Los turbantes de Venecia/Resimli Dünya

¡Pintooor que pintas con amooor! Oh, disculpen. Estaba distraído.

No deja de ser curioso que después de Me llamo Rojo, Alianza Editorial me encargara la traducción de Los turbantes de Venecia. Y es curioso porque si Me llamo Rojo trata de unos pintores otomanos y su relación con la pintura europea, sobre todo en lo que tiene que ver con la perspectiva, Los turbantes de Venecia trata, entre otras cosas, de unos pintores venecianos en la época en que se empieza a pintar con la perspectiva moderna y que, además, les da por pintar otomanos. La familia Bellini: Jacobo, el padre; Gentile, el hijo que retrató a Mehmet II; y Giovanni, el bueno. Todo esto aparte de más familia natural y política que no viene al caso. En suma, que ahora que traduces una novela sobre miniaturas otomanas y te enteras un poco, pues toma tres tazas de pintura veneciana del Quattrocento.

Esta fue la primera traducción en la que hice un amplio uso de internet. Otra vez había descripciones de cuadros que no había visto, pero ahora me negaba a ampliar mi biblioteca sólo para encontrar los santos de un libro sin santos. Así que, hala, a buscar imágenes en internet. Y descubrí que las imágenes de cuadros que se encuentran en la red pueden ser una auténtica lata, porque la imagen en sí del cuadro es de dominio público (no va a salir el pintor de la tumba a ponerte una denuncia), pero las fotos no. O sea, la imagen es pública,

, via Wikimedia Commons”]pero la imagen de la imagen, no. Por eso muchas veces son unas fotos chiquitillas que se deja uno los ojos. Me acuerdo de que la novela hablaba de un cuadro con un puente y describía todo tipo de personajes y personajillos. Ponte a buscarlos en una foto de milímetros por micrones; y si la amplias no ves más que cuadritos de colores. Como decía, un rollazo.

 

Hablando de derechos, espero haber puesto bien lo del cuadrito de ahí a la derecha, porque me ha quedado la mar de feo. Pero decente, eso sí. Me habría gustado poner una imagen del retrato que Gentile Bellini le hizo a Mehmet II, pero no he sabido encontrarlo de derecho público. Bah, acabo de meter en el buscador Bellini+Mehmet y me han salido un montón de cosas. Hagan ustedes lo mismo.

Otro uso práctico de internet fue el mapa de Venecia. El libro trata de un profesor de arte turco que va buscando cuadros donde salgan otomanos (y, de paso, cualquier tía que se le plante por delante). De hecho, por eso en español se llama Los turbantes de Venecia y no Un mundo de pintura o algo así, que es el título original. Esto de los títulos requiere capítulo aparte, pero como no es cosa del traductor sino de la editorial, pues me callo. Y además, casi me gusta más Los turbantes de Venecia, el original lo veo muy soso. Volviendo al profesor de arte, el tío se va a Venecia y no hace más que ir de acá para allá. Supongo que a un buen traductor no le hacen falta ni imágenes de cuadros ni mapas de los sitios, pero yo me siento más seguro con una muleta. Además, que me pica la curiosidad. Que si te metes a la derecha y luego tiras por un callejón y llegas a un palacio, pues quiero saber dónde está el palacio de marras. A lo mejor es por aburrimiento, no lo sé. Y encima quedas canela con eso de la documentación. “¿Estudias o trabajas? Porque yo soy traductor, pa que lo sepas. Y me documento un montón”. Dicho con el tono adecuado, suena hasta guarrón.

El mejor recuerdo que tengo de este libro no tiene nada que ver con su traducción, bueno, un poco sí, pero no con el proceso, como lo llaman. Por alguna razón de esas que mueven a las instituciones europeas, el departamento correspondiente de la UE había organizado, en colaboración con ACEtt, unas charlas en la feria del libro de Madrid con autores de países candidatos y sus correspondientes traductores. Total, que me invitaron para participar con Nedim Gürsel. Me preparé mis papelicos, me planté en Madrid, me encontré con que la carpa donde se celebraba el evento auspicioso tenía un aire acondicionado que sentaba estupendamente con el calor que hacía, y no quedé demasiado mal, espero, aunque a estas alturas… Después del acto, unos colegas de la Asociación Colegial de Escritores (traductores) me sugirieron que les acompañara a tomar una cañita. Había más, pero recuerdo que estaban Ramón Sánchez Lizarralde, María Teresa Gallego y Carmen Francí. Con los tres había estado en contacto por correo electrónico y me dio una alegría enorme conocerlos en persona.  Había más gente, todos con una vida de lo más peregrina, como decía mi tío Paco parecíamos “la legión extranjera”. Alguien me preguntó algo sobre el turco y Carmen Francí me dijo “¿Y por qué no escribes todo eso y lo publicamos en la revista?” y de ahí salió “Traducir del turco o la afición por los rompecabezas”, el enlace tiene que estar en algún sitio en la pestaña de publicaciones (ojalá siga siendo válido). Total, que nos lo pasamos la mar de bien y luego en el metro Maite Gallego y yo estuvimos hablando de croquetas, que no tienen que ver con la traducción, pero están muy ricas.

El detalle de las croquetas es quizás lo más importante. Es absolutamente necesario asociarse si no quieres que te las den todas en el mismo carrillo y para defender la profesión. Pero, para mí, lo crucial está en que traducir es un oficio muy solitario y si te asocias, pues te juntas con otros pirados como tú y puedes hablar de croquetas, si se tercia. No es bueno que el hombre esté solo, que decía cierto libro, ni el traductor. Sé que a los aspirantes a traductor y a los más noveles les puede parecer una estupidez y tirar el dinero de las cuotas, que te lo podrías gastar en cubatas, pero cuando llevas un tiempo te das cuenta de que no lo es, así que, ¿para qué perderlo (el tiempo)?. A asociarse, ¡ar!

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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Una respuesta a Los turbantes de Venecia/Resimli Dünya

  1. María Jesús dijo:

    Qué pena que no hayas hablado un poco más del libro… A mí me aburrió sobremanera la parte del investigador turco. pero la correspondiente a la familia Bellini me resultó muy interesante y el asunto de la perspectiva es uno de lo más revolucionarios en la historia de la pintura occidental, aunque ahora mucha gente piensa que siempre se pintó así. Una pena, digo.

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