Nieve/Kar

Nieve es uno de los libros de Pamuk que más fortuna ha tenido en ciertos círculos, quizás porque se trata de su única novela directamente política. Es curioso, pero la mayoría de la gente que conozco de esos círculos, soy más de rectángulos, se han leído la traducción inglesa. Ahora me da la risa porque lo de los círculos me recuerda al ABC cuando decía “En círculos políticos y diplomáticos…” y luego contaban algo que parecía inventado como “ha causado honda impresión el editorial de este periódico”. Volvamos a lo nuestro. Nieve fue el último libro que traduje para Alfaguara porque no se entendieron con Pamuk para los siguientes; supongo que unos años después se tiraron de los pelos. Eso sí, le hicieron una portada muy bonita con ese señor que parece el marido de la de la copla: “a las seis de la mañana / se levanta mi marío, / se toma el café bebío / y se marcha pa la mina / con el cigarro encendío”. ¿Ven lo que decía de los parecidos culturales? Eso sí, en la portada hace un frío que pela.

Ése es uno de los problemas de traducción que tiene esta novela. Bueno, problema, no, porque no hay quien lo resuelva. La novela se titula Kar en el original, los acontecimientos ocurren en la ciudad de Kars, y el protagonista se llama K. Como pueden ver, el juego de palabras del título se pierde, mala suerte. Lo que nos fastidia las posibilidades es el nombre de la ciudad, que no lo vamos a cambiar.

Nieve es uno de esos ejemplos de mala uva que me gustan de Pamuk. Como no la quiero destripar por si así la compran y se la regalan a sus amigos y conocidos, para lo cual les rogaría que compraran ejemplares distintos y no regalen el mismo que se han comprado para ustedes, simplemente diré que Pamuk convierte la ciudad de Kars en una especie de Turquía en miniatura y a ver qué pasa. Me impresionó especialmente un párrafo porque es una verdad como un puño:

-Lo que voy a decir es muy simple –dijo el apasionado joven-. Que lo escriba el periódico de Frankfurt: ¡No somos tontos! ¡Sólo somos pobres! Tenemos derecho a que se distingan las dos cosas.

Sí que tienen derecho, sí. Y la verdad es que muchas veces confundimos ser pobre con ser tonto.

Sigamos con la traducción. Nieve me permitió ejercitarme con el programa de pintura del sistema operativo, algo para lo que soy particularmente negado, porque al prota se le van ocurriendo unos poemas que forman un copo de nieve. El texto original dice que los poemas “se le venían” y tuve unos tiras y aflojas domésticos por el verbito en cuestión, pero acabé ganando. La novela planteaba también un interesante problema de documentación. La mujer que ama el protagonista le recuerda a una actriz pornográfica llamada Melinda (¿o era al revés?). Uno esperaba tener que documentarse sobre la filmografía de la artista para poder así comprender mejor el texto y poder reexpresarlo de la forma más correcta. Lamentablemente, no hacía falta. Eran sólo unas referencias, nada parecido a las miniaturas de Me llamo Rojo ni a los cuadros de los Bellini de Los turbantes de Venecia. Supongo que no sería la excusa más rara que hayan oído los propietarios de sex-shops: “Quería comprar unas películas para documentarme para una traducción del turco”, “¿No será del griego, o del francés?”, “No señor”.

Tonterías aparte, el problema estratégico fundamental era qué hacer con los pañuelitos. A Pamuk se le ocurrió la idea de la novela, no sé si la idea o la excusa, a partir de unos hechos reales: en el este de Turquía hubo una racha en la que se suicidaron varias chicas de las que llevan pañuelo. El asunto tiene su miga: si las muchachas se cubrían la cabeza por motivos religiosos, ¿cómo es que se suicidaban si así te vas de patas al infierno? La verdad es que es una putada, ya tienes que estar mal para suicidarte, pero además en esas condiciones… En fin, como decía alguien, en Turquía todo se politiza y no iba a ser menos el pañuelo de marras. A tal efecto, úsanse en la lengua turca de Turquía dos denominaciones distintas para el cobertor capilar femenino: başörtü y türban. La primera palabra quiere decir exactamente “cubrecabezas” y se usa para eso, para cuando una mujer quiere taparse el pelo, por ejemplo para que no se le meta en la cara, y se refiere sobre todo al pañuelo típico de las mujeres del campo. Türban, en cambio, hace referencia al precepto religioso. Como tal, como símbolo religioso externo, está prohibido que las funcionarias lo usen. Curiosamente, es la derecha religiosa la que prefiere usar el término neutro y la izquierda (¿?) laica el religioso. Puede parecer extraño, pero en realidad es muy simple: la derecha argumenta que es algo tradicional y que no es símbolo de nada y que para qué se va a prohibir si se ha llevado de toda la vida y que con la cara lavada y recién peiná qué guapa estás; y la izquierda que es un símbolo religioso, que su uso implica una toma de postura política a favor del Islam (político), que en las fotos de los pasaportes hay que enseñar la oreja, que etc.

