De Estambul a Rodas

Querido diario, testigo mudo de mis alegrías y aflicciones: algún día tenía que tocarme llegar aquí. Tengo que confesar que De Estambul a Rodas me trae algunos malos recuerdos. No por el libro en sí, que para gustos los colores, sino por todo lo que rodeó a la traducción. También me trae el magnífico recuerdo de un viaje a Cartagena (la de España) donde incluso pudimos ser testigos de cómo el torrente de voz de Falete llenaba un teatro al aire libre sin micrófono ni nada.

El asunto empezó regular. La autora, a la que conocía de antes, me dijo que había una editorial española interesada en publicar una obra suya pero que le pedían la traducción de las primeras veinticinco páginas y me preguntó si podría hacerlo yo. Normalmente me resisto como gato panza arriba a tales solicitudes porque te pones a trabajar, la editorial responde luego que nanay y te quedas compuesto y sin novia. Pero como era un favor, por amistad y todo eso, acepté. La novela trataba de una chica de Roma que vive en Milán (o viceversa) y me permití apuntarle a la autora que una trama así no es lo que la gente se espera en España de una escritora turca, pero en fin… Después de enviarles la prueba de traducción (y de texto original, ya puestos), la editorial se puso en contacto conmigo. Y ahí empezaron a torcerse las cosas. Me dijeron que tenían un poco de prisa porque querían presentar la novela a un premio, y que si podía traducir la obra, de trescientas cincuenta páginas, en poco más de un mes. Debo reconocer que no es un trabajo (matemáticamente) imposible si se traducen diez páginas al día (limpias). Pero el que esto suscribe es como esos chimpancés amaestrados, que les sacas de su rutina y se ponen a chillar y dar bocados, y eso me sacaba de mis habituales veinte paginillas semanales. Ahora no viene al caso por qué no hago más, no me sean curiosos. En suma, que les dije que se buscaran a otro.

Además, uno no es tan cretino como a veces se cree (él mismo) y había visto en internet que parte del premio en cuestión consistía en que esa misma editorial publicara la obra premiada. O sea, hablando en plata, que el premio estaba dado y que ellos tenían que publicar la novela a tiempo. Malo, no había otro traductor de turco disponible. Al final me confesaron que podía ser cualquier otro libro ya que querían premiar a la autora y lo demás carecía (relativamente) de importancia. Hablé con ella y me propuso De Estambul a Rodas, que, por cierto, no se había publicado todavía en Turquía (no sé si lo estará ahora), lo cual iba en contra de las normas del premio, que no sólo era más breve, sino además de un tema más turco. Seguían siendo ciento y pico páginas de manuscrito, con lo cual, como buen chimpancé, chillé y mordí, pero lo conseguí, como todo un jabato. “¿Leoncitos a mí? ¿A mí leoncitos, y a tales horas?”, que decía Velázquez, creo recordar. La verdad es que encima me quedó bastante bien, tanto que el por entonces noviete de la autora, un barcelonés, hizo ese comentario que me suele sentar bastante mal a no ser que lo diga mi madre: “Parece escrito en español”. No, joder, está en chino, piensas tú. Pero hay que ser justos, lo que quieren decir es: “La redacción de la traducción a la lengua castellana es tan correcta y fluida, que parece un texto original, o bien que el original hubiera o hubiese sido escrito directamente en dicha lengua”. Como esto último es muy largo y en realidad la intención es buena, pues lo agradeces muy educadamente. De verdad creo que no me quedó mal, y eso a pesar de tono colegui-guay de la obra, que es que a mí no me sale, oyes, ¿vale?

Bueno, todo solucionado, pues, estupendo. Alto ahí, espera, que hay segunda parte, cállate y escucha. Como el autor de estas páginas inmarcesibles además de traductor de la obra (previamente) premiada resulta saber algo de literatura turca, le invitaron a participar en el evento en el que se enmarcaba la entrega del tal premio. Por cierto, ¿tendría el franquismo una dirección general de adjetivos raros? ¿Sabrían ustedes, sin acudir al diccionario, lo que significa “inmarcesible”? Yo no. Bueno, que nos fuimos a Cartagena y nos lo pasamos estupendamente, sobre todo gracias a Lola López Mondéjar, gran novelista, por cierto, organizadora de todo aquello un tanto malgré elle y que no tuvo nada que ver en todos esta historia que estoy contando. Solté mis rollos (dos, si mal no recuerdo, uno propio y otro en una mesa redonda con Nedim Gürsel), eché una mano en alguna interpretación (consecutiva, no es lo mío), fui a ver el submarino de Isaac Peral y me las prometía muy felices cuando llegó la mesa redonda sobre De Estambul a Rodas. Allí cierto individuo, académico por más señas, soltó dos afirmaciones rotundas: que el nunca criticaba negativamente a un autor si lo conocía, como era el caso, y que la traducción era pésima. Muy a mi pesar, me veo obligado a reconocer que esta última frase no fue del todo de mi agrado. Muy probablemente no lo hubiera dicho de saber que yo estaba allí porque el nunca criticaba negativamente, etc., etc.

