Diccionarios, glosarios, léxicos y demás flora y fauna

En la última entrada hablaba del caballo zaino. Eso me recordó a un compañero de la mili, vallisoletano, y no tiene nada que ver, que decía que en su tierra existían “el hongo y la seta” y que ahí se acababan todas las variantes micológicas. Como estábamos en Cataluña, es de imaginar su estupefacción, con lo aficionados que son allí a todo tipo de setas. La anécdota tiene que ver con esto de la traducción porque para mí un árbol es un árbol; un ave es un pájaro; un insecto, un bicho y una flor, una planta. Es decir si zaino es marrón, tendría que ser un caballo marrón, ¿no? Pues no.

Además, a Yaşar Kemal  le gustan tanto las palabras de su región que Ali Püsküllüoğlu hasta publicó un Diccionario de Yaşar Kemal porque a veces usa unas palabras que sólo las saben las de su pueblo y los de al lado. Por cierto, eso es lo que se llama un léxico. La verdad es que con un poco de sentido común se puede intuir el significado de casi todo lo que aparece en este diccionario.

Porque lo que de verdad me mataba eran los nombres de bichos y bichillos y plantas y plantitas. Yaşar Kemal, aparte de ser de pueblo, trabajó una temporada como tractorista y le dio por aprenderse los nombres de todo lo que veía y usarlo en sus obras.

Afortunadamente tenía, y sigo teniendo y usando, la edición antigua del diccionario Redhouse turco-inglés. Un tochazo de padre y muy señor mío que tiene (o tenía, no sé cómo estarán las nuevas ediciones) dos ventajas muy interesantes: las entradas vienen escritas también con el alifato arábigo (útil si es una palabra árabe y tienes que acudir a su significado original) y los elementos naturales de todo tipo traen el nombre latino según la taxonomía de Linneo. Puede que sepan ustedes mucho inglés, pero ¿saben cómo se dice “romero”, o “japuta”, o “cochinilla”? Pues lo mismo, pero al revés. Con el inri de que lo que en mi tierra es japuta, en otro sitio es palometa, o castañeta, o sabe Dios. O te encuentras con que el diccionario inglés-español dice que es un brámido perciforme y te quedas igual. ¿Y si encima no se la comen sino que la usan para otra cosa?

Menos mal que uno tiene familia y amigos. Mi hermana Sole, eximia formicóloga, me proporcionó guías de insectos, arácnidos y aves, y mi amigo Paco Pando un número de los Archivos de flora ibérica con los nombres vulgares y latinos de todo tipo de plantas. Por supuesto, eso no implica que sea capaz de diferenciar un bicho de otro o un árbol del de más allá, pero puedo poner un equivalente español que se ajuste más o menos a la realidad.

Luego fui ampliando mi biblioteca con diversos glosarios en turco de plantas, insectos, peces, etc. Un glosario, oh, amigos míos, es precisamente un diccionario de términos especializados que no pueden encontrarse en cualquier diccionario general. Y que encuentres el término en cuestión no significa que sepas qué demonios es o la pinta que tiene, pero, como digo, con un poco de sentido común, es posible que nadie se dé cuenta de tu ignorancia.

Esto me recuerda algo que pasó con Patasana de Ahmet Ümit (La tumba negra). En la novela hay el siguiente diálogo:

“-Primero pones en la cazuela la carne troceada, le añades garbanzos y dejas que se cueza. Luego echas en la cazuela cebolletas y ajos frescos cortados al tamaño de la uña del pulgar. En una sartén aparte, pones al fuego yogur espeso al que le habrás añadido un huevo. Una vez que esté en su punto, lo añades a la carne, lo remueves bien y cuando hierva le echas menta, alazor y pimienta negra molida, y lo sirves.

Teoman, que estaba escuchando atentamente la receta, preguntó:

-¿Y qué es el alazor?

-Esas hierbas rojas que tiene. Dan fuerza al cuerpo y sabor al plato.”

Como se pilla a un mentiroso antes que a un cojo, un amigo me preguntó qué era el alazor, a lo que tuve que responderle que no tenía la menor idea. Se quedó un poco amoscado hasta que le expliqué que ahí el problema no era tanto el nombre de la planta como que el tal Teoman no sabía lo que era. Resulta que el otro nombre común en castellano del alazor (Carthamus tinctorius)  es “azafranillo” y hubiera sido un poco estúpido por su parte preguntar qué era el azafranillo (“pues algo así como el azafrán, cretino”, habría sido la respuesta del cocinero). A eso es a lo que me refiero con el sentido común en el uso de los diccionarios, una sutileza que les cuesta mucho entender a mis estudiantes, y mira que se lo explico.

Anuncios

Acerca de Rafael Carpintero

Traductor y profesor en la Universidad de Estambul
Esta entrada fue publicada en Diccionarios y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s