El libro negro/Kara Kitap

La historia de la traducción de El libro negro es un tanto pintoresca y ya la he contado en más de una ocasión. Como puede que haya alguien que no me la haya oído, voy a repetirla de nuevo. Supongo que había terminado la traducción de La casa del silencio, pero cuando miro las fechas en mi currículum no me sirven de nada porque son las de publicación y entre la entrega del manuscrito y que el libro salga a la calle pueden pasar bastantes meses. El caso es que Mª Jesús y yo volvíamos de Madrid y, como siempre, en el aeropuerto compramos la revista Qué leer. Y allí mismo, en la zona internacional de Barajas, Mª Jesús me enseñó una noticia breve que venía a decir: “La editorial Alfaguara busca traductor del turco para El libro negro de Orhan Pamuk”. Ni que decir tiene que en cuanto llegamos a Estambul me puse en contacto con ellos. Me respondieron que habían estado intentando localizarme pero que no lo habían conseguido (algo que no acabo de creerme del todo) y que necesitaban mi currículum para enviárselo al agente del autor porque Pamuk insistía en conocer al que iba a traducir su libro.

Por supuesto, me sorprendió que quisiera hablar conmigo para traducir El libro negro cuando le había importado un pimiento la traducción de La casa del silencio. Luego me contó que la edición española llevaba tiempo contratada pero que no acababa de salir por problemas con la traducción. En consecuencia, la editorial le estaba pagando las compensaciones previstas en caso de retraso. Como decía, no estaba mal eso de que le pagaran sin haber publicado el libro, pero ya estaba un poco harto y dispuesto a que se tradujera a partir de la versión inglesa. Parece que no le caí del todo mal porque dio su beneplácito a que me encargara de traducirlo. Por cierto, le hizo mucha gracia que yo hubiera hecho mi tesis sobre Tahsin Yücel, el crítico más feroz que nunca ha tenido el libro.

También tengo que señalar, porque es importante, que en aquella reunión decidimos no conservar el acróstico del capítulo doce de la primera parte (“El beso”), como había hecho con la traducción alemana, si mal no recuerdo, porque eran ganas de enredar y tampoco añadía nada. Lo comento porque aparece mencionado en su libro Otros colores, en el capítulo “El libro negro: diez años después”. Para los que sientan curiosidad, dice “Teşvikiye cad. yüzotuzbeş”, que es la dirección del edificio de la novela según la numeración antigua y que, ¡Oh, sorpresa!, es el edificio Pamuk. En fin, todo el que haya leído Estambul se dará cuenta de que El libro negro tiene mucho de autobiográfico, así que no me extraña que no le importara quitarlo. Seguro que su familia está hasta las narices de curiosos

Éste fue el principio de mi relación con Alfaguara, con quienes trabajé muy a gusto. Recuerdo que la primera vez que fui a verlos, Santillana no está muy lejos de casa de mis suegros, me quedé de piedra al ver que la editorial Alfaguara, sí, ésa, eran en realidad tres personas. Yo trataba sobre todo con Lucía Luengo y alguna de las cuatro novelas la editó Juantxu Herguera. Ambos eran unas personas encantadoras, supongo que lo seguirán siendo, y cada vez que pasaba por allí salía cargado con una bolsa de libros (“Pero, cómo no te has leído esto, toma, llévatelo”), lo que era luego un engorro para el avión.

Repaso mi ejemplar de El libro negro para escribir esto y veo marcadas muchas cosas que ahora no serían dudas. Con el tiempo me he hecho al estilo de Pamuk. Dándole vueltas a la cabeza me doy cuenta de que algo que podía haber sido un problema, las referencias a la culturilla popular, no lo es en realidad porque compartimos muchas. Al fin y al cabo, él le lleva cinco años a mi hermana Mª Carmen, lo mismo que ella a mí, así que podría haber sido primo mío perfectamente. Una alusión a la película de Edward G. Robinson La mujer del cuadro, por ejemplo, que en su momento vi en la única cadena de TVE que llegaba a Córdoba.

En parte por eso me gusta Pamuk. Cuando habla de los Creedence Clearwater Revival o de Tintín, me resulta muy próximo, pero también cuando lo hace del Estambul en blanco y negro de su infancia. En cierta ocasión le dije que la Córdoba que yo recordaba de pequeño, sin duda a causa de las fotografías, también era en blanco y negro, y le gustó mucho saberlo. Ésa es otra, como cordobés (de la tierra de Julio Romero, el pintor de la musa gitana, tralalá), me crié en una ciudad con un glorioso pasado romano y musulmán. No es que pretenda comparar Córdoba con Estambul, porque en Estambul no hacen salmorejo, pero no cabe duda que haber respirado un ambiente parecido me ha facilitado el trabajo de traducir los libros de Pamuk.

Por cierto, lo que ha pasado con las traducciones al inglés de este libro es curioso. La primera la hizo Güneli Gün, todo un personaje en sí misma, y su trabajo fue muy alabado en EE.UU. pero muy criticado en Gran Bretaña por ser demasiado “americano”. Con el tiempo, se decidió que Maureen Freely, su traductora actual, hiciera una nueva versión. Ahora las alabanzas fueron unánimes. ¿Unánimes? No, hay una serie de peligrosos anarquistas que discrepan de la opinión general. Michael McGaha (un antiguo hispanista californiano ahora pamukólogo) en su libro Autobiographies of Orhan Pamuk: The writer in His Novels opina que la versión de Gün, aunque sea más difícil de leer, es muy superior a la de Freely precisamente porque El libro negro es un libro oscuro y la diáfana traducción de Freely contradice el espíritu barroco de la novela. No es el único que lo opina, empiezan a sonar más voces que dicen lo mismo. Total, que nunca llueve a gusto de todos.

Sin embargo, no me queda más remedio que estar de acuerdo con la idea. La mayor parte de la gente espera de una traducción que se entienda todo; pero todo, todo. ¿Qué ocurre? Que a veces el original no es así a propósito. No obstante, inevitablemente, tendemos a identificar un texto claro con una buena traducción y un texto oscuro con una mala. Qué se le va a hacer. Y ésa es la principal razón por la que muchos aquí en Turquía opinan que Pamuk escribe mal en turco y mejora mucho al ser traducido. Porque se le entiende mejor, simple y llanamente.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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