Aaaaaaay aaaaaay”. Poco falto para que alguno avisara a una ambulancia. La verdad es que hay cosas que por mucho que las expliques o las traduzcas las tienes que haber mamao.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s