Apéndice a los derechos de autor y a una vida digna

Decíamos ayer… Se me quedó algo muy importante en el tintero, o sea, en el teclado.

Hace unos años estuve en una mesa redonda en la que también participaba Tahsin Yücel. Yücel es escritor, traductor del francés y, mientras trabajó en el departamento de francés de la Universidad de Estambul, uno de los pioneros del estructuralismo en Turquía, sobre todo en el campo de la semiología. Para quien sienta algo de curiosidad, el ejemplo que da Greimas en su libro Semántica estructural es precisamente la tesis doctoral de Yücel. Lo del estructuralismo en Turquía es muy interesante pero no tiene nada que ver con el asunto de la mesa redonda.

El caso es que Tahsin Bey comentaba que todos sabemos que la traducción de libros está muy mal pagada, que no hay quien viva de eso, que tal y que cual. Contó un par de anécdotas penosas, como que en vez de pagarle una traducción (creo recordar que era Tartarín de Tarascón) lo llevaron a un sastre a que le hiciera un traje porque no tenía. Y habrá quien le llame a eso los tiempos heroicos… Bueno, a lo que íbamos. Decía que a estas alturas de su vida, él había tomado otra actitud en lugar de lamentarse continuamente. Y ponía un ejemplo: en el piso de verano que se compró con la prima de la jubilación (era algo que se hacía en Turquía en los tiempos en que se daban tales primas y con ellas uno podía comprarse un piso) tiene una nevera americana, un frigidaire, de ésas que se abren con una palanca y que te pueden congelar el gato como se te meta dentro. Pues cada vez que iba al frigo a coger una cerveza fresquita pensaba: “Mira, Madame Bovary“, porque se la pagó con lo que le dieron por traducirla. Así que, continuaba, tenemos que verlo de esa forma, traducir es lo que me permite acceder a una serie de comodidades. También hizo un emocionado elogio del ordenador, compañero infatigable de los traductores y cuya aportación raras veces reconocemos, pero eso tampoco tiene mucho que ver.

Lo que se le olvidó aclarar a Yücel es que para eso hace falta otro sueldo.  No quiero que nadie crea que estoy insinuando que los traductores que también se dedican a otra cosa son menos profesionales (estaría tirando piedras a mi propio tejado), pero sí es cierto que no se pasan el día angustiados pensando en cómo le van a dar los garbanzos a sus hijos.

Desde ese punto de vista, yo soy un privilegiado. Hace un tiempo, para dar una charla a los estudiantes de traducción, estuve echándole un vistazo al “informe sobre la situación del traductor de libros en España” que se publicó en Vasos comunicantes en la primavera del 2003. Ahora se acaba de publicar otro Libro blanco más actualizado. Concluí que los traductores en mejor “situación” eran los varones de cierta edad y experiencia, profesores de enseñanza superior y que traducen de una sola lengua. O sea, como Tahsin Yücel. Si además esa lengua no es demasiado común, como el turco, miel sobre hojuelas. O sea, como yo. Si la traductora es mujer, como queda indicado por el femenino, joven, se dedica en exclusiva a la traducción y traduce de varias lenguas, lo lleva fatal y acabará haciendo anualmente cuatro libros y pico o más, la media que da El libro blanco. Amigo mío, eso es más de un libro por trimestre. Oiga, ¿y cuántas páginas al mes para ganar un sueldo decente? Si según el informe de la CEATL, en España la “basic fee per page according to the average rate” es de 13,5 euros, y me cuesta mucho, pero que mucho trabajo creérmelo, pues calcule. Descontemos IRPF, seguro de autónomos y un largo etcétera y pueden hacerse una idea de en qué queda la “basic fee” de nuestra joven traductora.

En suma, que como privilegiado no tendría que quejarme. Para más inri, en España no hay prácticamente traductores del turco, así que no me falta trabajo. En realidad, no me quejo. Yo también me pagué el lavavajillas con una traducción. No me quejo, pero sí pienso. “Cogito ergo sum” era, ¿no? Pienso y luego existo, o algo así. A lo mejor pensando entre todos y diciendo lo que pensamos conseguimos que mejore la situación de esa traductora joven que se deja las dioptrías en la pantalla de un ordenador que, a lo peor, no se considera gasto profesional.

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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4 respuestas a Apéndice a los derechos de autor y a una vida digna

  1. Alicia dijo:

    Eso de la nevera que la pagó Madame Bovary ya lo decía la mamá de Susanita, que también era traductora. Pero ella traducía a yanpol belmon 🙂
    Exactamente tal y como tú lo explicas: http://www.zompist.com/illo/mafalda6.gif

    • Alicia dijo:

      Perdón, no era Susanita, era Libertad, tan pequeñita, ella. Me estoy haciendo vieja :-))))

      • No, mujer, todos seguimos siendo jóvenes de espíritu. Me acuerdo de aquella tira de Mafalda y de que era bastante deprimente porque lo que se pagaron con un Sartre fue el último pollo que se comieron. Un Sartre=un pollo. Mal asunto. En otra tira, supongo que sería Felipe, venía a decir que mejor que “morir de pie o vivir de rodillas” sería “subsistir sentado”. Lo del pollo no da ni para eso.

  2. carmen abuela dijo:

    Si con cada libro traducido te compras algo que te haga la vida mas agradable, por ejemplo, un viajecito…no està mal.

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