El problema es, sobre todo, que başörtü y türban se usan también como adjetivos para referirse a quienes lo llevan (başörtülü/türbanlı). Como lengua aglutinante, en estos asuntos el turco es muy flexible, para desgracia de traductores. ¿Qué hacer? ¿Cómo diferenciarlos? Decidí no dejarme aconsejar por la prudencia y utilizar con başörtülü la palabra que usábamos muchos españoles e hispanos para llamar a las mujeres que lo llevan: “empañoladas”. La verdad es que sigue sin ocurrírseme nada mejor, disculpen mi cortedad. Para türban preferí usar “velo”, lo cual tampoco es del todo exacto, pero creo que ambas palabras dan un poco la idea que se pretendía: “empañolada” suena como más de pueblo y “velo” suena, como poco, a misa diaria, esto es, a algo más religioso. Por si empiezan ustedes a insinuar que no tengo ni idea de lo que hablo, quiero decirles que soy consciente de que los musulmanes no van a misa.

De todas formas, lo más interesante en cuanto a experiencias traductoras vino luego, en el capítulo de las acusaciones. En un gogleo post-nobel, descubrí un artículo titulado “Un Nobel que parece novel” (¿se han fijado en el sutil juego de palabras?) en el que se me ponía de chupa de dómine (y no de “chúpame, dómine” que es una guarrada). Esto no es nada raro porque toda persona que se precie traduciría de otra manera lo que sea que esté leyendo; o sea, mucho mejor. No obstante, esta vez se me echaba la culpa de algo de lo que, lo mires como lo mires, no podía tenerla:

Pero lo antológico del libro es la disociación de personalidad que va sufriendo la voz narrativa que, por momentos, se vuelve más importante que la historia misma; o carece de la más mínima importancia; o se desdobla en la pluralidad o, bien, en la singularidad. Y esto da por resultado que dicha voz múltiple acabe por ser un estorbo para una lectura placentera.

¡Alto ahí! ¡Yo no he sido! ¡Ha sido ése, seño! Vale que la traducción puede estar horriblemente redactada (opinión con la que no estoy de acuerdo, claro), pero “el posmodernismo trasnochado y fácil” es culpa del autor, oiga. Total, que me puse manos al teclado y escribí una respuesta razonada (dentro de lo que cabe). El crítico en cuestión, Marcial Fernández, editor de la página web Ficticia, resultó ser un señor la mar de agradable y me pidió permiso para publicar mi respuesta en su sitio. Habíamos estado de acuerdo en algunas cosas y en otras no, pero ambos muy educaditos. Como (a veces) me dice mi madre, tendría que haber estudiado para diplomático.

Lo curioso, para mí, fue que mi respuesta se publicó después de que se hicieran algunos comentarios a la crítica y sufrí una mutación que ni los de la patrulla X. Los comentaristas decidieron que había traducido la novela del inglés, que yo era un desastre, la traducción pésima, etc. Sin embargo, con mi respuesta me convertí, en palabras del propio Marcial Fernández, en “un traductor educado y amable que conoce bien su trabajo”. Y, de repente, las opiniones empezaron a cambiar:

En ningún momento me he atrevido a opinar sobre su trabajo ya que lo desconozco, pero sí he advertido que hay traductores nefastos que son capaces de hacer aborrecer la lectura.

