Entrevista con el egregio traductor literario

Hoy nos encontramos con Robustiano Butler, el afamado traductor del élfico, en un parquecito a las afueras del pueblo ruralísimo en el que reside. Aparece con su habitual traje de pana y sus gafas John Lennon. Demostrando, como decía Ortega y Gasset, que los traductores son personajes apocados y tímidos que llevan a cabo una ocupación mínima, pide una menta-poleo en voz tan baja que el camarero no le oye. Iniciamos nuestra conversación con una pregunta típica:

P: ¿Qué es para ti la traducción?

R: Para mí la traducción consiste en que un autor recibe el honor, habitualmente no merecido, de poder expresarse a través de mi voz. Es decir, un texto que habría pasado desapercibido en el mejor de los casos, gracias a un hábil intérprete, como es mi caso, adquiere relevancia y un nuevo significado. El traductor es como un músico virtuoso mientras que el autor es como esos compositores que no saben tocar un instrumento ni hacer la o con un canuto. ¿Qué sería de Bach sin Glenn Gould? ¿Qué habría sido de American Pie sin Madonna?

P: ¿Cómo te preparas para traducir?

R: En primer lugar, busco un retrato del autor y lo coloco sobre mi mesa para contemplarlo durante semanas hasta que logro emitir las ondas alfa correctas. Luego observo la portada del libro sin mirar el texto original porque lo importante es traducir con el corazón y no hacer caso a las nimiedades del idioma. Al fin y al cabo, nadie puede expresarlo todo con palabras. Lo que tiene que hacer el traductor es abrir su alma y fundirla con la del autor. Sentir la música de la lengua y hacer oídos sordos al contenido.

P: ¿Y eso te influye en tu vida cotidiana?

R: Por supuesto. Mi integración total con el universo del autor me impide dormir y cuando sueño lo hago con los personajes del libro. Mi alimentación se reduce a tortillas francesas porque cualquier otro alimento me haría perder el estado de pureza ritual necesario. A menudo me veo acosado por crisis de llanto ante la belleza que voy creando.

P: ¿Y el material y la documentación?

R: Como es natural, traduzco a mano usando un cuaderno de hojas ecológicas y carboncillos. En cuanto a otro tipo de material, como diccionarios, ya sabes lo que decía Larra:  “para traducir mal no se necesita más que atrevimiento y diccionario: por lo regular, el que tiene que servirse del segundo no anda escaso del primero”. Yo no necesito diccionarios.

P: ¿Y qué opinas de las notas del traductor?

R: Depende. En ocasiones son innecesarias, suponiendo que el lector no sea un cretino, lo cual es mucho suponer. Me remito a la famosa frase de Fwn Inplozt que traduje como “asió su ngtdl para hacer un stoghl”. Creo que el significado es evidente y recibí muy buenas críticas en varios foros y hojas parroquiales por cómo había logrado captar el ambiente onírico de la obra. Sin embargo, la mayor parte de las veces son absolutamente necesarias. Pensemos en un lector inglés que no sepa que la frase “En un lugar de la Mancha” es un octosílabo o que “lugar” se refiere a “sitio” pero también a “pueblo”. Por supuesto habría que incluir en la nota una buena entrada de enciclopedia sobre la Mancha, el queso, los melones y el vino. ¿Cómo podría ese lector inglés entender lo más mínimo de la frase si no le explicamos qué es el vino de Valdepeñas y lo que quiere decir val-de-peñas?

P: ¿Has hecho otro tipo de traducciones?

R: Nunca llamaría traductor a cualquiera que no haga traducciones literarias y sólo en el caso de identificarse plenamente con el autor creando un alto nivel de empatía. Quienes se dan ese nombre y traducen sentencias judiciales, folletos turísticos o manuales técnicos tendrían que usar otra denominación, como perpetraductores o mercenarios. Es imposible llamar a eso “traducción”. La prueba es que si tengo que traducir a un autor hacia el que no siento empatía o no ha sido premiado, hago una traducción descuidada y por cumplir, mientras que en el caso contrario soy en extremo cuidadoso y trato de ser lo más fiel posible.

P: Muchas gracias por todo.

R: Adiós, ahí te pudras.

(Nota del Carpintero Traductor: Sí, sé que ha quedado un poco exagerado. Pero puedo prometer y prometo que en bastantes he ocasiones he oído o me han preguntado cosas parecidas. Para orearse la mente les recomiendo leer este Trujamán de Teresa Gallego titulado “Qué manía con la empatía”:  http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/febrero_02/08022002.htm )

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Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
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3 respuestas a Entrevista con el egregio traductor literario

  1. Antonio dijo:

    ¿Es Xoán Abeleira una suerte de hetéronimo del tal ‘mayordomo’? Sáqueme de dudas. Asegura en una entrevista (http://60watts.net/2009/05/entrevista-xoan-abeleira-traductor-de-sylvia-plath/) que su “sentimiento de identidad, de afinidad, digamos, poética y anímica, mi pasión por la obra de Rimbaud y los misterios, los secretos, las verdades que ésta entraña, fue lo que me llevó a traducirla”. Pero lo más llamativo es su forma de traducir: “Primero me empapo de la vida y de la obra de ese autor o de esa autora, leyéndolo y leyendo sobre él o ella, y luego… Digamos que intento ponerme en su lugar, y transvaso sus palabras de la manera en que yo intuyo que él o ella lo haría si emplease mi lengua. Una labor, la del transvase, que, por supuesto, casi nunca se da a la perfección, aunque a veces ocurren milagros, como que un poema sea mejor en la lengua a la que ha sido traducido que en la original”.
    Saludos
    A.

    • No, no pretende ser nadie real. Simplemente, se trata de alguien que repite una serie de tópicos que algunos traductores usan para demostrar que lo que hacen es algo extraordinario, en general porque no creen que traducir lo sea. Por lo que he visto en la entrevista, Abeleira también dice que ama todas las lenguas y culturas del mundo y que revisa y corrige sin parar, algo que no haría nuestro personaje. Es decir, mi crítica va contra los que aprecian el “arte” en detrimento de la “artesanía”.

    • ¡Antoñito, no me quieras enredar, que sabes de qué va el asunto!

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