El libro sobre el libro (negro)

He repetido hasta la saciedad (mía; o sea, que estoy un poco harto de repetirlo) que la publicación de El libro negro en 1990 supuso todo un bombazo en Turquía. Pamuk no era un autor desconocido para entonces. De hecho, su primera novela, Cevdet Bey e hijos, recibió en 1979 el premio de novela del diario Milliyet. Después de publicada, lo que le costó Dios y ayuda porque a quién se le ocurre ganar un premio el año antes de un golpe militar, le dieron además el Orhan Kemal de novela en 1983. De la segunda novela, La casa del silencio, hemos hablado algo en su correspondiente entrada. La tercera, El castillo blanco o El astrólogo y el sultán, depende de la edición que usen en castellano, aunque espero que compren la que tradujo el que esto escribe, fue su primera novela decididamente postmoderna y la que le dio a conocerse internacionalmente después de ser traducida al inglés (en los Estados Unidos de -casi toda- América del Norte).

Resulta que el lector medio turco estaba más o menos acostumbrado al realismo social clásico de malignos empresarios o terratenientes y heroicos sindicalistas o campesinos del tipo, como el mismo Pamuk ha repetido en alguna ocasión, “Mehmet hizo tal y entonces Ahmet hizo cual”. El lector no medio andaba tan contento leyendo literatura experimental, que en Turquía la ha habido muy buena. A ambos les debió de dejar un poco moscas que en El castillo blanco te quedaras a dos velas. Pero, bueno, ¿quién es quién? Tú verás, porque yo no te lo voy a decir.

Y en eso, cinco años después del castillo, el buen D. Algodón (eso es lo que significa “pamuk”) se lanza con un libro que no sólo es más raro que un perro verde, sino que encima empieza cada capítulo con una cita y que está lleno a rebosar de alusiones. Además escrito con unas frases kilométricas (según Tahsin Yücel, mal escrito). Ítem más, muchas de las alusiones se refieren a la cultura clásica otomana y la integran en el texto, algo que casi nadie había hecho hasta entonces. Si me lo hubiera leído en su momento (que no lo hice, como habrán podido adivinar por el pluscuamperfecto de subjuntivo), me imagino a mí mismo lápiz en mano buscando todas las referencias. ¡A ver si este tipo se cree más listo que yo! ¡Aviado va!

Algo así hicieron los críticos que, llevados por el entusiasmo, llenaron páginas y más páginas de periódicos y revistas descubriendo cada vez más claves misteriosas en el libro. Pero además, El libro negro tiene la ventaja de que, como es raro y gordo, da mucho de sí para publicar artículos académicos. Yo mismo lo he hecho, de lo que no me avergüenzo en absoluto, que para eso me dan puntos. Así, si hasta cierto punto la obra de Pamuk pretende reflejar el caos del Estambul anterior al golpe y en el que se ve sumido el ser humano moderno (véase el estilo académico) la mejor prueba la obtuvo en las numerosas reseñas y estudios que se publicaron al respecto (quod erat demonstrandum). Tal lío había de escritos y opiniones que en 1992 Dña. Nüket Esen tuvo la santa paciencia de recopilar todos estos ensayos y publicar los más importantes, incluido el de Goytisolo, en un libro titulado Escritos sobre El libro negro.

Mi ejemplar está bastante maltrecho porque le he sacado mucho partido. En el libro de Esen hay de todo, desde lo sublime-interesante hasta lo petardo-friqui. Algunos de los ensayos que más me han gustado han sido los de Enis Batur sobre la tienda de Aladino, el de Fethi Naci sobre la cita del Jeque Galip “Tomé su misterio del Mesnevi“, “Un intento de interpretación de El libro negro” de Fatma Erkman Akerson, “El libro negro como metaficción” de Berna Moran, “¿Por qué es negro El libro negro?” de Jale Parla, “Orhan Pamuk: un renovador de la sintaxis turca” de Bernt Brendemoen (una especie de respuesta a las críticas de Tahsin Yücel), “Del sueño a la pesadilla: Estambul, ciudad fantástica” de Taciser Belge o “Maestro y discípulo: la mística como marco interpretativo de El libro negro” de Sooyong Kim. Como digo, lo he usado mucho. Me gustan mucho el de Sooyong Kim y, particularmente, el de Taciser Belge porque, entre otras cosas, hace una bonita comparación entre el Estambul de El libro negro y el de Paz de Tanpınar (el mismo de cuya obra El instituto para la sincronización de los relojes he hablado en una entrada anterior).

También tiene ensayos con cosas que te partes de la risa. Recuerdo una particularmente graciosa (como comprenderán, no me voy a volver a leer el libro ahora): según el autor del ensayo, hay una clara relación entre la imagen del ojo y la del espejo porque “ojo” en árabe es “‘ayn” y “espejo” en turco es “ayna”. Pero, hijo mío, ¿no se ha dado usted cuenta de que una cosa es en árabe y la otra es en turco? El ejemplo sirve para ilustrar el fervor apasionado con que todo perro pichichi se lanzaba a buscarle significados más o menos esotéricos a la obra. Yo, que soy más modesto, me quedo con ese amigo paranoico del protagonista que encontraba relaciones entre las cofradías religiosas integristas, los grupos de ultraizquierda y la Albania de Enver Hoxha.

En suma, que si les gusta El libro negro y entienden el turco, aunque me temo que si alguien lee esto es difícil que coincidan ambas características, el libro de Nüket Esen es altamente recomendable. No sé por qué, pero me gusta leer lo que se escribe sobre los libros; es decir, lo que se ha escrito sobre lo que se ha escrito. Me consuelo pensando que otros leen lo que ha comido tal o cual futbolista y si luego les ha dolido la tripita. Cada cual se entretiene como puede.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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Una respuesta a El libro sobre el libro (negro)

  1. María Jesús dijo:

    Hola! creo que hay algo que no está muy claro aquí. Cito:
    “De hecho, su primera novela, Cevdet Bey e hijos, recibió en 1979 el premio de novela del diario Milliyet y después de publicada, lo que le costó Dios y ayuda, eso pasa por ganar un premio el año antes de un golpe militar, el Orhan Kemal de novela en 1983”.
    Supongo que el premio que gánó antes del golpe fue el del Milliyet. Entonces, ¿a qué cosa le dieron el de Orhan Kemal? Y, desde luego, ése no fue antes del golpe… Creo que hay una ambigüedad extraña que deberías acalarar.

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