La casa del silencio/Sessiz Ev

Bueno, por fin empezamos con Orhan Pamuk. Debía de ser el año 2000 y sin embargo llovía cuando se pusieron en contacto conmigo de la editorial Metáfora (R.I.P.).  Creo que les pasaron mi nombre los de Ediciones B, cosa que les agradezco. ¿Por qué se lo agradezco? Pues porque me apetecía mucho traducir a Orhan Pamuk. Por aquel entonces había publicado ya Me llamo Rojo y a muchos de mis amigos no se les caía de la boca El libro negro. En España se había publicado El castillo blanco con el curioso título de El astrólogo y el sultán, pero de eso hablaremos en su momento.

De entre los libros que he traducido, le tengo un cariño especial a La casa del silencio. Me parece una novela muy interesante y muy bonita, se publicó en una editorial pequeña con la que no recuerdo haber tenido problemas y me permitió ir metiéndome en el mundo de Pamuk con un cierto orden. Cierto, no había traducido su primera novela, Cevdet Bey e hijos (en ello estoy) y luego pasé directamente a El libro negro saltándome El castillo blanco. Ambas traducciones vendrían luego, pero por lo menos sí me había leído El castillo. Pamuk inició su andadura novelística (qué bonito esto) con el Cevdet Bey, un tochazo que quiso que fuera como Los Buddenbrook (traducida ahora por Isabel García Adánez, premio Esther Benítez por La montaña mágica) donde ya hizo alguna pirueta con el tiempo. Su segunda novela fue, mire usted por dónde, La casa del silencio y en ella Pamuk se estrena con una serie de recursos modernos, como el monólogo interior, la polifonía y tal, que luego usará, o no, en sus otras novelas más postmodernas.

El libro trata de tres hermanos que van a visitar a su abuela. Los tres son muy distintos y se relacionan con otros personajes que ahora no vienen al caso. Lo que tiene de bueno la novela, y de malo, es que los personajes son bastante representativos de tipos distintos de la Turquía actual. Por su parte, la abuela es, como dice mi madre, una señora con muy mala uva. Pero en parte mi madre se equivoca porque el de la mala uva es el autor. Es uno de los motivos por los que me gusta La casa del silencio, porque es el primer libro en el que Pamuk empieza a demostrar esa mala uva que tanto aprecio. Por desgracia, el libro es demasiado serio a veces, pero tiene unos detalles estupendos, como que el abuelo, un enciclopedista ilustrado y ateo (sólo le faltaba ser masón, no se sabe) se ponga como apellido Darvinoğlu, o sea, Darwínez. Ése es otro detalle interesante, el abuelo, que no sale como personaje porque está muerto y bien muerto pero que ronda por todo el ambiente de la novela. El libro también puede verse como un breve repaso a la historia contemporánea de Turquía antes del golpe del ochenta. Todo “al módico precio de manejar unos indispensables referentes políticos para no perderse”, como decía Carlos Martínez Shaw en El Periódico.

La historia de las traducciones de esta novela también tiene su aquél. A Pamuk le habían traducido (o le estaban traduciendo) El castillo blanco al inglés y empezaba a sonar fuera de Turquía. Y a Yaşar Kemal, o eso me contó él, le gustaba La casa del silencio y le propuso a la editorial Gallimard que la tradujeran. Lo hizo Münevver Andaç, que había estado casada con Nâzım Hikmet, bastante mujeriego cuando no estaba en la cárcel. Andaç tradujo al francés más libros de Pamuk y se llevaron bastante bien hasta que ella falleció (él le dedicó un texto en la versión turca de Otros colores que no me atrevo a reproducir por la cosa de los derechos). Por cierto, el título original es La casa silenciosa, pero como en francés le pusieron “del silencio”, así se quedó en español. En esto de los títulos, los traductores generalmente ni pinchamos ni cortamos, así que a mí no me miren. Total, que Pamuk tenía en inglés su tercera novela y en francés la segunda, que no sé si se habrá traducido al inglés todavía. Cosas de la vida y de la política editorial. En conclusión, que en España se publicó primero la tercera y luego la segunda. Supongo que esto se debió a que por entonces Alfaguara  debía de tener los derechos de El libro negro y los de Metáfora supieron encontrar el hueco sacando un libro anterior. A partir de ahí todo iría como es debido, primero lo primero y después lo segundo: sujeto, verbo, predicado (aunque siempre había creído que el verbo es el núcleo del predicado).

Otro motivo por el que le tengo cariño a La casa del silencio es porque no sólo tuvo cierto eco en la prensa, aunque tampoco mucho, sino que encima hubo más de un crítico que habló bien de la traducción, que a veces parece que les duele más que sacarse una muela. También la propusieron para el premio de los libreros de Cataluña, pero Soldados de Salamina arrasó con todo ese año. La traducción no era excepcionalmente complicada, más difícil me resulta una sentencia judicial, pero en el libro aparecían varias voces y esas técnicas que he mencionado antes y tenía su intríngulis, pero parece que no me quedó del todo mal.

Me acabo de dar cuenta de que esto de la dificultad de las traducciones merece párrafo aparte. La mayoría de la gente opina que lo difícil de traducir es el vocabulario, pero eso se arregla con buenos diccionarios, o preguntando. O bien cuando no sabes qué quiere decir el original, pero eso no tiene demasiado remedio por mucho que preguntes, incluso al autor, y lo mejor es recurrir al sentido común. Lo que quiero decir es que la mayor parte del tiempo con lo que te partes la cabeza no es con lo que significa, sino con cómo ponerlo. Y La casa del silencio ofrecía bastantes posibilidades sobre cómo poner las cosas. No sé si han oído hablar de una “traducción plana”, es a la que Gila llamaría “sosa, insulsa, sin gracia”. No está mal para una traducción técnica, pero en una novela la puede fastidiar bastante. Con este libro tuve que esforzarme para darle algo de volumen, y espero que el resultado haya sido legible, aunque más me partí las prolongaciones óseas cubiertas por una capa epidérmica con Dos chicas de Estambul, por ejemplo.

Hace unos años Mondadori compró los derechos del libro (tuvo que ser una aventura porque Metáfora había desaparecido) y lo publicó en Debolsillo. Lo comento porque me parece el libro ideal (aparte de Estambul, que es harina de otro costal) para todos los que quieran iniciarse en Pamuk y no sepan por dónde empezar. Háganme caso y léanselo si todavía no lo han hecho.


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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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Una respuesta a La casa del silencio/Sessiz Ev

  1. carmen abuela dijo:

    Me gusta.Gracias por citarme. ¿De donde es el balcòn de la portada?

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