O:

Concuerdo con usted en que el enfoque desde donde se aborda una traducción depende de ciertos objetivos concretos (embellecimiento, fidelidad, legibilidad) que no sólo dependen del traductor, sino también de la editorial. El punto donde salió todo esto es el artículo de Marcial, donde el eje de su crítica son los aspectos gramaticales, y me parece que son un criterio poco conveniente para analizar una novela o a un autor fundamentalmente novelista, en especial si se trata de un escritor extranjero para el crítico. Esto era lo que yo deseaba expresar; sobre su traducción sólo me limité a barruntar el cómo podía influir en el análisis, debido a que me ha tocado reseñar otros casos donde la traducción sobre la traducción ha representado la causa de muchos problemas (y es muy común aquí en México), si ese fuera el caso.

Bueno, así está mejor, los desastres y las traducciones pésimas eran barruntos o se referían a otros, ya decía yo. Pero lo más gracioso es que, en opinión de otro comentarista, ¡yo era una especie de fantasma disfrazado!:

Señor Carpintero, una felicitación, porque se nota el arduo trabajo que ha realizado sobre su lenguaje. Ha eliminado todo vestigio ibérico de su escritura, al punto de que, si no nos dice que estudió en Madrid, podríamos tomar su mensaje y la respuesta que envió a Marcial, como escritos por cualquier hijo de vecina. Afortunadamente ni Marcial necesita quedar bien, en esta su página, y contestar a una serie de críticas bien hechas, ni nosotros tenemos por qué sospechar de un lugar donde cualquiera firma como se le pega la gana pero tiene una alta credibilidad. Así que, reitero, felicidades.

¡Qué cosas! ¡Qué diría mi abuela si supiera que he eliminado todo vestigio ibérico de mi lengua (escrita)! Lo que peor me sentó de esto es que insinuara que soy un aristócrata: parece que si no has estudiado en Madrid, eres cualquier hijo de vecina. No, señor, no, mi madre también fue y es vecina de otras personas. Y a Madrid fui obligado, como emigrante intelectual. ¡Con lo a gusto que habría estado en Córdoba!

No me gustaría que pensaran que todo este debate, que pueden seguir aquí, y no se pierdan los comentarios, me supo a cuerno quemado. No es que me hiciera extraordinariamente feliz, personalmente prefiero esas críticas constructivas objetivas en las que se te alaba y loa sin freno, pero aprendí mucho y todos fuimos un modelo de civismo. Traducir es una profesión solitaria y muy pocas veces tenemos la oportunidad de participar en debates parecidos. Lo normal es que digan que tu traducción es una caca y¿para qué vas a responder? En este caso, sin embargo, ambas partes salimos ganando, es lo bueno de la retroalimentación, que no es la alimentación anal, sino el feedback. Como muestra les confesaré que tengo muchísimo más cuidado al usar la partícula “ya” como muy acertadamente me criticaba D. Marcial y tiendo a no abusar de los pluscuamperfectos. De verdad que se aprende, como poco a librarse uno de los iberismos. Pero, sobre todo, se agradece que alguien se tome la molestia de analizar lo que has hecho, aunque sólo sea porque no le gusta y a ti no te guste su análisis. Desde esta ilustre tribuna me gustaría darle las gracias a D. Marcial y compaña por su amabilidad. Gracias.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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2 respuestas a Nieve/Kar

  1. Arturo Vázquez Barrón dijo:

    Apreciable colega,
    Me encontré hace unos días con este interesantísimo relato del intercambio que tuviste con Marcial Fernández. Me pareció que tenía que ponerme en contacto para enviarte un texto que escribí para leer en un congreso de traductores que tuvo lugar en Rosario, Argentina, en noviembre de 2006, y en el que hablo sobre el estado de la crítica de traducciones en América Latina y su relación con la prensa cultural, y en particular sobre la crítica que hizo MF de tu traducción de Nieve. Te lo haré llegar a tu correo. pues creo que podría interesarte leerlo. Sobre todo porque luego de conocer el amable debate que tuviste con él y al que nos permites remitirnos, sigo pensando que las críticas que hizo de tu traducción no fueron para nada “objetivas”… Pero ya leerás mis opiniones al respecto. Te mando aquí un cordial saludo y espero me indiques si deseas que te envíe a tu correo de ACEtt lo que presenté en Rosario, o a alguno diferente. Un abrazo desde la ciudad de México, Arturo Vázquez Barrón.

    • Muchísimas gracias. La relación entre la crítica y las traducciones siempre me ha parecido muy interesante (y muy polémica). El correo de ACEtt es perfecto. Ya le comentaré mis opiniones. Un saludo desde Estambul.

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