Al final del acto me acerqué a preguntarle qué era lo que le había parecido tan mal de la traducción y tuvo el cuajo de señalarme tres gazapos “intolerables”. Para que se hagan una idea, uno de ellos era que en el texto publicado aparece “de el Quijote” en lugar de “del Quijote” o “de El Quijote“. Y, como ése, dos más. Una chapuza de juzgado de guardia. Una traducción pésima. Me permití indicarle que no hay libro libre (je, je) de gazapos (de hecho, los libros no pueden tirar primeras piedras) y que, entre otras cosas, eso se arregla con una ligera labor de edición, ausente por las prisas, por parte de la editorial, valga la redundancia. Vana empresa, por si no me había enterado, tuvo a bien publicarlo en su columna periodística, cuyo enlace no pienso ofrecerles, por supuesto. Si quieren, lo buscan. Pero, por favor, antes o después lean el libro a ver si les parece tan mala la traducción. Si es así, no quiero saberlo.

Lo más molesto del asunto es que demuestra dos cosas: 1) Que, en la tradición sartriana, tenemos gustos absolutos y que los brocoli no es que no me gusten, es que son una mierda; y 2) que a veces hay inocentes que cargan con sambenitos que no son suyos, como cuando un elemento de la cadena del libro (autor, traductor, corrector, editor) es arrastrado inmisericordemente por el fango, bonita frase ésta, por el descuido de otros. Lo que me recuerda una cita del cuento “Albertina y Benito” de Edgar Neville que creo que todos los estudiantes de traducción sabrán apreciar:

Albertina, lectoras, era una muchacha hacendosa y consciente de sus deberes, y a pesar de disponer de una lavandera, se lavaba ella misma muchas prendas que el recato me obliga a callar.

El cuento es muy recomendable, palabra, y aunque la cita parece que no tiene mucho que ver, me trae a la memoria una frase de otra Lola (Bosch), que siempre decía “¡A pagarlo poca ropa!”. Y me he acordado por lo de la ropa. A veces, lo pagamos los traductores, y eso que no siempre tenemos la culpa.

Anuncios

Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
Esta entrada fue publicada en De Estambul a Rodas y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a De Estambul a Rodas

  1. Celia dijo:

    Carpintero:
    Los categóricos abundan en las tertulias. Y si se suben al púlpito más vale que no te pillen cerca porque te dan.

    • Eso es lo de menos, en realidad fui víctima de una pelea entre dos categóricos (el uno pensaba que yo estaba de parte del otro). De todas formas, si de esta entrada hay que extraer esa moraleja que siempre buscan mis estudiantes, serían dos: 1) Hay cierta verdad en ese rumor de que algunos premios literarios están dados de antemano; y 2) somos pocos y nos peleamos como ratas para regocijo de más de un editor. Hace poco leí un penoso debate en el blog del club de traductores literarios de Buenos Aires en el que traductores y correctores se degollaban mutuamente (de forma virtual). A todos se les olvidaba que el responsable último de que un libro salga con erratas, como fue mi caso, es el editor-publisher. Si me quejo de que mi PSP tiene un software (me niego a llamarlo “soporte lógico”) de pura caca, me estoy quejando de Sony, no del programador.

  2. Andrés dijo:

    Yo leí “De Estambul a Rodas” hace unos cuantos años y no noté ningún fallo de traducción, no así en “Gentes de Estambul”, una de las más recientes obras turcas publicadas en castellano (que está traducida del inglés y se nota). Lo que sí me pareció es que la novela es completamente insulsa, de hecho me planteé tirarla al Bósforo como acto catártico por haberme hecho perder el tiempo. Finalmente no lo hice porque soy un tradicionalista (aunque no de las JONS) y ferviente defensor de la letra impresa en papel, más en estos tiempos de tabletas y cacharros así.

    • La verdad sea dicha, el libro no es malo. Tampoco es una novela, eso sí. El principal problema, creo, es que la autora se planteó como lector implícito a sí misma. Eso no tendría por qué ser negativo, pero provoca que no a todo el mundo le guste. En origen eran cinco cuentos (más o menos largos) relacionados. Por desgracia, los del premio querían una novela y como tal se presentó.
      Andrés, Andrés, no puedo estar menos de acuerdo contigo. Los “cacharros así” (no las tabletas) son un gran invento, y me callo porque podría no parar.

  3. Roberto dijo:

    Acabo de leer la novela (¿?) y ya casi no me acuerdo de nada. O sea, que no es una obra inmarcesible, sino todo lo contrario…Y mas que los supuestos gazapos, lo intolerable es que los premios literarios estén dados de antemano, lo que significa que no sirven para descubrir nuevos valores, y que se está jugando con el trabajo y la ilusión de los creadores.
    Por lo demás, me encanta tu blog

    • Vaya, tiempo hace que escribí esa entrada. Un momento que la voy a repasar… Ya está. Lo de “páginas inmarcesibles” se refería a las entradas de este blog, por presumir. Lo de que los premios están dados de antemano… supongo que no todos, pero alguno se ve que sí. Lo que me molesta es que jueguen con mi ilusión de comprador (de libros), al fin y al cabo un premio es un buen reclamo publicitario. Muchas gracias por eso de que te guste el blog a pesar de mi mal gusto.

  4. Félix G. dijo:

    Hace poco que encontré este blog y estoy repasando todas las entradas antiguas.
    ¿Recuerdan al inefable Constantino Romero presentando a “la inmarcesible Jasmin” en “El tiempo es oro”?…
    No sé cómo estará Jasmin. Lamentablemente él ya se marchitó para siempre.
    Que no le suceda lo mismo a estas páginas…

    • ¡Uf! Me temo que el concurso ése ya me pilló paciendo en otros lares (o en mi época iconoclasta de concursos). De todas formas, muchas gracias por el comentario. Me ze zaltan las lágrimas de emoción, no de dolor.
      Gracias aguén.
      Salud

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s